Homily For 31st Sunday Of Ordinary Time, Year B

Love: The Sacrifice Of The New Covenant

Readings: 1st: Dt 6, 2-6; Ps 17; 2nd: Heb 7, 23-28; Gos: Mk 12, 28-34

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today, the thirty first Sunday of ordinary time, the church continues to lead us to Christ, the eternal high priest of the new covenant. The basis of this new covenant is the sacrifice of love. Christ offered this sacrifice which gave perfect glory to the Father. So, as His followers (Christians), He calls and expects us to offer this same sacrifice.

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In our first reading, Moses, reminds us that being faithful to God and his commandments is the best way to prosperity and eternal life. He concludes with the famous call known in Hebrew as Shema Yisrael (Hear, O Israel)! It is the centerpiece of Jewish morning and evening prayer. Also, it forms parts of some Christian prayers.

As a Jew, Christ himself prayed this same prayer. So, he uses these same words in today’s gospel. It is both a call and reminder of the unity and greatness of our God. Hence, it is a call to be faithful to God through the sacrifice of love. To obey God, is to love Him!

The second reading is a continuation of the discourse on the eternal priesthood of Christ. The letter to the Hebrews contrasts the priesthood of Christ with that of the old testament. In obedience to the will of his Father, Christ offered the greatest sacrifice of love with his own life. It was necessary for Him to die, in order to save us (1 John 2:2; Heb 10: 10.14).

However, the major difference is that, the priesthood of the old covenant was terminated and conquered by death. On the contrary, Christ defeated and conquered death through his resurrection and ascension into heaven. There, he remains our eternal high priest.

By obeying the father’s will, Christ remained holy and innocent. He not only loved the father, but he loved us. “Greater love has no one than this: To lay down one’s life for one’s friends” (Jn 15:13). “God demonstrates his own love for us in this: While we were still sinners, Christ died for us” (Rom 5:8).

In the today’s gospel, Christ summarized the ten commandments into two. With the same words used by Moses, He repeated the same call in our first reading: “Hear, O Israel! You shall love the Lord your God with all your heart, with all your soul…” Then, he amplified it by adding: “You shall love your neighbor as yourself.” Very important!

Without downplaying or denying the priority of the first commandment, humanly speaking, I think the second is very difficult. If we can obey the second, then we can, and have indeed obeyed the first. This is because, God lives in our neighbor. We cannot hate or do harm to our neighbor for any reason, and still claim we love God, or his commandments.

Unfortunately, due to the natural human instinct of self-preservation, pride and

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selfishness, (the “ego” or “I”), it seems practically impossible to love neither God, nor our neighbor. However, Christ is not asking us to do what He could not do. He overcame all these enemies of love. Any Christian who overcomes these enemies, will love sincerely.

The good news is that Christ knows it is possible. If it were not so, He would not have commanded us to love. So, to love God and our neighbor as our self, is a “debt” we owe, and must pay (Rom 13: 8). It is the sacrifice of the new covenant, which the new people of God, and indeed, every “born again” child of God must offer.

Finally, this may not necessarily mean, dying on the cross as Christ did, but it could be demonstrated through small, but concrete gestures like a sincere smile, good words, and charity. It may not only mean doing something extraordinary, but also, doing something simple. So, like Christ our eternal high priest, when we offer this sacrifice and debt of love that gives perfect glory to God, we can sing with psalmist: I love you, Lord, my strength.”

Peace be with you!

Maranatha

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Homilía Del Trigésimo Primer Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

Amor: El Sacrificio De La Nueva Alianza

Lectura: 1ra: Dt 6, 2-6; Sal 23; 2da: Heb 7, 23-28; Ev: Mc 12, 28-34

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el trigésimo primer domingo del tiempo ordinario, la Iglesia nos sigue guiando hacia Cristo, el sumo sacerdote eterno de la nueva alianza. La base de esta nueva alianza es el sacrificio del amor. Cristo ofreció este sacrificio que le dio la gloria perfecta al padre. Así que, como sus seguidores (cristianos), nos llama y espera a ofrecer este mismo sacrificio.

