Tuesday, XXVI Week of Ordinary Time, Year A

Saints Michael, Gabriel, and Raphael Pray for Us

Readings: 1st: Dn 7:9-10.13-14; Ps: 138; Gos: Jn 1:47-51

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico, the island of enchantment. He is the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico; the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canovanas and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and Dominican Republic. For more details and comments contact him at:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today the Tuesday of the twenty-sixth week of ordinary time, the Church celebrates the feast of Saints Michael, Gabriel, and Raphael, archangels. These three archangels are venerated in the tradition of the Church.

Michael, whose name means “who is like God?” was the archangel who fought against Satan and all his evil angels.

Gabriel, whose name means “strength of God,” announced the birth of John the Baptist and the birth of Jesus (Luke 1:26-38).

Raphael, whose name means medicine of God, is the archangel who took care of Tobias on his journey.

Today’s gospel presents us with the encounter and dialogue between Jesus and Nathaniel. There are two essential virtues and characteristics of Nathaniel that we must learn and emulate today: Sincerity and openness.

Unfortunately, these are the first causalities as we advance in age and culture. Even among pious Christians, at times, we come across secret agendas, ambitions, and ulterior motives.

Initially, Nathaniel doubted: “Can anything good come from Nazareth? He asked. However, after a divine encounter, he sincerely believed in Christ and exclaimed: “Rabbi, you are the Son of God; you are the King of Israel.”

An open and sincere heart is one that is open to evidence. It is humble, ready to learn, and to overcome difficulties in life. It is one that works and walks with God to achieve great things in life.

Seeing the sincerity and faith of Nathaniel, Christ made a promise to him: “Amen, amen, I say to you, you will see heaven opened and the angels of God ascending and descending on the Son of Man.”

The good news for us today is that this promise is not limited to Nathaniel alone, but to all those who maintain purity, sincerity, and openness of heart.

So, we all have the opportunity to share in this promise, if only we can emulate the sincerity and openness of Nathaniel as we grow and advance in life.

Peace be with you all.

Maranatha!

Martes, XXVI Semana del Tiempo Ordinario, Año A

Santos Miguel, Gabriel y Rafael, ruegan por Nosotros

Lecturas: 1ra: Dn 7:9-10.13-14; Sal:138; Ev: Jn 1:47-51

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el martes de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario, la Iglesia celebra la fiesta de los santos Miguel, Gabriel y Rafael, arcángeles. Estos tres arcángeles son venerados en la tradición de la Iglesia.

Michael, cuyo nombre significa “¿quién es como Dios?” fue el arcángel que luchó contra Satanás y todos sus ángeles malignos.

Gabriel, cuyo nombre significa “fuerza de Dios”, anunció el nacimiento de Juan el Bautista y el nacimiento de Jesús (Lucas 1:26-38).

Rafael, cuyo nombre significa medicina de Dios, es el arcángel que cuidó de Tobías en su viaje.

El Evangelio de hoy nos presenta el encuentro y el diálogo entre Jesús y Nathaniel. Hay dos virtudes y características esenciales de Nathaniel que debemos aprender y emular hoy: sinceridad y franqueza.

Desafortunadamente, estas son las primeras causalidades a medida que avanzan en la edad y la cultura. Incluso entre los cristianos piadosos, a veces, nos encontramos con agendas secretas, ambiciones y motivos ulteriores.

Inicialmente, Natanael dudó: “¿puede venir algo bueno de Nazaret? Preguntó. Sin embargo, después de un encuentro divino, él creyó sinceramente en Cristo y exclamó: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel”.

Un corazón abierto y sincero es uno que está abierto a la evidencia. Es humilde, listo para aprender y para superar las dificultades de la vida. Es uno que trabaja y camina con Dios para lograr grandes cosas en la vida.

