Homily For 13th  Sunday Of Ordinary Time, Year B

God’s Plan and Desire For Us – Good Health And Eternal Life

Readings: 1st: Wis 1, 13-15. 2, 23-24; Ps 29; 2nd: 2 Cor 8, 7. 9, 13-15; Gos Mk 5: 21-43

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

 

Today, the thirteenth Sunday of ordinary time we celebrate the Lord who generously gave us life. So, it is his desire that we should prosper in health of body and mind. This was why he offered his own son so that might have life in its fullest.

In today’s first reading, God reminds us of his plan and desire for us. This plan has not diminished in any way. Hence, He never gets tired of restoring us. As a loving father, the plan of God for us remains supreme. It is not a plan of death, but of life eternal.

He tells us: Beloved, I wish above all things that you may prosper and be in health, even as your soul prospers (3 Jn 1, 2). Yes, this is the desire of God for us. Just as sickness and death are only a physical corruption of the body, eternal life in Christ is the ultimate healing and restoration of the spiritual life. This eternal life resides in our imperishable soul which bears the image of God’s nature.

Therefore, nothing changes God’s plan for us. Even when we desert him, this plan for prosperity and good health remains concrete. This was why he assured us that: “…I know the plans I have for you, plans to prosper you and not to harm you, plans to give you hope and a future…” (Jer 29, 11).

In the second reading, Paul reminds us that God has generously given us everything. This was possible because “…The Lord Jesus was rich, but he became poor for your sake, to make you rich out of his poverty.” Therefore, it is the desire of God that as we prosper, we should be generous too.

Hence, Paul educates us on the principle of generosity. While he advised us to balance the need of others against our surplus, he does not mean that we should be generous only when we have surplus to give. Giving only what does not cost us “anything” might not give us the full satisfaction of generosity. (2 Sam 24:24). True generosity attracts God’s blessings and favors to those who give freely and cheerfully.

Paul also reminds us that the one who is rich and satisfied today, might become the poor and needy of tomorrow. So those we help today might be our saviour tomorrow. This is the reality of life. At times it takes one by surprise. Just as we are not in control of our life, also, we are not in control of our future and wealth.

Today’s Gospel presents us with two miracles of Jesus. These miracles are evidences of the wish and plan of God for us. They teach us that while Christ desires to liberate us from all forms of captivities, we must have faith in order to receive our miracles.

Both Jairus and the woman never gave up, instead, they waited patiently until the plan of God was fulfilled for them. The woman demonstrated her living faith through her action of touching Christ’s garment. She waited for twelve years, and when her chance came, she took it in faith. She was not afraid or ashamed of the crowd. Also, Jairus demonstrated his faith on behalf of his daughter by persistently inviting Christ until he visited his house.

Finally, it is the plan of God for us to prosper both in body and soul. However, we must be patient and walk into this plan in faith. Second, we have a role to play in the plan of God towards others. Hence, Paul tells us today: “You always have the most of everything…so we expect you to put the most into this work of mercy too.” So, while Christ seeks our welfare every day, we too must constantly seek the welfare of others.

Peace be with you!

Maranatha!

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Homilía Para El Décimo Tercer Domingo Tiempo Ordinario, Año B

¡El Plan y Deseo De Dios Para Nosotros – La Buena Salud Y La Vida Eterna!

Lecturas: 1ra: Sb 1, 13,-15. 2, 23-24; Sal 29; 2da 2 Co 8, 7. 9, 13-15; Ev: Mc 5, 21-4)

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el decimotercer Domingo del tiempo ordinario celebramos al Señor que generosamente nos dio la vida. Por lo tanto, es su deseo que prosperamos en la salud del cuerpo y la mente. Por eso, ofreció a su propio hijo para que pudiéramos tener la vida en su plenitud.

En la primera lectura de hoy, Dios nos recuerda su plan y su deseo por nosotros. Este plan no ha disminuido de ninguna manera. Por lo tanto, nunca se cansa de restaurarnos. Como un padre amoroso, el plan de Dios para nosotros sigue siendo supremo. No es un plan de muerte, sino de la vida eterna.

