Homily for the 23rd Sunday of Ordinary Time, Year B

Our God Does All Things Well

Readings: 1st: Is 35:4-7; Ps: 145; 2nd: Jam 2:1-5; Gos: Mk 7:31-37

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today, the twenty-third Sunday of ordinary time, we celebrate Christ, our Saviour, who makes no distinction between people’s classes. He lifts us and makes us all rich in faith. We praise the Lord, who heals and restores the afflicted.

Our first reading is a message of hope for the oppressed people of God and for all of us who need His saving help. It is a message of restoration from the Lord, who neither shows favoritism nor likes oppression. Above all, it is a message of hope from a loving Father who cares for all his children. He says to us today: “Courage, do not be afraid! Look, your God is coming.” 

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In our second reading today, James frowns at the sin of despising the poor in favor of the rich. His words equally apply to all types of prejudices and discriminations in our families, churches, and society. So, to favor some people and disregard others based on their race, economic, social, or religious background is a terrible evil against God and man.

This evil afflicted the early church. This was why seven deacons were elected to avoid favoritism in the distribution of resources in Acts 6. The message of James is still very relevant to all of us today. This is because today, in our families, communities, churches, states, and indeed worldwide, people still suffer terrible injustice because of who they are. They Still suffer because of where they come from and the color of their skin.

Many innocent, poor, and good people are not valued because of their economic, social, political, religious, and cultural status. It is sad to know that favoritism, discrimination, and racism still plagues our society in this century. This should not be so for us as Christians. Wherever they exist, they are signs that we do not yet know or understand God and his ways. Their roots are in these twin vices called: pride and selfishness.

Pride makes one think he is better than the other or superior, while others are inferior. So, they must be treated differently. Selfishness makes one think only about one’s wellbeing and so, ignoring others’ sufferings and needs. These twin vices are the forces behind the theory of “Might is right,” a negative expression of power.

In today’s gospel, “Jesus went from one town to the other doing good.” However, the gospel did not tell us that he healed only the poor or the rich. Rather, His blessings touched and transformed the poor, rich, sinner, righteous, beautiful, and ugly. He did not discriminate or show favoritism. Instead, he identified with all classes of people.

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Christ visited and ate with Zacchaeus, the tax collector (Lk 19 1-10). He called Levi the tax collector and transformed him into saint Matthew, the great evangelist (Mt 9: 9-13).  He also healed the daughter of a gentile, Jairus, the wealthy Roman centurion (Mk 5: 21-43). Against Jewish tradition, He spoke with a Samaritan woman and transformed her life by bringing her to faith (Lk 4:1 42). Also, He healed many poor, blind, lame, deaf, and dumb people. Indeed, “He did all things well” without favoritism.

Finally, let us emulate Jesus by aiming at being good to all without discrimination favoritism. We must make ourselves an instrument to help others rise without minding their status. We should be motivated by the fact that “God created all of us in his image and likeness” (Gen 2, 27). Only through this can we truly sing with the psalmist: “My soul gives praise to the Lord.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Tercero Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Nuestro Dios hace todas las cosas bien
Lecturas: (1ra: Is 35:4-7; Sal: 145; 2da: San 2, 1-5; Ev: Mc 7, 31-37)

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy, el vigésimo tercero domingo del tiempo ordinario, celebramos a Cristo nuestro Salvador que no hace distinción entre clases de gente. Nos levanta y nos hace ricos en la fe. Alabamos al Señor que sana y restaura a los afligidos.

Nuestra primera lectura es un mensaje de esperanza para el pueblo oprimido de Dios y para todos nosotros que necesitamos su ayuda salvadora. Es un mensaje de restauración del Señor que no muestra favoritismos ni que le guste la opresión. Sobre todo, es un mensaje de esperanza de un padre amoroso que se preocupa por todos sus hijos. Nos dice hoy: “¡Animo, no tengas miedo! Mira tú Dios viene.”

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En nuestra segunda lectura de hoy, Santiago condenó el pecado de despreciar a los pobres, a favor de los ricos. Sus palabras se aplican igualmente a todo tipo de prejuicios en nuestras familias, iglesias y sociedad. Por lo tanto, para favorecer a algunas personas y hacer caso omiso de otros debido a su raza, el estatus económico, social o religioso es un mal terrible contra Dios y la humanidad.

