Homily For The 27th Sunday Of Ordinary Time, Year C

Living and Walking by the Faith that never Fails Us

 Readings: 1st: Hab 1:2-3. 2, 2-4; Ps: 94:1-9; 2nd: 2 Tim 1:6-8. 13-14; Gos: Lk 17: 5-19

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this 27th Sunday of ordinary time, the holy mother church invites us to reflect on one of the most important Christian and theological virtues – Faith. It is the foundation of our Christian life. Faith gives us a new vision and version of life.

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Without faith, we see only the ugly and dark side of life. Without faith, we remain helpless and slaves to despair and hopelessness. Faith liberates us and helps us to see the power and love of God at work in our lives.

In the first reading of this Sunday, the church reminds us of this famous verse from the book of Habakkuk, “The just shall live by his faithfulness.” As human beings, at times in life, we find ourselves in the shoes of the prophet Habakkuk. We find ourselves helpless, and everything goes dark, and hope appears hopeless to us. It is part of the process of Christian growth and maturity.

The good news is that God will not fail us if we remain faithful during such moments. He will break his silence at his appropriate time to reassure us that he is there for us. Through these words, “The just shall live by his faithfulness, God encourages us to remain faithful in good deeds and actions. This faith in question is saving faith. The Just here is the one who still perseveres in good deeds. He is the one who still trusts in the saving power of God. He is the one who still prays to God.

In the second reading, Paul strikes the same note by admonishing us thus: “Fan into flame the gift that God gave you. Keep as your pattern the sound teaching you have heard from us, in the faith and love that are in Christ Jesus.” Here, the Apostle calls us to action. He awakens us to realize who we are. He reminds us of the power of God at work in us through the sound teachings we have received.

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He encourages us to preserve the faith (the sound doctrine) we have received from God through the Holy Spirit and His apostles. Hence, this simply reminds us that our journey is a journey of faith. This faith must be constantly questioned and also called into action. We must live this faith through our steadfastness and perseverance. This faith must be demonstrated through actions because: “Faith without action is dead” (James 2:26).

So, the type of faith we are talking about here is not the type that is blind and always asleep. No, it is the faith that sees good opportunities and takes advantage of them. It is not like the faith that most of us preach today that suggests that we should go to sleep every second and expect God to assume our responsibilities and solve all our problems. On the contrary, it is faith that moves us into action.

In today’s gospel, the Apostles of Christ reminds us of what we should be praying for each day. That is, praying to Christ: “Lord increase our faith.” Their humility and acceptance of their lack equally remind us of the importance of faith in our Christian life and journey.

Each time I read this passage, I remember this short story. A rusty shield once said to the sun, “dazzle me,” and the sun responded: “Polish yourself, and I will dazzle you.” Our Lord Jesus Christ is always ready to increase our faith. However, we must humbly ask for it. Second, we must make the necessary efforts through our actions.

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Finally, we need faith to persevere in good works. We need it to remain steadfast during difficult moments in life. We need more faith to trust in God’s will and judgment. So, we must humble ourselves each day to say: “Lord, increase our faith.”

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario, Año C

Vivir y caminar por la Fe que nunca nos falla

Lecturas: 1ra: Hab 1, 2-3. 2, 2-4; Sal: 94, 1-2. 6-9; 2da: 2 Tim 1, 6-8. 13-14; Ev: Lc 17, 5-19

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este vigésimo séptimo domingo del tiempo ordinario, la Santa Madre Iglesia nos invita a reflexionar sobre una de las más importantes virtudes cristianas y teológicas – fe. Es el fundamento de nuestra vida cristiana. La fe nos da una nueva visión y versión de la vida.

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Sin fe, podemos ver sólo el lado feo y oscuro de la vida. Sin fe, seguimos impotentes y esclavos de la desesperación y desesperanza. La fe nos libera y nos ayuda a ver el poder y el amor de Dios en acción en nuestras vidas. En la primera lectura de este domingo, se nos recuerda de este muy popular versículo del libro de Habacuc: “El justo vivirá por su fidelidad.”

Como seres humanos, a veces en la vida, nos encontramos nosotros mismos en la posición del profeta Habacuc. Simplemente nos encontramos indefensos y todo se vuelve oscuro y la esperanza aparece sin esperanza para nosotros. Es parte del proceso de madurez y crecimiento cristiano.