Él nos dice: “Amado, deseo sobre de todas las cosas que tú puedes prosperar y estar en salud, así como tu alma prospera” (3 Jn 1, 2). Sí, este es el deseo de Dios para nosotros. Así como la enfermedad y la muerte son sólo una corrupción física del cuerpo, la vida eterna en Cristo es la última curación y restauración de la vida espiritual. Esta vida eterna reside en nuestra alma imperecedera que lleva la imagen de la naturaleza de Dios.

Por lo tanto, nada cambia el plan de Dios para nosotros. Incluso cuando lo abandonamos, este plan para la prosperidad y la buena salud sigue siendo concreto. Por eso nos aseguró que: “… Sé los planes que tengo para ti, planes para prosperar y no para hacerte daño, planes para darte esperanza y un futuro… ” (Jer 29, 11).

En la segunda lectura, Pablo nos recuerda que Dios nos ha dado generosamente todo. Esto era posible porque “… El Señor Jesús era rico, pero se hizo pobre por tu bien, para hacerte rico de su pobreza “. Por lo tanto, es el deseo de Dios que a medida que prosperemos, debemos ser generosos también.

Pablo nos educa en el principio de la generosidad. Mientras que él nos aconsejó que equilibremos la necesidad de otros contra nuestros sobrantes, él no significa que debemos ser generosos solamente cuando tenemos exceso a dar. Dar sólo lo que no nos cuesta “nada” podría no tráenos la plena satisfacción de la generosidad. (2 Sam 24:24). La verdadera generosidad atrae las bendiciones y los favores de Dios a aquellos que dan libremente y alegremente.

Pablo también nos recuerda que aquel que es rico y satisfecho hoy, podría convertirse en el pobre y necesitado del mañana. Así que aquellos a los que ayudamos hoy podrían ser nuestro salvador mañana. Esta es la realidad de la vida. A veces toma uno por sorpresa. Como no estamos en control de nuestra vida, también, no estamos en control de nuestro futuro.

El Evangelio de hoy nos presenta dos milagros de Jesús. Estos milagros son evidencias del deseo y plan de Dios para nosotros. Nos enseñan que mientras que Cristo desea liberarnos de todas las formas de cautividades, debemos tener fe para recibir nuestros milagros.

Tanto Jairo como la mujer nunca se dieron por vencidos, en cambio, esperaron pacientemente hasta que el plan de Dios se cumpliera para ellos. La mujer demostró su fe viva a través de su acción de tocar el manto de Cristo. Esperó por doce años, y cuando llegó su oportunidad, lo tomó en la fe. Ella no tenía miedo o vergüenza de la multitud. Además, Jairo demostró su fe en nombre de su hija al invitar persistentemente a Cristo hasta que visitó su casa.

Finalmente, es el plan de Dios que nos prosperamos tanto en cuerpo como en el alma. Sin embargo, debemos ser pacientes y caminar en este plan en la fe. En segundo lugar, tenemos un papel que desempeñar en el plan de Dios hacia los demás. Por lo tanto, Pablo nos dice hoy: “Ustedes siempre tienen la mayor parte de todo. Así que, esperamos que ustedes también pongan más en la obra de misericordia.” Así, mientras Cristo busca nuestro bienestar todos los días, nosotros también debemos buscar constantemente el bienestar de los demás.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For 12th  Sunday Of Ordinary Time, Year B

Solemnity of the Birth of John the Baptist

Readings: 1st: Is: 49:1-6; Ps 138; 2nd: Acts 13: 22-26; Gos: Lk 1: 57-66.80

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

 

Today, the twelfth Sunday of ordinary time, the church celebrates the nativity of a great prophets, John the Baptist. He is popularly known as the forerunner of Christ. His birth marked the end of an old prophetic era, as well as the beginning of a new one. He was the link between the Old and the New Testament. So, he is “the Bridge.”

