Homily for the 3rd Sunday of Easter, Year B

The Risen Christ Illumines And Strengthens Our Faith

Readings: 1st: Acts 3: 13-15, 17-19: Ps: 4: 2-9; 2nd:1 Jn 2:1-5; Gos Lk 24: 35-48

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this third Sunday of Easter, the church invites us to celebrate the living Christ, who is our advocate. Through his death and resurrection, he advocates for us. Ignorance and doubt keep us in fear and darkness, while Christ illumines and strengthens our faith.

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The significant problems of the Jewish leaders who crucified Christ were ignorance. They thought they knew God and were advancing his course. On the contrary, they were working against it. Hence, they remained stubborn.

One crucial point that all the Sunday readings have in common is the relationship between ignorance and faith. Peter observed the Ignorance of the Jewish leaders. Hence, he addressed them: “It was you who accused the Holy One, the Just…Now brothers, I know that neither you nor your leaders had an idea of what you were doing.”

They were waiting for the fulfillment of God’s promises. However, when He came, they ignorantly rejected him. Hence, John writes: “Anyone who says I know him and does not keep his commandments is a lair refusing to admit the truth.” Ignorance of God’s command and will leaves one with a false impression that he knows the truth. It makes one think that he is fighting for God when the contrary is the case.

We should be different because “the time of ignorance is over” (Acts 17, 30-31). It is over through the risen Christ, our advocate. Therefore, we must continuously seek divine counsel and illumination from Christ, our advocate. Most importantly, we must continually repent and receive forgiveness. John assures us today that: “We have an advocate before the Father who is Just, he is the sacrifice that takes our sins away…”

In the gospel, Christ continues to strengthen his disciples’ faith by illuminating their minds with the scriptures. Even though they heard him preach and saw his miracles, they were ignorant of what the scriptures said about Him. St Jerome reminds us that: “Ignorance of the scriptures is ignorance of Christ.” Ignorance of God’s word and commandments is a major stumbling block to faith. Jesus knew this, so, “He opened their minds to scriptures…you see how it was written…” Hence, Paul always prayed: “May the Lord open the eyes of your minds” (Ep1:18). Indeed, our minds need the illumination from the light and glory of the risen Christ.

Today’s gospel also reveals something fundamental. Often, we think that only Thomas doubted the resurrection of Christ. Of course, according to the gospel of John 20: 19-21, (which we read last Sunday), it seemed so. However, without contradicting John, Luke takes us further by revealing that Thomas was not alone in this boat. Jesus asked his disciples: “Why are you agitated, and why are these doubts rising in your hearts?

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Of course, Jesus knew that most of his disciples doubted, even though they did not manifest it out publicly. So, he did everything humanly possible to convince them. Christ visited them, eat, and drank with them. He even allowed them to touch his wounds. How many of us attend Sunday Masses, and yet, do not believe in the Eucharist?

How many are Christians, and yet do not believe in the resurrection of the dead? How many receive the sacrament of confession and do not believe in the forgiveness of sin? How many are Christians, and yet do not believe that Jesus is true God and true man? How many Christians still believe that Christ was conceived by the power of the Holy Spirit? These are different shades of doubt. We manifest them differently. May the risen Christ illuminate our minds that we may believe in him. Alleluia.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Tercer Domingo de Pascua, Año B

Cristo Resucitado Ilumina Y Fortalece Nuestra Fe

Lecturas: 1ra: Hecho 3: 13-15, 17-19; Sal 4, 2-9; 2da:1Jn 2, 1-5Ev: Lc 24: 35-48

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com. 

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este tercer domingo de Pascua, la Iglesia nos invita a celebrar a Cristo Resucitado, nuestro mediador. Por su muerte y resurrección, él aboga por nosotros. La ignorancia y la duda nos mantienen en el miedo, y en la oscuridad, mientras que Cristo ilumina y fortalece nuestra fe.

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El problema principal de los líderes judíos que crucificaron a Cristo era la ignorancia. Ellos pensaban que conocían a Dios y estaban avanzando su curso. Al contrario, estaban trabajando en contra de ello. Por lo tanto, permanecieron obstinados.

Un punto importante que todas las lecturas de este domingo tienen en común es la relación entre la ignorancia y la fe. Pedro observó la ignorancia de los líderes judíos. Por lo tanto, se dirigió a ellos: “Fueron ustedes quienes acusaron y entregaron al Santo, el justo. Ahora bien, hermanos, sé que han obrado por ignorancia de la misma manera que sus jefes.”