Al ver la sinceridad y la fe de Nathaniel, Cristo le hizo una promesa: “Amén, amén, os digo que verás el cielo abierto y los ángeles de Dios ascendiendo y descendiendo sobre el Hijo del Hombre.”

La buena noticia para nosotros hoy es que esta promesa no se limita sólo a Nathaniel, sino a todos aquellos que mantienen pureza y sinceridad de corazón.

Por lo tanto, todos tenemos la oportunidad de compartir esta promesa, si sólo podemos emular la sinceridad y la apertura franqueza de Nathaniel a medida que crecemos y avanzamos en la vida.

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

Monday, XXVI Week of Ordinary Time, Year A

Who is the Greatest?

Readings: 1st: Job 1:6-22; Ps: 17; Gos: Lk 9:46-50

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico, the island of enchantment. He is the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico; the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canovanas and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and Dominican Republic. For more details and comments contact him at:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today is the Monday of the twenty-sixth week of ordinary time. Today Luke presents an argument that ensued among Christ’s disciples and how Christ resolved the dispute.

It is interesting to note that this argument started after Christ talked about his imminent suffering, death, and resurrection. Unfortunately, instead of reflecting on what Christ was saying, his disciples were busy quarreling secretly over who was the greatest.

Of course, they argued because of the earthly government they imagined that Christ had come to establish. So, Christ’s disciples were experiencing a conflict of interest.

This is what we often see in any society, church, family, and anywhere, personal ambition is considered more important than anything else. There, we see in-fighting, gossips, indifference, aggression, threats to lives and properties, hatred, and all sorts of vices.

All these come at the expense of the common good and peaceful coexistence. Wherever these exist, there can be no progress, prosperity, and peace.

Therefore, by using a child as an example for us today, Jesus is only teaching us that we have to become like children to be great.

Of course, this does not mean being childish. Instead, it means being child-like. It means that we have to live our lives in humble service to God and one another.

To be great is to be focused on something other than oneself. It means our ability to accommodate, welcome, and work in harmony with others, just as children always do.

Finally, it means the ability to serve others rather than being served. It means a humble sacrifice. It also means the readiness to accept the truth and to reflect positively on it.

Peace be with you all.

Maranatha!

Lunes, XXVI Semana del Tiempo Ordinario, Año A

¿Quién es el más grande?

Lecturas: 1ra: Job 1:6-22; Sal:118; Ev: Lc 9:46-50

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el lunes de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario. Hoy Lucas nos presenta un argumento que se surgió entre los discípulos de Cristo, y cómo Cristo resolvió lo argumento.

Es interesante notar que este argumento comenzó después de que Cristo hablara de su inminente sufrimiento, muerte y resurrección.

Desafortunadamente, en lugar de reflexionar sobre lo que Cristo estaba diciendo, sus discípulos estaban ocupados discutiendo en secreto sobre quién era el más grande.

Por supuesto, su argumento estaba dirigido al gobierno terrenal que imaginaban que Cristo había venido a establecer. Así que, los discípulos de Jesús estaban experimentando un conflicto de intereses.

Esto es lo que vemos en cualquier sociedad, iglesia, familia, y de hecho en cualquier lugar que la ambición personal se considera más importante que cualquier otra cosa, vemos lucha, chismes, indiferencia, agresión, amenazas a la vida y las propiedades, el odio y todo tipo de vicios.

Todos estos, vienen a la expensa del bien común y la convivencia pacífica. Dondequiera que existen, no habrá progreso, prosperidad y paz.

Por lo tanto, al usar a un niño como ejemplo para nosotros hoy, Jesús simplemente nos está enseñando que tenemos que ser como niños para ser grandes.

Por supuesto, esto no significa ser infantil. Más bien, significa ser como niños. Significa que, tenemos que vivir nuestras vidas en humilde servicio a Dios y el uno al otro.

Ser grande no es enfocarse solamente en uno mismo. Significa nuestra capacidad de acomodar, acoger y trabajar en armonía con los demás como lo hacen los niños.

