Homily For The 4th Sunday Of Ordinary Time, Year C

Responding To God’s Call With Love

Readings: 1st: Jer 1, 4-5. 17-19; Ps: 70; 2ndI Cor 12, 31-13, 13; Gos: Lk 2, 21-30

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this fourth Sunday of Ordinary Time, the church reminds us that we are privileged to be called by God to be his prophets. Through our baptism as Christians, God called each one of us to take His word and proclaim it to the world. However, we cannot succeed in this call without love for God, his Word, and his people

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The focus of today’s first reading is principally on a call to action and to proclaim the good news to all nations. This call is both an imperative and a privilege God gave us. This mission is very important to God. Hence, He warns us: Do not be afraid or in their presence, I will make you dismayed. On the other hand, He promises to provide the strength and protection we require to accomplish our call, “I for my part today will make you into a fortified city, a pillar of iron, and a wall of bronze to confront all these lands.

These show that the call to this prophetic ministry is not solely our business. Instead, it is a collaborative ministry between God and us. We make ourselves available while God provides strength and protection. He is the owner of the message and the mission. He will also provide all that it takes to succeed in his mission.

One important point to note in this reading is that God did not call us by accident. Instead, He reflected on it very well before calling us. He knew each one of us personally and still knows us now very well. Also, he knows what he wants us to do for him. Hence, He calls us by our personal names and reminds us: “Before I formed you in the womb I knew you; before you came to birth I consecrated you; I have appointed you as the prophet of the nations. This means that we are not strangers to God and His call. He knows us personally.

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In our second reading today, Paul reminds us that the driving force for this prophetic mission must be the following cardinal virtues: Love, Faith, and Hope. Faith in God sustains us in our prophetic ministry despite the obstacles we encounter. Also, hope for a bright future motivates us to remain focused and believe that our efforts will not be vain. A prophet or Christian who has these cardinal virtues will succeed in his ministry.

Saint Augustine of Hippo once said: “Love and do whatever you want to do.” This simply means that love is the greatest and most important of these virtues. If love is not at the base of our mission, all our efforts might be in vain. A prophet who lacks love for God, the good news, and for the people he called to prophesy is a clashing cymbal. Love must motivate us to follow God’s initiative to be his prophets for the salvation of all nations and people.

In today’s gospel, Christ demonstrated great love for his people. Therefore, “He won the approval of all, and they were astonished by the gracious words that came from his lips. Without these gracious words motivated by love for the salvation of the people, all his efforts would have been in vain. Life is not always easy for a true prophet. He faced persecutions rejections and was eventually crucified. Despite all these, Christ did not relent. Instead, he continued to cherish God’s call. Like Christ, we must remain faithful to God who called us.

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So, we are privileged to be called by God to be his prophets. We must do this both through the words of our mouths and through our actions. So, it is essential to know that a prophet or missionary without commitment to the good news is simply a tourist. Therefore, with the psalmist, let us proclaim: “My lips will tell of your justice, and I will proclaim your wonders.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario, Año C

Respondiendo a la llamada de Dios con amor

Lecturas: 1ra: Jer 1, 4-5. 17-19; Sal: 70; 2da: I Co 12, 31-13, 13; Ev: Lc 2, 21-30

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all:canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este cuarto domingo del tiempo ordinario, la iglesia nos recuerda que tenemos el privilegio de ser llamado por Dios para ser sus profetas. Mediante el bautismo como cristianos, Dios llamó cada uno de nosotros para llevar su palabra y proclamarla al mundo. Sin embargo, no podemos tener éxito en esta llamada sin amor a Dios, el Verbo, y el pueblo de Dios. Por lo tanto, a pesar de todas las dificultades asociadas a esta llamada, el amor debe motivarnos para continuar.

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El foco de la primera lectura de hoy es principalmente una llamada a la acción, y de proclamar la buena nueva a todas las naciones. Esta llamada es tanto un imperativo y un privilegio que nos ha dado Dios. Esta misión es muy importante para Dios. Por lo tanto, nos advierte: “No tengáis miedo que sino, yo te meteré miedo de ellos.” Por otra parte, promete a proveer la resistencia y la protección que se requiere para cumplir nuestra llamada: “Yo por mi parte hoy te hará en una ciudad fortificada, un pilar de hierro, y un muro de bronce para afrontar todas estas tierras.”