Estaban esperando el cumplimiento de las promesas de Dios. Sin embargo, cuando él vino, ignorantemente lo rechazaron. Por lo tanto, Juan escribe, “quien dice, Yo lo conozco, pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.” La ignorancia del mandato o la voluntad de Dios deja a uno con una falsa impresión de que sabe la verdad. Hace que uno piensa que está luchando por Dios, cuando en realidad lo contrario es el caso.

Debemos ser diferentes porque, “el tiempo de la ignorancia ha terminado” (Hechos 17:30-31). Ha terminado a través de Cristo resucitado, nuestro intercesor. Por lo tanto, debemos buscar constantemente el Consejo divino y la iluminación de Cristo nuestro abogado. Lo más importante es que debemos arrepentirnos constantemente y recibir el perdón. Juan nos asegura que: “Tenemos un intercesor ante el Padre, él es justo, se ofreció como víctima de expiación por nuestros pecados.”

En el Evangelio, Cristo continúa fortaleciendo la fe de sus discípulos e iluminando sus mentes con las escrituras. Aunque, le oyeron predicar, y vieron sus milagros, ignoraban lo que las escrituras decían de él. San Jerónimo nos recuerda que: “la ignorancia de la sagrada escritura es ignorancia de Cristo”. La ignorancia de la palabra y los mandamientos de Dios es un importante obstáculo para la fe. Jesús sabía esto, así que, “abrió sus mentes a las escrituras… usted ve cómo fue escrito.” Por lo tanto, Pablo oraba constantemente: “Que el Señor abra los ojos de su mente” (Ef 1:18). De hecho, nuestra mente necesita la iluminación de la luz del Cristo resucitado.

El Evangelio de hoy también revela algo muy importante. A menudo, pensamos que sólo Tomás dudaba de la resurrección de Cristo. Por supuesto, según el Evangelio de Juan 20:19-21, (que leemos el domingo pasado), parecía así. Sin embargo, sin contradecir a Juan, Lucas simplemente nos lleva más lejos, al revelar que Tomás no estaba solo en esa barca. Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Por qué se agitan? ¿Por qué surgen dudas en sus corazones?”

Era cierto, que Jesús sabía que la mayoría de sus discípulos dudaba, a pesar de que no lo manifestaron públicamente. Así que, hizo todo lo humanamente posible para convencerlos. Los visitó, comió y bebió con ellos. Incluso, les permitió tocar sus heridas. ¿Cuántos de nosotros asistimos la Misa y, aun no creemos en la divina presencia de Cristo en la Eucaristía?

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Cuantos son cristianos, y sin embargo no creen en la resurrección de los muertos. ¿Cuántos reciben el Sacramento de la confesión, y sin embargo no creen en el perdón del pecado? Cuantos son cristianos, y sin embargo no creen que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Cuantos de nosotros somos cristianos, y sin embargo no creemos que Cristo fue concebido por la obra del Espíritu Santo. Estos son los diferentes matices de duda. Los manifestamos de maneras diferentes. Que Cristo resucitado ilumine nuestras mentes para que podamos creer en él. Aleluya.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for the Second Sunday of Easter (Divine Mercy Sunday)

His Mercy Endures Forever, Alleluia, Alleluia

Readings: 1st: Acts 4:32-35; Ps 117; 2nd: 1 Jn 5:1-6; Gos: Jn 20: 19-31

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this Second Sunday of Easter, the church celebrates the feast of Divine Mercy. United as a community of believers, we continue to express our joy and faith in the risen Christ. As we celebrate the victory of Christ over death, there is one crucial thing we must remember. This is that we must be united to bear an effective witness to the resurrected Christ as the early Christian community did.

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The first reading of this Sunday from Acts of the Apostles begins with my congregation’s motto: “Cor unum et anima una” (One heart and one soul). This summarizes the way the early Christian community lived and testified to the risen Lord: “The apostles continue to testify to the resurrection of the Lord Jesus with great power, and they were greatly respected.”

One of the best ways to bear testimony to the risen Christ is through unity. Christ himself prayed for it: “Father that they may be one as you and I are one” (John 17:21). Of course, he knew that there would be many challenges to this. He knew that this unity would not rob anyone of his personality. Above all, he knew that this unity is necessary for our success. It is unity in diversity for the progress of His mission.