Finalmente, Significa la capacidad de servir a los demás, en lugar de ser servido. Significa un humilde sacrificio. También, significa la disposición de aceptar la verdad y, reflejar positivamente en ella.

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!

Homily for Twenty Sixth Sunday of Ordinary Time, Year A

Obedience to God’s Will

Readings: 1st: Ez 18:25-28; Ps: 24:4-9; 2nd: Phil 1:1-11; Gos: Mt 21:28-32

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico, the island of enchantment. He is the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico; the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canovanas and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and Dominican Republic. For more details and comments contact him at:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

This Sunday, the Church draws our attention in a most special way to the importance of obedience to God. There is a popular saying that “obedience is the first law in heaven.” It is obedience that will help us to be like Christ, who obeyed His Father unto death.

In our first reading, God responded to Israel’s accusation that he was unjust, because he allowed them to be subdued by their enemies. He condemns their attitude of disobedience. This was Israel’s case throughout their history. Due to their pride, and disobedience, they suffered slavery and deportation to Egypt, Persia, and to Assyria.

However, when they realized returned to God in obedience, He restores them. Hence, God reminds them that: “When the upright man renounces his integrity to commit sin because of this he dies of the evil that he himself committed.” In order words, renouncing the path of integrity is disobedience. Its consequence is death.

God is always giving us time and a new opportunity. If we return to the part of integrity through obedience to His will, we shall be restored to life. In order words, disobedience brings alienation from God. This is equally spiritual death. On the other hand, obedience draws us closer to God.

In the second reading, Christ is presented to us as the epitome and model of obedience to the will of God. However, Paul first reminds us of what God wants from us as a community. He says: “…Be united in your convictions and in your love…God does not want competition among you, no conceit…instead, everyone must be self-effacing. Always consider the other better than…” He concludes: “In your minds you must be the same as Christ Jesus…”

In what way or sense are we to be the same as Christ? Simple! We are to be the same as Christ in obedience and humility. In other words, we can only be true Christians in obedience to God’s will. His will includes what Paul enumerates above. That is, to love and respect one another and also to live according to God’s commands.

The gospel of today presents us with yet another popular parable of Jesus. The first son represents the tax collectors, prostitutes and sinners. While the second son represents the Pharisees, Scribes and mere church goers. Looking at the two sons, one will find that both failed their father in one way or the other. The first failed in words: “I will not go!” However, after due reflection, he changed his mind and obeyed his father. Hence, what he failed to do in words he did in action.

The second failed his father both in words and action. First, he made a false promise: “Surely, I will go.” Also, he failed his father by not acting as he promised. This second son represents most of us who pay lip service to God: “These people honor me with their lips, but their hearts are far from me” (Mt 15, 18). He represents most of us who during the sacraments of Baptism, Confirmation, Holy Orders and Matrimony, responded “I will to every question, but do not fulfill them.

Faith we know does not consist merely in affirming true doctrine, but also includes something greater and deeper. The hearer is to deny himself and commit his whole life to God in truth, humility and obedience to His will. To be like Christ, we must harmonize the action of the first son, and the word of the second son in order to do God’s will.

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilia del Vigésimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

Obediencia a la Voluntad de Dios

Readings: 1ra: Ezek 18:25-28; Ps: 24:4-9; 2da: Flp 1:1-11; Ev: Mt 21:28-32

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Este domingo, la iglesia llama nuestra atención de una manera muy especial a la importancia de la obediencia a Dios. Hay un refrán popular de que “la obediencia es la primera ley en el cielo”. Obediencia nos ayuda a ser como Cristo, que obedeció a su padre hasta la muerte.

En nuestra primera lectura, Dios respondió a la acusación de Israel de que era injusto, porque les permitía ser derrotado por sus enemigos. Condena su actitud de desobediencia. Este fue el caso de Israel a lo largo de su historia. Debido a su orgullo y desobediencia, sufrieron la esclavitud y la deportación a Egipto, Persia y Asiria.