Estos simplemente demuestran que la llamada a este ministerio profético no es sólo nuestro negocio. Más bien es una colaboración ministerio entre Dios y nosotros. Nos hacemos disponibles, mientras que Dios nos da la fuerza y protección. Él es el propietario del mensaje y la misión. También se proveerá todo lo que se necesita para tener éxito en su misión.

Un punto muy importante a tener en cuenta en esta lectura es el hecho de que Dios no nos llama por accidente. Más bien, lo reflejó muy bien antes de llamarnos. Conocía cada uno de nosotros personalmente y muy bien. Además, sabe lo que quiere que hagamos por Él. Por lo tanto, Él nos llama por nuestro nombre y nos recuerda: “Antes de formarte en el vientre te escogí; antes de que salieras te consagré; te he puesto como el profeta de las naciones.” Esto significa que no somos extraños a Dios y a su llamada. Él no llama extraños a su misión, pero los conoce personalmente.

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En la segunda lectura San Pablo nos recuerda que el “impetus agitat” o fuerza motriz de esta misión profética debe estar las siguientes virtudes teologales: el amor, la fe y la esperanza. Fe en Dios nos sostiene en nuestro ministerio profético a pesar de los obstáculos que nos encontramos. También la esperanza en un futuro brillante nos motiva a permanecer centrado y creer que nuestro esfuerzo no será en vano. Un profeta o cristiano que tiene estas virtudes cardinales tendrá éxito en su ministerio.

San Agustín el grande dijo una vez: “Ama y haga lo que quiere.” Esto significa simplemente que el amor es el mayor y el más importante de todas virtudes. Si el amor no está en la base de nuestra misión, todos nuestros esfuerzos pueden ser en vano. Un profeta que carezca amor para Dios, la buena nueva, y para la gente es nada. Es amor que nos motiva aceptar la iniciativa de Dios para ser sus profetas para la salvación de todas las naciones.

En el evangelio de hoy, Cristo demostró amor profético. Por lo tanto, no fue difícil para Él para obtener la aprobación del pueblo: “… y Él obtuvo la aprobación de todos y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. “Sin estas amables palabras motivados por el amor para la salvación del pueblo, todos sus esfuerzos habrían sido en vano. También es importante señalar que la vida no siempre es fácil para un verdadero profeta. Él se enfrenta las oposiciones, las persecuciones, experiencias duras, rechazos, e incluso las amenazas contra su vida. A pesar de todos estos, Cristo no cedió. En lugar de ello, siguió a cuidar la llamada de Dios. Como Cristo, debemos seguir al amor y amar a las personas y al mismo tiempo permanecer fieles a Dios quien nos ha llamado.

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Por lo tanto, tenemos el privilegio de ser llamado por Dios para ser sus profetas. Es decir, a tomar sus palabras y lo proclama a los pueblos de todas las naciones. Debemos hacerlo tanto a través de las palabras de nuestra boca, y a través de nuestras acciones. Como los llamados a ser profetas y misioneros debemos ser comprometidos a la buena nueva. Así que, es importante saber que un profeta o misionero sin compromiso a la buena nueva es simplemente un turista. Por lo tanto, con el salmista, renovemos nuestro compromiso a Dios por proclamando: “Mis labios le dirá de su justicia y de su ayuda día a día. Dios mío, me enseñaste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas.”

¡La paz sea con ustedes!  

¡Maranatha!

Homily For the 3rd Sunday Of Ordinary Time, Year C

The Good News Liberates Us

Rdgs: 1stNeh 8:2-6.8-10; Ps: 18; 2ndI Cor 12:12-14.27; Gos: Lk 1:1-4.4:14-21

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this third Sunday of ordinary time, we rejoice in the Good News of Salvation. This good news binds us together as the people of God and enables us to work for the kingdom of God. Christ himself is this Good News that brings us salvation. So, the church invites us to listen to the Good News and meditate on it in our hearts.

