Homilía del Vigésimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

La santidad de matrimonio y la familia de Dios

Lectura: 1ra: Ge 2, 18-24Sal: 128; 2da: He 2,9-11Ev: Mc 10, 2-16

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este vigésimo séptimo domingo del tiempo ordinario, estamos invitados a reflexionar sobre el significado y la importancia de las instituciones del matrimonio y familia. Ambos son instituciones esenciales fundadas en un amor genuino para el sustento de la humanidad.

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Lamentablemente, en nuestro tiempo estas instituciones esenciales están gravemente amenazadas. Así que, es importante notar que cualquier cosa que amenace matrimonio y vida familiar amenace amor, unidad y toda la existencia humana. El matrimonio juega un doble papel. Primero, para la afección mutua entre las parejas. Segundo, para el sustento de la humanidad a través de la procreación.

Hoy, tanto la primera lectura y el Evangelio nos llaman a defender la santidad del matrimonio y la vida familiar. Ambas nos recuerdan que el matrimonio es instituido por Dios. Por lo tanto, debe ser apreciado y protegido. Sin embargo, es importante notar que tienen sus desafíos. Estos pueden ser superados a través de la gracia de Dios, y las buenas virtudes cristianas.

Los problemas matrimoniales deben ser resueltos mutuamente, y con la intención piadosa de hacer las paces. Muchas veces, pensamos que la mejor manera de resolver los problemas asociados con el matrimonio es el divorcio. Esto puede parecer una solución buena y rápida. Sin embargo, no es así siempre.

Las lecturas de hoy nos recuerdan que no es la voluntad de Dios que se rompa ningún matrimonio sacramental: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Por desgracia, muchas veces, divorcio no garantiza la paz mental. Además, no garantiza el éxito del próximo matrimonio. Por eso, alguien podría casarse muchas veces y divorciarse muchas veces. Esto es simplemente para demostrar que el divorcio no es siempre la mejor solución a los problemas del matrimonio.

Por lo tanto, en la base del divorcio es la incapacidad de llegar a un compromiso y la comprensión sobre la mejor manera de vivir la vida matrimonial. Esto simplemente se traduce en la falta de compasión, perdón, tolerancia y respeto mutuo por el uno el otro.

Además, hay egoísmo y codicia que a menudo viene con la única intención de explotar al otro. Cuando el fundamento del matrimonio no se construye sobre la honestidad, la veracidad, el amor mutuo, fe, caridad, esperanza y oración, hay pocas probabilidades de que sobrevivirá la gran tormenta.

También, a veces hay la carencia de la madurez de parte de los que pretenden a contraer matrimonio. Por la madurez, se quiere decir la madurez espiritual, física, social y psicológica que esta unión sagrada requiere. Así que, es importante realizar que la relación de matrimonio es completamente diferente de la relación entre una novia y un novio.

Sin embargo, es importante señalar que el aumento del número de divorcio hoy es debido al poco valor atribuido al matrimonio. Cuando el matrimonio se trata como un mero artículo en lugar de como un sagrado sacramento, o una institución sagrada, no durara. Por supuesto, esto, en consecuencia, afecta tanto a la familia como a la sociedad en general.

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Por último, me compadezco sinceramente de todos aquellos que pasan momentos difíciles en su matrimonio, rezo para que Dios les dé la gracia, la fuerza y la sabiduría para avanzar y encontrar paz en sus hogares. Para aquellos que tienen la intención de unirse en este sagrado sacramento, que, a través de la gracia de Dios, encuentren alegría en el amor que profesan.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for the 27th Sunday of Ordinary Time, Year B

The Sanctity of Marriage and the Family of God

Readings: 1st: Gen 2:18-24; Ps 128; 2nd: Heb 2:9-11; Gos Mk 10:2-16

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this twenty-seventh Sunday of ordinary time, we are invited to reflect on the significance and importance of marriage and family institutions. Both are essential institutions founded on a genuine love for the sustenance of humanity.

Unfortunately, in our time, these essential institutions are under serious threat. So, it is important to note that whatever threatens marriage and family life threatens love, unity, and the entire human existence. Marriage plays a dual role. First, it serves the affection between couples and the sustenance of humanity through procreation.