In the first reading, the prophet Isaiah recounts his call to the prophetic ministry. He announced: “The Lord called me before I was born.” He freely and obidiently responded to this call. He carried it out in spite of all odds against him.

One remarkable point that Isaiah highlighted in the account of his call and mission is that God equips and protects those he called until they have accomplished his mission. This is the account of Isaiah: “He made my mouth a sharp sword and hid me into a sharpened arrow and concealed me in his quiver.”

We see this in the lives of all the true prophets. Nothing could stop them until they have fulfilled the will of God. As a great prophet, he set the pace for his successors including John the Baptist whose birthday we celebrate today.

The second reading reminds us of the important role that John played in the history of our salvation. He was not the messiah but, he was the one specially chosen by God to be the herald of the Messiah. He prepared the way for his coming.

Luke highlighted a very important virtue displayed by John the Baptist at the beginning of his ministry. This was his humility. He announced before hand: “I am not the one you imagine me to be. That one is coming after me and I am not fit to untie his sandal.” He knew what he was called to do and he simply did it. He was truthful about his mission.

Though, he was held in a very high esteem by his disciples, he humbled himself as a servant. He knew his place and mission right from his mother’s womb. During his divine encounter with Christ in the Mary’s womb, he humbly adored  Him by  leaping for Joy (Lk 1:41).

John the Baptist knew he was only a servant and a messenger sent to prepare the way. So, his message was simple but powerful. When Christ eventually came, he humbly presented him to his disciples and the world: “Behold the Lamb of God who takes away the sins of the world” (Jn 1: 19). He has completed his mission. So, he was not bothered when his disciples abandoned him to follow the messiah. He lived what he preached and died for it.

Today’s Gospel recounts the mystery of the naming of this great prophet. God and his parents agreed that his name is John. According to his relatives this name was out of tradition: No one in your family has that name.” This is the beginning of the sign that something different was about to happen. The instant healing of his father’s dumbness proved this. A prophet like no other with a rare name and a special mission has been born. The Man who announced the good news of repentance and salvation to the world was born.

John means “Yahweh is gracious.” Of course, he was a gift not only his parents considered to be barren for a long time, but to the entire world that he came to announce the imminence of the messiah. Like his predecessor Isaiah, the hand of the Lord was upon him and his mision was a success.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía Del Duodécimo Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B 


Solemnidad Del Nacimiento De Juan El Bautista

Lecturas: 1ra: Is: 49:1-6; Sal: 138; 2da: Hechos 13: 22-26; Ev: Lc 1: 57-66.80

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

 

Hoy, el duodécimo Domingo del tiempo ordinario, la Iglesia celebra la natividad de un gran profeta, Juan el Bautista. Es conocido popularmente como el precursor de Cristo. Su nacimiento marcó el final de un antiguo era profética, así como el comienzo de uno nuevo. Él era el vínculo entre el antiguo y el nuevo testamento. Entonces, él es “el Puente”.

En la primera lectura, el profeta Isaías relata su llamado al ministerio profético. Él anunció: “El Señor me llamó antes de que yo naciera.” Él libremente y obedientemente respondió a esta llamada. Lo llevó a cabo a pesar de todas las probabilidades en su contra.

Un punto notable que Isaías resaltó en el relato de su llamado y misión es que Dios equipa y protege a los que llamó hasta que han cumplido su misión. Este es el relato de Isaías: “El hizo de mi boca una espada afilada, y me ocultó a la sombre de su mano; hizo de mi una flecha punzante, me escondió en su aljaba.”

Vemos esto en las vidas de todos los verdaderos profetas. Nada podría detenerlos hasta que hayan cumplido la voluntad de Dios. Como un gran profeta, él fijó el paso para sus sucesores incluyendo Juan el Bautista cuyo cumpleaños celebramos hoy.