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In our first reading, after the people had worked together to achieve their goal and freedom, Nehemiah gathered them and read the good news to them. After listening and meditating on the word of God, the people echoed, “Amen!” In our second reading today, through his letter to the Corinthians, Paul encourages us to remain united and work together as one body of Christ. To achieve this, everyone must be considered important. There must be reconciliation, understanding, truthfulness, and respect for one another.

In today’s gospel, Luke narrates his own “solid and ordered account” of the events about Christ. His audience is “Theophilus.” This Greek name simply means “lover or seeker of God.” Historically speaking, there was no known figure named Theophilus at the time when Luke wrote his account. So, it is believed that Theophilus simply refers to all who love or seek God. Therefore, this good news is for all of us and our salvation.

Today, Jesus presents to us his program of evangelization. His program is the fulfillment of the prophecy of Isaiah 61: “The Spirit of the Lord is upon me to bring good news to the poor, to proclaim liberty to captives, to proclaim the Lord’s year of favor.”  This prophecy was made eight centuries before the birth of Christ. This was when the Israelites lived in slavery and misery in exile.

Hence, Isaiah’s prophecy was a call to liberation. So, by using these same words as the basis of his ministry and mission, Christ announces His reign of peace, justice, freedom, and love to all those suffering from all kinds of oppression and injustice.  

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Like Nehemiah in our first reading, today, Christ proclaims the good news of the new era to all of us. It is important to note that this good news is not directed only to the materially poor, but to all who are poor in spirit as Christ taught us in His beatitudes: “Blessed are the poor in spirit for theirs is the kingdom of God” (Mt 5, 3).

In order words, the kingdom that Christ has come to establish is open to all who will humbly receive him. All those who have the necessary disposition to receive the good news are poor in spirit. These necessary dispositions include charity and generosity, which manifests in service towards all.

The good news liberates us from two types of slavery. The first is personally imposed slavery, which results from our personal sins and mistakes in life. This slavery makes us spiritually exiled, blind, and deaf. It cripples our spiritual life and hardens our hearts against God and all that is good.

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The other type of slavery is that which is imposed on us by society. These include structural, economic, and physical injustices that do not allow us to live a fulfilled life in this world. Both of these are excellent sources of pain and burden to us. Our liberation from the first slavery gives us the strength to combat the second. This is because Christ strengthens us to endure and overcome all.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, Año C

La Buena Nueva Nos Libera

Lectura: 1raNeh 8, 2-6. 8-10; Sal: 18; 2da: I Co 12:12-14. 27; Ev: Lc 2:1-4. 4, 14-21

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all:canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este tercer domingo del tiempo ordinario, nos alegramos de la buena nueva de la salvación que Cristo nos trae. Esta Buena Nueva nos une como el pueblo de Dios, y nos permite trabajar por el reino de Dios. Cristo mismo es la Buena Nueva que nos lleva a la salvación. Así pues, la iglesia nos invita a escuchar y meditar sobre la buena nueva en nuestros corazones.

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En nuestra primera lectura, después que la gente había trabajado junto con el fin de lograr su objetivo y de la libertad, Nehemías los reunió, y leyó las buenas nuevas para ellos. Después de escuchar y meditar en la palabra de Dios, el pueblo se hizo eco “Amen.” En nuestra segunda lectura de hoy, a través de su carta a los Corintios, san Pablo nos anima a permanecer unidos y trabajar juntos como un solo cuerpo de Cristo. Para lograr este objetivo, todos deben ser considerados importantes. Deben tener reconciliación, comprensión, veracidad y respeto al otro.

En el Evangelio de hoy, Lucas narra su propio “sólido y ordenada cuenta” de los hechos de Cristo. Su público es “Teófilo”. Este nombre griego significa simplemente “amante o buscador de Dios.” Históricamente hablando, no se conoce la figura llamada Teófilo en el momento cuando Lucas escribió. Por lo tanto, se cree ampliamente que Teófilo se refiere simplemente a todos los que aman o buscan a Dios. Por lo tanto, esta Buena Nueva es para todos nosotros y para nuestra salvación.