Sin embargo, cada vez que se arrepintieron, Dios los restaura. Por lo tanto, Dios les recuerda que: “Cuando el hombre recto renuncia a su integridad para cometer pecado a causa de esto, él muere del mal que él mismo cometió”. En palabras de orden, renunciar a la senda de la integridad es la desobediencia. Su consecuencia es la muerte.

Dios siempre nos da tiempo y una nueva oportunidad. Si volvemos a la parte de la integridad a través de la obediencia a su voluntad, nos restaurará a la vida. En palabras de orden, la desobediencia trae la alienación de Dios. Esto es igualmente muerte espiritual. Por otro lado, la obediencia nos trae cerca a Dios.

En la segunda lectura, nos presenta a Cristo como el epítome y modelo de obediencia a la voluntad de Dios. Sin embargo, Pablo primero nos recuerda lo que Dios quiere de nosotros como comunidad. Él dice: “… Esten unidos en sus convicciones y en su amor… Dios no quiere la competencia entre ustedes, ni la vanidad.” Él concluye: “en sus mentes deben ser los mismos que Cristo Jesús…”

¿De qué manera o sentido debemos ser los mismos que Cristo? ¡Simple! Debemos ser los mismos que Cristo en obediencia y humildad. En otras palabras, sólo podemos ser verdaderos cristianos a través nuestra obediencia a la voluntad de Dios. Su voluntad incluye lo que Pablo enumera arriba. Es decir, amar y respetarse unos a otros, y también vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios.

El Evangelio de hoy nos presenta otra parábola popular de Jesús. El primer hijo representa a los recaudadores de impuestos, prostitutas y pecadores. Mientras que, el segundo hijo representa a los fariseos, escribas y meros asistentes de la iglesia. Evaluando los dos hijos, es cierto que ambos fallaron a su padre de una manera u otra.

El primero desobedeció y falló en palabras: “¡No voy a ir!” Sin embargo, después una debida reflexión, se cambió su corazón y obedeció a su padre. Por lo tanto, lo que él no pudo hacer en palabras lo hizo en la acción. El segundo falló a su padre tanto en sus palabras como en su acción. En primer lugar, hizo una promesa falsa. Dice a su padre, “iré” pero no fue. Además, falló a su padre al no actuar como prometió.

Este segundo hijo representa a la mayoría de nosotros que pagamos el servicio de labios a Dios: “Este pueblo me honra con su labio, pero su corazón está lejos de mí” (Mt 15, 18). Él representa a la mayoría de nosotros que siempre responden, sí o iré a cada pregunta, sin ningún compromiso.

La fe que conocemos no consiste meramente en afirmar la doctrina verdadera, sino que incluye algo más grande y más profundo. El oyente deber negarse y comprometerse a Dios en la verdad, humildad y obediencia. Para ser como Cristo, debemos armonizar la acción del primer hijo, y la palabra del segundo hijo con el fin de hacer la voluntad de Dios.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Friday, XXV Week of Ordinary Time, Year A

“Who do the crowds say that I am?

Readings: 1st: Ecc 3:1-11; Ps: 143; Gos: Lk 9:18-22

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico, the island of enchantment. He is the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico; the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canovanas and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and Dominican Republic. For more details and comments contact him at:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today is the Friday of the twenty-fifth week of ordinary time. Today’s gospel begins dramatically and excitingly. This episode is also found in Mt 16:13-20.

Jesus was aware of the confusion about his personality and mission. So, He decided to know what his disciples think about him: “Who do people say I am…You, who do you say I am?”

From the response of some of them, it is evident that they had no clear idea of who Christ was.

Peter came to their rescue. “You are the Christ, the son of the living God!” This is the answer to the “messianic secret” (Mk 1: 43-35).