La segunda lectura nos recuerda el importante papel que Juan jugó en la historia de nuestra salvación. Él no era el Mesías, pero él fue el elegido especialmente por Dios para ser el heraldo del Mesías. Preparó el camino para su venida.

Lucas destacó una virtud muy importante mostrada por Juan el Bautista al comienzo de su ministerio. Esta fue su humildad. Él anunció antes de la mano: “Yo no soy el que usted imagina que yo sea. Uno viene detrás de mí y yo no soy apto para desatar su sandalia.” Él sabía lo que fue llamado a hacer y simplemente lo hizo. Era verdadero a su misión.

Aunque, tenía una estima muy alta entre sus discípulos, se humilló como un siervo. Conocía su lugar y su misión desde el vientre de su madre. Durante su encuentro divino con Cristo en el vientre de María, humildemente lo adoraba y saltó de alegría (Lc 1:41).

Juan sabía que él era sólo un siervo y un mensajero enviado para preparar el camino. Su mensaje era sencillo pero poderoso. Cuando finalmente Cristo vino, humildemente le presentó a sus discípulos y al mundo: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:19). Ha completado su misión. Por lo tanto, no se molestó cuando sus discípulos lo abandonaron para seguir al Mesías. Vivió lo que predicó y murió por ello.

El Evangelio de hoy relata el misterio del nombramiento de este gran profeta. Dios y sus padres estuvieron de acuerdo en que su nombre es Juan. Según sus parientes este nombre estaba fuera de la tradición: “Nadie en su familia tiene ese nombre.” Este es el comienzo de la señal de que algo diferente estaba a punto de suceder.

La curación instantánea de la mudez de su padre indica esto. Un profeta como ningún otro con un nombre raro y una misión especial ha nacido. El hombre que anunció la buena nueva del arrepentimiento y la salvación al mundo nació.

Juan significa “Yahvé es misericordioso.” Por supuesto, él era un don no sólo sus padres considerados estéril por un largo tiempo, pero a todo el mundo que él vino a anunciar la inminente llegada del Mesías. Al igual que su predecesor Isaías, la mano del Señor estaba con él y su misión fue un éxito.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For 11th  Sunday Of Ordinary Time, Year B

Our Faith Leads Us To God’s Kingdom

Readings: 1st: Ez 17, 22-24; Ps 91; 2nd: 2 Cor 5, 6-10; Gos: Mk 4: 26-34

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this eleventh Sunday of ordinary time, we are reminded that, as part of God’s kingdom, the church of Christ is like a tree planted by God in the world. From the smallest of all seeds, she becomes the noblest of trees and fills the earth. She is the physical evidence of God’s kingdom. So, like the birds of the air, we are called to make our home in her.

The first reading is a message of hope and restoration. Through the prophet Ezekiel God promised to re-establish and elevate his people who were in exile in Babylon. This means that God wishes to transfer his people from a kingdom of oppression, poverty and misery to a kingdom of justice, prosperity and peace of mind.

This is obviously the kingdom where Christ reigns as king and, as the fountain of life. This is the kingdom where God wishes us to be. The church is the visible sign of this noble cedar or kingdom that gives refuge to all people.

In the second reading, Paul reminds us of the fact that we are on a journey towards the kingdom of God in order to be with Christ our lord and king. Hence, whether we are “living in the body or exiled from it, we should be focused on pleasing the Lord.

The journey to this kingdom is a journey which must be approached with faith and courage. Hence Paul reminds us: “…Going as we do by faith and not by sight, we are full of confidence…and actually want to leave this body in order to be with Christ.” In light of this, we must advance diligently in order to be admitted into this kingdom by Christ.

In today’s gospel, Christ uses two parables to describe the kingdom of God. The kingdom he invites us to is a simple and peaceful one. It is open to all who seek it with a sincere heart. The easiest way to enter into it is by sowing a seed faith in Christ. This is the key.