Christ was sure that living in unity is the best testimony we can bear as his disciples. Hence, the early disciple paid attention to this instruction by being united in their mission. They demonstrated this through their preaching and lifestyles.

In today’s gospel, Christ presented himself to his disciples. During this very important visit, he restored their peace, and commissioned them as ministers of the sacrament of reconciliation. The sacrament of reconciliation. is the sacrament of mercy. It was not easy for Thomas to believe that Christ has risen.

So, as we bear witness to the risen Christ, we shall certainly encounter people who will doubt our testimony. This must not discourage us. The Holy Spirit will convince them. We should remain focused on our mission. So, as true disciples of Christ, let us continue to announce the good news to the whole world that Jesus Christ, our Lord has truly risen from the dead.

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As we celebrate divine mercy Sunday today, we are reminded that God extended his mercy to us by allowing his son pay the ransom for our sins. Christ accomplished this through his paschal mystery.

Finally, we must also extend this mercy to others. Hence, we are called to be apostles of mercy. So, as we spread the good news of Christ’s resurrection, we must give thanks to God the Father of our Lord Jesus Christ. This is because, his mercy and generosity endure forever.

Alleluia!

Peace be with you!!

Maranatha!

Homilia del Segundo Domingo de Pascua(Domingo de la Divina Misericordia)

Su Misericordia Es Eterna, Aleluya, Aleluya

Lectura: 1ra: Hechos 2: 42-47; Ps 117; 2da: 1Pt 1: 3-9; Ev: Jn 20: 19-31

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-84528392)

En este segundo domingo de Pascua, la iglesia celebra la fiesta de la Divina Misericordia. Unidos como una comunidad de creyentes, continuamos expresando nuestra alegría y fe en el Cristo resucitado. Mientras celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte, hay una cosa importante que debemos recordar. Esto es que, debemos permanecer unidos para dar un testimonio efectivo al Cristo resucitado como lo hizo la comunidad cristiana temprana.

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La primera lectura de este domingo de los hechos de los Apóstoles comienza con el lema de mi congregación – los Espirítanos: “Cor unum et anima una” (un solo corazón y una sola alma). Esto resume la manera en que la comunidad cristiana temprana vivió y testificó al Señor resucitado: “Los Apóstoles siguieron dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder, y se les dieron un gran respeto.”

Una de las mejores maneras de dar testimonio al Cristo resucitado es a través de la unidad. Cristo mismo oró por ello: “Padre, que todos sean uno; como tú, y yo somos uno” (Juan 17:21). Por supuesto, sabía que habría muchos desafíos para esto. Él sabía que esta unidad no robaría a nadie de su personalidad individual. Sobre todo, sabía que esta unidad es necesaria para nuestro éxito. Es la unidad en la diversidad para el progreso de su misión.

Cristo estaba seguro de que, vivir en unidad es el mejor testimonio que podemos dar como sus discípulos. Por lo tanto, sus discípulos prestaron atención a esta instrucción al permanecer unidos en su misión. Lo demostraron a través de sus predicaciones y estilos de vida.

En el evangelio de hoy, Cristo se presentó a sus discípulos. Durante esta visita tan importante, restauró su paz y los encargó como ministros del sacramento de la reconciliación. El sacramento de la reconciliación es el sacramento de la misericordia. No fue fácil para Tomás creer que Cristo ha resucitado. Así que, al dar testimonio de Cristo resucitado, sin duda nos encontraremos con personas que dudarán de nuestro testimonio. Esto no debe desalentarnos. El Espíritu Santo los convencerá.

Debemos permanecer centrados en nuestra misión. Así que, como verdaderos discípulos de Cristo, sigamos anunciando la buena nueva a todo el mundo de que Jesucristo, nuestro Señor ha resucitado verdaderamente de entre los muertos.

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Al celebrar hoy el domingo de misericordia divina, se nos recuerda que Dios extendió su misericordia a nosotros al permitir que su hijo pagara el rescate por nuestros pecados. Cristo lo logró a través de su misterio pascual.