You may find and purchase it (print and eBook) at:
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Today, both our first reading and the gospel strongly call us to uphold the sanctity of marriage and family life. They both remind us that marriage is instituted by God. So, it must be cherished and protected. However, it is important to note that it has its challenges, and these are overcomeable through God’s grace and good Christian virtues.

Marital problems should be resolved mutually, and with godly intent to make amends. Often, we think that the best way to resolve the issues associated with marriage is divorce. This might seem a right and fast solution. However, it is not always the case.

Today’s readings remind us that it is not the will of God for any sacramental marriage to be broken: “This is why a man must leave his father and mother, and join himself to his wife, and they become one body. So what God had united, man must not divide.”

Unfortunately, even a quick divorce does not guarantee peace of mind. Also, it does not guarantee the success of the next marriage. This is why someone might get married many times and divorce many times. This is simply to prove that divorce is not always the best solution to the problems of marriage.

One of the major causes of divorce is the inability to compromise and understand how best to live the marital life together. This simply translates to a lack of mercy, compassion, forgiveness, tolerance, and mutual respect.

Also, selfishness and greed often come with the sole intent to exploit the other. When the foundation of marriage is not built on honesty, truthfulness, mutual love, and prayer, there is little chance that it will survive the great storm.

There is also a lack of maturity on the part of the intending couples. By maturity, one means spiritual, physical, social, and psychological maturity required to enter this sacred union. It is important to realize that a marriage relationship is quite different from a boy – girlfriend relationship.

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So, it is important to note that today’s increasing divorce rate is due to the little value attached to marriage. When we treat marriage as a commodity or an article, instead of as a Sacrament and sacred institution, it is bound to fall apart. Of course, this consequently affects both the family and society at large.

Finally, I sincerely sympathize with all those going through difficult times in their marriages. I pray that God will give them the grace, strength, and wisdom to move forward and find peace in their homes. Also, I pray that those intending to be united in this Holy Sacrament, through the grace of God, may they find fulfillment in love.

Peace be with you!

Maranatha!

Homily for the 26th Sunday of Ordinary Time, Year B

The Spirit of God Blows wherever it wills

Readings: 1st: Nu 11, 25-29; Ps 18; 2nd: Jam 5, 1-6; Gos Mk 9, 38-43.  45. 47-48

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today, the twenty sixth Sunday of ordinary time, we thank God who freely gives his spirit to all men. Through God’s free gift, people of all nations can resist evil and manifest His true Spirit in their lives and actions. Today’s first reading and gospel are similar in many ways. They remind us that God can freely choose and equip whoever he wishes.

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In the first reading, we see men who remained in the “camp” prophesying in the power of God’s Spirit. In the gospel, we equally see men outside the fold Christ’s disciples preaching and casting out demons both in the power of the Holy Spirit, and in the name of Jesus Christ. Consequently, we see the zealous and envious disciples getting afraid and worried.

They were afraid that these men outside their fold whom the Lord chose and anointed with His spirit were threats to their mission and position. So, instead of seeing them as fellow workers in God’s mission, they became jealous and despised them. They thought that God’s spirit and mission solely belongs to them. Unfortunately, they were wrong.

Interestingly, Moses and Jesus refused to yield to the fears, jealousy and malicious request of their disciples to stop them. Being filled with the spirit of God themselves, they wisely discerned and knew that these men were genuine. Their mission is in line with the will of God, that all men may receive His spirit and preach the good news.

Hence, Moses responded, “If only the whole people of the Lord were prophets and, the Lord gave his Spirit to them all.” While Jesus told his disciples, “You must not stop him. No one who works a miracle in my name is likely to speak evil of me.” So, for Moses and Jesus, it was a good development and they were against the spirit of envy and oppression.

So, today James warns against oppression, and injustices of all kind against the weak, the poor and those who God has freely chosen. This is especially, against those who do not belong to our, group, or class. We should not strangle the true spirit of God at work in them. Rather, we should help them to advance and grow physically and spiritually.

There are many lessons for us from today’s readings. First, God can choose and use anyone he wishes for his mission. Second, He gives his Spirit for the edification of his church. Third, nothing (not even the devil), can stop whoever God truly anoints for his mission. So, when Christ says that: “The gate of hell shall not prevail against the Church” (Mt 16:18), He means that the Spirit of God is upon His church. It shall last as long as God wishes.