Hoy, Jesús nos presenta su programa de evangelización. Su programa es el cumplimiento de la profecía de Isaías 61: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque Él me ha ungido…para traer la buena nueva a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor…” Esta profecía se hizo ocho siglos antes del nacimiento de Cristo. Fue en ese momento cuando los Israelitas vivían en la esclavitud y la miseria en el exilio.

Por lo tanto, la profecía de Isaías es una llamada a la liberación. Pero usando las mismas palabras como la base de su ministerio y misión, Cristo anuncia su reinado de paz, justicia, libertad y amor a todos aquellos que sufren de todo tipo de opresión y de la injusticia.

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Como Nehemías en nuestra primera lectura, hoy Cristo proclama la buena nueva de la nueva era para todos nosotros. Es importante señalar que esta buena nueva no está dirigida sólo a los materialmente pobres, sino a todos los que son pobres en espíritu como Cristo nos enseñó en sus bienaventuranzas: “Dichosos los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de Dios” (Mt 5, 3).

En otras palabras, el reino que Cristo ha venido a establecer está abierto a todos aquellos que, humildemente le reciben. Todos aquellos que tengan la necesaria disposición para recibir las buenas noticias, son pobres de espíritu. Estas disposiciones son la caridad y la generosidad con que se manifiesta en el servicio a los pobres y a todos los que sufren en diferentes formas.

La buena noticia nos libera de dos tipos de esclavitud. La primera es la esclavitud que imponemos personalmente sobre nosotros mismos. Este es el resultado de nuestros pecados personales y los errores en la vida. Esta esclavitud nos hace, espiritualmente exiliados, ciegos y sordos. Atrofia nuestra vida espiritual, y se endurece nuestro corazón contra Dios y todo lo que es bueno.

Es la peor forma de esclavitud, porque nos afecta tanto espiritual como físicamente. Sólo Cristo puede liberarnos de la esclavitud. Podemos lograr esta liberación por aceptar la buena nueva, y por buscar la reconciliación con Cristo y con nosotros mismos.

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El otro tipo de esclavitud es la que se nos impone por la sociedad. Estos incluyen los estructurales, económicos y físicos, injusticias que no nos permiten vivir una vida realizada en este mundo. Ambos son grandes fuentes de dolores y cargas para nosotros. Sin embargo, es importante señalar que la liberación de nuestra esclavitud personalmente impuesta nos da la fuerza para luchar contra la segunda forma de esclavitud. Esto es así porque Cristo nos fortalece para resistir y vencer. Así que con nuestro salmista hoy vamos a exaltar al Señor: “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida”.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for the 2nd Sunday of Ordinary Time, Year C

Participating in Christ’s Ministry with Our Gifts

Readings: 1stIs 62, 1-5; Ps: 95; 2ndI Cor 12, 4-11; Gos: Jn 2, 1-11

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today is the second Sunday of ordinary time year C. On this Sunday, we rejoice in God, who never abandoned us to fate. We celebrate today because God allowed his son to come to our aide. We also rejoice because God has blessed and equipped us with different gifts of the Holy Spirit to participate in the ministry of Christ.

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The first reading of this Sunday is from the “third Isaiah.” Through prophet Isaiah, God assures us of his willingness to continue to protect and save us his people. Therefore, it is a message of hope and restoration. So, God reminds us today that he has not abandoned us. The tone here is very romantic and simply reminds us of how much God loves us.

So, like a man or woman who vowed to protect his beloved, God promised to protect and save us at all cost: “About Zion, I will not be silent; about Jerusalem, I will not grow weary…until her salvation flames like a torch.” The reason for this strong assurance is simple. We are God’s Bride and Delight. We are his chosen ones. So, Isaiah exalts us today that God is ready to sacrifice anything for our sake and salvation. He fulfilled this by sending us his only son to accomplish this mission.