Este mal afligió a la iglesia primitiva. Por eso, siete diáconos fueron elegidos para evitar el favoritismo en la distribución de recursos en hechos 6. El mensaje de Santiago sigue siendo muy relevante para todos nosotros hoy. Esto se debe a que hoy, en nuestras familias, comunidades, iglesias, estados, y de hecho en todo el mundo, la gente todavía sufre una terrible injusticia por lo que son. Todavía sufren por la causa del lugar de donde provienen y el color de su piel.

Muchas personas inocentes, pobres y buenas no son valoradas por su estatus económico, social, político, religioso y cultural. Es triste saber que, en este siglo, el favoritismo, la discriminación y el racismo siguen plagando nuestra sociedad. Esto no debe ser así para nosotros como cristianos. Donde y cuando existan, son señales que todavía no conocemos o comprendemos a Dios y sus caminos. Las raíces de favoritismo o discriminación están en estos vicios gemelos llamados: orgullo y egoísmo.

El orgullo hace que uno piense que es mejor que el otro o, que es superior mientras que otros son inferiores. Por lo tanto, deben ser tratados de manera diferente. El egoísmo hace que uno piense sólo en el bienestar de uno mismo y así, ignora los sufrimientos y las necesidades de los demás. Estos vicios gemelos son las fuerzas detrás de la teoría de ” la fuerza es lo que vale,” una expresión negativa del poder.

En el Evangelio de hoy, “Jesús fue de un pueblo a otro haciendo el bien.” No se nos dijo que sanó sólo a los pobres o a los ricos. Más bien, sus bendiciones tocaron y transformaron a los pobres y los ricos, los buenos y los malos, los pecadores y los justos, los hermosos y los feos. No discriminaba ni mostraba favoritismo. En cambio, se identificó con todas las clases de personas.

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Cristo visitó y comió con Zaqueo el recaudador de impuestos (Lc 19 1-10). Él llamó, y transformó a Leví el recaudador de impuestos y lo transformó en San Mateo, el gran evangelista (Mt 9: 9-13). Curó a la hija de Jairo, el rico centurión romano (Mc 5: 21-43) Contra la tradición judía, habló con una mujer samaritana pobre y pecaminosa. Él transformó su vida y la llevó a la fe (Lc 4:1 42). Además, curó a muchos pobres, ciegos, cojos, sordos y mudos. De hecho: “hizo todas las cosas bien” sin favoritismo.

Finalmente, vamos a emular a Cristo con el objetivo de ser bueno a todos sin discriminación o favoritismo. Debemos hacernos instrumentos para ayudar a los demás a levantarse sin importa su estatus. Debemos estar motivados por el hecho de que “Dios nos creó a todos a su imagen y semejanza” (Gen 2, 27). Sólo a través de esto, podemos verdaderamente cantar con el salmista: “Mi alma alaba al Señor”.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranata!

Homily for the 22nd Sunday of Ordinary Time, Year B

Obey God’s Commandment With A Pure Heart

Readings: 1st: Deut 4, 1-8; Ps 14; 2nd: Jam 1, 17-18. 22-27; Gos: Mk 7, 1-8, 21-23

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today, the twenty-second Sunday of ordinary time, we rejoice in God’s Law, pure religion. This Law is fulfilled in the Sacrament of love and dwells only in a pure and transformed heart. Hence, today’s readings lead us to reflect on the best way to obey it for the sake of our salvation.

In our first reading, Moses reminded his people of God’s commandment and urged them to be steadfast in order to be successful in life. Notably, he warned them not to add or remove from it. However, this warning was not heeded because the Pharisees multiplied the ten commandments to about six hundred and thirteen legal codes.

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Through this, they made life practically and extremely difficult for the people of God. This was why, later in Galatians 3, Paul had to make many cases “against the law.” He did not wholly condemn the Law, but the way his fellow Pharisees conceived, abused, and presented it. He argued that the spirit of the Law was more important than its letters. 

So, in today’s gospel, Jesus confronted the Pharisees because of their hypocrisy. They never observed the law that they multiplied for their people. This is a dangerous way of life that we (especially, priest and religious, the modern-day Pharisees), must be careful of. We must not live a hypocritical life, or even make life difficult for others.