Fourth and most important, we must not be jealous or envious of the gift of others. Rather, we should see one another (especially, those that God has truly called) as companions in God’s mission. At times, we (including priests, religious), are guilty of this capital sin.

We are often jealous of those that the Lord has chosen for a particular mission and need of His church to the extent that we try to strangle their mission and efforts. We do this by ignorantly thinking (as Saul did in Acts 9), that we are defending God and His Church.  

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Surely, this is a bit tricky and difficult. Does it mean that every spirit is true? Certainly no, Especially, now that there are many false and self-made pastors, prophets and wolves in sheep’s garment. However, there is no cause for alarms! All we need to do is humbly and carefully, “discern every spirit” (I Jn 4:1). Christ’s standard of “by their fruits you shall know them” (Mt 7:16) must be wisely followed for this discernment. Also, the universal rule that, “not all that glitters is gold” must be diligently observed.

Finally, this requires wisdom and it is the Spirit of God that gives this wisdom. Only those who are filled, and are docile to the Holy Spirit can discern and distinguish between the true and the false spirit. So, we must be very careful not to despise those that the Lord has freely and truly chosen, and filled with his spirit for edification of his church.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

El Espíritu de Dios sopla por donde quiere

Lectura: 1ra: Nm 11, 16-17. 24-29; Sal 5; 2da Sant 5, 1-6; Ev: Mc 9:38-43. 45.47-48

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy, el vigésimo sexto domingo del tiempo ordinario, damos gracias a Dios que da libremente su espíritu a todos los hombres. A través del don gratuito de Dios, la gente de todas las naciones puede resistir el mal y manifestar su verdadero espíritu en sus vidas y acciones. La primera lectura y el evangelio de hoy son similares en muchas maneras. Nos recuerdan que Dios puede elegir libremente y equipar a quien quiera.

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En la primera lectura, vemos los hombres que quedaron en el “campamento” profetizando en el poder del espíritu de Dios. También en el evangelio vemos a los hombres afuera del grupo de los discípulos de Cristo predicando y expulsando demonios tanto en el poder del Espíritu Santo, como en el nombre de Jesucristo. En consecuencia, vemos a los discípulos celosos y envidiosos que se asustan y se preocupan.

Temían que estos hombres afuera de su grupo, a quienes el Señor eligió y ungió con su espíritu, fueran amenazas a su misión y posición. Así que, en lugar de verlos como compañeros o colaboradores en la misión de Dios, se volvieron celosos y los despreciaron. Pensaron que el espíritu y la misión de Dios sólo les pertenece. Por desgracia, se equivocaron.

Curiosamente, Moisés y Jesús se rehusaron a ceder ante los temores, los celos y la petición maliciosa de sus discípulos para detenerlos. Ellos mismos, siendo llenos del espíritu de Dios, sabiamente discernieron y sabían que estos hombres eran genuinos. Su misión estaba en consonancia con la voluntad de Dios de que todos los hombres recibieran su espíritu y predicaran la buena nueva.

Por lo tanto, Moisés respondió: “Ojalá que todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre todos ellos el espíritu del Señor”. Mientras que Jesús les dijo a sus discípulos:  “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí.” Así que, para Moisés y Jesús, fue un buen desarrollo y estaban en contra del espíritu de envidia y opresión.

Así que, hoy Santiago nos advierte contra la opresión e injusticias de todo tipo contra los débiles, los pobres y los que Dios ha elegido libremente. Esto es especialmente, contra aquellos que no pertenecen a nuestro grupo o clase. No debemos estrangular el verdadero espíritu de Dios en acción en ellos. Más bien, debemos ayudarles a avanzar y crecer físicamente y espiritualmente.

Hay muchas lecciones para nosotros de las lecturas de hoy. Primera, Dios puede elegir y usar a cualquiera que desee para su misión. Segunda, Dios da su espíritu para la edificación de su iglesia. Tercera, nada (ni siquiera el diablo), puede detener a quien Dios verdaderamente ungí para su misión. Entonces, cuando Cristo dice que: “La puerta del infierno no prevalecerá contra la iglesia” (Mt 16:18), él quiere decir que el espíritu de Dios está sobre su iglesia. Durará tanto tiempo como Dios quiere.

