Homily For Holy Trinity Sunday, Year B

The Most Holy Trinity, Is Our Model Of Unity

Readings: 1st: Deut 4:32-34.39-40; Ps 32; 2nd: Rom 8:14-17; Gos Mt 28:16-20

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today we celebrate one of the greatest mysteries of our Christian faith, the Holy Trinity. This celebration reminds us that the Father, the Son, and the Holy Spirit are working together. They are never separated, though, each one of them is a distinct divine person. There is a unity of essence and relation within the three divine persons.

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No amount of philosophical debate or scientific research can fully explain it. It is a mystery and can best be appreciated only with the “eyes of faith.” As a dogma, “it is an article of faith revealed by God, which the Magisterium of the Church presents as necessary to be believed…” Hence, Paul’s prayer becomes important today: “May the Lord enlighten the eyes of your minds…” (Eph 1, 18).

In our first reading, Moses reminds us of the beautiful and mysterious nature of the works of God. In order words, it takes a loving and mysterious God to accomplish such a wonderful and mysterious salvation task. Hence, he encourages us to strengthen our faith in God by simply obeying his commandments.

In the second reading, though without offering any systematic teaching on the Holy Trinity, Paul presents the three divine persons in their concrete forms and actions: “Led by the Spirit, we are sons of God…And we are heirs with Christ.” It is the same spirit that proceeds from both the Father and the Son that helps us to call God Abba Father. 

In today’s gospel, Christ himself revealed the mystery of the three divine persons to us. He revealed this with a mandate: “Go and make disciples of all nations, baptizing them in the name of the Father and of the Son and the Holy Spirit.” This is the Trinitarian formula.  So, any sincere prayer offered in the name of the Holy Trinity bears a mark of excellence.

Today, the church reminds us that the three divine persons are not divided in their actions of grace. Instead, they work and walk together. They have the same mission, which is the salvation of the world. The Father sent the Son to redeem the world (Jn 1, 1-3). And the Father and the Son sent us the Holy Spirit as our Counselor and Advocate (Act 1, 8. 2). None of them have absolute dominance over a particular period. This is because, despite being three distinct persons, they have one essence. They are eternally one and united.

So, the prayer of Christ to the father: “May they be one, as we are One” (Jn 17:22), is a prayer that arises from Trinitarian love. Therefore, the whole church and each family that forms the universal Church is a sacrament of the Trinity. As such, it must be characterized by love and unity.

Therefore, what we celebrate today is a model for our unity. We have many lessons to learn from the Holy Trinity. The most important is that we can live and work together as one family of God, like the Holy Trinity. This is because we bore the same image of God and were baptized by the same Spirit of God whose mark we bear (Eph 4, 30). So, despite our personalities and differences, unity is possible and a fundamental option.

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Hence, today’s celebration has much to teach us about unity in our relationships, friendships, marriages, families, communities. It also reminds us that despite our different talents, gifts, social, and economic levels, we can live and work together for our salvation and our salvation of the world.

Finally, the Holy Trinity’s celebration reminds us that our different personalities will become our strength rather than our weakness or the cause of our disintegration if we remain united. For their love and unity, let us praise the Most Holy Trinity: Glory be to the Father and the Son and the Holy Spirit, Amen.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Domingo de La Santísima Trinidad, Año B

La Santísima Trinidad es nuestro modelo de unidad

Lecturas: 1ra: Dt 4, 32-34; Sal 32; 2da Ro 8, 14-17; Ev: Mt 28, 16-20

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy celebramos uno de los mayores misterios de nuestra fe cristiana, la Santísima Trinidad. Esta celebración nos recuerda que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están trabajando juntos. Nunca se separan, sin embargo, cada uno de ellos es Una Persona Divina y distinta. Hay unidad de la esencia y de la relación entre las tres personas divinas.

Ninguna cantidad de debate filosófico o investigación científica puede explicarlo completamente. Es un misterio y puede ser apreciado mejor sólo con los “ojos de la fe.” Como un dogma, “es un artículo de fe revelado por Dios, que el Magisterio de la iglesia presenta como necesario para ser creído…” Por lo tanto, la oración de Pablo se vuelve importante hoy: “Que el Señor ilumine los ojos de sus mentes…” (Ef 1, 18).

