Homilia del Séptimo Domingo (Ascensión Del Señor), Año C

Cristo Sube En Gloria

Lecturas: 1ra: Hch 1:1-11; Sal: 46:2-3. 6-7, 8-9; 2da: Ef 1:17-23; Ev: Lc 24:46-53

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

“Todos los pueblos aplauden, gritan a Dios con gritos de alegría…Dios sube entre fanfarrias, para el Señor resuenen los cuernos.” En este séptimo Domingo de Pascua, celebramos la solemnidad de la Ascensión. Es una solemnidad importante que marca el regreso de Jesús al padre. Junto con la resurrección, es una manifestación de la victoria de Cristo.

Ascensión es una solemnidad que sostiene la esperanza de los cristianos que un día estaremos donde Cristo está. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que: “La cabeza de la iglesia, Jesucristo, nos precede en el reino glorioso de su padre, para que, como miembros de su cuerpo podíamos vivir en la esperanza de que algún día estaríamos con Él para siempre” (665-667).

A veces en la vida, estamos demasiado de prisa para empezar, para hacer un impacto, y para impresionar a los demás. Por ejemplo, unas chicas quieren conectarse con alguien tan pronto como sea posible sin estar preparadas o maduradas para una relación. Unos chicos quieren enriquecerse rápidamente sin aprender o saber los principios de éxito y prosperidad. El resultado la mayor parte de las veces siempre es el fracaso porque, no estamos suficientemente preparados o madurados para el próximo desafío en la vida. La misma cosa pasa a nosotros en nuestro viaje espiritual. A veces, tenemos demasiado prisa para comenzar nuestro viaje espiritual sin, o con poca preparación.

En la primera lectura de hoy, Cristo instruyó a sus discípulos: “Quédense en Jerusalén hasta que el Padre cumple su promesa”. En el evangelio de hoy, religiosamente, los Apóstoles obedecieron esta instrucción: “Le hicieron homenaje, y volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban continuamente en el templo alabando a Dios.” Estaban en el templo en Jerusalén en espera de “la levadura” (el Espíritu Santo) que los ayudará a madurar espiritualmente. Al igual que en la producción de vino, esto era muy necesario para sacar la fuerza y dulzura en ellos para su misión. Así que, al igual que los discípulos de Cristo, debemos obedecer a Cristo, y permitir que su espíritu nos llene y a abrir los ojos de nuestra mente, como Pablo oró para nosotros hoy en nuestra segunda lectura: ” Le pido que les ilumine la mente.”

Por lo tanto, debemos prestar atención a lo que Jesús nos dice en el Evangelio de hoy. Como un maestro experimentado, Él sabe el terreno que estamos a punto de caminar. Él sabe cuán delicado son los corazones de los hombres de nuestra época. Él sabe cuán difícil es nuestra tarea, y lo que necesitamos para lograr éxito. Él sabe que sólo el Espíritu Santo puede ayudarnos.

Por lo tanto, la ascensión marca el comienzo del cumplimiento de la promesa de Cristo a nosotros. Así que, al celebrar hoy la solemnidad de la Ascensión, Jesús nos recuerda que independientemente de nuestro conocimiento y capacidad humana necesitamos una ayuda divina para ser exitosos. Esta ayuda divina vendrá del Espíritu Santo a quien debemos prestar atención todo el tiempo.

Hoy, como celebramos la Ascensión de Cristo, y esperamos el cumplimiento de su promesa el domingo de Pentecostés, oremos: “Señor, envía tu espíritu y renueva la faz de la tierra.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for the 7th Sunday of Easter (Ascension), Year C

Christ Goes up in Glory

Readings: 1st: Acts 1:1-11; Ps: 46; 2nd: Eph 1:17-23; Gos: Lk 24:46-53

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

“All peoples clap your hands, cry to God with shouts of joy…God goes up with shouts of joy and the Lord goes up with trumpet blast.” On this seventh Sunday of Easter, we celebrate the solemnity of Ascension. It is an important solemnity that marks the return of Jesus to the Father. Together with the Resurrection, it is a manifestation of the victory of Christ.

Ascension is a solemnity that sustains the hope of Christians that, one day we shall be where Christ is. The Catechism of the Catholic Church teaches that: “…Jesus Christ the head of the Church precedes us into His Father’s glorious kingdom, so that we the members of his body may live in the hope of one day being with him forever.” (665-667).

At times in life, we are too much in a hurry to begin, to make an impact, and to impress others. For example, young girls want to hook up with someone as quickly as possible without being prepared or mature for a relationship. Young men want to get rich as quickly as they could without learning or knowing the principles of success and prosperity. The result most times is always failure because we are not adequately prepared or mature to take up the next challenge in life. The same thing happens in the our spiritual journey. At times, we are too much in a hurry to begin our spiritual journey without, or with very little preparation.

In today’s first reading, Christ warned his disciples: “Remain in Jerusalem until the Father fulfils his promise.” In today’s gospel, the Apostles religiously obeyed this instruction: “They did him homage and returned to Jerusalem with great joy and were continually in the temple praising God.” They were in the temple in Jerusalem waiting for “the yeast” (the Holy Spirit) that will help the mature and age spiritually. As in wine production, this was very necessary to bring out the strength and sweetness in them for their mission. So, like them, we must obey Christ too and allow his Spirit to fill us and to open the eyes of our mind as Paul prayed for us today in our second reading: “May the eyes of your hearts be enlightened.”

Therefore, we must pay attention to what Jesus is telling us in today’s gospel. As an experienced master, He knows the terrain we are about to walk. He knows how delicate the hearts of men of our age are. He knows how tough our task is, and what it takes to be successful. He knows that only the Holy Spirit can help us.

Therefore, Ascension marks the beginning of the fulfillment of Christ’s promise to us. So, as we celebrate the solemnity of Ascension today, Jesus reminds us that irrespective of our knowledge and human capabilities we need a divine help in order to succeed. This divine help will come from the Holy Spirit to whom we must pay attention to all the time.

So, as we celebrate the Ascension of Christ today and expect the fulfillment of His promise on Pentecost Sunday, let us pray: “Sent forth your spirit O Lord, and renew the face of the earth.”

Peace be with you!

Maranatha!