Also, in our second reading today, Paul reminds us that out of love for his church and us, God has generously lavished each one of us with gifts of the Holy Spirit. In other word’s God did not stop at sending us his only son, but he also anointed us with the same spirit with which he anointed Christ. One important point that Paul makes here is that the gifts we have received come from the same Holy Spirit.

However, we must bear in mind that we received these gifts for a purpose. They are given to us to help us participate in Christ’s mission. They are for the edification and growth of the church of Christ. God gave them generously to us. So, we must also use them generously in serving the church.

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Today’s gospel from John centers on the first miracle of Jesus Christ. This miracle was a product of Christ’s generosity. Although it was not yet time for Christ to commence his public ministry, he generously accepted to help out with his gift of miracle. Through this, Christ taught us exactly how we should use our gifts for the good and growth of God’s people.

Also, another important lesson we should learn from today’s gospel is the role the Blessed Virgin Mary played in this miracle. She had the gift of prayer or intercession. She knew that her son would not refuse her anything good. So, she immediately interceded on behalf of her people.

The only price that Mary demanded from servants was their obedience to the commands of Christ. She knew that her gift of intercession and position as the Mother of Christ was a gift from God. It is for the edification of her people. Therefore, by using her gift of intercession very well, she participated effectively in the ministry of Christ.

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Therefore, we are called today to emulate the examples of Christ and Mary. They used their gifts for the growth and edification of the people of God. Also, we must constantly ask our lady for intercession as those at the wedding did. Most importantly, we must be ready to take her advice: “Do whatever He tells you to do!”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, Año C

Participando en el ministerio de Cristo con nuestros dones

Lecturas: 1raIs 62:1-5; Sal: 95; 2daI Co 12:4-11; Ev: Jn 2:1-11

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all:canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

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Hoy es el segundo domingo del tiempo ordinario, año C. En este domingo, nos gloriamos en Dios, que nunca nos abandona. Celebramos hoy, porque Dios permitió que su hijo viniera para nuestra ayuda. También nos alegramos, porque Dios nos ha bendecido y nos dotó con diferentes dones del Espíritu Santo para que podamos participar en el ministerio de Cristo.

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La primera lectura de este domingo es del “Tercer Isaías.” A través de su oráculo, Dios nos asegura de su voluntad de seguir protegiendo y salvando su pueblo. Por lo tanto, es un mensaje de esperanza y restauración. Así que, Dios nos recuerda hoy que Él no nos ha abandonado. El tono es muy romántico y simplemente nos recuerda cuánto nos ama Dios.

Así que, como un hombre quien juró proteger a su amada, Dios prometió protegernos y salvarnos a toda costa: “Por amor de Sion no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como antorcha.” La razón de esta firme garantía es simple. Somos desposados y favoritos de Dios. Nosotros somos sus elegidos. Por lo tanto, Isaías nos exalta hoy que Dios está dispuesto a sacrificar cualquier cosa a causa de su amor para nosotros, y para nuestra salvación. Esto es exactamente lo que ha hecho al enviar a su hijo único Jesucristo, para cumplir esta misión.

Asimismo, en la segunda lectura de hoy, san Pablo nos recuerda que, por amor a nosotros y a su iglesia, Dios generosamente ha derramado en nosotros los dones del Espíritu Santo. En otras palabras, Dios no dejó de enviarnos a su hijo único, también nos ha ungido con el mismo espíritu con que ungió a Cristo. Un punto importante que Pablo hace aquí es que los dones que hemos recibido provienen “de uno y el mismo Espíritu Santo.”

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Sin embargo, debemos tener en cuenta que estos dones son dados a nosotros para un propósito. Son dados a nosotros para que pudiéramos participar en la misión de Cristo. Son para la edificación y el crecimiento de la iglesia de Cristo. No son nuestras propiedades personales, por lo que no deben ser utilizados para razones egoístas. Nos han sido dados generosamente por Dios. Por lo tanto, debemos usarlos también generosamente al servicio de la iglesia.

El evangelio de san Juan que leemos hoy, se centra en el primer milagro de Jesucristo. Este milagro fue un producto de la generosidad de Cristo. A pesar de que aún no haya llegado el momento de Cristo para empezar su ministerio público, Él aceptó generosamente ayudar con su don de milagro. De esta manera, Cristo nos ha enseñado cómo debemos usar nuestros dones para el bien y el crecimiento del pueblo de Dios.