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En nuestra primera lectura, Moisés nos recuerda, de la naturaleza maravillosa y misteriosa de las obras de Dios. En otras palabras, que se necesita un Dios amoroso y misterioso para lograr una tarea maravillosa y misteriosa de la salvación. Por lo tanto, él nos alienta a fortalecer nuestra fe en Dios simplemente obedeciendo sus mandamientos.

En la segunda lectura, aunque sin ofrecer ninguna enseñanza sistemática sobre la Santísima Trinidad, Pablo presenta las tres personas divinas en sus formas y acciones concretas: “Guiados por el Espíritu Santo, somos hijos de Dios… Y somos herederos de Cristo. ” Es el mismo Espíritu que procede tanto del Padre y del Hijo que nos ayuda a llamar a Dios Padre.

En el Evangelio de hoy, Cristo mismo reveló el misterio de las tres personas divinas a nosotros. Él reveló esto con un mandato: “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Esta es la fórmula trinitaria. Por lo tanto, cualquier misión y oración sincera realizada en el nombre de la Santísima Trinidad lleva una marca de excelencia.

Hoy, la Iglesia nos recuerda que las tres personas divinas no están divididas en sus acciones de gracia. En cambio, trabajan y caminan juntos. Tienen la misma misión, que es la salvación del mundo. El Padre envió al Hijo para redimir al mundo (Jn 1, 1-3). Y el padre y el Hijo nos enviaron el Espíritu Santo como nuestro Consolador y Defensor (acto 1, 8.2). Ninguno de ellos tiene un dominio absoluto de un período o tiempo determinado. Esto es porque, a pesar de ser tres personas distintas, tienen una esencia. Son eternamente Uno y unidos.

Así que, la oración de Cristo al Padre: “Que sean uno, como somos Uno” (Jn 17:22), es una oración que surge del amor trinitario. Por eso, la Iglesia y cada familia que forma la iglesia universal es el sacramento de la Trinidad, y debe ser caracterizada por amor y unidad.

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Por lo tanto, lo que celebramos hoy es un modelo para nuestra unidad. Tenemos mucho que aprender de la Santísima Trinidad. Lo más importante es que, como la Santísima Trinidad, podemos vivir y trabajar juntos como una familia de Dios. También nos recuerda que, a pesar de nuestros distintos talentos, dones, niveles sociales y económicos, podemos vivir y trabajar juntos para la salvación del mundo. Esto es porque, llevamos una misma imagen de Dios, y fuimos bautizados por el mismo Espíritu cuya marca llevamos (Ef 4, 30). Así que, a pesar de nuestras personalidades individuales la unidad es posible y una opción fundamental.

Finalmente, la celebración de la Santísima Trinidad nos recuerda que, si seguimos unidos, nuestras diferentes personalidades se convertirían en nuestra fuerza, en lugar de nuestra debilidad o la causa de nuestra desintegración. Por su amor y unidad, alabemos a la Santísima Trinidad: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.  Amén.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for Pentecost Sunday, Year B

Renew us Lord with Your Spirit!

Readings: 1st: Acts 2: 1-11; Ps: 103: 24-34; 2nd: 1 Cor 12: 3-7.12-12; Gos: Jn 20: 19-23

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today is Pentecost Sunday. Pentecost marks the definitive end of the Easter Season. It occupies a very important position in the Church’s life and liturgical calendar. This is because, it marks the beginning of the church’s missionary endeavor. Pentecost day is a day of renewal and empowerment.

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From the first reading of this Sunday, we see the reward of obedience and steadfastness in prayer. Therefore, today we celebrate a great feast, when Christ fulfilled his promise to us. As Christs disciples, every true believer has been empowered by the Holy Spirit. The Holy Spirit is the mutual love of the Father and the Son. He empowers us to go into our world to bring peace, unity, joy, love and salvation to nations.

In the second reading of today, Paul makes a very important statement: “No one can say Jesus is Lord, except through the Holy Spirit.” This means that, it is God himself that enables us to recognize and accept the lordship of Christ through the Holy Spirit.

Due to pride, it is difficult for Satan to acknowledge and accept the lordship of Christ. To say “Jesus is Lord” is to humble oneself. It means to accept Christ as the Lord and Savior of one’s life. Truly, this is only possible through the spirit of truth, the Holy Spirit.