Cuarta y lo más importante, no debemos ser celosos o envidiosos del don de los demás. Más bien, debemos vernos los unos a los otros (especialmente, aquellos que Dios verdaderamente ha llamado) como compañeros en la misión de Dios. A veces, nosotros (incluso sacerdote y religiosos), somos culpables de este pecado capital.

A menudo estamos celosos de aquellos que el Señor ha elegido para una misión y necesidad particular de su iglesia, en la medida en que tratamos de estrangular su misión y sus esfuerzos. Lo hacemos ignorantemente pensando (como hizo Saúl en hechos 9), que estamos defendiendo a Dios y a su iglesia.

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Seguramente, esto es un poco complicado y difícil. ¿Significa que todo espíritu es verdad?Ciertamente no, especialmente, ahora que hay muchos falsos pastores y profetas y lobos vestidos en el manto de las ovejas. ¡Sin embargo, no hay causa para alarmas!

Todo lo que necesitamos hacer es humildemente y cuidadosamente, “discernir cada espíritu” (I Jn 4:1). El estándar de Cristo de: “Por sus frutos los conocerán” (Mt 7:16) debe ser seguido sabiamente para este discernimiento. También, la regla universal que, “No todo que brilla es oro”, debe ser observado diligentemente.

Finalmente, todo esto exige sabiduría, y es el Espíritu de Dios si mismo que da esta sabiduría. Sólo aquellos que están llenos, y son dóciles al Espíritu Santo pueden discernir y distinguir entre el verdadero y falso espíritu. Por lo tanto, debemos ser muy cuidadosos de no despreciar a aquellos que el Señor ha elegido libremente y verdaderamente, y llena de su espíritu para la edificación de su iglesia.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for the 25th Sunday of Ordinary Time, Year B

Working For Peace And Harmony

Readings: 1st: Wis 2: 12.17-20; Ps 53; 2nd: Jam 3: 16-4, 3; Gos: Mk 9: 30-37

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this twenty-fifth Sunday of ordinary time, we exalt Jesus Christ, the son of God. He is the wisdom that came down from heaven to serve humanity. The church invites us to listen to him and follow his example by living an orderly and peaceful life.

Today’s first reading is fulfilled in the life of Christ. First, it points to Christ, the Son of God, who was put to death by jealous and wicked people. As a righteous man, Jesus reprimanded and condemned the ambitious Pharisees and scribes of his time. So, they took offense and persecuted and crucified Christ.

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This reading is also fulfilled in the life of all who suffer unjust persecutions today for being right and just. Like Christ, sometimes, we are persecuted by our enemies and even by our friends for being just. However, we must remain steadfast because God will surely vindicate us as he vindicated Christ.

Our second reading reminds us of the importance of focusing sincerely on the things that unite us rather than on the ones that divide us. We all desire a harmonious life, yet many Christian communities, families, and homes live in frequent conflicts and disorder.

As much as conflicts are inevitable in life, we must not allow them to tear us apart. Sadly, the root of most of such disputes is selfish ambitions. So, James admonishes us not to let selfish ambitions destroy our relationships, families, and communities.

James asks us: “Where do all these battles between you first start. Is it not precisely in the desires fighting inside yourselves? You have an ambition that you cannot satisfy; so, you fight to get your way by force” Of course, many families, marriages, communities, and nations have already been destroyed because of selfish ambitions or desires.

In today’s gospel, Jesus foretells his imminent suffering, death, and resurrection. Unfortunately, instead of reflecting on what Christ was saying, his disciples were busy quarreling secretly over who was the greatest. Of course, their argument was aimed at the earthly government they imagined that Christ had come to establish. Like the community that James wrote to, Jesus’ disciples were experiencing a conflict of interest.

We often see this in any society, church, family, and anywhere that personal ambition is considered more important than anything else. There, we see in-fighting, gossips, indifference, aggression, threats to lives and properties, hatred, and all sorts of vices. All these come at the expense of the common good and peaceful coexistence. Wherever these exist, there can be no progress, prosperity, and peace. 

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Therefore, by using a child as an example for us today, Jesus is only teaching us that we have to become like children to be great. Of course, this does not mean being childish. Instead, it means being child-like. It means that we have to live our lives in humble service to God and one another.