Por último, debemos extender esta misericordia a los demás. Por lo tanto, estamos llamados a ser apóstoles de la misericordia. Así que, al difundir la buena nueva de la resurrección de Cristo, debemos dar gracias a Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo. Porque, su misericordia y generosidad es eterna. Alleluia, Alleluia

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

Homily for Easter Sunday, Year B

Christ The Lord Is Risen Today: Alleluia, Alleluia!

Readings: 1stActs 10: 34. 37-43; Ps: 117: 1-2. 16-23; 2nd: Col 3:1-4; Gos: Mk 16:1-7

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

As a young boy, I longed for Easter season because I loved to hear and sing this traditional Easter hymn (Victimae Paschali): “Christ the Lord has risen today, Alleluia! Christians, haste your vows to pay, Alleluia…” translated from Latin to English by Lane E. Leeson in Catholic Hymns book, 1853). I was merely interested in this song without actually reflecting on the imports of Easter. However, as I grew up, I realized that Easter is more than just singing this song. This is because now I understand the full meaning of Christ’s Paschal Mystery.

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Once, as I passed by a neighbor’s house, I was attracted by his little son. He was sitting expectantly in their small flower garden as if he was waiting for someone. I called out to him, Chuka! What are you doing there? His quick response was, “Father, I have just planted my seed here, and I am waiting for it to grow now so that I can have my seed back.” I smiled at him and said to him, Chuka, before you get your seed back, it must remain there for some days, die, germinate, grow and, bear fruits. This will take some weeks, okay? The poor boy looked at me in disappointment and said: “Then, if that is the case, let me take my seed back.” Of course, he dug up his seed, and off he went.

Today we sing and shout Alleluia because our patience, hope, and faith have not failed us, unlike Chuka’s. Chika was not ready for the ordeal, for his seed to rot, and “resurrect” in order to bear him more and better fruits. Today is the greatest of all Sundays in the Christian calendar because of the renewal of life that it brings. Easter is not only the beginning of the new life of the glorified Christ, but it is also equally, the beginning of the new life of all true Christians.

Today, we celebrate the triumph of good over evil, of light over darkness, and peace over chaos. We celebrate hope, patience, and the fulfillment of God’s Promise to his people. We also celebrate today what makes the Christian religion unique amongst other world religions. That is the resurrection of our Lord. So today, as Paul puts it: “We bless God the Father of Our Lord Jesus Christ who in his great mercy has given us a new birth as his sons, by raising Jesus Christ from the dead” (Act 2: 42-43). This means that the death of Christ was ours. So, his resurrection and new life are now equally ours.

Today’s gospel tells us that Jesus left the linen cloths with which he was buried in the grave when he resurrected. In order words, he did not cling to any “worldly” thing or allowed them to pull him down. So, there are two questions we need to ask ourselves this Easter. The first is: Did I resurrect with Christ this Easter? The second question is: What have I left in “my grave” this Easter? If we must rise like Christ, we must be equally ready to detach ourselves from all unnecessary mundane things to which we are firmly and madly attached to. Jesus understood and obeyed the natural law, which holds that one must leave something behind for one to rise. If we fail to do this, the law of gravity that Jesus himself understood and obeyed might prevail against us.

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Therefore, the core message of Easter is that today, we like Christ, have risen above all the obstacles that held us down in the grave. It is a message that, even though death and the grave were parts of God’s salvation plan, they will not last for eternity (Ps. 30, 5). It is a blessed assurance that God is faithful to his promises and will deliver us from all the dangerous situations. It is also an assurance that our day of glory will surely come. Today is “a day that the Lord has made, let us rejoice and be glad in it (Ps118, 22).” Alleluia, Alleluia!

Peace be with you!

Maranatha!

Homilia para el Domingo de Pascua, Año B

Aleluya, Cristo el Señor ha Resucitado!

Lectura: 1ra: Hechos 10: 34. 37-43 Sal 117: 1-2. 16-23; 2da Col 3:1-4; Ev: Mc 16:1-7

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Como un muchacho joven, deseaba que llegara la Pascua porque me encantaba escuchar y cantar este himno tradicional de la Pascua (Victimae Paschali): “Cristo el Señor ha resucitado hoy, ¡Aleluya!” Estaba simplemente interesado en este cantico sin realmente reflexionar sobre las lo que significa la Pascua. Sin embargo, cuando crecí, me di cuenta de que la Pascua es más que cantar un buen cantico que alegra mí corazón. Esto es porque, ahora entiendo el significado completo del misterio pascual de Cristo.