Furthermore, by saying that: “What comes out of a man is what defiles him,” Christ calls us to self-evaluation. The malicious intentions, the hatred, pride, and corrupt tendencies we harbor in our hearts are what define and make us who we are. They are the vices that make us bad. We must evict them before they rock our spiritual boat. They are the real and hidden enemies that we must fight and defeat daily.

The quality of our life is measured by the quality of our heart and mind. If our mind and heart are infested and sick, our body would be sick a thousand times more, even without one knowing it. So, the most important thing that God needs from us is a pure heart as Christ taught us: “Blessed are the pure in heart, for they shall see God” (Mt 5, 8).

The best way to be faithful to God’s command is to allow our hearts to be transformed by it. So, rather than pay excessive attention to the letters of the law and physical purity, we must heed Paul’s advice: “Let your hearts be inwardly transformed so that you will know the will of God.” (Rom 12, 2). God’s will is his law. It must motivate us to love others and to avoid evil. His will must evoke true repentance and a sincere desire to forgive others and keep us firm in the faith. Above all, it must move us to pursue what is right, just, noble, and holy.

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Today, the apostle James admonishes us in our second reading: Accept and submit to the word [God’s command] which has been planted in you…you must do what the Word tells you.” Of course, the best way to do this is to let our Christianity find expressions in the way we live, love, and treat one another.

Finally, the psalmist reminds us that the just shall live in the presence of God. This means living his word and command with a pure and sincere heart. So, let us humbly pray like David: “Create a pure heart in me O Lord and, put a new and loyal spirit in me” (Ps 51, 10).

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Obedezca el mandamiento de Dios con un corazón puro

Lectura: (1ra: Dt 4, 1-8; Sa14; 2da: St 1, 17-18. 22-27Ev: Mk 7, 1-8, 21-23)

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy, el vigésimo segundo domingo del tiempo ordinario, nos regocijamos en la ley de Dios que es la religión pura. Esta ley se cumple en el Sacramento del amor y habita sólo en un corazón puro y transformado. Por lo tanto, las lecturas de hoy nos llevan a reflexionar sobre la mejor manera de obedecerla por el bien de nuestra propia salvación.

En nuestra primera lectura, Moisés recordó a su pueblo el mandamiento de Dios y les instó a ser firme a ella para ser exitoso en la vida. Importantemente, él les advirtió no agregar o quitar de ello. Sin embargo, esta advertencia no se tomó en serio, porque los fariseos multiplicaron los diez mandamientos a unos seiscientos y trece códigos legales.

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A través de esto, hicieron la vida práctica y extremadamente difícil para el pueblo de Dios. Por eso, más tarde en Gálatas 3, Pablo tuvo que hacer mucho caso “contra la ley”. No condenó completamente la ley, sino condenó la forma en que sus compañeros los fariseos la concibieron, abusaron y la presentaron. Argumentó que el espíritu de la ley era más importante que sus letras.

Así que, en el Evangelio de hoy, Jesús enfrentó a los fariseos debido a su hipocresía. Nunca observaron la ley que multiplicaron por su pueblo. Este es un modo de vida peligrosa que nosotros (especialmente, sacerdotes y religiosos, los fariseos de hoy en día), debemos tener cuidado. No debemos vivir una vida hipócrita, o hacer la vida difícil para los demás.

Además, al decir que: “Lo que sale de un hombre es lo que lo profana,” Cristo nos llama a la autoevaluación. Las intenciones maliciosas, el odio, el orgullo, las tendencias corruptas que guardamos en nuestro corazón son realmente lo que definen y nos hacen lo que somos. Son los vicios que nos hacen malos. Debemos desalojarlos antes de que rompen nuestro barco espiritual. Son los enemigos reales y ocultos que debemos luchar y derrotar diariamente.

La calidad de nuestra vida se mide por la calidad de nuestro corazón y nuestra mente. Si nuestra mente y nuestro corazón están infestados y enfermos, nuestro cuerpo estaría enfermo mil veces más, incluso sin que uno lo supiera. Por lo tanto, lo más importante que Dios necesita de nosotros es un corazón puro como Cristo nos enseñó: “Dichosos los puros de corazón, porque verán a Dios” (Mt 5, 8).