In the gospel, Jesus breathed the Holy Spirit upon his disciples in order to restore their peace and to free them from the slavery of fear. Christ knew that the Holy Spirit empowers and liberates. So, the Spirit we have received, “is not the spirit of fear and timidity, but the Spirit of power, love, and self-discipline.” (2 Tim 1:7)

According to our Catechism, the Holy Spirit empowers us, makes us strong Christians and soldiers of Christ (CCC 1302). This empowerment comes through the different gifts we receive from the Holy Spirit. Through them, we become bold to call God our Father (Rom 8:15), and above all, to proclaim to our world that, Jesus Christ is Lord. Also, the Holy Spirit helps us to bear good fruits in Christ (Gal 5, 22). He leads us into the kingdom of righteousness, peace and joy. 

Today, we must ask ourselves: “What does the Holy Spirit wants me to do? Where is He leading me to?” It is important to reflect on these questions especially, now that our world has become so complex, and many of us seem confused. We must pay attention to Him. We must be docile to him. We must let him lead and show us the best way.

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Only Him, can help us navigate the rough waters of this world. Only the Holy Spirit can calm our fears and restore order to our lives. He alone can empower us to face the daily challenges of our lives, families, communities, and our world at large. He alone can give us the right insight we need to navigate through the complex moments of this life.

In view of this, daily and prayerfully, we must pause to listen to what the Holy Spirit has to say to us in order to know the direction he wants to lead us. Let us give him the chance to direct our lives, families, business and studies. If He leads us, no matter how complex our world becomes, we shall never be confused. We shall always find our way forward.

Finally, rather than always walk by sight or mere instinct as many of us do today, let us walk with the Holy Spirit, our Counselor and Advocate. This is because, we shall succeed “not by power nor by might, but by my spirit, says the Lord Almighty” (Zach 4:6). So, let us humbly pray: “O Lord, send forth your spirit and renew the face of the Earth.  Alleluia.”

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Domingo de Pentecostés, Año B

¡Renuévanos Señor con tu Espíritu!

Lectura: 1raHecho2:1-11; Sal 103; 2da:1Co 12:3-7. 12-13; Ev: Jn 20:19-23

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy es domingo de Pentecostés. Pentecostés marca el termino definitivo de la temporada de Pascua. Ocupa una posición muy importante en la vida de la iglesia y en el calendario litúrgico. Esto es porque, marca el comienzo del movimiento misionero de la iglesia. El día de Pentecostés es un día de renovación y empoderamiento.

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Desde la primera lectura de este domingo, vemos la recompensa de la obediencia y la firmeza en la oración. Por lo tanto, hoy celebramos una gran fiesta, cuando Cristo cumplió su promesa a nosotros. Como discípulos de Cristo, cada verdadero creyente ha sido empoderado por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el amor mutuo del padre y del Hijo. Él nos faculta para ir a nuestro mundo para traer paz, unidad, alegría, amor y salvación a las naciones.

En la segunda lectura de hoy, Pablo hace una importante declaración: “Nadie puede decir que Jesús es Señor, excepto a través del Espíritu Santo.” Esto significa que, es Dios mismo que nos permite reconocer y aceptar el señorío de Cristo a través del Espíritu Santo.

Debido al orgullo, es difícil para Satanás reconocer o aceptar el señorío de Cristo. Decir “Jesús es Señor” es humillarse a uno mismo. Significa aceptar a Cristo como el Señor y Salvador de la vida de uno. Verdaderamente, esto es sólo posible a través del espíritu de la verdad, el Espíritu Santo.

En el Evangelio, Jesús sopló el Espíritu Santo sobre sus discípulos con el fin de restaurar su paz y liberarlos de la esclavitud del miedo. Cristo sabía que el Espíritu Santo empodera y libera. Por lo tanto, el espíritu que hemos recibido, “no es el espíritu de miedo y timidez, sino el Espiritu de poder, amor y dominio propio”. (2 Tim 1:7).

Según nuestro Catecismo, el Espíritu Santo nos empodera, nos hace fuertes cristianos y soldados de Cristo (CIC 1302). Este empoderamiento viene a través de los diferentes dones que recibimos del Espíritu Santo. Nos hacen audaces para llamar a Dios nuestro padre (Rom 8:15), y, sobre todo, para proclamar a nuestro mundo que, Jesucristo es el Señor. Además, el Espíritu Santo nos ayuda a dar buenos frutos en Cristo (Gal 5, 22). Él nos lleva al reino de la justicia, la paz y la alegría.