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Una vez, mientras me pasaba por la casa de un vecino, fui atraído por su hijo pequeño. El niño estaba sentado con expectación en su pequeño jardín de flores como si estuviera esperando a alguien. Lo llamé: “¡Chuka! ¿Qué estás haciendo allí?” Su respuesta fue, “Padre, sembré una semilla aquí. Estoy esperando que germina y crezca ahora, para que, puedo recoger mi semilla”. Le sonreí y le dije: “Chuka, antes de cosechar algo tu semilla debe permanecer allí por unos días. Debe morir, germinar, crecer, antes de empezar a darte frutos. Eso tomará algunas semanas.” “¿Me entendiste?”, le pregunté. El pobre niño, me miró con decepción y dijo: “Entonces, si este es el caso, voy a sacar y recoger mi semilla.” Por supuesto, buscó su semilla y se fue.

Hoy, podemos cantar y gritar aleluya, porque a diferencia de Chuka, nuestra paciencia, esperanza y fe no nos han fallado. Chuka no estaba preparado para la prueba, y no tenía la paciencia para esperar que su semilla muere, germinar a fin de darle mucho fruto. Hoy es el más grande de todos los domingos en el calendario cristiano debido a la renovación de la vida que trae. No sólo es Pascua el comienzo de la nueva vida de Cristo glorificado, igualmente, es el comienzo de la nueva vida de todos los verdaderos cristianos. Hoy, celebramos el triunfo del bien sobre el mal, de la luz, sobre la oscuridad, y de la paz sobre el caos. Celebramos la esperanza, la paciencia y el cumplimiento de la promesa de Dios a su pueblo.

También, hoy celebramos lo que hace la religión cristiana único entre las otras religiones del mundo. Es decir, la Resurrección de nuestro Señor. Así que hoy, como Pablo dice: “Bendecimos a Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo que en su gran misericordia nos ha dado un nuevo nacimiento como hijos suyos, resucitando a Cristo Jesús de entre los muertos” (Hecho 2: 42-43). Esto significa que la muerte de Cristo fue nuestra. Así, su resurrección y nueva vida ahora es igualmente nuestra.

El Evangelio de hoy nos dice que Jesús dejó el manto con lo que fue enterrado en la tumba cuando resucitó. En otras palabras, él no se aferró a cualquier cosa “mundana”, o permitió que esto le dominara. Entonces, hay dos preguntas que debemos hacernos al concluir esta Semana Santa. La primera es: ¿Resucité con Cristo esta Pascua? La segunda es: ¿Qué cosa dejé en “la tumba” esta Pascua? Si debemos resucitar como Cristo, debemos igualmente, estar dispuestos a dejar todas las cosas mundanas innecesarias, a las cuales estamos fuertemente apegados. Jesús entendió y obedeció la ley natural que dice que, para que uno pueda levantarse debe dejar algo atrás. Si fallamos al hacer esto, la ley de la gravedad que Jesús mismo entendió y obedeció podría prevalecer en contra de nosotros.

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Por lo tanto, el mensaje central de la Pascua es que, un día como hoy, al igual que Cristo, hemos pasado por encima de todo los obstáculos que nos han sujetado al sepulcro. Es un mensaje que, aunque la muerte y el sepulcro eran partes del plan de salvación de Dios, no durarán eternamente (Salmo 30:5). Es una reafirmación bendita que, Dios es fiel a sus promesas, y nos librará de todas las situaciones peligrosas. Es también, una garantía de que seguramente, llegará nuestro día de gloria. Hoy es el día que hizo el Señor, regocijémonos y seamos felices (Ps118, 22).” ¡Aleluya, aleluya!

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for Easter Vigil, Year B

What a Wonderful Night: Christ the Lord is Risen, Alleluia

Readings: 1st: Gen 1:1-31. 2:1-2; Ps:115; 2nd: Rom 6:3-11: Gos: Mk 16:1-7

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(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

We often associate night with evil, but forget that it is part of God’s design. Most importantly, we forget that “God saw that everything He created was good” (Gen 1:31). Despite our conclusion, there is one night we cannot deny the fact of its goodness. It is this night of Easter.