How did Peter know this? Simple! God himself revealed it to him through the Holy Spirit, as Jesus affirmed.

The response of Peter provoked an essential declaration from Christ, similar to the one in our first reading. The key was given to Peter. This is a sign of his apostolic and ministerial authority over the entire church of Christ.

This became possible because he recognized Christ. So, Christ was not wrong by making him the head of his earthly church. This is the position he occupies till today through the apostolic succession of the Popes.

If Christ were to ask us the same question today, “who do you say I am”? What would be our response? We cannot comprehend who Christ is unless we have an intimate relationship with him.

Again, and most importantly, we cannot respond fully to this question unless we are docile to the Holy Spirit, who reveals the depth of God’s mind to us.

Finally, only believers who recognize who Christ is, have a special place in him. Therefore, our greatest desire every day should be: “To know Christ and the power of his resurrection. To share in his suffering, by becoming like him in his death” (Phil 3:10).

Peace be with you all.

Maranatha!

Viernes, XXV Semana del Tiempo Ordinario, Año A

“¿Quién dice la gente que soy yo?”

Lecturas: 1ra: Ecc 3:1-11; Sal:143; Ev: Lc 9:18-22

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, es el jueves de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario. El Evangelio de hoy comienza de una manera muy dramática e interesante. Este episodio también se encuentra en Mt 16:13-20

Jesús era consciente de la confusión sobre su personalidad y misión. Por lo tanto, él decidió saber lo que sus discípulos piensan de él: “¿Quién dice la gente que es el hijo del hombre?” ¿Y ustedes, quien dicen que soy?

De la respuesta de algunos de ellos, era obvio que no tenían una idea clara de quién era Cristo. Pedro vino a su rescate. “¡Tú eres el Mesías, el hijo del Dios vivo!”

Esta es la respuesta al “secreto mesiánico” (Mc 1:43-35). ¿Cómo lo supo Pedro? ¡Simple! Dios mismo lo reveló a él a través del Espíritu Santo como Jesús afirmó.

La respuesta de Pedro, provocó una declaración muy importante de Cristo, similar a la de nuestra primera lectura. Las llaves fueron dadas a Pedro como un signo de su autoridad apostólica y ministerial sobre toda la iglesia de Cristo. Esto se hizo posible porque reconoció a Cristo.

 Así que, Cristo no se equivocó haciéndole la cabeza de su iglesia terrenal. Esta es la posición que Pedro ocupa hasta hoy a través de la sucesión apostólica de los papas.

Si Cristo nos ponga la misma pregunta hoy, “¿quién dices que soy?” ¿Qué sería nuestra respuesta? No podemos comprender quién es Cristo a menos que tengamos una relación íntima con él.

Una vez más, y lo más importante, no podemos responder plenamente a esta pregunta a menos que seamos dóciles al Espíritu Santo que nos revela la profundidad de la mente de Dios para nosotros.

Finalmente, sólo los creyentes que reconocen quién es Cristo, tienen un lugar especial en él.

Por lo tanto, nuestro mayor deseo cada día debe ser: “Conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte” (Phil 3:10).

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

Thursday, XXV Week of Ordinary Time, Year A

Who is the one doing these things?

Readings: 1st: Ecc 1:2-11; Ps: 89; Gos: Lk 9:7-9

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico, the island of enchantment. He is the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico; the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canovanas and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and Dominican Republic. For more details and comments contact him at:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Today the Thursday of the twenty-fifth week of ordinary time, Luke presents us the reaction of King Herod about the amazing works of Christ.

He tells us that Herod was “greatly perplexed because some were saying: “John has been raised from the dead.”’

Once, I encountered a man who, until the day he confessed the grave evil he committed against his best friend and died, continued to scream: He has come, he is here, look at him, please beg him to forgive me!”

Having beheaded John the Baptist, King Herod thought he had successfully solved all his problems. He felt he was free to continue his dominion of corruption without anyone to challenge him.  