Además, otra importante lección que debemos aprender del Evangelio de hoy es, el papel que la Virgen María desempeñó en este milagro. Ella tenía el don de la oración o intercesión y sabía que su hijo no le negaría nada bueno. Por lo tanto, inmediatamente, intercedió a favor de su pueblo.

El único precio que María exigió de los sirvientes era su obediencia a los mandamientos de Cristo. Ella no necesitaba demandar de algo más que esto, porque se sabía que el don de intercesión y su posición como la Madre de Cristo fue un regalo de Dios para la edificación de su pueblo. Por lo tanto, María usó su posición y su don de intercesión muy bien, y participó de manera eficaz en el ministerio de Cristo.

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Por lo tanto, estamos llamados hoy a emular el ejemplo de Cristo y María, que utilizaron sus dones para el crecimiento y la edificación del pueblo de Dios. Además, tenemos que pedirle constantemente a nuestra Señora su intercesión como los de la boda. Lo más importante es que debemos estar preparados para tomar su consejo: “Hagan lo que Él les diga”.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For The First Sunday Of Ordinary Time Year C

Baptism of the Lord

Readings: 1st: Is 40:1-11; Ps: 103; 2nd: Titus2:11-14. 3, 4-7; Gos: Lk 3:15-16. 21-22

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today we celebrate the feast of the Baptism of the Lord. This feast marks the definitive end of the Christmas season and the formal beginning of the ordinary time of the church’s liturgical cycle. Today’s celebration recalls the history of the Lord’s baptism. In a unique way, it reminds us of the importance of the sacrament of baptism in our lives as Christians.

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The first reading today is a message of hope and consolation to all God’s people. Christ, the anointed one of God, is with us to bring us healing. Most importantly, he is here to restore our peace. Isaiah puts it this way, “Console my people, console them, here is the Lord coming with power, his arm subduing all things to him, the prize of his victory is here with him.” This is precisely the ministry for which Christ was anointed and empowered by the Holy Spirit during his baptism.

In our second reading, Paul reminds us through his letter to Titus that “God saved us by the cleansing water of baptism and by renewing us with the Holy Spirit which he poured over us through Jesus Christ, our savior.” Indeed, through his baptism, Christ sanctified and opened the fountain of baptism for us. He also initiated our redemptive process. Hence, through our baptism in Christ, we are admitted into the redemptive process for our salvation.

In today’s gospel from Luke, God the Father testified: “This is my beloved Son in whom I am well pleased.” During this baptism, God anointed Christ with the Holy Spirit and empowered him for his mission of bringing healing and peace to all nations. Christ was baptized to underscore the importance of the sacrament of baptism as the foundation for all other sacraments.

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However, it is important to note that the definition of Baptism as “The sacrament that washes away Original Sin” does not in any way suggest that Christ was affected by original sin. Also, he did not need cleansing from any sin through the baptism of John the Baptist. The letter to the Hebrews tells us that “Christ was like us in all things except sin” (Heb 4:15).

So, He was not tainted in any way by Original Sin due to the fall of Adam and Eve. According to Matthew’s account, Christ gives us the reason for allowing himself to be baptized: “Let it be so now; it is proper for us to do this, to fulfill all righteousness” (Mt 3, 15). Therefore, by accepting to be baptized, Christ manifested his full humanity without undermining his divinity. In order words, he fully identifies with us, and His baptism was a sign of solidarity with us

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In conclusion, on this day, therefore, we need to reflect on our baptism. We need to reflect especially on how well we have observed and kept our baptismal vows. How faithful have we been to God in terms of keeping these promises? Are we still saying “I do” to our baptismal vows? Today the church offers us a new opportunity to renew our commitment to Christ in whose name we were baptized. While we reflect on Christ’s baptism, let us ask God to renew his spirit in us.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Primer Domingo del Tiempo Ordinario, Año C

Bautismo del Señor

Lectura: 1ra: Is 40:1-11; Sal: 103; 2da: Tito 2:11-14. 3:4-7; Ev: Lc 3:15-21

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al:canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. Esta fiesta marca el final definitivo de navidad y el inicio formal del tiempo ordinario de la iglesia del ciclo litúrgico, C. La celebración, de hoy recuenta la historia del bautismo del Señor. De manera especial, nos recuerda la importancia del sacramento del bautismo en nuestra vida como cristianos.