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Como judío, Cristo mismo oró esta misma oración. Así que, usa estas mismas palabras en el evangelio de hoy. Es a la vez una llamada y un recordatorio de la unidad y la grandeza de nuestro Dios. Por lo tanto, es un llamado a ser fieles a Dios a través del sacrificio del amor. ¡Obedecer a Dios es amarlo!En nuestra primera lectura, Moisés, nos recuerda que ser fieles a Dios y sus mandamientos es la mejor manera de alcanzar la prosperidad y la vida eterna. Concluye con la famosa llamada conocida en hebreo como Shema Yisrael (¡Escucha, Israel!) Es la pieza central de la oración judía de la mañana y de la tarde. Además, forma parte de algunas oraciones cristianas.

La segunda lectura es una continuación del discurso sobre el sacerdocio eterno de Cristo. La carta a los hebreos contrasta el sacerdocio de Cristo con del antiguo testamento. En obediencia a la voluntad de su padre, Cristo ofreció el mayor sacrificio de amor con su propia vida. Era necesario que muriera, para salvarnos (1 Juan 2:2; Heb 10:10,14).

Sin embargo, la mayor diferencia es que, el sacerdocio de la antigua alianza fue terminado y conquistado por la muerte. Al contrario, Cristo derrotó y conquistó la muerte a través de su resurrección y ascensión al cielo. Allí, sigue siendo nuestro sumo sacerdote eterno.

Al obedecer la voluntad del padre, Cristo permaneció santo e inocente. No sólo amaba al padre, sino que nos amó. Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos” (Jn 15:13). Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Rom 5:8).

En el Evangelio de hoy, Cristo resumió los diez mandamientos en dos. Con las mismas palabras de Moisés, repitió la misma llamada en la primera lectura: “Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma…” Cristo añadió: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” ¡Muy importante!

Sin negar la prioridad del primero de los dos mandamientos, humanamente hablando,

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Por desgracia, debido al instinto humano natural de autopreservación, orgullo y egoísmo, (el “ego” o “Yo”), parece prácticamente imposible amar ni a Dios, ni a nuestro prójimo. Sin embargo, Cristo no nos está pidiendo lo que él no pudo hacer. El venció todos estos enemigos de amor. Cualquier cristiano que vence estos enemigos, amará sinceramente.creo que el segundo es muy difícil. Si podemos obedecer el segundo, entonces podemos, y de hecho hemos obedecido el primero. Esto es porque, Dios vive en nuestro prójimo. No podemos odiar o hacer daño a nuestro prójimo por ninguna razón, y todavía afirmamos que amamos a Dios, o su mandamiento.

La buena noticia es que, Cristo sabe que es posible. Si no fuera así, no nos habría mandado a amar. Entonces, amar a Dios y a nuestro prójimo, es una “deuda” que debemos, y lo debemos pagar (Rom 13:8). Es el sacrificio de la nueva alianza, que el nuevo pueblo de Dios, y, de hecho, todo “nacido de nuevo” hijos de Dios deben ofrecer.

Finalmente, esto puede no significar necesariamente de morir en la cruz como Cristo lo hizo, pero podría ser demostrado a través de los pequeños, pero concretos gestos como una sonrisa sincera, buenas palabras, y caridad. No sólo significar hacer algo extraordinario, sino también, de hacer algo simple. Así que, como Cristo nuestro sumo sacerdote eterno, cuando ofrecemos este sacrificio y pagar la deuda de amor que le da la gloria perfecta a Dios, podemos cantar con el salmista: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For 30th Sunday Of Ordinary Time, Year B

Christ Our High Priest And Mediator

Readings: 1st: Jer 31, 7-9; Ps 125; 2nd: Heb 5, 1-6; Gos: Mk 10, 46-52

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this thirtieth Sunday of ordinary time, the church invites us to place our faith and hope in Christ, our high priest. As our high priest and mediator, Christ opens our eyes to see the marvels that He has done for us.

