Homilia del Trigésimo Domingo Del Tiempo Ordinario, Año C

¡Dios es Un Juez Justo!

Lecturas: 1ra: Sir: 35:12-14.16-19; Sal: 32; 2da: 2Tim 4: 6-8.16-19; Ev: Lc 18: 9-14

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este trigésimo Domingo del tiempo ordinario, la Iglesia nos recuerda que el Señor es un justo juez que favorece a los humildes y justos.

En la primera lectura, Sirac nos exalta en la justicia de Dios hacia los pobres, los huérfanos, las viudas y los débiles de nuestra sociedad. Esto viene en un momento en que el juicio justo se ha convertido en una cosa del pasado y el mejor postor gana. En la “corte celestial”, Dios el justo juez sigue siendo resuelto para asegurar que los jueces son sostenidos

Estamos llamados a ser como Dios el juez justo que absuelve a los virtuosos y los entrega justo juicio. Además, Sirac nos asegura que en la medida en que somos humildes, orantes y perseverantes en hacer el bien, Dios seguramente estará allí para vindicarnos como dice el salmista: “Este pobre hombre llamó y el Señor lo escuchó” (Sal. 34, 6).

En la segunda lectura, Pablo, habiendo terminado su papel perfectamente bien, ahora espera con confianza el buen juicio de del juez justo. Él se afirma audazmente: “He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día, y no solamente a mí, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento.”

Sólo hay una cosa que puede dar uno tal confianza. Esto es, una vida bien vivida en la humildad, y el santo temor de Dios. Si ya estamos viviendo una vida buena y humilde, no debemos detenernos. Más bien, debemos luchar hasta al final. Cuando Pablo no ha cumplido su misión, escribió: “No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí” (Phil 3:12-14).

En el Evangelio, Jesús nos recuerda, que juicio pertenece a Dios que conoce todo. Él es el único que conoce todas nuestras intenciones y acciones. Por lo tanto, no es para nosotros a juzgar a los demás porque el juicio humano siempre se equivoca y falla. Lo que ocurrió entre el publicano y el recaudador de impuestos es típico del escenario que encontramos diariamente.

Las personas auto-justas a menudo juzgan a la gente erróneamente debido a su propia debilidad de la mente y la ignorancia de cómo Dios opera. Tales personas se ven a sí mismas como el modelo a seguir y que otros deben imitar o como si fueran los únicos santos. Se apresuran a condenar a otros. Sin embargo, Dios juzga de manera diferente.

Por último, no debemos situarnos donde no pertenecemos y colocar a los demás donde sentimos que deberían estar. Más bien, debemos humildemente reconocer nuestra vulnerabilidad y debilidad ante Dios, el juez justo. Cristo, el justo juez que absolvió al humilde recaudador de impuestos nos dice hoy: “todo el que se exalta será humillado, pero el hombre que se humilla será exaltado”.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranata!

Homily for the Thirtieth Sunday Of Ordinary Time, Year C

God is a Just Judge!

Readings: 1st: Sir 35:12-14.16-19; Ps: 32; 2nd: 2 Tim 4:6-8.16-19; Gos: Lk 18:9-14

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Diocesis of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this thirtieth Sunday of Ordinary time, the Church reminds us that the Lord is a Just Judge who favors the humble and the just.

In the first reading, Sirac exalts us on the justice of God towards the poor, orphans, widows, and the weak of our society. This is coming at the heels of a time when just judgment has become a thing of the past and the highest bidder wins. In the “Heavenly Court”, God the Just Judge remains resolute to ensure that justice is upheld.

We are called to be like God the Just Judge who acquits the virtuous by delivering just judgment. Also, Sirac assures us that in as much as we are humble, prayerful and persevere in doing good, God will surely be there to vindicate us as the psalmist says: “The Lord hears the cry of the poor” (Ps. 34:6).

In the second reading, Paul, having played his part perfectly well, now confidently awaits good judgment from the Just Judge. He boldly asserts himself: “I have fought the good fight to the end, I have kept the faith; all there is to come now is the crown of righteousness reserved for me.”

There is only one thing that can give one such a confidence. This is, a life well-lived in humility, and the fear of God. If we are already living a good and humble life we must not stop. Rather, we must struggle to the end and to the finish line. When Paul was yet to accomplish the race, he wrote: “I do not claim that I have already arrived…I move on towards the goal to win the prize” (Phil 3, 12-14).

In the gospel, Jesus reminds us, that judgment belongs to “God who searches what searches the mind (Jer 17: 10).” He is the one who knows all our intentions and actions. So, it is not for us to judge others because at times, human judgement can be biased. What transpired between the publican and the tax collector is typical of the scenario we see us every day.

Self-righteous people often judge people wrongly because of their own weakness of mind and ignorance of how God operates. Such people look at themselves as the role model that others must imitate, or as if they are the only holy ones. They always wear the “holier than thou attitude.” So, they are quick to condemn others. However, God judges differently.

Finally, we must not place ourselves where we do not belong, and place others where we feel they should be. Rather, we must humbly acknowledge our nothingness, vulnerability and weakness before God, the Just Judge. Christ, the Just Judge who acquitted the humble tax collector says to us today: “Everyone who exalts himself will be humbled, but the man who humbles himself will be exalted.”

Peace be with you all!

Maranatha!