La buena noticia es que Dios no nos dejará si permanecemos fiel en esos momentos. Él definitivamente romperá su silencio en su propio tiempo apropiado para asegurarnos que Él está ahí para nosotros. A través de estas palabras, “el justo vivirá por su fidelidad,” Dios simplemente nos anima a permanecer fieles en acciones y buenas obras. Esta fe en cuestión es una fe salvadora. El justo aquí es el que aún persevera en buenas obras. Él es el que todavía confía en el poder de la salvación de Dios. Él es el que todavía reza a Dios.

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En la segunda lectura, Pablo toca la misma nota para amonestarnos así: “Reaviva el don de Dios que has recibido…Toma como norma las saludables enseñanzas que oíste de nosotros, de fe y de amor que están en Cristo Jesús.” Aquí, el apóstol nos llama a la acción. Él nos despierta para que nos demos cuenta de quiénes somos. Él nos recuerda el poder de Dios que trabaja en nosotros a través de las buenas enseñanzas que hemos recibido. Él nos anima a conservar la fe, (la doctrina sana) que hemos recibido de Dios mediante el Espíritu Santo y de sus apóstoles.

Por lo tanto, esto simplemente nos recuerda que nuestro camino es un camino de fe. Esta fe debe ser constantemente cuestionada, y también llamada a la acción. Debe ser vivida a través de la constancia y perseverancia. Esta fe debe ser demostrada a través de acciones porque: “Fe sin acción es muerta” (Santiago 2:26).

Por lo tanto, el tipo de fe que estamos hablando aquí no es fe ciega y siempre dormida. No, es la fe que ve buenas oportunidades y se las aprovecha. No es como la fe que la mayoría de nosotros predica hoy, que parece sugerir que debemos ir a dormir cada segundo y esperar que Dios asuma nuestras responsabilidades y resuelva todos nuestros problemas. Por el contrario, es una fe que nos lleva a la acción.

En el Evangelio, los apóstoles de Cristo nos recuerdan lo que debemos pedir cada día. Es decir, orando a Cristo: “Señor aumenta nuestra fe.” Su humildad y aceptación de su falta igualmente nos recuerda la importancia de la fe en nuestra vida cristiana y en nuestro viaje.

Cada vez que leo este pasaje, me acuerdo de este cuento. Una vez, un escudo oxidado dijo al sol: “resplandéceme,” y el sol le respondió: “Púlete tú mismo y te resplandeceré.” Nuestro Señor Jesucristo siempre está listo para aumentar nuestra fe. Sin embargo, debemos humildemente pedir por ella. En segundo lugar, debemos hacer los esfuerzos necesarios a través de nuestras acciones.

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Por último, necesitamos fe para poder perseverar en las buenas obras. La necesitamos para permanecer firmes durante los momentos difíciles en la vida. Necesitamos más fe para confiar en la voluntad y el juicio de Dios. Por lo tanto, debemos humillarnos cada día diciendo: “Señor, aumenta nuestra fe.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For The 26th Sunday Of Ordinary Time, Year C

Be Just and Work for Eternal Life!

Readings: 1st: Am 6:1. 4-7; Ps: 145:6-10; 2nd: I Tim 6:11-16; Gos: Lk 6:11-16

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this twenty-sixth Sunday of ordinary time, the church calls us to be just and work for eternal life. Hence, she encourages us to be dedicated and active in the “good fight of faith until the appearing of the Lord.”

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All the readings of this Sunday are continuations of the readings of last Sunday. They center on the day of God’s judgment. Most importantly, they point to the end of the unjust, the triumph and comfort of the poor and just.

In today’s first reading, the prophet Amos continues his treaty against the rich and influential of the society who oppress the weak and the poor. He pronounces God’s judgment on those who derive their joy and comfort from the miseries of the poor and the vulnerable.

This comfort will soon disappear as the snow disappears. In order words, their time would soon be up, and their evil comes to light because “Tempus omnia revelat” (time reveals all things).  Indeed, this would be the triumph and comfort of the poor.

Today’s gospel is unique because it touches a vital aspect of our Christian life and belief. That is eschatology or the theology of the end of time. First, it concerns the three last things: Death, judgment, and reward – heaven or hell (Heb 9:27). Second, it involves and reassures us of the comfort of those who mourn now on earth as Christ promised: “Blessed are those who mourn for they shall be comforted (Mt 5: 4).