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It is unique among all other nights because it is a night of victory, liberation, freedom, healing, and the climax of our salvation history. The simplest way to capture and summarize this night’s event is to reflect deeply on these words of the Exultet, which we heard this night. “This is the night when the pillar of fire destroyed the darkness of sin. This is the night when Christians everywhere are washed clean of sin, freed from all defilement, are restored to grace, and grow together in holiness. This is the night when Jesus Christ broke the chains of death and rose triumphant from the grave.”

A couple of weeks ago, we started what looked like a hopeless, eternal, and sorrowful journey. But this night, we have come to a joyful end of that journey. A journey that began sorrowfully has ended joyfully. The gloomy cloud has eventually given way to the bright sky, and light has eventually overcome darkness. The thickness and darkness of the night could not withstand the brightness of the risen Christ. Therefore, we must shout, alleluia, alleluia, alleluia to the Lord because our Lord Jesus Christ has the fulfillment of his promise: “I will rise on the third day.” So, the battle is over, and Jesus is Lord!  So, brethren, let us rejoice and shout Alleluia, Alleluia, Alleluia because the Lord has ultimately won the battle.

By his resurrection this Easter night, Jesus makes a significant statement. This is the fact that he is the Lord of the living and the dead and has the power to liberate and heal us. We have died with him through our Lenten observances. Let us also rise with him through the power of the Holy Spirit. That same power that resurrected him can restore our fallen and weak bodies this night (Rom 8, 11-12). This night, a new epoch has ultimately begun because the historical Jesus, who suffered, cried, was crucified, died, and was buried, is now the glorified messiah who lives to die no more.

Therefore, the cause of our joy this night is that we all share in this glory.  From this night onwards, our testimony as his disciples must be: “I saw Christ’s glory as he rose. Christ, my hope has risen!” Also, like the apostles, we now must bear testimony to the risen Lord: “Now we are his witnesses, we have eaten and drank with him after his resurrection from the dead.”

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We must no longer seek Christ in the grave from this night because he is no longer there. So we must seek him among the living. We must seek the things of light, the things that are noble, and things that glorify God. We must seek heavenly things by living like candidates of heaven. This is what Paul means when he says: “Since you have been brought back to true life with Christ, you must look for the things that are in heaven, where Christ is.” Therefore let us sing with the Psalmist on this glorious day of Easter: “This day was made by the Lord; we rejoice and are glad. Alleluia!

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía para la Vigilia Pascual, Año B

Qué maravillosa noche: ¡Cristo el Señor ha resucitado, Aleluya!

Lectura: 1ra: Ge 1, 1-31. 2,1-2Sal 115; 2da Ro 6,3-11Ev: Mc 16,1-7

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com. 

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

La mayoría de las veces asociamos la noche con el mal, pero olvidamos que es parte del designio de Dios. Lo más importante, nos olvidamos de que, “Dios vio que todo lo que él creó era bueno” (Gen 1:31). A pesar de nuestra conclusión, existe una noche, que no podemos negar el hecho de su bondad. Es esta noche de la Pascua. Es única entre todas las demás noches, porque, es una noche de victoria, liberación, libertad, sanación y el clímax de la historia de nuestra salvación.

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La forma más sencilla de capturar y resumir el evento de esta noche es reflexionar profundamente sobre estas palabras de Exultet que hemos oído esta noche. “Esta es la noche cuando la columna de fuego destruyó la oscuridad del pecado. Esta es la noche cuando los cristianos en todas partes se limpian de sus pecados, libres de toda impureza, son restaurados a la gracia y, crecen en santidad. Esta es la noche cuando Jesucristo rompe las cadenas de la muerte y se levanta triunfante de la tumba”

Un par de semanas empezamos lo que parecía un viaje desesperado, interminable y doloroso. Pero, esta noche hemos llegado felizmente al final de ese viaje. Un viaje que comenzó con tristeza ha terminado con alegría. La nube sombría eventualmente ha dado paso al cielo luminoso, y la luz finalmente ha superado la oscuridad. El espesor, y la oscuridad de la noche no podían soportar el resplandor de Cristo resucitado.

Por lo tanto, debemos gritar, Aleluya, Aleluya al Señor porque, nuestro Señor Jesucristo ha cumplido su promesa, ” Levantaré al tercer día”. Así que, la batalla ha terminado, y Jesús es el Señor. Por lo tanto, hermanos, vamos a regocijémonos y gritemos Aleluya, Aleluya porque, completamente el Señor ha ganado la batalla.