Finally, to be great is to be focused on something other than oneself. It means our ability to accommodate, welcome, and work in harmony with others, just as children always do. It also means the readiness to accept the truth and to reflect positively on it.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Trabajando por la Paz y la Armonía

Lectura: 1ra: Sab 2: 12.17-20; Sal: 53; 2da:Sant 3: 16-4, 3; Ev: Mc 9: 30-37

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com. 

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este vigésimo quinto domingo del tiempo ordinario, exaltamos a Jesucristo el hijo de Dios. Él es la sabiduría que bajó del cielo para servir y salvar la humanidad. La Iglesia nos invita a escucharlo, y a seguir su ejemplo de vivir una vida ordenada y pacífica.

La primera lectura de hoy se cumplió en la vida de Cristo. Primero, apunta a Cristo hijo de Dios, que fue puesto a la muerte por personas celosas y malvadas. Como un hombre justo, Cristo reprochó y condenó a los ambiciosos fariseos y escribas de su tiempo. Ellos se ofendieron, y así, le persiguieron y crucificaron a Cristo.

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Esta lectura también se cumple en la vida de todos aquellos que sufren persecuciones injustas hoy por ser verdaderas y justas. Como Cristo, a veces, somos perseguidos por nuestros enemigos, e incluso por nuestros amigos por hacer lo correcto. Sin embargo, debemos permanecer firmes porque Dios seguramente nos vindicará como vindicó a Cristo.

Nuestra segunda lectura nos recuerda la importancia de enfocarnos sinceramente en las cosas que nos unen y no en las que nos dividen. Todos deseamos una vida armoniosa, pero muchas comunidades cristianas, familias y hogares viven en frecuentes conflictos y desorden.

Aunque los conflictos son inevitables en la vida, no debemos permitir que nos separe. Lamentablemente, la raíz de la mayoría de estos conflictos son ambiciones egoístas. Así que, Santiago nos exhorta a no permitir que las ambiciones egoístas destruyan nuestras relaciones, familias y comunidades.

Santiago nos pregunta: ¿De dónde vienen las luchas y los conflictos entre ustedes? ¿No es, acaso, de las malas pasiones, que siempre están en guerra dentro de ustedes? Ambicionan algo que no pueden alcanzar, y entonces combaten y hacen la guerra.” Por supuesto, muchas familias, matrimonios, comunidades y naciones ya han sido destruidas debido a ambiciones o deseos egoístas.

En el Evangelio de hoy, Jesús predice su sufrimiento inminente, su muerte y su resurrección. Por desgracia, en lugar de reflexionar sobre lo que Cristo estaba diciendo, sus discípulos estaban ocupados discutiendo secretamente sobre quién era el más grande. Por supuesto, su argumento estaba dirigido al gobierno terrenal que imaginaban que Cristo había venido a establecer. Así que, como la comunidad a la que Santiago escribió, los discípulos de Jesús estaban experimentando un conflicto de intereses.

Esto es lo que vemos en cualquier sociedad, iglesia, familia, y de hecho en cualquier lugar que la ambición personal se considera más importante que cualquier otra cosa. Allí, vemos lucha, chismes, indiferencia, agresión, amenazas a las vidas y las propiedades, el odio y todo tipo de vicios. Todos estos, vienen a las expensas del bien común y la convivencia pacífica. Dondequiera que existan, no habrá progreso, prosperidad y paz.

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Por lo tanto, al usar a un niño como ejemplo para nosotros hoy, Jesús simplemente nos está enseñando que tenemos que ser como niños para ser grandes. Por supuesto, esto no significa ser infantil, más bien, significa ser como niños. Significa que, tenemos que vivir nuestras vidas en humilde servicio a Dios y el uno al otro.

Finalmente, ser grande no es enfocarse solamente en uno mismo. Significa nuestra capacidad de acomodar, acoger y trabajar en armonía con los demás lo hacen los niños. También significa la disposición a aceptar la verdad y, reflejar positivamente en ella.

¡La paz sea con ustedes! 

¡Maranata!

Homily for 24th Sunday of Ordinary Time, Year B

Faith Demonstrated Through Action

Readings: 1st: Is 50, 5-9; Ps: 114; 2nd: Jam 2, 14-18; Gos: Mk 8, 27-35

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

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Today, the twenty-fourth Sunday of ordinary time, we honor and celebrate Christ, the son of God, who humbly accepted the weakness of our human condition. He demonstrated his solidarity with us by generously renouncing himself and taking the cross.