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This famous adage, “Make hay while the sun shines,” captures the crucial lesson from today’s gospel. In order words, we must pay heed to the instructions of the good news of salvation while there is still ample opportunity for us to do so. Extreme comfort, and display of affluence here on earth that does not positively impact others, especially the poor, will not profit us much at the end of time. They will not guarantee our ticket into the “bosom of Abraham.”

Therefore, we need to pay attention to the word of God we hear every day. It calls us to use our earthly possession to help the poor and weak. The true and wise disciple of Christ is the one who understands this Latin adage, “Cotidiana vilescunt” (every day, things lose their appeal or value). This is hundred percent true and sure. Things retain their value only by serving and helping the society from which they come.

So, being mindful of the fact that this world shall pass away helps us a lot to prepare for the eternal kingdom. Only those who are focused and not distracted by the extreme comfort of this world will quickly notice and attend to the Christ in the “Lazarus” around them.

Finally, through the second reading of this Sunday, Paul advises us: “As a man dedicated to God, fight a good fight of faith to win for your selves the eternal life to which you are being called” This call to eternal life is for all.

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However, only those who work for it with faith, patience, love, gentility, and reverence for God and others will get there. Only those who show mercy to the poor, tweak, and just would be accepted into the bosom of Abraham. That is the eternal kingdom, where we can hope for better things.

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Sexto Domingo del tiempo Ordinario, Año C 

¡Sean justos y trabajen por la vida eterna! 
Lecturas: 1ra: Am 6, 1. 4-7; Sal: 145, 6-10; 2da: I Tim 6, 11-16; Ev: Lc 6, 11-16

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este vigésimo sexto domingo del tiempo ordinario, la Iglesia nos llama a ser justos y trabajar para la vida eterna. Por lo tanto, ella nos anima a ser dedicados y activos en la “buena batalla de la fe hasta la aparición del Señor.”

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Todas las lecturas de este domingo son continuaciones de las lecturas del domingo pasado. Ellas se centran en el día del juicio de Dios. Lo más importante, señalan el destino de los injustos y el triunfo y la comodidad de los pobres y justos.

En la primera lectura, el profeta Amós continúa su tratado contra los ricos y los afluentes de la sociedad que oprimen a los débiles y los pobres. Él pronuncia el juicio de Dios sobre aquellos que derivan de su gozo y comodidad de las miserias de los pobres y los débiles.

Esta comodidad pronto desaparecerá como la nieve desaparece. En palabras de orden, su tiempo terminará pronto. Sus maldades finalmente serán reveladas y expuestas porque, el tiempo revela todas las cosas (“tempus omnia revelat). De hecho, esto sería el triunfo y la comodidad de los pobres.

El Evangelio de hoy es único, en el sentido que se toca un aspecto muy importante de nuestra vida cristiana y creencia. Es decir, escatología, teología del fin del tiempo o de los últimos días. Primero se refiere a las tres últimas cosas muy importantes: muerte, juicio y recompensa – cielo o infierno (Heb 9:27). En segundo lugar, se refiere y reafirma a nosotros de la comodidad de los que lloran ahora en la tierra como Cristo prometió: “Bienaventurados los que lloran porque serán confortados (Mt 5:4).

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Una lección muy importante del evangelio de hoy podría ser capturada en este dicho popular: “Hacer heno mientras que el sol brilla.” En palabras de orden, debemos prestar atención a las instrucciones de la buena nueva de la salvación mientras que todavía hay una gran oportunidad para nosotros.

Comodidad excesiva y visualización de la prosperidad aquí en la tierra que no imparte positivamente en la vida de los demás, especialmente de los pobres, no nos beneficiará mucho al final de los tiempos. No garantizaran nuestro boleto en el seno de Abraham.

Por lo tanto, necesitamos que prestar atención a la palabra de Dios que oímos todos los días. Nos llama a usar nuestro poder terrenal para ayudar a los pobres y débiles. El verdadero discípulo sabio de Cristo es el que entiende este adagio latino: “cotidiana vilescunt” (las cosas cotidianas pierden su valor, no se aprecian). Esto es cien por ciento cierto y seguro. Las cosas conservan su valor sólo por servir y ayudar a la sociedad de la que se derivan.