However, he was wrong. God will continue to raise prophets for himself. Prophets who will continue the mission of preaching the good news and challenging evil wherever they manifest.

The reason for Herod’s fear and confusion could best be expressed by the simple saying that “the evil that men do lives after them.” In his case, the evil that he did lived with him and continuously accused him.

He was afraid of his shadows. This is the consequence, and the prize one pays for a crime against humanity like the one Herod committed against the innocent children (Mt 2:16-18), and John the Baptist (Mt 14: 1-2). It leaves its powerful stench and refuses to go away.

Herod wanted to see Jesus, not because he wanted to take advantage of the opportunity before him to have a divine and transforming encounter with him but to be sure that it was not John the Baptist who knew his secrets.  

Today’s gospel must provoke us to evaluate and ask ourselves: What is it that each time I remember about my life, I begin to tremble?

No one can keep the truth at bay. When conscience brings past wrongdoings to mind, it may not be to torment us, but so that God may lead me to truth and light.

So, today’s gospel must generate a genuine desire in us to see Jesus in other to make peace with ourselves and with our world.

Christ is still moving around doing good in all God’s creation. So, any positive encounter we have with humanity helps heal our troubled soul.

Peace be with you all.

Maranatha!

Jueves, XXV Semana del Tiempo Ordinario, Año A

¿Quién es el que hace estas cosas?

Lecturas: 1ra: Ecc 1:2-11; Sal:89; Ev: Lc 9:7-9

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el jueves de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario, Lucas nos presenta la reacción del rey Herodes sobre las obras maravillosas de Cristo.

Lucas nos dice que Herodes estaba “muy perplejo porque algunos decían: ‘Juan ha sido resucitado de entre los muertos”’.

Una vez, me encontré con un hombre que, hasta el día en que confesó el grave mal que cometió contra su mejor amigo y murió, continuó gritando: Ha venido, está aquí, míralo, por favor pídalo que me perdone”.

Después de haber decapitado a Juan Bautista, el rey Herodes pensó que había resuelto con éxito todos sus problemas. Sentía que era libre de continuar su dominio de la corrupción sin que nadie lo desafiara.

Sin embargo, se equivocó. Dios continuará levantando profetas para sí mismo. Profetas que continuarán la misión de predicar la buena nueva y desafiar el mal dondequiera que se manifiesten.

La razón del miedo y la confusión de Herodes podría expresarse mejor con el simple dicho de que: “El mal que hacen los hombres vive después de ellos”. En su caso, el mal que hizo vivió con él, y lo acusó continuamente.

Tenía miedo de sus sombras. Esta es la consecuencia, y el precio que uno paga por un crimen contra la humanidad como el que el mismo Herodes cometió contra los niños inocentes (Mt 2:16-18), y Juan Bautista (Mt 14:1-2). Deja su hedor poderoso y se niega a desaparecer.

Herodes quería ver a Jesús, no porque quisiera aprovechar la oportunidad que tenía ante sí de tener un encuentro divino y transformador con él, sino para estar seguro de que no era Juan Bautista quien conocía sus secretos.

El evangelio de hoy debe provocarnos para evaluar y preguntarnos: ¿Qué es lo que cada vez que recuerdo de mi vida, empiezo a temblar?

Nadie puede mantener la verdad a raya. Cuando la conciencia trae a la mente las malas conductas pasadas, puede no sea para atormentarnos, sino para que Dios me lleve a la verdad y a la luz.

Así que, el evangelio de hoy debe generar un deseo genuino en nosotros de ver a Jesús para lograr paz con nosotros mismos y con nuestro mundo.

Cristo sigue moviéndose haciendo el bien en toda la creación de Dios. Por lo tanto, cualquier encuentro positivo que tengamos con la humanidad ayuda a sanar nuestra alma atribulada.

¡Maranatha!

La paz sea con ustedes.