Our first reading from Isaiah is one of the “Suffering Servant Songs.” It is the prophecies about Jesus Christ, the Messiah. He was not rebellious. On the contrary, He did the Father’s will by proclaiming and securing salvation for humanity. Through his action, Christ proved his love for us. Also, through it, He demonstrated his faith in His father.

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Our second reading is a challenge for each one of us to be practical with our faith. It presents us with the reality of what it means to be a true Christian. James reminds us that: “Faith without good work is dead or useless.”

While reflecting on today’s readings, I recalled these words of Jennifer López on her appeal for charity on behalf of sick children. She says: “Miracles do not come easily. Behind every miracle, there is a generous and charitable heart.”

This generous and charitable heart is a heart of faith in action. God needs our prayer, our sweet talks, and, most importantly, our faith expressed in concrete steps. This is what he needs most to achieve the next miracle for others. Christ proved his love for us by being practical. He prayed and also offered his own life for you. Practical Christianity means faith in action. It means sacrifice. It means sharing in the pain and joy of others

In today’s gospel, Jesus spoke about how he would fulfill the prophecy of Isaiah. His mission was to redeem humanity through his suffering and death. However, Peter did not understand this. Although he was right in professing that Jesus is the Messiah, it was difficult for him to understand how Jesus could offer himself to be killed for the salvation of all.

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Peter knew who Jesus was, but he was not ready to accept the reality that faced Him. He wants the crown but denies the cross that must come before it. Like Peter, most times, we do not want to face the realities of our life. Especially moments that put our faith to test. Rather, we want to deny them. We only want to hear that there will be no difficulties in life.

Finally, practical Christianity means faith in action. It means accepting to carry one’s cross humbly and patiently while relying on the same grace that helped Christ. It is by taking his cross and dying on it that Christ demonstrated his love and generosity for us. So, he wants us to do the same. Practical faith helps us to understand and live the mystery of the cross. Faith without action is dead. Put another way; an un-demonstrated faith is of no value.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Fe demostrada a través de la acción

Lectura: (1ra: Is 50, 5-9; Sal: 114; 2da: Sant 2, 14-18; Ev: Mc. 8, 27-35

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy el vigésimo cuarto domingo del tiempo ordinario, honramos y celebramos a Cristo el hijo de Dios que humildemente aceptó la debilidad de nuestra condición humana. El demostró su solidaridad con nosotros al renunciar generosamente y aceptar la Cruz.

Nuestra primera lectura de Isaías es una de las “canticos de siervo sufriente de Dios”. Es la profecía sobre Jesucristo el Mesías. Cristo no era rebelde. Por el contrario, hizo la voluntad del padre proclamando y asegurando la salvación para la humanidad. A través de su acción, Cristo demostró su amor por nosotros.

https://ppeditoresebooks.myshopify.com/collections/venta-digital/products/palabra-de-dios-desde-mi-corazon-1

Nuestra segunda lectura es un reto para cada uno de nosotros de ser prácticos con nuestra fe. Nos presenta la realidad de lo que realmente significa ser un verdadero cristiano. Santiago nos recuerda que: “La fe sin buen trabajo es muerta o inútil”. Mientras reflexionaba sobre el mensaje de hoy recordé estas palabras de Jenifer López mientras apelaba a la caridad en nombre de los niños enfermos. Ella dice: “Los milagros no vienen fácilmente… detrás de cada milagro hay un corazón generoso y caritativo.”

Este corazón generoso y caritativo es un corazón de fe en acción. Dios necesita nuestra oración, nuestras dulces palabras y más importante nuestra fe expresada en acciones concretas. Esto es lo más importante para lograr el próximo milagro para otros. Cristo demostró su amor por nosotros prácticamente. Oró y también ofreció su propia vida por nosotros. El cristianismo práctico significa fe en acción. Significa sacrificio. Significa compartir el dolor y la alegría de los demás.

En el Evangelio de hoy Jesús habló de cómo él cumpliría la profecía de Isaías. Su misión era redimir a la humanidad a través de su propio sufrimiento y muerte. Sin embargo, Pedro no entendía esto. Aunque, él tenía razón al profesar que Jesús es el Mesías, era difícil para él entender cómo Jesús podía ofrecerse a sí mismo para ser crucificado por la salvación de todos.