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La primera lectura de hoy es un mensaje de esperanza y consuelo a todo el pueblo de Dios. Cristo, el ungido de Dios está con nosotros para que nos cure. Lo más importante es que Él está aquí para restaurar nuestra paz. Isaías lo pone de esta manera: “Consuela mi pueblo, consuélalos… aquí está el Señor que viene con poder, y su brazo a someter todas las cosas a Él, el premio de su victoria está aquí con Él…” Este es exactamente el ministerio en que Cristo fue ungido, que está facultado por el Espíritu Santo que descansaba sobre Él como una paloma durante su bautismo.

En la segunda lectura, san Pablo nos recuerda en su carta a Tito, en el sentido de que: “Dios nos salvó por la limpieza del agua en el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro salvador.” De hecho, a través de su bautismo, Cristo ha santificado y abrió la fuente de bautismo para nosotros. También inició nuestro proceso de redención. Por lo tanto, a través de nuestro propio bautismo en Cristo, somos admitidos en el proceso de redención para nuestra salvación.

Hoy en el evangelio de san Lucas, Dios el Padre dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.” Durante este bautismo, Dios ungió a Cristo con el Espíritu Santo y su misión de llevar la salvación y la paz para todas las naciones. Era necesario que Cristo fuera bautizado con el fin de subrayar la importancia del sacramento del bautismo como fundamento de todos los demás sacramentos.

Sin embargo, es muy importante tener en cuenta que la definición de bautismo como: “El sacramento que limpia el pecado original…” de ninguna manera sugiere que Cristo fue afectado por el pecado original, o que son necesarias para ser limpiados de cualquier pecado a través del bautismo de Juan el Bautista. La carta a los hebreos nos dice que: “Cristo fue semejante en todo a nosotros menos en el pecado” (Hb 4, 15).

Por lo tanto, no estaba manchado en algún modo por el Pecado Original debido a la caída de Adán y Eva. Según el relato de Mateo, Cristo nos da la razón para que Él mismo fuera bautizado: “Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.” (Mt 3, 15). Por lo tanto, al aceptar ser bautizado por Juan el Bautista, Cristo manifiesta su plena humanidad, sin embargo, sin menoscabar su divinidad.

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En otras palabras, se identifica plenamente con nosotros, y Su bautismo era una señal de solidaridad con nosotros a quienes Él vino a salvar. Es un signo de que Él estaba dispuesto a ir a través de cualquier prueba con el fin de garantizar nuestra salvación. Lo más importante es que, a través de su bautismo Cristo inició nuestro proceso de redención, que le completará finalmente con su sangre en la cruz.

En conclusión, en este día, por lo tanto, es muy importante para nosotros reflexionar sobre nuestro propio bautismo. Tenemos que observar y reflexionar sobre cuán bien hemos mantenido nuestro voto bautismal. Cuán fieles hemos sido a Dios en términos de cumplir con estas promesas. ¿Seguimos diciendo?: “Sí, acepto” a las preguntas cómo: ” ¿rechazas a Satanás? ¿Rechazas el pecado? ¿Crees en un solo Dios y una santa Iglesia católica? ¿Crees en Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios? ¿Dios puede dar fe de que realmente soy su hijo que hace su voluntad y mantiene sus promesas bautismales?

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Hoy la iglesia nos ofrece una nueva oportunidad para renovar nuestro compromiso con Cristo, en cuyo nombre fuimos bautizados. Mientras reflexionamos sobre el bautismo de Cristo y el nuestro hoy, pidamos a Dios que renueve su espíritu en nosotros, como seguimos nuestro caminar con Cristo este año para nuestra salvación.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!