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Our first reading this Sunday is a radical articulation of hope, as the basis for liberation and survival. Hence, we find images of restoration, and renewal. Exiled, the Israelites was weak and helpless. However, redemption and peace came from God.

Our second reading reminds us of the role of the priest. Every true priest shares in the priesthood of Christ, the high priest. A priest mediates for the people and helps strengthen their faith. “Every high priest was chosen from among humans…so he can understand and sympathize with those who are ignorant and rejected.”

Hence, during the anniversary of his episcopal ordination Saint Augustine wrote: “I am fearful of what I am for you, but I draw strength from what I am with you. For you, I am a priest, and with you, I am a Christian…Help me by your prayers and obedience to carry out these many serious, and varied duties…” (Sermon 350, 1).

So, as a human being “who lives within the limitations of weakness,” the priest must pray for himself. Most importantly, his community must always pray for him. As Christians, we all need God’s mercy, healing and liberation from the limitations of life. So, we must constantly turn to Christ our High Priest for help.

Today’s gospel, has a lot to teach us. We see the blind and poor Bartimaeus yearning for healing and liberation. He will not let this opportunity pass him by. So, like a drowning man, he cried out for help: “Jesus, Son of David have pity on me!”

The blind Bartimaeus represents our collective human situation that is constantly yearning for healing and liberation from weakness, sickness, poverty and sin. Our blindness might not necessarily be the physical loss of vision. However, it could be whatever that limits and prevents us from reaching, or maximizing our potentials in life.

To be free from these limitations, first, we must humbly acknowledge that they exist. Second, it is interesting to note that, Bartimaeus did not believe because he was cured. Rather, he was cured because he believed, and humbly cried out for help. So, seeing his faith, Christ said to him: “Your faith has cured you.”

There is a simple saying that: “If you are not tired of praying, God is not tired of listing to

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you.” The good news today is that, Christ our high priest is always ready to hear, heal and liberate us from whatever is limiting us in life. He wants us to see again. To see again, is to have a living faith in Christ, our high priest who mediates for us before the Father.

However, like the blind Bartimaeus, we must humbly call out to him: “Jesus, Son of David have pity on me…Lord that I may see.” Also, like Bartimaeus, neither the crowd, nor pride can stop us from reaching Christ. As the psalmist tells us: “The poor man called and the Lord heard him” (Ps 36, 4).

Finally, if we sincerely call on Christ our high in faith, He will surely hear us: “For, whoever calls on the name of the Lord, shall be saved” (Rom 10, 13). So, today filled with hope, let us sing: “What marvels the Lord has worked for us! Indeed, we were glad.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía Para El Trigésimo Domingo Del Tiempo Ordinario, Año B

Cristo, Nuestro Sumo Sacerdote Y Mediador

Lectura: 1ra: Jer 31, 7-9; Sal: 125; 2da: He 5, 1-6; Ev: Mc 10, 46-52

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este Trigésimo Domingo del tiempo ordinario, la Iglesia nos invita a poner nuestra fe y esperanza en Cristo, nuestro sumo sacerdote. Como nuestro sumo sacerdote y mediador, Cristo abre nuestros ojos para ver las maravillas que él ha hecho por nosotros.

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Nuestra primera lectura este domingo es una articulación radical de la esperanza, como la base para la liberación y la supervivencia. Por lo tanto, encontramos imágenes de restauración y renovación. Exiliados, los israelitas eran débiles e indefensos. Sin embargo, la redención y la paz procedían de Dios.

Nuestra segunda lectura nos recuerda el papel del sacerdote. Todo sacerdote verdadero comparte en el sacerdocio de Cristo, el sumo sacerdote. Un sacerdote media para el pueblo y le ayuda a fortalecer su fe. “Cada sumo sacerdote fue elegido de entre lo humanos… y está constituido para intervenir en favor de ellos ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.” 