Hoy debemos preguntarnos: “¿Qué quiere el Espíritu Santo que yo haga? ¿A dónde me está llevando? Es importante reflexionar sobre estas preguntas especialmente, ahora que nuestro mundo se ha vuelto tan complejo, y muchos de nosotros parecemos confundidos. Debemos prestar atención a él. Debemos ser dóciles con él. Debemos dejarlo conducir y mostrarnos el mejor camino.

Sólo él nos puede ayudar a navegar por las aguas turbulentas de este mundo. Sólo el Espíritu Santo puede calmar nuestros temores y restablecer orden a nuestras vidas. Él solo puede empoderarnos para enfrentar los desafíos cotidianos de nuestras vidas, familias, comunidades y nuestro mundo. Él solo nos puede dar la visión correcta que necesitamos para navegar a través de los momentos complejos de esta vida.

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En vista de esto, diariamente y en oración, debemos hacer una pausa para escuchar lo que el Espíritu Santo tiene que decirnos para conocer la dirección que él quiere guiarnos. Déjenos darle la oportunidad de dirigir nuestra vida, familia, negocio y estudio. Si él nos guía, no importa cuán complejo sea nuestro mundo, nunca seremos confundidos. Siempre encontraremos el mejor camino a seguir.

Finalmente, en lugar de andar siempre por la vista o el mero instinto como muchos de nosotros hacemos hoy en día, caminemos con el Espíritu Santo, nuestro Abogado y Defensor. Esto es porque, triunfaremos “no por el poder ni por la fuerza, sino por mi espíritu, dice el Señor Todopoderoso” (Zech 4, 6). Así que oremos humildemente: “Envía, Señor tu Espíritu y renueva la faz de la tierra. Alleluia”.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily for Ascension (7th Sunday), Year B

Behold, Our Lord Goes Up With Shouts of Joy!

Readings: 1st: Acts 1:1-11; Ps 46:2-9; 2nd: Eph 4:1-13; Gos: Mk 16:15-20

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Today we celebrate Christ’s Ascension into heaven. He has completed his mission by fulfilling his father’s will. So, as a good son, He has returned to render a full account of his work to his father.

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As Christ’s disciple, we rejoice because we celebrate the final victory of Jesus over Satan and this world. This is a sign of hope that we, too, shall overcome all the forces of sickness, poverty, humiliation, injustice, and oppression that try to subdue us in this world.

This is certain because the same Holy Spirit that raised and ascended Christ is with us (Rom 8, 11). Thus, Ascension reminds us that we are on a journey and that heaven is our final destination rather than this world.

In our first reading, Luke gives us a summary of the life of Jesus up to the point of his dramatic ascension into heaven. There are two messages of hope for us here. The first is the promise of the Holy Spirit: “…You will receive the Holy Spirit…and you shall be my witnesses to the ends of the earth.”

This means that Christ is not leaving us as orphans. Instead, he remains with us through the Holy Spirit “till the end of time.” Therefore, the ascension of Christ does not mean his absence from us. Rather it means his continuous presence through the Holy Spirit.

The second is the promise of his second coming (Parousia). So, today we celebrate because Christ has gone to prepare a place for us in his kingdom. We also celebrate the hope that he shall return to take us to be with him one day.

However, it is important to note that while we wait and prepare for Christ to return, we are not supposed to remain idle. That is, we are not to continue gazing endlessly as the apostles did at the scene of the ascension. Instead, we are expected to live productive lives. We are expected to continue Christ’s mission. 

Both the second reading and the Gospel remind us of our missionary vocation. So, while we wait for the return of Christ, we have to make efforts to fulfill this call by living appropriately. Hence, Paul admonishes us: “Live a life worthy of the call you have received. Bear with one another charitably, in complete selflessness and patience. Do all you can to preserve the unity of the spirit by the peace that binds you together.”

Brethren, this is what we are supposed to be doing, rather than remain idle in the name of waiting for the Lord. The Lord must not meet us idle. We must have enough souls to present to him when he returns. So, rather than stand and gaze endlessly, we must embrace our calling with new zeal and hope.

Today’s Gospel reminds us of the mandate of our Christian calling: “Go out into the whole world and proclaim the good news to all creation…” Christ himself evangelized through his words, works, sufferings, and complete offering of himself. Now he calls us to do the same because the same spirit that sustained and resurrected him is with us.

