Homily For The 5th Sunday Of Ordinary Time, Year B

Christ Liberates And Calls Us To Serve Others Freely

Rdgs: (1st: Job 1-7; Ps 9, 16-23; 2nd: 1Cor 9, 16-19. 22-23: Gos: Mk 1, 29-39)

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Diocesis of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

 

On this fifth Sunday of ordinary time, the holy mother church invites us to praise Christ, who continues doing good. He, and his apostles carried out their mission as a responsibility and not just for wages. Therefore, he liberates and calls us to serve others freely.

The first reading presents us with the dilemma of Job an innocent and faithful servant of God. Rather than leave the image of suffering and misery, the story of Job should raise our hope and trust in the saving power of God.

Job’s faith was severely tested by the devil. He lost everything. As a man, Job complained as most of us do: “Lying in bed I wonder, when it will be day? Rising I think, how slowly evening comes…Remember that my life is but a breath, and that my eyes will never see joy.” However, and to the glory of God, Job did not lose his faith in God.

Job’s case reminds us of our own daily struggles with the problems of life. Above all, it reminds us, of what at times, seems to us as the “grave silence or absence of God” in our lives. They are terrible moments that make us ask questions like: God, where are you? Why me? What have I done wrong? God answers these question at his own time.

In the second reading, Paul strongly expressed his willingness to preach the gospel. He exclaims: “Curse upon me, if I do not preach the gospel!” His story is like that of a man who survived a disease, and dedicated his life to help other patients. Again, he is like a doctor who discovered a vaccine for a certain illness and vowed to offer it free of charge to all.

Paul was spiritually sick until he providentially encountered Christ. This encounter transformed his life and strengthened his faith. So, he dedicated himself to the preaching of the good news. This is his testimony: “…I made myself all things to all men, in order to save some at any cost…for the sake of the gospel…to have a share in its blessing.” So, rather than for wages, Paul saw his call as a responsibility for the salvation of others. He was a full time itinerary preacher who was always hungry for the conversion of souls for Christ.

In today’s gospel, Jesus tirelessly went about teaching, healing, delivering and empowering people. This includes, the mother-in-law of Peter. Also, Jesus saw his ministry as a responsibility not principally as a wage earner for him. So, above everything he was passionate about it, and about the welfare of his people.

Like Jesus and Paul, we ought to see our call and mission as a responsibility, rather than a wage earner, or for worldly reward as its end. Wages or rewards does not refer to only money or material things. Deliberately seeking praises for our work and mission, is a way of demanding wages too. If we do so, we already have got our wages. So, when we attract undue attention to ourselves for the work we do, it is also a way of gaining a wage for what simply ought to be our responsibility.

Jesus preached, healed and delivered people from all kinds of infirmities and problems. There was no one who encountered him with faith that he did not heal. If Jesus must heal us, we too must have faith in him. Also, If the good news must liberate us, we must believe it.

The power of Jesus is still the same today. He is ready to heal those who come to him in faith. He is ready to have a life changing encounter with those who are ready to approach him with humility. Therefore, let us “praise the Lord who heals our broken hearts.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía Para El Quinto Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

Cristo Libra y Nos Llama A Servir A Los Demás Libremente

Lecturas: (1ra: Job 1- 7; Sal: 9, 16-23; 2da: 1Co 9, 16-19. 22-23: Ev: Mc 1, 29-39)

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este quinto domingo del tiempo ordinario, la Santa Madre Iglesia nos invita a alabar a Cristo, quien sigue haciendo el bien. Él, y sus apóstoles llevaron a cabo su misión como una responsabilidad y no sólo por los salarios. Por lo tanto, él libera y nos llama a servir a los demás libremente.

La primera lectura nos presenta el dilema de Job, un siervo inocente y fiel de Dios. En lugar de dejar la imagen del sufrimiento y la miseria, la historia de Job debe elevar nuestra esperanza y confianza en el poder salvador de Dios.

La fe de Job fue severamente probada por el demonio. El perdió todo. Como hombre, Job se quejó como la mayoría de nosotros: “Acostado en la cama me pregunto, ¿cuándo será el día? Levantándose pienso, cómo lentamente viene la tarde… Recuerda que mi vida no es más que un soplo, y que mis ojos nunca verán gozo.” Sin embargo, y para la gloria de Dios, Job no perdió su fe en Dios.

El caso de Job nos recuerda nuestras luchas diarias con los problemas de la vida. Sobre todo, nos recuerda, de lo que a veces nos parece el “grave silencio o ausencia de Dios” en nuestras vidas. Son momentos terribles que nos hacen hacer preguntas como: Dios, ¿dónde estás? ¿Por qué yo? ¿Qué he hecho mal? Dios responde a estas preguntas a su propio tiempo.

En la segunda lectura, Pablo expresó enérgicamente su voluntad de predicar el Evangelio. Exclama: “¡Maldición sobre mí, si no predico el Evangelio!” Su historia es como la de un hombre que sobrevivió a una enfermedad, y dedicó su vida a ayudar a otros pacientes. Una vez más, él es como un doctor que descubrió una vacuna para una cierta enfermedad y prometió ofrecerla gratuitamente a todos.

Pablo estaba espiritualmente enfermo hasta que providencialmente encontró a Cristo. Este encuentro transformó su vida y fortaleció su fe. Así que, se dedicó a la predicación de las buenas noticias. Este es su testimonio: “… Me hice todas las cosas a todos los hombres, con el fin de salvar algunos a cualquier costo… por el bien de evangelio… y para tener una parte en su bendición.” Así que, más que por los salarios, Pablo vio su llamado como una responsabilidad por la salvación de los demás. Era un predicador de itinerario por excelencia, que siempre tenía hambre de la conversión de las almas para Cristo.

En el Evangelio de hoy, Jesús incansablemente fue enseñando, sanando, entregando y empoderando a la gente. Esto incluye a la suegra de Pedro. También, Jesús vio su ministerio como una responsabilidad, no principalmente como un asalariado para él. Por lo tanto, por encima de todo le apasionaba, y sobre el bienestar de su pueblo.

Como Jesús y Pablo, debemos ver nuestra llamada y misión como una responsabilidad, en lugar de un asalariado, o para la recompensa mundana como su fin. Los salarios o las recompensas no se refieren solamente a dinero o cosas materiales. Buscar deliberadamente alabanzas para nuestro trabajo y misión, es una manera de exigir salarios también. Si lo hacemos, ya tenemos nuestros salarios. Por lo tanto, cuando atraemos la atención indebida a nosotros mismos por el trabajo que hacemos, también es una manera de ganar un salario por lo que simplemente debe ser nuestra responsabilidad.

Jesús predicó, libró y sanó la gente de todo tipo de enfermedades y problemas. No había nadie que le encontró con fe que no sanó. Si Jesús debe sanarnos, debemos tener fe en él. Además, si la buena nueva debe liberarnos, también debemos creerla.

El poder de Jesús sigue siendo el mismo hoy. Él está listo para curar a aquellos que vienen a él en fe. Él está listo para tener un encuentro que cambia la vida con los que están dispuestos a acercarse a él con humildad. Por lo tanto, “Alabemos al Señor que sana nuestros corazones quebrantados.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!