Hence, in the second parable, the mustard seed which is the smallest seed refers to our faith. “If you have faith like a grain of mustard seed…nothing will be impossible for you” (Mt 17, 20). This includes, entering the kingdom of God. However, it is important to note that, the authenticity or genuineness of our faith must be tested (James 1:3; 1Peter 1:7).

Faith grows and when it does, it achieves great things. As it grows it leads us to Christ and consequently to his kingdom. Also, our faith draws others to Christ and to his church, the visible sign of God’s kingdom on earth. As Christ says: “The birds of the air come to take shelter under its branches.”

How does our faith draw others to Christ? When we demonstrate or bear a good testimony of our individual and collective faith, the result is great. Lives could be touched and transformed. A few persons might come to believe in God.

Also, a youth might present himself for a particular sacrament and service in the church. A young couple might decide to normalize their marriage in the church. Someone might decide to give up a very old and bad habit, while another might decide to forgive another.

These may seem to insignificant achievements, but the seed is growing. This consequently leads to the growth of the church, the visible sign of God’s kingdom on earth. As our faith grows, the church, the body of Christ grows and, more people are drawn into the comfort of God’s kingdom.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía Del Undécimo Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

Nuestra Fe Nos Lleva Al Reino De Dios

Lectura: 1ra: Ez 17, 22, 24; Sal 91; 2da 2Co 5, 6-9; Ev: Mc 4, 26-34

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este undécimo Domingo del tiempo ordinario, se nos recuerda que, como parte del reino de Dios, la iglesia de Cristo es como un árbol plantado por Dios en el mundo. De la más pequeña de todas las semillas, ella se convierte en la más noble de los árboles y llena la tierra. Ella es la evidencia física del reino de Dios. Así que, como las aves del aire, estamos llamados a hacer nuestra casa en ella.

La primera lectura es un mensaje de esperanza y restauración. A través del profeta Ezequiel Dios prometió restablecer y elevar a su pueblo exiliado en Babilonia. Esto significa que Dios desea transferir a su pueblo de un reino de opresión, pobreza y miseria a un reino de justicia, prosperidad y tranquilidad.

Este es obviamente el reino donde Cristo reina como rey y, como la fuente de la vida. Este es el reino donde Dios quiere que estemos. La iglesia es el signo visible de este noble cedro o reino que da refugio a todo el pueblo.

En la segunda lectura, Pablo nos recuerda el hecho de que estamos en un viaje hacia el reino de Dios para estar con Cristo nuestro Señor y rey. Por lo tanto, si estamos “viviendo en el cuerpo o exiliados de ello, debemos enfocarnos en agradar al Señor.”

El viaje a este reino es un viaje que debe ser abordado con fe y valentía. Por eso Pablo nos recuerda: “… Yendo como lo hacemos por la fe y no por la vista, estamos llenos de confianza… y realmente queremos dejar este cuerpo para estar con Cristo. ” A la luz de esto, debemos avanzar diligentemente para ser admitidos en este reino por Cristo.

En el Evangelio de hoy, Cristo usa dos parábolas para describir el reino de Dios. El reino al que nos invita es simple y pacífico. Está abierto a todos los que lo buscan con un corazón sincero. La manera más fácil de entrar en ello es sembrar una semilla de la fe en Cristo. Esta es la clave.

Por lo tanto, en la segunda parábola, la semilla de mostaza que es la semilla más pequeña se refiere a nuestra fe. “Si tienes fe como un grano de semilla de mostaza… nada será imposible, para ti” (Mt 17, 20). Esto incluye, entrar en el reino de Dios. Sin embargo, es importante notar que la autenticidad de nuestra fe debe ser probada (Santiago 1:3; 1 Pedro 1:7).

La fe crece y cuando lo hace, logra grandes cosas. A medida que crece, nos lleva a Cristo y consecuentemente a su reino. También, nuestra fe atrae a otros a Cristo y a su iglesia, que es el signo visible del reino de Dios en la tierra. Como dice Cristo: “Los pájaros vienen a refugiarse bajo sus ramas.”