La mejor manera de ser fiel al mandato de Dios es permitir que nuestros corazones sean transformados por ella. Así que, en lugar de prestar demasiada atención a las letras de la ley y la pureza física, debemos obedecer el consejo de Pablo: “Que sus corazones se transformen internamente, para que conozcan la voluntad de Dios”. (Ro 12, 2). La voluntad de Dios es su ley. Debe motivarnos a amar a los demás, y a evitar el mal. Debe evocar el verdadero arrepentimiento y una voluntad sincera de perdonar a los demás. Debe mantenernos firmes en la fe. Sobre todo, debe movernos a buscar sólo lo que es bueno, justo, noble y Santo.

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Hoy, el apóstol Santiago nos amonesta en nuestra segunda lectura: Acepten dócilmente la palabra [el mandamiento de Dios] que ha sido sembrada en ustedes … Pongan en práctica esa palabra y no se limiten a escucharla.” Por supuesto, la mejor manera de hacer esto es dejar que nuestro cristianismo encuentre expresiones en la forma en que vivimos, amamos y tratamos unos a otros.

Finalmente, el salmista nos recuerda que los justos vivirán en la presencia de Dios. Esto significa, vivir su palabra y orden con un corazón puro y sincero. Así que oremos humildemente como David: “Crea un corazón puro en mí, oh Señor, y pon un espíritu nuevo y leal en mí” (PS 51, 10).

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for the 21st Sunday of Ordinary Time, Year B

Let Us Remain with Christ the Holy One of God

Readings: 1st: Jos 24, 1-2.15-18; Ps 33; 2nd: Eph 5, 21-32; Gos: Jn 6, 66-69

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this twenty-first Sunday of ordinary time, the Church encourages us to always remain with Christ, the Holy One of God. At times, when we come to the crossroad of life, we are confused about which way to go. These are moments when we must make the right decisions, and the decisions and choices we make at such moments shape our future.

At a particular moment in my own life, I came to one of such crossroads of choosing between responding to God’s call and abandoning it. Thank God, the Holy Spirit gave me the illumination I needed to make the right choice.

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In today’s first reading, having almost come to the end of his mission, Joshua reminded Israel of how faithful and pleasing the Lord has been to them. Finally, he challenged them: “If you will not serve the Lord, choose today whom you wish to serve…” Their response was relatively rapid and positive: “We have no intention of deserting the Lord our God…”

Of course, as most of us do, they spoke well. Unfortunately, they did not keep their promise. As soon as Joshua was gone (Judges 1-12), they ran to other gods. The psalmist says: “Those who run to other gods multiply their sorrows” (Ps 16, 4). Indeed, they multiplied their sorrows through their own decision and choice.

In our second reading, Paul employs the analogy of marriage to explain and remind us of Christ’s relationship with His disciples. Paul describes this relationship as a mystery with many implications. It is a relationship based on a mutual love for one another.

Such a relationship is devoid of deceit. Instead, it is based on trust and faith. It is a relationship that endures the test of the time. It is different from what we see today in our society, where we get married in the morning and divorced by evening. Just as one cannot abandon oneself so, one must not abandon Christ, his Lord.

In today’s gospel, after the bread of life discourse, some followers of Christ were disappointed. What they heard was not what they expected to hear from Christ. This teaching is too difficult for us! You are complicating our lives! They could not take it anymore. For this reason, many of them abandoned Him.

So, turning to his disciples, Christ asked: “What about you, do you want to go away too?” This question from Christ is like Joshua’s. It leaves one with an option to remain with or to abandon Christ at challenging moments in life. It is like saying, if you too are not convinced and comfortable with this truth, you may also leave.

There are lots of lessons for us today. Many of us come to Christ thinking that everything must be easy. Some come with a very shallow faith. Yet, some of us come with fixed expectations and just to hear what we wish to hear. So, if our expectations are not met, we quit and bid Christ farewell. So, we must ask ourselves today. How many times have we abandoned God and his church, especially at difficult moments in life?