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Pedro sabía quién era Jesús, pero no estaba dispuesto a aceptar la realidad que le enfrentó. Él quiere la corona, pero niega la cruz que debe venir antes de ella. Como Pedro, la mayoría de las veces no queremos enfrentar las realidades de nuestra vida. Especialmente, momentos que ponen a prueba nuestra fe. Más bien, queremos negarlos. Sólo queremos oír que no habrá dificultades en la vida.

Mis queridos amigos, el cristianismo práctico significa fe en acción. Significa aceptar llevar nuestra cruz humildemente y pacientemente mientras confiamos en la misma gracia que ayudó a Cristo. Es por cargar su cruz y muriendo en ella que Cristo demostró su amor y generosidad por nosotros. Así que, Cristo quiere que hacemos lo mismo. La fe práctica nos ayuda a entender y vivir el misterio de la Cruz. La fe sin acción está muerta. Puesto de otra manera, una fe no demostrada no tiene valor.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for the 23rd Sunday of Ordinary Time, Year B

Our God Does All Things Well

Readings: 1st: Is 35:4-7; Ps: 145; 2nd: Jam 2:1-5; Gos: Mk 7:31-37

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today, the twenty-third Sunday of ordinary time, we celebrate Christ, our Saviour, who makes no distinction between people’s classes. He lifts us and makes us all rich in faith. We praise the Lord, who heals and restores the afflicted.

Our first reading is a message of hope for the oppressed people of God and for all of us who need His saving help. It is a message of restoration from the Lord, who neither shows favoritism nor likes oppression. Above all, it is a message of hope from a loving Father who cares for all his children. He says to us today: “Courage, do not be afraid! Look, your God is coming.” 

You may find and purchase it (print and eBook) at:
https://ppeditoresebooks.myshopify.com/products/god-s-word-from-my-heart-to-my-lips?

In our second reading today, James frowns at the sin of despising the poor in favor of the rich. His words equally apply to all types of prejudices and discriminations in our families, churches, and society. So, to favor some people and disregard others based on their race, economic, social, or religious background is a terrible evil against God and man.

This evil afflicted the early church. This was why seven deacons were elected to avoid favoritism in the distribution of resources in Acts 6. The message of James is still very relevant to all of us today. This is because today, in our families, communities, churches, states, and indeed worldwide, people still suffer terrible injustice because of who they are. They Still suffer because of where they come from and the color of their skin.

Many innocent, poor, and good people are not valued because of their economic, social, political, religious, and cultural status. It is sad to know that favoritism, discrimination, and racism still plagues our society in this century. This should not be so for us as Christians. Wherever they exist, they are signs that we do not yet know or understand God and his ways. Their roots are in these twin vices called: pride and selfishness.

Pride makes one think he is better than the other or superior, while others are inferior. So, they must be treated differently. Selfishness makes one think only about one’s wellbeing and so, ignoring others’ sufferings and needs. These twin vices are the forces behind the theory of “Might is right,” a negative expression of power.

In today’s gospel, “Jesus went from one town to the other doing good.” However, the gospel did not tell us that he healed only the poor or the rich. Rather, His blessings touched and transformed the poor, rich, sinner, righteous, beautiful, and ugly. He did not discriminate or show favoritism. Instead, he identified with all classes of people.

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Christ visited and ate with Zacchaeus, the tax collector (Lk 19 1-10). He called Levi the tax collector and transformed him into saint Matthew, the great evangelist (Mt 9: 9-13).  He also healed the daughter of a gentile, Jairus, the wealthy Roman centurion (Mk 5: 21-43). Against Jewish tradition, He spoke with a Samaritan woman and transformed her life by bringing her to faith (Lk 4:1 42). Also, He healed many poor, blind, lame, deaf, and dumb people. Indeed, “He did all things well” without favoritism.