Así, siendo consciente de que este mundo pasará nos ayuda mucho a prepararnos para el reino eterno. Sólo aquellos que están enfocados y no distraídos por la excesiva comodidad de este mundo fácilmente notarán y atenderán al Cristo en el “Lázaro” alrededor de ellos.

Por último, a través de la segunda lectura de este domingo, Pablo nos aconseja: “Hermano, tú como hombre de Dios, lleva una vida de rectitud, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre. Lucha en el noble combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado…” Esta llamada a la vida eterna es para todos.

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Sin embargo, sólo aquellos que trabajan para ella con fe, amor, paciencia, ternura, reverencia para Dios y para otros, la alcanzarán. Sólo aquellos que muestran misericordia a los pobres, los débiles y los justos serían aceptados en el seno de Abraham. Es decir, el reino eterno, donde “mejores cosas se pueden esperar.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For The 25th Sunday Of Ordinary Time, Year C

Christ Defends the Poor and the Oppressed

Readings: 1st: Am 8:4-7; Ps: 112:1-2. 4-8; 2nd: I Tim 2:1-8; Gos: Lk 16:1-13

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this twenty-fifth Sunday of ordinary time, the Church urges us to reflect on our attitude towards money, material things, and especially, our attitude towards the poor and the marginalized. Injustice, greed, and oppression are among the greatest factors that have perpetuated poverty in our society.

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In today’s first reading, the prophet Amos condemns injustice and oppression against the poor. He wrote about when the rich took all the land and “enslaved” the poor in their farmlands. They exported food to make more money for themselves, while the poor starved and died of hunger.

Today, we face similar situations all over the world. While some cannot afford one meal per day, others waste money on useless projects. Sometimes, the excuse we give is that the poor are lazy or that there would always be poor people in the world. These are weak excuses. The truth is that there is much greed, injustice, and corruption in our world.

Today, Paul implores us to pray for everyone especially, kings, rulers, and government leaders. This prayer is necessary for conversion and wisdom. If our leaders are converted and become wise, they will help to stop corruption, injustice, and oppression in our land and systems.

This is very important because, as Paul puts it: “God wants everyone to be saved and reach the full knowledge of the truth.” This truth is that there is only one God and that we all are His children. He loves us all equally and wishes that we all prosper and be in health, even as our soul prospers.

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Once we understand this, selfishness will disappear, and we shall begin to consider the interest and good of others. It is God’s will to save all. This includes salvation from starvation, injustice, greed, and corruption that has destroyed our world and left many poor.

In the gospel, Jesus reminds us of the fact that money and material things do not last forever. Hence, he advises us on how to make use of them without losing our salvation. There is a saying that “The best way to invest is to invest in the poor.” We should therefore learn to invest in the poor to improve their conditions. Amassing wealth for ourselves without using them to help those in need only amounts to greed and selfishness.

Money and wealth have value only when used wisely to help those around us. Only fools hold tenaciously to money and wealth above God and to the detriment of the poor. Also, only the ungodly use their wealth to oppress the poor and the weak. This is because they are like “the fool who says there is no God” (Ps 14:1).

On the contrary, the wise use his wealth to help those in need and store wealth for himself in heaven. Therefore, it is important to know that we are only it’s managers when God blesses us with wealth. God gives us wealth to help and improve the lives of those in need. It is not meant only for our families and us. So, we must be charitable with it.

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Finally, we must not manipulate the poor and the needy for economic gains. This is because any form of injustice or oppression against the poor and weak cry’s out to God for vengeance as the blood of Abel did (Gen 4:10). Christ is the defender of the poor and the marginalized. As the psalmist says: “He raises the poor and lifts the lowly from the dust.”

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario, Año C

Cristo Defiende a Los Pobres y los Oprimidos 
Lecturas: (1ra: Am 8, 4-7; Sal: 112, 1-2. 4-8; 2da: I Tim 2, 1-8; Ev: Lc 16, 1-13)

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

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(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este vigésimo quinto domingo del tiempo ordinario, la Iglesia nos insta a reflexionar sobre nuestra actitud hacia el dinero, las cosas materiales y especialmente, nuestra actitud hacia los pobres. Injusticia, avaricia, y opresión son entre los principales factores que han perpetuado la pobreza en nuestro mundo.