Por lo tanto, durante el aniversario de su ordenación episcopal, San Agustín escribió: “tengo miedo de lo que soy para ustedes, pero soy fuerte por lo que estoy contigo. Para ustedes, soy un sacerdote, y con ustedes, soy cristiano… Ayúdame por su oracione y obediencia para llevar a cabo estos muchos varios y deberes serios… ” (Sermón 350, 1).

Entonces, como un ser humano “que vive en las limitaciones de la debilidad”, el sacerdote debe orar por sí mismo. Lo más importante es que, su comunidad siempre debe orar por él. Como cristianos, todos necesitamos la misericordia, la curación y la liberación de Dios de las limitaciones de la vida. Por lo tanto, debemos recurrir constantemente a Cristo, nuestro sumo sacerdote para que nos ayude.

El Evangelio de hoy, tiene mucho que enseñarnos. Vemos al ciego y pobre Bartimeo anhelando par la curación y la liberación. No permitirá que esta oportunidad lo pase. Así que, como un hombre ahogándose, gritó por ayuda: “¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!”

El ciego Bartimeo, representa nuestra situación humana colectiva que está constantemente anhelando para curación y liberación de la debilidad, enfermedad, la pobreza y pecado. Nuestra ceguera puede, no ser necesariamente la pérdida física de la visión. Sin embargo, podría ser cualquier cosa que limite y nos impida alcanzar, o maximizar nuestro potencial en la vida.

Para estar libres de estas limitaciones, primero, debemos reconocer humildemente que existen. Segundo, es interesante notar que, Bartimeo no creyó porque fue curado. Más bien, se curó porque creyó, y humildemente clamaba por ayuda. Así que, al ver su fe, Cristo le dijo: “¡Tu fe, te ha curado!”

Hay un simple refrán que dice: “Si no estás cansado de orar, Dios no está cansado de

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oírte.” La buena noticia hoy es que, Cristo nuestro sumo sacerdote está siempre dispuesto a escuchar, sanar y liberarnos de lo que nos está limitando en la vida. Quiere que volvamos a vernos. Volver a ver, es tener una fe viva en Cristo, nuestro sumo sacerdote que media para nosotros ante el padre.

Sin embargo, como Bartimeo, debemos humildemente llamarle: “Jesús, hijo de David, ten piedad de mí… Señor, que pueda ver. También, como Bartimeo, ni la multitud, ni el orgullo puede impedirnos llegar a Cristo. Como nos dice el salmista: “El pobre llamó y el Señor lo oyó” (Sal 36, 4).

Finalmente, si llamamos sinceramente a Cristo, nuestro sumo sacerdote en la fe, se nos oirá: ” Porque, todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (Ro 10, 13). Así que, hoy llenos de esperanza, cantemos: “¡Grandes cosas has hecho por nosotros Señor, estamos alegres!”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For 29th (Mission) Sunday Of Ordinary Time, Year B

Mission In The Spirit Of Sacrifice And Love

Readings: 1st: Is 53, 10-11; Ps: 32; 2nd: Heb 4, 14-16; Gos: Mk 10, 35-43

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today is World Mission Sunday. The church invites us to reflect on our personal response, to Christ’s mission. It is a special day to revitalize our faith, and to rededicate ourselves to Christ’s mission. It is also, a day to show special solidarity to all true missionaries who have responded to Christ mandate: “Go, make disciples of all nations.”

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Today, the Holy Father, Pope Francis reminds us that: “Every man and woman is a mission. That is the reason for our life on this earth…. Each one of us is called to reflect on this fact: ‘I am a mission on this earth. That is the reason why I am here in this world’ (Evangelii Gaudium, 273).

To young people Pope Francis adds: “You too, young friends, by your baptism you have become living members of the Church. Together, we have received the mission to bring the Gospel to everyone…To share in the mission to the ends of the earth demands the gift of oneself…I dare to say that, for a young man or woman who wants to follow Christ, what is most essential is to seek, to discover and to persevere in his or her vocation.”

In today’s gospel, through his dialogue with his disciples, Jesus opens our eyes to the realities that confront us in mission. By asking them: “Can you drink the cup that I must drink or be baptized with the baptism with which I must be baptized,” Jesus reminds us of the challenges ahead of us in His mission.

Mission is service and sacrifice rendered in love for the salvation of all nations. This love comes with patience and docility to the will of God. It begins by transforming the missionary into a great instrument for the salvation of others. So, today Christ teaches us that to be great is to be ready to serve and to make sacrifice for others.

Hence, Isaiah reminds us that: “By his sufferings, my servant shall justify many, taking their faults on himself.” So, through service and sacrifice, we shall find attain our own salvation. By liberating others, we shall liberate ourselves. By giving peace to others, we shall find our own peace. And, by identifying with others, Christ, shall identifies with us.

As we celebrate Mission Sunday today, the voice of salvation continues to call us to be

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more faithful to God’s mission both in us and in others. It reminds us of the great challenges before us today us in God’s mission. This includes, our changing cultures, societies and lifestyle that must be urgently evangelized and redeemed.

The good news is that, we can overcome these challenges through the spirit of sacrifice and love. So, in the midst of all these challenges, we must find consolation in these words from the letter to the Hebrews: “Let us be confident, then in approaching the throne of grace, that we shall find mercy and grace when we are in need of help.”

This grace is sufficient for us to accomplish God’s mission. Therefore, with the psalmist, let us pray: “Lord, let your love be upon us, as we place our trust in you.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía Del Vigésimo Noveno Domingo (Domund) Del Tiempo Ordinario, Año B

Misión En El Espíritu De Sacrificio Y Amor

Lectura: 1ra: Is 53, 10-11; Sal 34; 2da: He 4, 14-16; Ev: Mc 10, 35-43

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el Domingo Mundial de las misiones. La Iglesia nos invita a reflexionar sobre nuestra respuesta personal, a la misión de Cristo. Es un día especial para revitalizar nuestra fe, y rededicarnos a la misión de Cristo. Es también, un día para mostrar una solidaridad especial a todos los verdaderos misioneros que han respondido al mandato de Cristo: “vayan, hagan discípulos de todas las naciones”.

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Hoy, el Santo Padre, el Papa Francisco nos recuerda que: “Cada hombre y mujer es una misión. Esta es el propósito de nuestra vida en esta tierra…. Cada uno de nosotros está llamado a reflexionar sobre este hecho: ‘Soy una misión en esta tierra. Esta es la razón por la que estoy aquí en este mundo ‘ (Evangelii Gaudium, 273). “

A los jóvenes, el Papa Francisco añade: “Ustedes también, los jóvenes, por su bautismo han  sido convertido en miembros vivos de la iglesia. Juntos, hemos recibido la misión de traer el evangelio a todos… Compartir en la misión a los confines de la tierra exige el don de uno mismo… Me atrevo a decir que, para un hombre o una mujer que quiere seguir a Cristo, lo más esencial es buscar, descubrir y perseverar en su vocación. “

En el Evangelio de hoy, a través de su diálogo con sus discípulos, Jesús abre nuestros ojos a las realidades que nos confrontan en la misión. Preguntándoles: ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?” Jesús nos recuerda los desafíos que nos enfrentarán en su misión.

La misión es el servicio y el sacrificio rendido en el amor por la salvación de todas las naciones. Este amor viene con paciencia y docilidad a la voluntad de Dios. Comienza por transformar al misionero en un gran instrumento para la salvación de los demás. Así que, hoy Cristo nos enseña que ser grande es estar listo para servir y hacer sacrificios por los demás.

Por lo tanto, Isaías nos recuerda que: “Por sus sufrimientos, mi siervo justificará a muchos, tomando sus culpas sobre sí mismo.” Así que, a través del servicio y el sacrificio, encontraremos y alcanzaremos nuestra propia salvación. Liberando a los demás, nos liberaremos a nosotros mismos. Al dar paz a los demás, encontraremos nuestra propia paz. Y, al identificarnos con otros, Cristo, se identificará con nosotros.

Mientras celebramos el domingo de la misión hoy, la voz de la salvación nos sigue

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llamando a ser más fieles a la misión de Dios en tanto nosotros mismos y en otros. Nos recuerda los grandes desafíos que hoy nos enfrentamos en la misión de Dios. Esto incluye, los cambios en nuestra cultura, sociedad y estilo de vida que deben ser urgentemente evangelizados y redimidos.

La buena noticia es que, podemos superar estos desafíos a través del espíritu de sacrificio y amor. Así que, en medio de todos estos desafíos, debemos encontrar consuelo en estas palabras de la carta a los hebreos: Acerquémonos, por lo tanto, con plena confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno“.

Esta gracia es suficiente para lograr la misión de Dios. Por lo tanto, con el salmista, oremos: “Señor, que tu amor esté sobre nosotros, porque en ti confiamos.”

 ¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For 28th Sunday Of Ordinary Time, Year B

God’s Word and Wisdom Enriches Our Heart

Readings: 1st: Wis 7, 7-11; Ps 89; 2nd: Heb 4, 12-13; Gos: Mk 10, 17-30

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this twenty-eight Sunday of ordinary time, we celebrate Christ the Wisdom and Word of God. Even if we have nothing in this world, Christ is sufficient and all things for us. We are rich in him because, he is alive and active in our hearts.

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Our first reading today personalizes Wisdom. She is the most precious of all pearls. She is God himself. All good things come from, and must return to Him. Nothing can be compared with Her. Nothing has value without Her. Whoever possesses her has everything.

All created things only partake in the beauty and splendor of God. Hence, we must seek wisdom more than material wealth. This is because, to possess her, is to possess the most precious of all wealth. Hence, saint Augustine reminds us that: Our heart must not rest until it is united with this precious Wisdom.

In our second reading, the letter to the Hebrews describes the word of God as: “a double-aged sword that cuts across the bones.” Through this, it simply reminds us that the word of God is the ultimate and irresistible power through which God reaches and enriches us.

The word of God conquers and transforms every heart that humbly receives it. So, as the fullness of wisdom, God’s Word “incarnated the scriptures”, is powerful. It brings our real thoughts and intents to light, and also dispels all forms of darkness. 

Hence, when God prints his word in our hearts through the power of his spirit, it powerfully convinces, converts, transforms and comforts us. God’s Word humbles a proud heart. It makes a perverse spirit to be meek and humble. It increases virtue in a humble heart.

Today’s gospel is very interesting. It highlights the fact that, a truly rich person is one who possesses true Wisdom and not just material wealth alone. It also, reminds us of how material wealth could be a grave obstacle to obtaining true Wisdom.

The rich man in today’s gospel came to justify himself, and to parade his religious piety. Indeed, Jesus appreciated his effort. However, Christ knew that something was really lacking in him. Christ diagnosed him of only problem, attachment to his wealth.

This was his “Achilles heel” or “weak spot.” According to his testimony, it seemed to him that he had done “all things well.” Unfortunately, his weak spot was an untouchable area. He walked away sad without dropping it before Christ. He did all things well but lacked the wisdom to understand that the key to eternal life was detachment from this world.

There are important lessons to learn from today’s readings. First, we might have a weak

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spot unknown to us. Only the wisdom of God can help us illuminate this. Second, at times, it seems to us that we have done “all things well.” Unfortunately, pride and love of this world makes it difficult for us to see the true reality of our lives.

Third, we must not allow material wealth to become an obstacle between us and eternal life. Today, Christ teaches us that attachment to wealth is the easiest way to forsake God. This is because, attachment to wealth and this world, over burdens and alienates one’s soul. It makes our spiritual journey very heavy, difficult, and almost impossible.

Finally, in other to be truly wise in our dealings with the wealth of this world, we must seek the wisdom and understanding that comes from God. With the psalmist, let us humbly say to God, the true wisdom: “Fill us with your love, that we may rejoice.”

Peace be with you!

Maranatha!