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Finally, there are inevitable moments in life when the authenticity of our faith and fidelity to God must be tested by the fire of afflictions (1 Pt 1:7). Then, only true disciples will stand with Christ to say: “Lord, to who shall we go? You have the word of eternal life. You are the Holy One of God.” Or, like Joshua said: “As for me and my house, we shall serve the Lord.” So, our song must always be: “I have decided to follow Jesus. No turning back, no going back.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Permanezcamos Con Cristo El Santo De Dios

Lectura: 1ra: Jos 24, 1-2, 15-18; Sal 33; 2da Ef 5, 21-32; Ev: Jn 6, 60-69

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

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En este vigésimo primer domingo del tiempo ordinario, la Iglesia nos alienta a permanecer siempre con Cristo, el Santo de Dios. A veces, cuando llegamos al camino cruzado de la vida, estamos confundidos sobre de qué camino seguir. Estos son momentos en los que debemos tomar las decisiones correctas. Las decisiones y la elección que hacemos en esos momentos determinan a nuestro futuro.

En un momento cierto en mi propia vida, llegué a uno de esos caminos cruzados de elegir entre responder al llamado de Dios y abandonarlo. Gracias a Dios, el Espíritu Santo me dio la iluminación que me necesitaba para tomar la decisión correcta.

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En nuestra primera lectura, habiendo casi llegado al final de su misión, Josué le recordó a los Israelitas lo fiel y bueno que el Señor ha sido para ellos. Finalmente, él los desafió: “Si no les agrada servir al Señor, digan aquí y ahora a quién quieren servir”. Su respuesta fue muy rápida y positiva: “No tenemos la intención de abandonar al Señor nuestro Dios…”

Por supuesto, como la mayoría de nosotros, hablaban bien. Sin embargo y por desgracia, no cumplieron su promesa. Tan pronto que Josué se había ido (Jueces 1-12), corrieron a otros dioses. El salmista dice: “Los que corren a otros dioses multiplican sus dolores” (Sal 16, 4). De hecho, multiplicaron sus dolores a través de su propia decisión y elección.

En nuestra segunda lectura, Pablo emplea la analogía del matrimonio, para explicar y recordarnos el tipo de relación que debe existir entre Cristo y nosotros, sus discípulos. Pablo describe esta relación como un misterio con muchas implicaciones. Es una relación basada en el amor mutuo al uno para el otro.

Esa relación no engaña. Más bien, se basa en la confianza y la fe. Es una relación que perdura la prueba del tiempo. Es diferente de lo que vemos hoy en nuestra sociedad de hoy en día. Donde, nos casamos por la mañana, y se divorcian por la tarde. Así que, como uno no puede abandonarse uno mismo, no debe abandonar a Cristo su Señor.

En el Evangelio de hoy, después del discurso del pan de la vida, algunos seguidores de Cristo fueron decepcionados. Lo que oyeron no era lo que esperaban oír de Cristo. ¡Esta enseñanza es demasiado difícil para nosotros! ¡Estás complicando nuestras vidas! No podían soportarlo más. Por tanto, muchos de ellos lo abandonaron.

Entonces, volviendo hacia sus propios discípulos, los preguntó: ¿También ustedes quieren dejarme?” Esta pregunta es como la de Josué. Deja a uno con la opción de quedar con o, abandonar a Cristo en momentos difíciles de la vida. Es como decir, si ustedes también no están convencidos y cómodos con esta verdad, también pueden irse.

Hoy, hay muchas lecciones para nosotros. Muchos de nosotros venimos a Cristo pensando que todo debe ser fácil. Algunos vienen con una fe muy poca profunda. Sin embargo, algunos de nosotros vienen con expectativas fijas y sólo para escuchar sólo lo que queremos oír. Así que, si no se cumplen nuestras expectativas, nos renunciamos, y despedimos a Cristo. Así que, debemos preguntarnos hoy. ¿Cuántas veces hemos abandonado a Dios y a su iglesia especialmente en momentos difíciles de la vida?

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Finalmente, hay momentos inevitables en la vida en que la autenticidad de nuestra fe y fidelidad a Dios debe ser probada por el fuego de las aflicciones (1 Ped 1:7). Entonces, sólo los verdaderos discípulos quedarán con Cristo y dirán: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nos creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”. O, como Josué digan: “En cuanto a mí y a mi casa, serviremos al Señor.” Por lo tanto, nuestro cantico debe ser siempre: “He decidido seguir a Jesús. No volvo atrás, no volvo atrás.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for the Assumption of the Blessed Virgen Mary

Conceived without Sin and Incorruptible

Readings: 1st: Rev 11:19. 12:1-6-10; Ps: 44; 2nd:1 Cor 15:20-26; Gos: Lk 1:39-56

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today we celebrate one of the oldest feasts of the Blessed Virgin Mary. In his Munificentissimus Deus of November 1, 1950, Pius XII solemnly declared that: “The Immaculate Mother of God, the ever-virgin Mary, having completed the course of her earthly life, was assumed body and soul into heavenly glory.” Pope Pius XII cited various Church Fathers to trace the longstanding tradition of the belief of the Assumption.

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Although the solemn definition may have been at the midpoint of the twentieth century, the belief in the Assumption of our Blessed Mother exemplifies the dynamism of revelation and the Church’s ongoing understanding of it as guided by the Holy Spirit.

Our first reading from the book of Revelation recounts the vision of the ark of the covenant in heaven and the Woman clothed with the sun. After delivering her baby, she suffered a great tribulation from which God protected her and her offspring. Right from the Patristic era, the Blessed Virgin Mary has been associated with the ark of the covenant. That is, bearing Christ the fullness of God’s new covenant.

In the second reading, Paul recalls the resurrection of Christ and its importance for all believers. Our hope lies in the fact that Christ, who himself was resurrected by the Father, will also facilitate our resurrection at his appointed time. Did he leave his mother and first disciple behind? Indeed not, for he promised: “And if I go and prepare a place for you, I will come back and take you to be with me that you also may be where I am” (Jn 14:3). So, what we celebrate today is a promise fulfilled in its most excellent, honorable, and adorable fashion. Christ protected not only the soul of His mother conceived without sin but also her incorruptible body.

Therefore, today’s Gospel reminds us that the Assumption can be best understood with a good understanding of Catholic beliefs about Christ’s person and the person of Mary. Only Mary, born without the stain of original sin, could give birth to Christ, fully God and fully human. Due to her role in God’s salvation plan, she does not suffer from the effects of sin, which are death and decay. Mary is the first to receive the fullness of redemption that her son has won for all humanity. The Church, therefore, recognizes Mary as the sign of the salvation promised to all.

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Today’s Solemnity gives us great hope as we contemplate this outstanding aspect of this great woman and faith of our faith, the Blessed Virgin, and the Mother of God.  She motivates us by example and prayer to grow in God’s grace, to be receptive to His will, to convert our lives through sacrifice and penance.  Above all, she motivates us to seek and fix our eyes on that everlasting union in the kingdom of heaven.

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía para la Asunción de la Santísima Virgen María

Concebido sin pecado e incorruptible

Lecturas: 1ra: Re 11:19.12:1-6-10; 2da: 1 Cor 15:20-26; Ev: Lc 1:39-56

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy celebramos una de las fiestas más antiguas de la Santísima Virgen María. En su Munificentissimus Deus del 1 de noviembre de 1950, Pío XII declaró solemnemente que: “La Inmaculada madre de Dios, la siempre Virgen María, habiendo completado el curso de su vida terrenal, fue asumida cuerpo y alma en gloria celestial”. El Papa Pío XII citó a varios padres de la iglesia a trazar la larga tradición de la creencia de la Asunción.

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Aunque la definición solemne pudo haber sido en el punto mediados del vigésimo siglo, la creencia en la asunción de nuestra madre ejemplifica el dinamismo de la revelación y la comprensión continuada de la iglesia de ella bajo la guía del Espíritu Santo.

Nuestra primera lectura del Apocalipsis relata la visión del arca de la Alianza en el cielo y de la mujer vestida con el sol. Después del nacimiento de su hijo, sufrió una gran tribulación de la cual Dios la protegió a ella y a su hijo. Desde la era patrística, la Santísima Virgen María se ha asociada con el arca de la Alianza. Es decir, que lleva a Cristo, la plenitud de la nueva alianza de Dios.

En la segunda lectura, Pablo recuerda la resurrección de Cristo y su importancia para todos los creyentes. Nuestra esperanza está el hecho de que Cristo, quien fue resucitado por el padre, también facilitará nuestra propia resurrección en su propio tiempo. ¿Cristo dejó atrás a su madre y a su primer discípulo? Ciertamente no, porque él prometió: ” Y, si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté” (Jn 14:3).