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En la primera lectura, el profeta Amós condena la injusticia y la opresión contra los pobres. Escribió en un momento cuando los ricos tomaron posesión de todo terreno y “esclavizaron” a los pobres. Se exportaron alimentos para ganar más dinero para ellos mismos, mientras que los pobres sufrieron y murieron de hambre. 

Hoy, nos enfrentamos a una situación similar en nuestro mundo. Mientras que algunos no pueden conseguir una comida al día, otros malgastan dinero en proyectos inútiles. A veces, la excusa es que los pobres son perezosos, o que siempre habría los pobres en el mundo. Estas son excusas débiles. La verdad es que hay mucha codicia, injusticia y corrupción en nuestro mundo.

Hoy, Pablo nos llama a orar por gobernantes, líderes y autoridades. Esta oración es muy necesaria para su conversión y para que Dios los llena con su sabiduría. Si son convertidos y sabios, ayudarán a detener corrupción e injusticia en nuestros mundo y sistema. Esto es muy importante porque, como Pablo lo pone: “Dios quiere que todos sean salvos y alcancen el pleno conocimiento de la verdad.”  Esta “verdad” es que, hay un solo Dios y todos somos sus hijos. Dios ama a todos, y desea que todos, prosperamos tanto en salud y en nuestras almas.

Una vez que entendamos esto, desaparecerá el egoísmo. Comenzaremos a tener en cuenta el interés y el bien de los demás. Es la voluntad de Dios que todos seamos salvos. Esto incluye ser salvado del hambre, injusticia, codicia y la corrupción que ha destruido nuestro mundo y dejado a muchos pobres.

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En el Evangelio, Jesús nos recuerda el hecho de que las cosas materiales no duran para siempre. Por lo tanto, nos aconseja sobre cómo usarlos sin perder nuestra salvación. Hay un refrán que dice que: “La mejor manera de invertir es invertir en los pobres.” Por lo tanto, debemos aprender como invertir en los pobres para mejorar sus condiciones. La acumulación de riqueza solo para nosotros mismos sin utilizarlas para ayudar a los necesitados equivale a la avaricia y el egoísmo.

Dinero y la riqueza sólo tienen valor cuando se utilizan sabiamente para ayudar a los necesitados. Sólo los insensatos prestan más atención al dinero y a la riqueza que al Dios, y en detrimento de los pobres. Esto es porque son como “el insensato que dice que no hay Dios” (Sal 14:1). Por el contrario, el sabio usa su riqueza para ayudar a los necesitados.

Por lo tanto, es importante saber que cuando somos bendecidos por Dios con riquezas, somos sólo su administrador. La riqueza es dada a nosotros para ayudar y mejorar las vidas de los necesitados. No es sólo para nosotros y nuestras familias. Así que, debemos ser caritativos con nuestra riqueza. 

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Por último, no debamos manipular a los pobres y los necesitados por ganancias económicas. Cualquier forma de injusticia y opresión contra los pobres clama de la tierra hacia a Dios como hizo la sangre de Abel (Gen 4:10). Cristo es el defensor de los pobres y los marginados. Como el salmista dice. ” Dios levanta del polvo al pobre y saca del muladar al necesitado.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For The 24th Sunday Of Ordinary Time, Year C

The Lord is Merciful and Compassionate

 Readings: 1st: Ex 32:7-11.13-14; Ps: 50:3-4. 13.17; 2nd: I Tim 1:12-17; Gos: Lk 15:1-32

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this twenty-fourth Sunday of ordinary time, united by our faith in Christ, we have gathered in the presence of our Lord, who is merciful and compassionate. The second preface of the weekday Mass says, “Almighty and Eternal God, in goodness You created man, and when he was justly condemned, in mercy and love You redeemed him through Christ our Lord…” This is the summary of this Sunday’s message.

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Today, the church offers us another golden opportunity to reflect on God’s mercy and compassion. The coming of Christ is the manifestation of God’s mercy on us. One crucial fact common to the readings of this Sunday is the readiness of God to welcome and receive us irrespective of how much we have fallen and gone away from him.