Finally, let us emulate Jesus by aiming at being good to all without discrimination favoritism. We must make ourselves an instrument to help others rise without minding their status. We should be motivated by the fact that “God created all of us in his image and likeness” (Gen 2, 27). Only through this can we truly sing with the psalmist: “My soul gives praise to the Lord.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Tercero Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Nuestro Dios hace todas las cosas bien
Lecturas: (1ra: Is 35:4-7; Sal: 145; 2da: San 2, 1-5; Ev: Mc 7, 31-37)

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy, el vigésimo tercero domingo del tiempo ordinario, celebramos a Cristo nuestro Salvador que no hace distinción entre clases de gente. Nos levanta y nos hace ricos en la fe. Alabamos al Señor que sana y restaura a los afligidos.

Nuestra primera lectura es un mensaje de esperanza para el pueblo oprimido de Dios y para todos nosotros que necesitamos su ayuda salvadora. Es un mensaje de restauración del Señor que no muestra favoritismos ni que le guste la opresión. Sobre todo, es un mensaje de esperanza de un padre amoroso que se preocupa por todos sus hijos. Nos dice hoy: “¡Animo, no tengas miedo! Mira tú Dios viene.”

https://ppeditoresebooks.myshopify.com/collections/venta-digital/products/palabra-de-dios-desde-mi-corazon-1

En nuestra segunda lectura de hoy, Santiago condenó el pecado de despreciar a los pobres, a favor de los ricos. Sus palabras se aplican igualmente a todo tipo de prejuicios en nuestras familias, iglesias y sociedad. Por lo tanto, para favorecer a algunas personas y hacer caso omiso de otros debido a su raza, el estatus económico, social o religioso es un mal terrible contra Dios y la humanidad.

Este mal afligió a la iglesia primitiva. Por eso, siete diáconos fueron elegidos para evitar el favoritismo en la distribución de recursos en hechos 6. El mensaje de Santiago sigue siendo muy relevante para todos nosotros hoy. Esto se debe a que hoy, en nuestras familias, comunidades, iglesias, estados, y de hecho en todo el mundo, la gente todavía sufre una terrible injusticia por lo que son. Todavía sufren por la causa del lugar de donde provienen y el color de su piel.

Muchas personas inocentes, pobres y buenas no son valoradas por su estatus económico, social, político, religioso y cultural. Es triste saber que, en este siglo, el favoritismo, la discriminación y el racismo siguen plagando nuestra sociedad. Esto no debe ser así para nosotros como cristianos. Donde y cuando existan, son señales que todavía no conocemos o comprendemos a Dios y sus caminos. Las raíces de favoritismo o discriminación están en estos vicios gemelos llamados: orgullo y egoísmo.

El orgullo hace que uno piense que es mejor que el otro o, que es superior mientras que otros son inferiores. Por lo tanto, deben ser tratados de manera diferente. El egoísmo hace que uno piense sólo en el bienestar de uno mismo y así, ignora los sufrimientos y las necesidades de los demás. Estos vicios gemelos son las fuerzas detrás de la teoría de ” la fuerza es lo que vale,” una expresión negativa del poder.

En el Evangelio de hoy, “Jesús fue de un pueblo a otro haciendo el bien.” No se nos dijo que sanó sólo a los pobres o a los ricos. Más bien, sus bendiciones tocaron y transformaron a los pobres y los ricos, los buenos y los malos, los pecadores y los justos, los hermosos y los feos. No discriminaba ni mostraba favoritismo. En cambio, se identificó con todas las clases de personas.

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Cristo visitó y comió con Zaqueo el recaudador de impuestos (Lc 19 1-10). Él llamó, y transformó a Leví el recaudador de impuestos y lo transformó en San Mateo, el gran evangelista (Mt 9: 9-13). Curó a la hija de Jairo, el rico centurión romano (Mc 5: 21-43) Contra la tradición judía, habló con una mujer samaritana pobre y pecaminosa. Él transformó su vida y la llevó a la fe (Lc 4:1 42). Además, curó a muchos pobres, ciegos, cojos, sordos y mudos. De hecho: “hizo todas las cosas bien” sin favoritismo.

Finalmente, vamos a emular a Cristo con el objetivo de ser bueno a todos sin discriminación o favoritismo. Debemos hacernos instrumentos para ayudar a los demás a levantarse sin importa su estatus. Debemos estar motivados por el hecho de que “Dios nos creó a todos a su imagen y semejanza” (Gen 2, 27). Sólo a través de esto, podemos verdaderamente cantar con el salmista: “Mi alma alaba al Señor”.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranata!