Homily For The 5th Sunday Of Lent, Year C

Christ Frees Us From Our Sinful Past

Readings: 1st: Is 43, 16-21; Ps 125; 2nd: Phil 3, 8-14; Gos: Jn 8, 1-11

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today is the fifth Sunday of Lent. Gradually, we are coming close to the end of Lent. On the other hand, we are getting close to the paschal feast. In order words, we are gradually moving away from the zone of suffering to the zone of glory. Hence, all the readings of this Sunday give us hope and paint a picture of a very bright future for us.

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In the first reading, God tells us of the new things he has started doing among us and for us. He is restoring our hope and giving us every reason to continue living. This means that despite the difficulties of this present moment and season, the Lord will put a smile on our faces soon.

Indeed, he will do this because: “Weeping may endure at night, but joy comes in the morning” (Ps 30, 5). So, there is hope because we are approaching our morning. Hence, we must be optimistic about the future as we approach Easter because God is ready to fulfill his promises to us very soon.

In our second reading, Paul tells us that he decided to count everything as a loss for the sake of Christ. This was in order to gain the future glory that God wishes to reveal in Christ. He understood the worth of the new life offered by God in Christ. He knew that: “The glory of the latter shall be greater than that of the former” (Haggai 2, 9).  Paul saw all these revealed to him. So, he remained resolute in his faith. He did this even to the point of “reproducing Christ’s death in himself. This same promise must sustain us to the end.

In today’s Gospel, the Pharisees brought an adulterous woman to Christ. They thought that Christ would condemn her immediately. They thought he would give them permission to go ahead and stone the woman to death. However, they were wrong because Christ came to save and not to condemn. They were wrong because the ways and thoughts of Christ are different from theirs. So, instead of condemning her, Jesus restored her life and offered her a new chance to live. He simply told her: “Go and sin no more.”

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Like this woman, Jesus is always giving us new opportunities despite our weaknesses. He knows how vulnerable we are to sin. He knows the forces we contend with in our life and society. His mission is to save us from all our sins and accusations. It is not to condemn us. Hence, Christ says, “I have come that they may have life and have it in full” (Jn 10, 10).

Today, we should be encouraged by these words of Jesus “Neither do I condemn you.” The complete forgiveness of Christ is incredible. When he says these words to us, he means them. He means that he has taken care of our negative past. So, Christ will always fill us with Joy, which he will complete for us soon through his death and resurrection.

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Finally, as we approach the glorious season of Easter, the Lord equally says to us: “Go and sin no more.” This is an injunction we must believe and put into practice. He promises us a better future and a share in his glory if we remain faithful to this command. Therefore, we must constantly run to Jesus irrespective of our situation. This is because he is ever ready to acquit us of all the charges against us. So, let us shout for joy: “What marvels the Lord worked for us. Indeed, we are glad!”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Quinto Domingo de Cuaresma, Año C

Cristo nos libre de nuestro pecaminoso pasado

Lectura: 1raIs 43, 16-21; Sal: 125; 2Flp 3, 8-14; Ev: Jn 8, 1-11

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy es el quinto domingo de Cuaresma. Gradualmente, estamos acercándonos al final de la Cuaresma. Por otra parte, nos estamos acercando a la fiesta pascual. En otras palabras, hemos ido alejándonos de la zona de sufrimiento a la zona de la gloria. Por lo tanto, todas las lecturas de este domingo nos dan esperanza y pintan una imagen de un futuro muy brillante para nosotros.

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En la primera lectura, Dios nos dice de las cosas nuevas que ha comenzado a hacer entre nosotros y para nosotros. Él está restaurando la esperanza y nos da motivos para seguir viviendo. Esto significa que, a pesar de las dificultades de este momento y de la temporada, el Señor pondrá una sonrisa en nuestros rostros. Sin duda, lo hará porque: “llanto perdura en la noche, pero el gozo viene por la mañana” (Sal 30, 5).

Por lo tanto, hay esperanza, porque nos acercamos a nuestro mañana. Así que, debemos tener una actitud positiva hacia el futuro a medida que nos acercamos a la Pascua. Esto es porque muy pronto, Dios está dispuesto a cumplir sus promesas a nosotros.

En la segunda lectura, san Pablo nos dice que decidió contar todo como pérdida a causa de Cristo. Esto se hacía con el fin de obtener la gloria futura que se ha revelado en Cristo. Entiende el valor de la vida nueva ofrecida por Dios en Cristo. Sabía que: “La gloria de esta última será mayor que la de la anterior” (Ageo 2, 9). Pablo vio todo esto revelado en él. Por lo tanto, permaneció firme en su fe. Lo hizo hasta el punto de “reproducir la muerte de Cristo en sí mismo.” Esta misma promesa debe sostenernos hasta el final.

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En el evangelio de hoy, los fariseos trajeron una mujer adúltera a Cristo. Pensaron que Cristo la condenará inmediatamente. Pensaban que les daría el permiso para seguir adelante apedreando la mujer hasta la muerte. Sin embargo, estaban equivocados, porque Cristo vino a salvar y no a condenar. Estaban equivocados porque las formas y los pensamientos de Cristo son diferentes de las suyas. Así, en lugar de condenar, Jesús restauró la vida, y ofreció una nueva oportunidad para vivir. Él simplemente le dijo: “Vete y no peques más.”

Como esta mujer, Jesús siempre nos da nuevas oportunidades a pesar de nuestras debilidades. Él sabe lo vulnerables que somos al pecado. Él conoce las fuerzas con lo que nos encontramos diariamente en nuestra vida y en la sociedad. Su misión es salvarnos de todos nuestros pecados personales y de las acusaciones. No es para condenarnos. Es por eso que Él dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud” (Jn 10, 10).

Hoy en día, tenemos que ser alentados por estas palabras de Jesús, “Tampoco yo te condeno.” El perdón total de Cristo es increíble. Cuando dice estas palabras a nosotros, lo que quiere decir es que el pasado está muerto y apagado como una vela. Por lo tanto, Cristo siempre nos llena de gozo y alegría. Esto es lo Él nos dará pronto, por medio de su muerte y resurrección.

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Por último, a medida que nos acercamos a la gloriosa temporada de Pascua, el Señor mismo nos dice: “Vete y no peques más.” Este es un recurso que debemos creer y poner en práctica. Nos promete un futuro mejor y una participación en su gloria si permanecemos fieles a este orden. Por lo tanto, siempre debemos ir a Jesús independientemente de nuestra situación. Esto es porque Él está siempre listo para absolvernos de todos los cargos contra nosotros. Así que, gritemos con gozo: “El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y estamos alegres.” 

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for the 4th (Laetare) Sunday of Lent, Year C

Reconciled with God through Christ

Readings: 1st: Jos 5:9-12; Ps 33; 2nd: I Cor 5:1-21; Gos: Lk 15:1-3.11-23

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him atcanice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

“Rejoice, O Jerusalem: Come together all you that love her; rejoice you that have been in sorrow; that you may exult, and be filled from the breasts of her consolation.” On this fourth Sunday of Lent, the Church encourages us to: “Rejoice and be joyful” because Christ is willing to reconcile us to his Father.

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Once, a man became sick. He was told that the only condition to be healed was to forgive and reconcile with those who offended him. So, he wrote to his debtors and enemies: “My dear, having realized the power of forgiveness and reconciliation, I have canceled all the debts you owe me. Please let us continue to be friends again, and always pray for me!”

This is Providence in action. This man’s sickness was God’s way of mediating grace to his friends. In the same way, through his death, Christ reassures us that our “debt of sin” has been canceled. Also, His Sacraments mediate grace for us and reconcile us to God.

In today’s second reading, Paul tells us that we are “products of Christ’s reconciliation.” Christ took the first initiative of reconciling us to God. In order words, owing to sin, we were cut off from God. However, through the sacrifice of Christ, we became God’s adopted children. So, we are all children of the same father through Christ’s sacrifice.

In today’s gospel, through the story of the prodigal son, Jesus reassures us of God’s readiness to reconcile with us. The parable of the prodigal son is the story of a loving father and a humble and repented son. It is the story of reconciliation at its best. Most importantly, it reflects our own daily story and struggle.

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Hence, it does not matter how far we have gone away from God or how terrible our past was. What matters is that Christ is willing to reconcile us to his Father and restore our lost glory. He beckons on us: “Come let us settle the matter, though your sin is as red as scarlet, they will be white as snow” (Is:1:18).    

Therefore, this season we must constantly seek reconciliation with God through Christ. We must humbly rediscover ourselves, and like the prodigal son, we must confess: “I have sinned against heaven and earth.” We must also say to God, “I am coming home.” This is what Paul means when he appeals to us to reconcile to God. He simply asks us to realize who we are and change our track and mind like the prodigal son.

So, we must cast away all shame and pride in order to reconcile with God and others through Christ. Through his church, Christ has made things easy for us. He has given us the sacrament of reconciliation as a means of constantly reconciling ourselves to God.

The sacrament of reconciliation helps us in three ways: First, reconciliation with God. Second, reconciliation with our brothers and sister, reconciliation with oneself. One leads to the other. Our reconciliation with God is strongly dependent on our reconciliation with others and, of course, with ourselves.

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Therefore, this Lent, let us take advantage of this sacrament instituted by Christ through his Church to reconcile ourselves with God and with our neighbors. This sacrament is a blessing to all of us because it mediates God’s grace to us. So, the psalmist invites us today: “Taste and see that the Lord is good.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Cuarto Domingo (Laetare) de Cuaresma, Año C

Reconciliado con Dios por medio de Cristo

Lectura: 1ra: Jos5: 9-12; Sal 33; 2da: 2 Co 5: 1-21; Ev: Lc 15: 1-3.11-23

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392

Alégrate, Jerusalén, y que se reúnan cuantos la aman. Compartan su alegría los que estaban tristes, vengan a saciarse con su felicidad”. En este cuarto domingo de Cuaresma, la Iglesia nos exhorta: “Esten alegres y felices”, porque Cristo está dispuesto a reconciliarnos con su padre.

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Una vez, un hombre se enfermó y se le dijeron que la única condición para ser sanado era perdonar y reconciliarse con los que lo han ofendido. Por lo tanto, escribió a sus deudores y enemigos: “Queridos míos, habiendo comprendido el poder del perdón y la reconciliación, he cancelado todas las deudas que me deben, ¡Por favor, déjanos seguir siendo amigos y recen por mí!”

Esta es la providencia en acción. La enfermedad de aquel hombre fue la manera a través la cual, Dios medió la gracia a sus amigos. De la misma manera, a través de su muerte, Cristo nos asegura que nuestra “deuda de pecado” ha sido cancelada. Además, sus sacramentos median la gracia para nosotros y nos reconcilian con Dios.

Cristo tomó la primera iniciativa de reconciliarnos con Dios. En otras palabras, debido al pecado fuimos separados de Dios. Sin embargo, a través del sacrificio de Cristo, nos convertimos en hijos adoptivos de Dios. Por lo tanto, todos somos hijos del mismo padre en virtud del sacrificio de Cristo.

En el Evangelio de hoy, a través de la historia del hijo pródigo, Jesús nos asegura de la disposición de Dios a reconciliarnos con nosotros. La parábola del hijo pródigo es la historia de un padre amoroso, y de un hijo humilde y arrepentido. Es la historia de la reconciliación en su mejor. Lo más importante, refleja nuestra propia lucha e historia diaria.

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Por lo tanto, no importa cuán lejos nos hemos ido de Dios, o cuán terrible ha sido nuestro pasado. Lo que importante es que, Cristo está dispuesto a reconciliarnos con su padre y a restaurar nuestra gloria perdida. Él nos llama: “Vengan, pongamos las cosas en claro ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!” (Is: 1:18).

Así que, esta temporada debemos buscar constantemente la reconciliación con Dios a través de Cristo. Humildemente, debemos redescubrir nosotros mismos, y al igual que el hijo pródigo, debemos confesar: “He pecado contra el cielo y la tierra.” También debemos decirle a Dios: “¡Padre, regreso a casa!” Esto es lo que Pablo quiere decir cuando nos exhorta a reconciliarnos con Dios. Simplemente nos pide, que nos demos cuenta de quiénes somos, y cambiamos nuestro camino y mente como el hijo pródigo lo hizo.

Por lo tanto, debemos echar fuera toda vergüenza y orgullo para reconciliarnos con Dios y con los demás por medio de Cristo. A través de su iglesia, Cristo nos ha hecho las cosas fáciles. Él nos ha dado el Sacramento de la reconciliación como un medio para reconciliarnos constantemente con Dios.

El Sacramento de la reconciliación nos ayuda de tres maneras: Primero, nos reconcilia con Dios. Segundo, nos reconcilia con nuestros prójimos, y nos reconcilia, con nosotros mismos. Uno conduce al otro. Nuestra reconciliación con Dios depende fuertemente de nuestra reconciliación con los demás y, por supuesto, con nosotros mismos.

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Por eso, esta Cuaresma, aprovechemos este sacramento instituido por Cristo a través de su Iglesia, para reconciliarnos con Dios y con nuestros prójimos. Este sacramento es una bendición para todos nosotros, porque media la gracia de Dios a nosotros. Por lo tanto, el salmista nos invita hoy: “Haz la prueba y verán qué bueno es el Señor.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For The 3rd Sunday Of Lent, Year C

True Repentance brings God’s Mercy

Readings: 1stEx 3, 1-8.13-15; Ps 102; 2nd I Cor 10, 1-6. 10-12; Gos: Lk 13, 1-9

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this third Sunday of Lent, the church provides us another moment of grace to straighten us on our journey. Today, we celebrate the Lord who frees us from our slavery to sin if only we listen to His warning to repent. Hence, our central theme today is repentance.

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At times, we are tempted to view repentance as something unimportant. On the contrary, it is an essential step to salvation. It is a way through which God mediates his grace to us. Repentance is, feeling sorry for the sin we commit and a firm resolve not to commit it again deliberately. Sincere repentance provokes God’s compassion, mercy, and love.

In our second reading, Paul kindly reminded us of the consequences of deliberately going contrary to God’s will. He carefully traced the death of the Israelites to their inability to please God. That is to say because they sinned against God. Hence, Paul concluded by reminding us that “All these happened as a warning, and was written down to be a lesson for us who are living at the end of the age.” In his letter to the Romans, he puts it directly: “The wages of sin is death, but the free gift of God is eternal life” (Rom 6:23.)

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In today’s gospel, Jesus was straightforward in his words when he said: “Unless you repent, you will perish.” One might say that this is too harsh to come from Christ, who is merciful and compassionate. The truth is that when Jesus speaks this way, it does not diminish his compassion and mercy. Instead, he does so because he cares for us and sees what we cannot see. He simply warns us of the negative consequences of living a sinful life and wants us to repent and live a better life.

This Sunday, the good news is that we have the opportunity to learn from the failures and consequences of our ancestor’s actions. God gives us another chance to call upon the Lord, who is “merciful, compassionate and love.” Jesus wants us to take a bold and positive step towards amending our way of life. This is a call to repentance for the times we neglected and failed both God and our neighbors; for the times we chose evil over good, and for those moments, we despaired and displayed a remarkable lack of faith in God.

The patient, compassionate and loving Father is ready to welcome us back. Hence, he says to us this season: “If my people, called by my name, will humble themselves and pray and seek my face and turn from their wicked ways, then…I will forgive their sin and will heal their land” (2 Ch 7, 14). Repentance attracts mercy, compassion, forgiveness, and salvation. It brings about healing and restoration of hope for a better future. So, if we sincerely repent of our sins, God will not only forgive us, but He will heal us.

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Finally, compassion (cum passio) means to suffer with and also to love with. Therefore, God’s compassion and mercy for us are always associated with his love. Just as God knew how miserable the Israelites were in Egypt, He knows how pathetic we are under the slavery of sin. He is aware of our enslavement by both habitual sins of omission and commission. He also knows the efforts we are making to live good lives and how we often fail. So, this Lent, Jesus is ready to suffer with us so that we might be free from the slavery of sin. Through our repentance, His compassion, mercy, and love, we would be healed and restored to life this season and beyond.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Tercer Domingo de Cuaresma, Año C

El Verdadero Arrepentimiento trae la Misericordia de Dios

Lectura: 1raEx 3, 1-8.13-15; Sal: 102; 2daI Co l0, 1-6. 10-12; Ev: Lc 13:1-9

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all:canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este tercer domingo de Cuaresma, la iglesia nos ofrece otro momento de gracia para enderezar nuestro camino. Hoy, celebramos el Señor que nos libera de nuestra esclavitud al pecado, si sólo escuchamos su advertencia de arrepentirnos. Por lo tanto, nuestro tema central hoy es el arrepentimiento.

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 A veces, nos sentimos tentados de ver el arrepentimiento como algo sin importancia. Por el contrario, es un paso importante para la salvación. Es una forma en la que la gracia de Dios está mediada para nosotros. El arrepentimiento es, sentir pena por el pecado que hemos cometido y una firme decisión de no deliberadamente cometerlo otra vez. El arrepentimiento sincero provoca la compasión, la misericordia y el amor de Dios.

En la segunda lectura, san Pablo amablemente nos recuerda las consecuencias de ir deliberadamente en contra de la voluntad de Dios. Cuidadosamente traza la muerte de los israelitas de su incapacidad para agradar a Dios. Es decir, porque pecaron contra Dios. Por lo tanto, Pablo concluyó por advertirnos que: “Todo esto ocurrió como una advertencia y fue escrito para ser una lección para nosotros que vivimos en el fin de la era.” En su carta a los Romanos pone esto directamente: “El salario del pecado es la muerte, pero el don gratuito de Dios es vida eterna” (Ro 6, 23).

En el evangelio de hoy, Jesús fue muy directo en sus palabras cuando dijo: “Si no os convertís, pereceréis.” Se podría decir que esto es demasiado duro para venir de Cristo, que es misericordioso y compasivo. La verdad es que cuando Jesús habla de este modo no disminuye su compasión y misericordia. Más bien, lo hace porque nos quiere y ve lo que no podemos ver. Él simplemente nos advierte de las consecuencias negativas de vivir una vida de pecado y quiere que nos arrepintamos y vivamos una vida mejor.

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Este domingo, la buena noticia es que se nos da la oportunidad de aprender de los errores de nuestros antepasados y las consecuencias de sus acciones. Se nos dará otra oportunidad para hacer un llamamiento al Señor, que es “misericordioso, compasivo y amoroso.” Jesús quiere que nosotros demos un paso con valentía y con positividad para modificar nuestra forma de vida. Esta es una llamada a la penitencia de los tiempos que hemos fallado y negado tanto a Dios y a nuestros vecinos; por las veces que hemos elegido el mal sobre el bien; y por los momentos que nos desesperamos y mostramos una notable falta de fe en Dios.

El Padre paciente, compasivo y amoroso está listo para acogernos. Por lo tanto, nos dice a nosotros esta temporada: “Si mi pueblo, sobre el cual es invocado mi nombre, se humilla, rezando, y buscando mi rostro, y vuelven de sus malos caminos, yo entonces los oiré desde el cielo, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra” (2 Cr 7, 14). El arrepentimiento atrae la misericordia, la compasión, el perdón y la salvación. Se atrae sanación y restauración de la esperanza de un futuro mejor. Por lo tanto, si nos arrepentimos sinceramente de nuestros pecados, Dios no sólo nos perdonará, sino que nos sanará.

Por último, la compasión (cum passio) significa sufrir con alguien y también amar a alguien. Por lo tanto, la compasión y la misericordia de Dios para nosotros están siempre asociadas con su amor. Al igual que Dios sabía la situación miserable de los Israelitas en Egipto, Él sabe lo miserable que nos encontramos bajo la esclavitud del pecado.

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Él es consciente de nuestra esclavitud habitual, tanto por pecados de omisión y comisión. También sabe los esfuerzos que estamos haciendo para vivir una buena vida y cómo fallamos con frecuencia. Por lo tanto, esta Cuaresma, Jesús está dispuesto a sufrir con nosotros para que podamos ser libres de la esclavitud del pecado. A través de nuestro arrepentimiento, su compasión, misericordia y amor seremos sanados y restaurados a la vida esta temporada y más allá.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For The 2nd Sunday Of Lent, Year C

The Glory And Splendor Of Christ

Readings: 1st: Gen 15, 5-12. 17; Ps 26; 2nd Phil 3, 17. 4, 1; Gos: Lk 9, 28-36

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this second Sunday of Lent, the church encourages us not to rest in the material comforts of this world. Rather, we should march towards the Promised Land and our future glory. If we succeed in getting there, the Lord in whom we put our trust and faith will transfigure our mortal bodies into the likeness of his glorified body.

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Once, a woman fell into a coma for a few hours. Waking up, she was sad and said to her children: “You should have allowed me to remain there.” Her children told her that they loved her so much and still needed her. She was still describing the beauty and splendor of the city she saw when her little daughter cried out: “Mummy, you were already in heaven. Please, let us go back there right now!” Like the apostles, this woman had a glimpse of the glory and splendor of the Eternal City. So she did not want to return to this world.

Today, our first reading and gospel have a lot in common. Both of them narrate the revelation of the glory and splendor of the future. First, due to Abraham’s faith, God revealed to him the glory that would be his in the future. Not only did God reveal this to Abraham, but he also sealed it with a covenant. This is as an assurance that He will fulfill his promise to Abraham.

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In the gospel, Jesus revealed his future glory to Peter, James, and John, who are collectively referred to by Bible scholars as: “Members of the inner circle.” They saw the glory and splendor of God revealed in Christ, who represents the New Covenant; in Moses, who represents the Law; and in Elijah, who represents the Prophets. The transfiguration of Christ before His disciples is of great significance and has lots of lessons for us.

Christ could have gone to the mountain alone, but he decided to take them with him. This was to assure His disciples that they were not wasting their time by following him. He did it to increase and strengthen their faith in Him. He did it to resolve the argument about his personality. Most importantly, He did it to assure us of the future glory we would enjoy if we remained faithful to the end.

Another important lesson we must learn from today’s gospel comes from this narrative: “…Peter and his companions were heavy with sleep, but they remained awake and saw his glory.” Of course, after a stressful day of mountain climbing, the disciples were tired.

However, because they were curious and wanted to know why Christ brought them there, they struggled to be awake. Physically, they were asleep, but spiritually, they were awake to accomplish the task that got them there. Like these apostles, we too must remain spiritually awake this season to experience God’s glory. If we must behold the glory of God revealed in Jesus Christ, we must be ready to make many sacrifices.

The Lenten season offers us the opportunity to make sacrifices. It prepares us for future glory through prayers, good works, reflections, and self-denials. It is a time when we grow in grace to advance faithfully to the mountain of God’s glory.

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This season, we must be spiritually attentive to know what Christ wishes to communicate to us through his Paschal Mystery. If we understand it, we will be in a position to partake in the glory of his resurrection. To achieve this, Paul advised us to: “Remain faithful to our Lord Jesus Christ” because he is “Our light and our help.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Segundo Domingo de Cuaresma, Año C

La Gloria Y El Esplendor De Cristo

Lecturas: (1ra: Gn 15, 5-12. 17; Sal: 26; 2da: Flp 3, 17. 4, 1; Ev: Lc 9, 28-36)

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all:canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este segundo domingo de Cuaresma, la iglesia nos invita a no descansar en las comodidades materiales de este mundo. Más bien, debemos avanzar hacia la Tierra Prometida y la gloria futura. Si tenemos éxito en llegar allí, el Señor en quien ponemos nuestra confianza y fe transfigurará nuestros cuerpos mortales en la semejanza de su cuerpo glorificado. 

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Una vez, una mujer cayó en coma por unas horas. Cuando se despertó, estaba triste y dijo a sus hijos: “Ustedes me hubieran permitido permanecer allá.” Sus hijos le dijeron que la amaban mucho, y todavía la necesitaban. Mientras ella estaba describiendo la belleza y el esplendor de la ciudad que ella vio, su pequeña hija gritó: “Mamá, ya tú estabas en el cielo. ¡Por favor, volvamos ahora allí!” Como los apóstoles, esta mujer tenía una visión de la gloria y el esplendor de la Ciudad Eterna. Así que, no quiso regresar a este mundo.

Hoy, nuestra primera lectura y el evangelio tienen mucho en común. Ambos narran la revelación de la gloria y el esplendor del futuro. En primer lugar, debido a su fe, Dios le reveló a Abraham la gloria que sería suya en el futuro. No sólo Dios reveló esto a Abraham, Él selló esto con un pacto. Esto es como una garantía de que cumplirá su promesa a Abraham.

En el evangelio, Jesús reveló su gloria futura a Pedro, Santiago y Juan, que se denominan colectivamente por los eruditos de la biblia como: “Los miembros del círculo interior de Jesús.” Ellos vieron la gloria y el esplendor de Dios revelado en Cristo, que representa la Nueva Alianza; en Moisés, que representa la ley, y en Elías, que representa los Profetas. La transfiguración de Cristo ante sus discípulos es de gran importancia, y tiene un montón de lecciones para nosotros.

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Cristo podría haber ido a la montaña solo, pero decidió llevarlos con Él. Esto fue con el fin de asegurar que sus discípulos no estaban perdiendo el tiempo siguiéndolo a Él. Lo hizo con el fin de aumentar y fortalecer la fe en Él. Lo hizo con el fin de resolver la disputa sobre su personalidad. Lo más importante, lo hizo con el fin de convencernos de la gloria futura que vamos a disfrutar si permanecemos fieles hasta el final.

Otra importante lección que debemos aprender del evangelio de hoy nos viene de esta narrativa: “…Pedro y sus compañeros estaban cargados con sueño, pero permanecieron despiertos y vieron su gloria.” Por supuesto después de un estresante día de escalada, los discípulos estaban cansados. Sin embargo, debido a que tenían curiosidad y querían saber por qué Cristo les trajo allí, lucharon para estar despiertos.

Físicamente, estaban dormidos, pero espiritualmente, se despiertan con el fin de cumplir con la tarea que les trajo allí. Como los apóstoles, también nosotros debemos permanecer espiritualmente despiertos esta temporada con el fin de experimentar la gloria de Dios. Si debemos contemplar la gloria de Dios revelada en Jesucristo, debemos estar dispuestos a hacer sacrificios.

El tiempo de Cuaresma nos ofrece la oportunidad de hacer sacrificios. Que nos prepara para la futura gloria a través de las oraciones, buenas obras, reflexiones, y abstinencia. Es un momento en el que estamos creciendo en la gracia para avanzar fieles a la montaña de la gloria de Dios. Esta temporada, tenemos que estar espiritualmente atentos a fin de saber qué es lo que Cristo quiere comunicarnos a través de su Misterio Pascual.

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Si entendemos esto, estaríamos en mejor posición para participar en la gloria de su resurrección. Para lograr esto, Pablo nos aconsejó para: “Permanecer fieles a nuestro Señor Jesucristo”, porque Él es: “Nuestra luz y nuestra ayuda.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For The1st Sunday Of Lent, Year C

A Journey Towards Victory and Salvation

Readings: 1st: Deut 26, 4-10; Ps: 90; 2nd: Rom 10, 8-13; Gos: Lk 4, 1-13

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On Ash Wednesday, we began our journey with Christ. As a journey that will last for about six and half weeks, the Lenten season presents the opportunity to re-live the Paschal mystery of Christ. It exposes us to other dimensions of life and thus, equips us for the glory of Easter.

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This first Sunday of Lent starts on a hopeful and joyful note. The readings bring into view concepts like faith, salvation, and victory over sin. These remind us of the need to praise God for the great wonders he worked for our fathers in the faith. Through our participation in this Lent, God is ready to extend the same wonders to us.

The first reading begins with a very brief account from Moses about how God delivered His chosen people Israel from bondage in the land of Egypt. Therefore, this reminds us of our salvific journey. This Lenten season, we are on a journey to our salvation. The hope of this salvation must sustain us throughout this season and beyond.

The second reading presents another dimension to this journey towards salvation. It offers faith as a necessary tool that must be manifested through our confessions. Without faith, it will be practically impossible to reach our destination. Faith, in this case, is the energy that motivates us as we march on. If we become weary along this journey this season, turning to Jesus is the best option available to us. If we call upon Him in faith, we shall find the strength to continue. We cannot prevail in this journey by our power alone.

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Therefore, this season, we must be mindful that temptations abound, just as our Lord was tempted today by the devil in our gospel. It is important to note that the tempter is always looking for a point of contact or weakness. Once the devil realized that Christ was very hungry, he felt it was an opportunity to use Him. However, the good news is that the devil was wrong because Christ did not give him the chance to use Him. Hence, the devil cannot succeed with us, too, if we do not open avenues for him in our lives.

We must not give the devil any chance this season and in our entire lifetime. Therefore, let us close all the avenues in the course of this journey by wearing the sign: “Road Closed or No Vacancy Here!”  The avenues that must be closely guarded this season as the temptation of Christ teaches us to include: The avenues of hunger and thirst for sin, the highway of cheap popularity, vainglory, pride, and selfishness. These are obstacles to our spiritual growth and salvation.

As Paul writes: “the weapons of our warfare are not carnal, but they are mighty through God for pulling down Strongholds (2 Cor 10:4). Our weapons this season must include a firm faith in God, prayer, uprightness, good works, and the word of God. This is because: “We do not fight” (this season only) against flesh and blood. But, against powers of this dark age and the spiritual forces of evil in the heavenly realm” (Eph 6:10-12). Above all, we must allow the Holy Spirit to be in charge by being docile to Him.

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Finally, trusting in the arm of our flesh will not help us this season. This is because it might fail us. This season, God is absolutely ready to do for us what He did for our fathers in faith in ancient times through our Lord Jesus Christ. So, together with the psalmist today, let us unceasingly implore the Lord saying: “Be with me, O Lord, in my distress.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del primer domingo de Cuaresma, Año C

Un viaje hacia victoria y salvación
Lecturas: 1raDt 26, 4-10; Sal: 90; 2da: Ro 10, 8-13; Ev: Lc 4, 1-13

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Fue el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all:canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

El Miércoles de Ceniza comenzamos nuestro camino con Cristo. Como un viaje que durará alrededor de seis y media semanas. El tiempo de Cuaresma nos presenta la oportunidad de re-vivir el misterio pascual de Cristo. Nos expone a otras dimensiones de la vida y, por lo tanto, nos prepara para la gloria de la Pascua.

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Este primer domingo de Cuaresma, se inicia una esperanzadora y alegre nota. Las lecturas nos presentan conceptos como la fe, la salvación y la victoria sobre el pecado. Nos recuerdan la necesidad de alabar a Dios por las grandes maravillas que Él ha hecho para nuestros padres en la fe. A través de nuestra participación en esta Cuaresma, Dios está listo para extender las mismas maravillas a nosotros. 

La primera lectura comienza con una muy breve reseña de Moisés sobre de cómo Dios libró a su pueblo escogido Israel de la esclavitud en la tierra de Egipto. Por lo tanto, esto nos recuerda nuestro viaje salvador. En este tiempo de Cuaresma, nos encontramos en un viaje a nuestra salvación, y la esperanza de la salvación que nos sostendrá durante toda esta temporada y más allá.

La segunda lectura, presenta otra dimensión a este viaje hacia la salvación. La fe se presenta como una herramienta necesaria que debe ser manifestada a través de nuestras confesiones. Sin la fe, será prácticamente imposible llegar a nuestro destino. La fe en este caso es la energía que nos motiva a seguir marchando. Si a lo largo de este viaje esta temporada, nos cansamos, dirijámonos a Jesús, es la mejor opción disponible para nosotros. Si le pedimos con fe, vamos a encontrar la fuerza para continuar.

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Esta temporada, por lo tanto, debemos ser conscientes del hecho de que abundan las tentaciones, al igual que nuestro Señor fue tentado por el diablo como nos dice el evangelio. Es importante señalar que el tentador está siempre en busca de un punto de contacto o debilidad. Esta es la razón porque, una vez que el diablo se dio cuenta que Cristo estaba muy hambriento, pensó que era una oportunidad para tentar a Cristo. Sin embargo, la buena noticia es que el diablo estaba equivocado, porque Cristo no le dio la oportunidad. Por lo tanto, el diablo no puede tener éxito si no abrimos ningún camino para él en nuestras vidas.

No debemos dar al diablo ninguna oportunidad, ni en este tiempo ni en toda nuestra vida. Por lo tanto, vamos a cerrar todas las puertas al diablo en el curso de este viaje, pero llevando este aviso: “¡Carretera Cerrada o No Hay Vacante Aquí!” Los caminos que deben ser estrechamente vigilados esta temporada, como la tentación de Cristo nos enseña incluyen: los caminos de hambre y de sed por el pecado, el camino de popularidad barata, vana gloria, orgullo y egoísmo. Estos son los obstáculos que impiden nuestro crecimiento espiritual, la victoria y, por supuesto, nuestra salvación.

Como Pablo escribe: “Nuestras armas de guerra no son humanas. Sino que tienen la fuerza de Dios para destruir fortalezas: todos estos argumentos y soberbia que se oponen al conocimiento de Dios” (2 Co 10, 4). Nuestras armas esta temporada deben incluir una fe firme en Dios, la oración, la rectitud, las buenas obras, y la palabra de Dios. Esto es porque esta temporada: “No nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a las fuerzas oscuras, las fuerzas espirituales del mal en el reino celestial.” (Ef 6, 10-12). Así que, debemos permitir que el Espíritu Santo esté en control para ser dóciles a él.

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Por último, confiando en el brazo de nuestra propia carne no nos ayudará esta temporada. Esto es porque, nos podría fallar. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, esta temporada, Dios está totalmente dispuesto a hacer por nosotros lo que hizo por nuestros padres en la fe en los tiempos de la antigüedad. Por lo tanto, junto con el salmista, dejemos incesantemente implorar el Señor diciendo: “Acompáñame señor en mi angustia.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!