Por su resurrección esta noche de Pascua, Jesús hace una declaración muy importante. Esto es el hecho de que, es el Señor de los vivos y los muertos y, que tiene el poder de liberarnos y sanarnos. Hemos muerto con él a través de nuestras celebraciones cuaresmales. Debemos también subir con él a través del poder del Espíritu Santo. Ese mismo poder que lo resucitó es capaz de resucitar a nuestros cuerpos caídos y débiles esta noche (Ro 8:11-12).

Esta noche, completamente ha comenzado una nueva época porque, el Jesús histórico, que sufrió, lloró, fue crucificado, murió y fue sepultado es ahora el Mesías glorificado que vive para no morir más. Por lo tanto, la causa de nuestra alegría esta noche es que todos compartimos esta gloria. Desde esta noche en adelante, nuestro testimonio como sus discípulos debe ser: “¡He visto la gloria de Cristo que resucitó, mi esperanza en Cristo ha resucitado!” También, como los apóstoles, nuestro deber ahora es dar testimonio al Señor resucitado: “Ahora somos sus testigos, hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.”

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A partir hoy, no debemos buscar a Cristo en la tumba porque, ya no está allí. Así que, tenemos que buscarlo entre los vivos. Debemos buscar las cosas de la luz, las cosas nobles y cosas que glorifican a Dios. Debemos buscar cosas celestiales para vivir como candidatos del cielo. Esto es lo que Pablo significa cuando dice: “Desde que se han incorporado a la verdadera vida con Cristo, debemos buscar las cosas que están en el cielo, donde Cristo está.” Por lo tanto, cantemos con el salmista en esta gloriosa noche de Pascua: “Este día fue hecho por el Señor; estamos contentos. ¡Aleluya!

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for Good Friday, Year B

The Day of Salvation

Readings: 1st: Is 52:13- 53:12; Ps: 30; 2nd: He 4:4-16. 5:9: Gos: Jn 18:1-19, 42

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today the Church celebrates Good Friday. It is the Friday within Holy Week. As I reflected on today’s celebration, I remembered a certain man. If one encounters this man in the morning and greets him, “good morning, sir!” Depending on his mood that morning, the most probable and surprising response one might get is: “What is good about the morning?” 

Like this man, most of us have asked: “What is good about Good Friday? What is good about a day when an innocent man was condemned to death? What is good about a Friday when God was crucified, and a day when hope was shattered? What is good about a day that we are expected to leave the Church in silence and sorrowful? These sentiments are natural.

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The first answer to this question is that without this day, perhaps, there would have been no salvation for humanity. Had Christ not died, there would have been the no hope of salvation for us (Jn 16, 3; Rom 5, 8). So, it is good because it is a blessing in disguise.

On this day, Christ put the devil to shame and defeated the power of death. Hence, Paul asked: “Death, where is your sting, death where is your power?” (I Cor 15, 55). On this Good Friday: “Justification has been merited for us by the passion of Christ who offered himself on the cross as a living victim, holy and pleasing to God. His blood has become the instrument of atonement for the sins of all men” (CCC 1992).

Second, today, the barriers preventing the saints from entering the holy of holies were torn apart (Mt 27:51). Thirdly, Good Friday is the climax of our journey of salvation. Some scholars consider this day more important than Easter Sunday. This is because they feel that without it, the Christ event of Easter Sunday would not have been possible.

The term Good Friday, and the activities surrounding are captures in the line in the Exultet of the Easter Vigil. It describes Adam’s fall as: “a happy fall.” So, just as the fall of Adam set God’s salvific plan in motion, the sacrifice of Christ on Good Friday is the climax of that same salvific plan of God for suffering and enslaved humanity.

On this Good Friday, we must remember the sufferings of Christ. This would help us to understand the degree of love that our Saviour has for us. Christ himself reminds us that: “No one has much love than the one who gave his life for others.” This Good Friday is suitable to accompany Christ with our sentiments and shed tears of compassion before the cross.

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However, we must not be stock just in the memorial and contemplation of a passed act. Today’s celebration must help us realize that Christ continues to suffer in many of our brothers. There are many Christ that suffer hunger, cold, solitude, and discrimination. Perhaps, we do not take note of them. So, our contemplation must help us see them.

Also, Christ is suffering and dying in each of us. The reason is that we are still attached to many things that imprison us. We continue to be slaves of our sins, habits, and weaknesses. So, we have not achieved the happiness we need. Therefore, this Good Friday, Christ calls us from the cross to a total change. He calls us to be generous with our lives as he was with his for the sake of our salvation.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilia del Viernes Santo, Año B

El Día de la Salvación

Lecturas: 1ra: Is 52:13- 53:12; Sal 30; 2da He 4:4-16:5-9; Ev: Jn 18:1-19.42

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy la Iglesia celebra el Viernes Santo. Es el viernes en la semana Santa. Cuando reflexioné sobre la celebración de hoy, recordé a cierto hombre. Si uno se encuentra con este hombre en la mañana y le saluda “¡Buenos días, señor!” Dependiendo de su estado de ánimo esa mañana, la respuesta más probable y sorprendente que se puede obtener es: “¿Qué es lo bueno de esta mañana?”

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Como este hombre, la mayoría de nosotros ha preguntado: “¿Qué es lo bueno sobre el Viernes Santo? ¿Qué es lo bueno de un día, en que un hombre inocente fue condenado a la muerte? Que es lo bueno sobre un viernes cuando, Dios fue crucificado, y en ese día las esperanzas fueron destrozadas. ¿Qué es lo bueno sobre un día que se espera que dejamos la iglesia en silencio y con tristeza? Estos sentimientos son naturales.

La primera respuesta a esta pregunta es que, sin este día, tal vez, no habría sido salvación para la humanidad. Si Cristo no hubiera muerto, no habría sido la esperanza de salvación para nosotros (Jn 16:3; Ro 5:8). Por lo tanto, es bueno porque, es una bendición disfrazada.

En este día, el diablo fue puesto a la vergüenza, y el poder de la muerte fue derrotado. Por lo tanto, Pablo preguntó: “Muerte, ¿Dónde está tu aguijón, muerte, ¿Dónde está tu poder?” (I Co 15:55). En este Viernes Santo: “La justificación ha sido merecida por nosotros por la pasión de Cristo que se ofreció en la Cruz como una víctima viva, santa y agradable a Dios. Su sangre se ha convertido en el instrumento de expiación por los pecados de todos los hombres “(CIC 1992).

La segunda es que, en este día, las barreras que impiden que todos los Santos de la iglesia entren en el lugar Santísimo fueron quebrantadas (Mt 27:51). La tercera es que, el Viernes Santo es el clímax de nuestro viaje de salvación. De hecho, algunos eruditos consideran este día más importante que el domingo de Pascua. Esto es porque, sienten que, sin este día, el acontecimiento de Cristo del domingo de Pascua no habría sido posible.

El término Viernes Santo, y las actividades que lo rodean podrían ser equiparados a la línea en el pregón (exultet) de la Vigilia Pascual. Describe la caída de Adán como, “una feliz caída”. Así que, como la caída de Adán puso en marcha el plan salvífico de Dios, el sacrificio de Cristo el Viernes Santo es el clímax del mismo plan salvífica de Dios para el sufrimiento y la esclavitud de la humanidad.

En este viernes, debemos recordar los sufrimientos de Cristo. Esto nos ayudaría a entender tanto de amor que nuestro Salvador nos tiene. Cristo mismo nos recuerda que: “Nadie tiene mucho amor que el que dio su vida por los demás”. En este Viernes Santo, es bueno acompañar a Cristo con nuestros sentimientos y derramar lágrimas de compasión ante la Cruz.

Sin embargo, no debemos ser abastecidos sólo en el Memorial y la contemplación de un acto aprobado. La celebración de hoy debe ayudarnos a tomar cuenta de que, Cristo sigue sufriendo en muchos de nuestros hermanos. Hay mucho Cristos que sufren hambre, frío, soledad y discriminación. Quizás, no los vemos ni tomar nota de ellos. Así que, nuestra contemplación debe ayudarnos a verlos.

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Además, Cristo está sufriendo en cada uno de nosotros porque todavía estamos atados a muchas cosas que nos encarcelan. Seguimos siendo esclavos de nuestros pecados, hábitos, y debilidades. Por eso, no hemos logrado la felicidad que hemos aspirado. Por lo tanto, este Viernes Santo, Cristo nos llama desde su Cruz, a un cambio total, y a ser generosos con nuestra vida, como hizo con la suya por el bien de nuestra salvación.

¡La paz sea contigo!

¡Maranatha!