Por lo tanto, lo que celebramos hoy es una promesa cumplida en su más excelente, honorable y adorable forma. Cristo protegió no sólo el alma de su madre concebida sin pecado, sino también su cuerpo incorruptible.

Por lo tanto, el Evangelio de hoy nos recuerda que la asunción de María al cielo se entiende mejor con respecto a la plena comprensión de las creencias católicas sobre la persona de Cristo y de María. Sólo María, que nació sin mancha de pecado original, podría dar a luz a Cristo, que es plenamente Dios y humano.

Debido a su papel en el plan de salvación de Dios, ella no sufre de los efectos del pecado, que son la muerte y la decadencia. María es la primera en recibir la plenitud de la redención que su hijo ha ganado por toda la humanidad. La iglesia, por lo tanto, reconoce a María como la señal de la salvación prometida a todos.

La solemnidad de hoy nos da una gran esperanza al contemplar este gran aspecto de esta gran mujer de la fe, la Santísima Virgen y la madre de Dios. Ella nos motiva con su ejemplo a crecer en la gracia de Dios, a ser receptivo a su voluntad, a transformar nuestras vidas a través de sacrificio y penitencia. Sobre todo, ella nos motiva a buscar y fijar nuestros ojos en esa unión eterna en el reino de los cielos.

La paz con ustedes

Maranatha!

Homily for the 19th Sunday of Ordinary Time, Year B

Christ is the Living Bread and Mystery of our Faith

Readings: 1st: 1 Kg 19, 4-8; Ps 33; 2nd: Eph 4, 30. 5, 2; Gos Jn 6, 41-51

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today is the nineteenth Sunday of ordinary time. God continues to draw us to himself to save, feed, and strengthen us on our journey. This Sunday’s readings provide us another opportunity to continue our reflection on the gift of the Holy Eucharist, the mystery of our faith, and the life of the world.

In today’s first reading, the same Elijah, who defeated Ahab, Jezebel, and Baal’s entire prophets, is afraid and running for his life. Elijah, who shut the heavens for three and half years, and later brought down fire and rain, is terrified and discouraged. He lost the hope of survival and thought that God had abandoned him.  

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This reading is fascinating and encouraging in many ways. This is because many of us are in the same boat right now with Elijah. I have often heard people say to me: “I am afraid and tired of this life.” “I am alone in my struggle.” “I do not think God still hears my prayers,” even, “I feel like dying because it is too much for me to bear.”

Such moments in life that provoke and force us to make such confessions and tough ones. We are almost at our breaking or zero points. Like Elijah, some of us are on the run from different uncertainties of this life. We are saying or acting: “Lord, I have heard enough. Take my life!” So, we can appreciate Elijah’s predicament. However, like Elijah, when we think that all hope is lost, God will surely intervene to nourish and strengthen us.

In the second reading, Paul reminds us that as children of God, we bear the mark of the Holy Spirit. This is simply to say that God never leaves us alone in the valley or desert of this life. Through the Holy Spirit, he accompanies us daily. So, rather than making the Holy Spirit sad through our sinful actions, we must obey, trust, and walk with Him.

The Holy Spirit leads us to Christ, the living bread who nourishes and equally strengthens us for our journey. So, Paul teaches us how to maintain this relationship with the Holy Spirit. “Never have grudges against others, or lose your temper, or raise your voice to anybody, or call each other names, forgive each other as readily as God forgave you in Christ.”

In today’s gospel, like Elijah, Jesus confronted his obstacles. The Pharisees would not believe in Him, nor would they let him have his peace. Instead, they looked for means to discredit Christ and his work. However, Christ did not give up. Instead, he remained focused. He insisted: “I am the living bread, which has come down from heaven. Anyone who eats this bread will live forever, and the bread I give is my flesh for the life of the world.”

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The good news today is that Christ draws us to himself every day through the Eucharistic to nourish and strengthen us for our journey. He is the living bread that satisfies our spiritual hunger. He equally fills us with His Spirit, who directs us on the right path on our journey. So today, God is saying to us as he spoke to Elijah in the desert, “arise, eat, drink,” and continue your journey with new hope, zeal, and a new spirit.