In the first reading of today, we discover a God who is faithful to his vows. He also demonstrated that his love and mercy surpass his anger and judgment. As a merciful and compassionate father, God heard the prayers of Moses on behalf of his people. Hence, He fulfilled his promise that “If my people, called by my name, will humble themselves and pray, I will hear from heaven, and I will forgive their sin.” (2 Chr 7:14).

A vital lesson we must learn from this reading is the power of intercession for both ourselves and others. Like Moses, the Christ we celebrate today relentlessly continues to intercede for us every day. This is especially at the sacrifice of the Holy Mass. So, we must not be tired of interceding for one another and our world before our merciful and compassionate Lord. So, we must approach Him in prayers always, reminding him of his promises as Moses did.

In the second reading, Paul reminds us that, like himself, we are all products of God’s mercy. In this reading, Paul recounted how his salvation was made possible through the intercession and mercy of Christ. Hence, like Paul, let us take advantage of this same saving mercy of God for our eternal salvation. Let us also be grateful to Him, who shows us mercy through Christ.

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In today’s gospel, the Pharisees accused Christ of welcoming sinners. Through his action and parables, He demonstrated how merciful and compassionate he is towards us. Despite our sins and stubbornness, Christ is willing to welcome us back to himself. Each day, He beckons us: “Come let us settle the matter, even though your sins are as red as crimson, you shall be as white as snow” (Is 1:18-19). Through his merciful and compassionate heart, He is ready to make all things new for us again. It does not matter what it will cost Him.

So, like the prodigal son, it is time to accept this invitation. It is time to return to the merciful and compassionate Lord whose mercy surpasses his judgment and wrath. God has made our return very easy through Jesus Christ. So, all we need is to realize ourselves.

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Sincerely, and humbly we must make an important decision as the prodigal son did by saying, “I will leave this place and go back to my father.” We must not be ashamed to return to God our father because “His steadfast love never ceases, and His mercy never comes to an end. They are new every morning, and great is His faithfulness” (Lam 3:22-23).

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario, Año C

El Señor es Misericordioso y Compasivo 
Lecturas: 1ra: Ex 32, 7-11.13-14; Sal: 50, 3-4. 13,17; 2da: I Tim 1, 12-17; Ev: Lc 15, 1-32

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este vigésimo cuarto domingo del tiempo ordinario, unido por nuestra fe en Cristo, hemos congregado en la presencia de nuestro Señor y Dios que es misericordioso y compasivo. El segundo prefacio común de la Misa del día de la semana dice: “…Dios todopoderoso y eterno, que por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, con tu misericordia lo redimiste…” Este es el resumen del mensaje de este domingo.

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Hoy, la Iglesia nos ofrece otra oportunidad para reflexionar sobre la misericordia y compasión de Dios. Esto se revela plenamente en su hijo Jesucristo. Un hecho importante que corre a través de todas las lecturas de este domingo es la preparación de Dios para acoger y recibirnos, aunque hemos caído e ido lejos de Él.

En la primera lectura de hoy, descubrimos un Dios que es fiel a su palabra. Él también demostró que su amor y misericordia supera su ira y juicio. Como un padre misericordioso y compasivo, Dios escuchó las oraciones de Moisés en nombre de su pueblo. Por lo tanto, cumplió su promesa que dice: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra…” (2 Cro 7:14).

Una muy importante lección que hay que aprender de esta lectura es, el poder de la intercesión para tanto nosotros mismos y para los demás. Como Moisés, el Cristo que celebramos hoy, sigue intercediendo por nosotros cada día sin cesar. Esto es especialmente en el sacrificio de la Santa Misa. Por lo tanto, no debemos cansarnos de interceder por los demás y por nuestro mundo ante nuestro misericordioso y compasivo Señor. Por lo tanto, debemos enfrentarle en oraciones siempre, recordando sus promesas como lo hizo Moisés.

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En la segunda lectura, Pablo nos recuerda que, como él, somos todos, productos de la misericordia de Dios. En esta lectura, Pablo relató cómo su salvación fue posible por la intercesión y la misericordia de Cristo. Por lo tanto, como Pablo, aprovechemos esta misma misericordia salvadora de Dios para nuestra propia salvación eterna. También, seamos agradecidos a Él, que nos muestra la misericordia por medio de Cristo.

En el Evangelio de hoy, Cristo fue acusado por acoger a los pecadores. A través de su acción y parábolas, se demostró cuán misericordioso y compasivo es hacia nosotros. A pesar de nuestros pecados y terquedad, Cristo está dispuesto a recibirnos a sí mismo. Cada día, Cristo nos invita: “Vengan para que arreglemos cuentas. Aunque sus pecados sean rojos, quedarán blancos como la nieve…” (Is 1:18). A través de su corazón misericordioso y compasivo, Cristo está dispuesto a hacer todas las cosas nuevas para nosotros otra vez. No importa lo que le costará.

Así que, como el hijo pródigo, es hora para aceptar esta invitación. Es hora de volver al Señor, el misericordioso y compasivo cuya misericordia supera su ira y juicio. Dios ha hecho nuestro regreso muy fácil por medio de Jesucristo. Así que, todo lo que necesitamos es realizarnos nosotros mismos.

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Sincera y humildemente debemos tomar una decisión muy importante como el hijo pródigo: “Dejaré este lugar y volveré a mi padre.” No debemos estar avergonzados de volver a Dios nuestro padre, porque: “Su amor nunca cesa, y su misericordia nunca llega a su fin. Son nuevas cada mañana, y grande es su fidelidad”(Lam 3:22-23). 

¡La paz sea con ustedes! 

¡Maranatha!

Homily For The 23rd Sunday Of Ordinary Time, Year C

Commitment And Self-Sacrifice

Readings: 1st: Wis 9, 13-18; Ps: 89, 3-6. 12-14; 2nd: Phlm 9, 10. 12-17; Gos: Lk 14, 25-33

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. He was the chancellor of the Diocese of Fajardo Humacao, Puerto Rico. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at: canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this twenty-third Sunday of ordinary time, the church celebrates the spirit of commitment and self-sacrifice of Christ. The spirit of self-sacrifice motivates one to do the unimaginable. This spirit made Jesus give up everything, including his own life, for our sake. So, through this same spirit, we can become true disciples of Christ.

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Today’s first reading draws our attention to the depth of the wisdom of God. He alone knows his intentions for humanity. However, God has fully revealed this intention in Christ, who sacrificed himself willingly to save us. So, it is the spirit of wisdom that helps us to penetrate the mystery of God’s intention revealed in Christ. In this way, this mystery becomes spirit and life for us.

In the second reading, Paul sent back Onesimus to Philemon in the spirit of sacrifice. Although Paul needed Onesimus and had every right to retain him, he returned to his former master Philemon who equally needed him. Philemon also had to sacrifice something. He has to drop all his misgiving against Onesimus. So, Paul encouraged him to receive Onesimus as a brother rather than as a slave.

Hence, Paul teaches us that we can equally sacrifice our comfort in order to restore that of others. Also, we must be ready to make some sacrifices to repair and restore relationships. There is nothing we cannot sacrifice for the sake of God and humanity.

In today’s gospel, Jesus invites us to imbibe his spirit of commitment and sacrifice in order to be his true disciples. He says, “If any man comes to me without hating his father, mother, wife…and his own life too, he cannot be my disciple.” What does Christ mean by “hating”? He teaches and calls us to make a sacrifice and commit to our missions and calls.

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Christ is not literarily calling us to hate the members of our family to be his disciples. He loved and obeyed his parents. Also, his mother, Mary, was one of His first and best disciples. So, we too must love members of our family. He is not in any way preaching the gospel of hatred. Instead, he wants us to be more committed to his ministry. He wants us to be willing to sacrifice our comfort whenever duty calls.

Maximilian Kolbe did this in the Auschwitz concentration camp in 1941 by offering his life for a fellow prisoner so that he might live to take care of his family. Christ wants us to imbibe Paul’s spirit of sacrifice and commitment.

To be Christ’s disciple means being ready to make sacrifices. Carrying our cross and following Christ also means subduing our own will in order to do his. That is, to be prepared to give up anything. Without commitment and sacrifice, we remain attached to our will and cannot be faithful disciples of Christ. Without it, we cannot see the needs of others.

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Finally, commitment and sacrifice help us to give up anything to gain all. It disposes us to be better disciples of Christ. It helps us to be better husbands, wives, parents, and children. It helps us to be better leaders and even servants. In the spirit of commitment and sacrifice, the wisdom of God becomes fully alive and active in us. It also helps us deepen our trust in God’s divine providence and protection. Hence, we can confidently proclaim: “O Lord, you have been my refuge from one generation to the next.”

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía del Vigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, Año C

Compromiso y Auto Sacrificio 
Lecturas: (1ra: Sab 9, 13-18; Sal: 89, 3-6. 12-14; 2daFil 9, 10 -17; Ev: Lc 14, 25-33)

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este vigésimo tercer domingo del tiempo ordinario, la Iglesia celebra el espíritu de compromiso y sacrificio de Cristo. El espíritu de auto sacrificio motiva a hacer lo inimaginable. Este era el espíritu que hizo que Jesús renunciara a todo, incluso a su propia vida para nuestro bien. Así, a través de este mismo espíritu, podemos llegar a ser verdaderos discípulos de Cristo.

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La primera lectura de hoy llama la atención sobre la profundidad de la sabiduría de Dios. Sólo Él sabe sus intenciones para la humanidad. Sin embargo, esta intención ha sido plenamente revelada en Cristo, que voluntariamente se sacrificó para salvarnos. Por lo tanto, es el espíritu de la sabiduría que nos ayuda a penetrar en el misterio de la intención de Dios revelado en Cristo. De esta manera, se convierte en espíritu y vida para nosotros.

En la segunda lectura, Pablo envió a Onésimo hacia Filemón en el espíritu de sacrificio. Aunque Pablo necesitaba a Onésimo y tenía todo el derecho a retenerlo, le permitió Filemón volver a su antiguo amo, que igualmente le necesitaba. Filemón también tenía que sacrificar algo. Él tiene que soltar todo su recelo contra Onésimo. Por lo tanto, se amonestó para recibir a Onésimo como un hermano, más que como un esclavo.

Por lo tanto, Pablo nos enseña que igualmente, podemos sacrificar nuestra comodidad para restaurar a los demás. También, debemos estar dispuestos a hacer algunos sacrificios para reparar y restaurar las relaciones.

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En el Evangelio de hoy, Jesús nos invita a emular su espíritu de compromiso y sacrificio con el fin de ser sus verdaderos discípulos. Él dice: “Si alguno viene a mí sin odiar a su padre, madre, esposa… y su propia vida también, él no puede ser mi discípulo.” ¿Qué quería decir Cristo con “odiar”? Él simplemente nos enseña y nos llama a aprender a hacer sacrificios y para estar comprometidos con nuestras misiones y llamadas.

Cristo no nos está llamando literalmente a odiar a los miembros de nuestra familia para ser sus discípulos. Él amaba y obedecía a sus propios padres. Además, su madre María era una de sus primeras y mejores discípulos. Por lo tanto, debemos amar a los miembros de nuestra familia. No está de ninguna manera predicando el evangelio del odio. Más bien, quiere que seamos más comprometidos con su ministerio. Quiere que estemos dispuestos a sacrificar nuestra propia comodidad cuando el deber llama.

Maximiliano Kolbe hizo esto en el campo de concentración de Auschwitz en 1941, ofreciendo su vida por un compañero de prisión, para que él pudiera vivir para cuidar de su familia. Cristo quiere que imitemos el espíritu de sacrificio y compromiso de Pablo.

Para ser discípulos de Cristo, significa estar dispuestos a hacer sacrificios. Llevar nuestra cruz y seguirle a Cristo significa someter nuestra voluntad para hacer su voluntad. Es decir, estar dispuestos a dejarlo todo. Sin compromiso y sacrificio, nos mantendremos apegados a nuestra voluntad y, por lo tanto, no podemos ser verdaderos discípulos de Cristo. Sin compromiso y sacrificio, no podemos ver las necesidades de los demás.

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Finalmente, el compromiso y el sacrificio nos ayudan a renunciar a cualquier cosa para ganarlo todo. Nos ayudan para ser mejores discípulos de Cristo. Nos ayudan a ser mejores esposos, esposas, padres, e hijos. Nos ayuda a ser mejores líderes e incluso servidores. En el espíritu de compromiso y sacrificio, la sabiduría de Dios se convierte totalmente viva y activa en nosotros. También, nos ayuda a profundizar nuestra confianza en la divina providencia y protección de Dios. Por lo tanto, con confianza podemos proclamar: “Oh, Señor has sido mi refugio de generación en generación.”

¡La paz sea con ustedes! 

¡Maranatha!