¿Cómo nuestra fe atrae a otros a Cristo? Cuando demostramos o logramos un buen testimonio de nuestra fe individual y colectiva, el resultado es grande. Las vidas podrían ser tocadas y transformadas. Algunas personas pueden llegar a creer en Dios.

También, un joven podría presentarse a sí mismo para un sacramento particular y el servicio en la iglesia. Una pareja podría decidir normalizar su matrimonio en la iglesia. Alguien podría decidir renunciar un hábito viejo y malo, mientras que uno podría decidir perdonar a otro.

Estos pueden parecer logros insignificantes, pero la semilla está creciendo. Esto lleva consecuentemente al crecimiento de la iglesia, el signo visible del reino de Dios en la tierra. A medida que nuestra fe crece, la iglesia, el cuerpo de Cristo crece y más personas son atraídas a la comodidad del reino de Dios.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For 10th  Sunday Of Ordinary Time, Year B

We Are Members Of The Victorious Family of Christ

Readings: 1st: Gen 3: 9-15; Ps 129; 2nd: 2 Cor 4, 13. 5:1; Gos: Mk 3: 20-35

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this tenth Sunday of ordinary time, the Church reminds us that as humans, we all have an existential struggle against evil. However, the good news is that, we are illuminated through the assurance of victory. It is Christ, the seed of the Woman (Mary) who helps us to obtain this victory in our daily and earthly struggle against evil.

The first reading is from the story of the fall of Adam and Eve. It is an integral part of our salvific history which reminds us of something that we inherited from them. That is, the adamic nature due to Original Sin. Also, it reminds us of the consequences disobedience.

Rather than accept their fault, they tried to justify themselves by blaming each other. Adam blamed: “the woman you (God) gave me.” Of course, he did not blame the woman alone, he also indirectly blamed God who generously and kindly gave him a partner. On the other hand, Eve blamed: “the serpent that tempted me.” Blame rained upon blame!

As some of us do, it was hard to accept their fault. None of them said, I am sorry, I was wrong, it was my fault or even, please forgive me. Instead, they found excuses to exonerate themselves and, someone else must take the blame. Excuses does not absolve faults. Rather, what helps is humbly accepting one’s fault and asking for forgiveness.

In the second reading, Paul simply brings to light the significant characteristics of a life lived in faith. With the words of the psalmist he testifies: “We also believe and therefore we speak (Ps 116:10), knowing that he who raised the Lord Jesus to life will raise us.” Yes, this is a great profession of faith.”

Through this, Paul reminds us that preaching (speaking) the gospel is possible only because of faith. He also reminds us that in spite of our difficulties and existential struggles against evil in our world, grace strengthens our faith. Grace and faith keep us steadfast and focused on the glory of the eternal life ahead.

Today’s gospel narrates Jesus’ encounter with his people and family. They though he was out of his mind. They accused him of being possessed when he was actually liberating the possessed. They were ready to restrain him with false charges. They wished to tame his miraculous works and powerful preaching. In spite of all these, He remained focused.

Every true disciple of Christ is, His brother, sister, mother and a member of his victorious family. He came to save all who are ready to do the will of God. Of course, Mary his Mother is a great model of this for all of us. Hence, Christ did not disrespect his own faithful mother. Rather, he teaches an important lesson today. That, through faith and obedience to God’s will, we all have the opportunity to become members of his victorious and happy family.

Also, Christ reminds us that it is not status, but action in response to God’s call that determines who belongs to his victorious family. To become part of the victorious family of Christ is a dynamic process. It flows from a personal encounter with Christ. It also flows from faithfulness and obedience to God’s will. Hence, if we are disciples of Christ, we must prove it through our faith and obedience to God’s will.

Finally, Adam and Eve enjoyed the status and comfort of God’s divine presence but, they lost it through disobedience. Through them, we equally lost our membership of the victorious family. However, the good news is that through faith in Christ (the seed of Mary), and obedience to God’s will, our membership of the victorious family has been restored.

Peace be with you!

Maranatha!