Finally, let us take advantage of this generous gift that God had given us through the Holy Eucharist to enrich our lives. We must do what the psalmist tells us today: “Taste and see that the Lord is good.” He is the living bread of life. He is the Mystery of our faith and the life of the world.

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía del Decimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

Cristo es el Pan Vivo y el Misterio de nuestra fe

Lecturas: 1ra: 1 Re, 19, 4-8; Sal 33; 2raEf 4, 30. 5,2; Ev: Jn 6, 41-51

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com. 

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy es el decimonoveno Domingo del tiempo ordinario. Dios nos sigue trayendo a sí mismo para salvarnos, alimentarnos y fortalecernos en nuestro camino. Las lecturas de este domingo nos brindan otra oportunidad para continuar nuestra reflexión sobre el don de la Santa Eucaristía, el misterio de nuestra fe y la vida del mundo.

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En la primera lectura de hoy, el mismo Elías que derrotó a Acab, Jezabel y sus profetas enteros de Baal tiene miedo y corre por su vida. El mismo Elías que cerró los cielos durante tres años y medio, y más tarde trajo el fuego y la lluvia está aterrorizado y desanimado. Toda esperanza de supervivencia se perdió y Dios parecía haberle abandonado.

Esta lectura es muy interesante y alentadora de muchas maneras. Esto se debe a que muchos de nosotros estamos en el mismo barco ahora mismo con Elías. Muchas veces, he oído a la gente decirme: “Tengo miedo y estoy cansada de esta vida”. “Estoy solo en mi lucha.” “No creo que Dios siga oyendo mis oraciones,” incluso, “me siento como morir porque, es demasiado para mí a soportar.”

Esos momentos en la vida que nos provocan y nos obligan a hacer tales confesiones son realmente duros. Estamos casi en nuestra ruptura o punto cero. Como Elías, algunos de nosotros estamos huyendo de diferentes incertidumbres de esta vida. Estamos diciendo o actuando: “Basta ya, Señor. Quítame la vida.” Así que, podemos apreciar el predicamento de Elías. Sin embargo, como Elías, cuando pensamos que toda esperanza está perdida, Dios seguramente intervendrá para nutrirnos y fortalecernos.

En la segunda lectura, Pablo nos recuerda que, como hijos de Dios, llevamos la marca del Espíritu Santo. Esto es simplemente, para decir que Dios nunca nos deja solos en el valle o desierto de esta vida. Más bien, a través del Espíritu Santo, nos acompaña diariamente. Así que, en lugar de hacer que el Espíritu Santo se ponga triste a través de nuestras malas acciones, debemos obedecer, confiar y caminar con Él.

El Espíritu Santo nos lleva a Cristo el pan vivo que nutre y nos fortalece igualmente para nuestro viaje. Entonces, Pablo nos enseña cómo mantener esta relación con el Espíritu Santo: “Destierren de ustedes la aspereza, la ira, la indignación, los insultos, la maledicencia y toda clase de maldad. Sean buenos y comprensivos, y perdónense los unos a los otros.”

En el Evangelio de hoy, como Elías, Jesús confronta sus propios obstáculos. Los fariseos no creerían en él ni le dejarían tener su paz. En cambio, buscaron medios para desacreditar a Cristo y su obra. Sin embargo, Cristo no se dio por vencido. En cambio, permaneció concentrado. Él insistió: “Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo. Cualquiera que coma este pan vivirá para siempre, y el pan que yo doy es mi carne para la vida del mundo “.

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La buena noticia de hoy, es que Cristo nos atrae cada día a través de la Eucaristía para nutrirnos y fortalecernos para nuestro viaje. Él es el pan vivo que satisface nuestra hambre espiritual. Igualmente nos llena de su espíritu que nos dirige en el camino correcto en nuestro viaje. Así que, hoy, Dios nos está diciendo como le dijo a Elías en el desierto: “Levántate, come, bebe,” y continúa tu viaje con una nueva esperanza, un nuevo celo y espíritu.

Por último, aprovechemos este generoso regalo que Dios nos ha dado a través de la Santa Eucaristía para enriquecer nuestras vidas. Debemos hacer lo que el salmista nos dice hoy: “Prueben y vean que el Señor es bueno”. Él es realmente el pan vivo de la vida. Él es el misterio de nuestra fe y de la vida del mundo.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!