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Indeed, we cannot afford to fail Christ in this call. So, as we rejoice today that Christ has ascended into heaven, we must work hard to fulfill his mandate to us in the hope of his second coming to take us with him. This is what will merit us to be eternally with him.

Finally, together with the psalmist, let us acclaim the Lord: “God goes up with shouts of joy; the Lord goes up with trumpet blast.” Alleluia, alleluia!

Peace be with you!

Maranatha

Homilía para la Ascensión del Señor (7mo Domingo), Año B

¡Miren, Nuestro Señor asciende con gritos de júbilo

Lecturas: 1ra: Hecho1, 1-11; Sal 46, 2-9; 2da Ef 4 1-13; Ev: Mc 16, 15-20

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

“Todos los pueblos aplauden sus manos, claman a Dios con gritos de gozo… Dios sube con gritos de gozo y el Señor sube con la trompeta.” En este séptimo Domingo de Pascua, celebramos la solemnidad de la ascensión. Es una solemnidad importante que marca el regreso de Jesús al padre. Junto con la resurrección, es una manifestación de la victoria de Cristo.

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La ascensión es una solemnidad que sustenta la esperanza de los cristianos de que un día estaremos con Cristo. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que: “… Jesucristo la cabeza de la Iglesia nos precede en el glorioso reino de su padre, para que nosotros los miembros de su cuerpo podamos vivir con la esperanza de estar un día con él para siempre ” (665-667).

Nuestra primera lectura de Hechos de los apóstoles relata los acontecimientos de los últimos momentos y el encuentro de Cristo con sus apóstoles antes de su ascenso al cielo. Aquí, Cristo da una instrucción muy importante a sus apóstoles: “No salgan de Jerusalén, pero esperen allí lo que el padre ha prometido”. Cristo alienta a su discípulo a permanecer fiel.

Lo más importante, él les recuerda que su éxito dependerá de su capacidad de caminar con el Espíritu Santo. Estas instrucciones también son para nosotros. Igualmente nos recuerda que antes de empezar cualquier proyecto, debemos encomendarnos a la guía y al consejo del Espíritu Santo.

En la segunda lectura, Pablo ora pidiéndole a Dios que nos envíe el Espíritu Santo: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo les dé el espíritu de sabiduría y percepción de lo que se revela, para que les traiga todo el conocimiento de él.” Esta debe ser nuestra oración y deseo todos los días de nuestra vida. Debemos invitar al Espíritu Santo a tomar control de toda nuestra misión.

Debemos invitarlo a alumbrar los puntos oscuros de nuestras vidas como Pablo oro: “Que el Espiritu Santo ilumine los ojos de sus mentes para que pueda ver la esperanza que su llamado tiene para usted…” Debemos pedirle que dirige nos para que lo sigamos.

En el Evangelio de hoy, Jesús sabía que sus apóstoles necesitaban ayuda para triunfar. Así que les instruyó: “… Permanezcan en la ciudad, hasta que se visten con el poder de lo alto”. Debemos buscar este poder si tenemos que hacer algún impacto positivo en nuestro mundo.

Por lo tanto, debemos prestar atención a lo que Jesús nos está diciendo en el Evangelio de hoy. Como un maestro experimentado, él conoce el terreno que estamos a punto de caminar. Sabe lo delicados que son los corazones de los hombres de nuestra edad. Él sabe lo difícil que es nuestra tarea y lo que se necesita para tener éxito. Él sabe que sólo el Espíritu Santo nos puede ayudar.

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Por lo tanto, la ascensión marca el comienzo del cumplimiento de la promesa de Cristo a nosotros. Así que, mientras que celebramos la solemnidad de la ascensión hoy, Jesús nos recuerda que, independientemente de nuestro conocimiento y capacidad humana, necesitamos una ayuda divina para triunfar. Esta ayuda divina vendrá del Espíritu Santo a quien debemos prestar atención todo el tiempo.

Así que, mientras que celebramos la ascensión de Cristo hoy y esperamos el cumplimiento de su promesa el domingo de Pentecostés, oremos: “Envía tu espíritu, oh Señor, y renueva la faz de la tierra.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranata!

Homily for the 6th Sunday of Easter, Year B

God’s Universal Love and Salvation for all

Readings: 1st: Acts 10:25-26. 34-48; Ps: 97:1-4; 2nd: 1Jn 4:7-10; Gos: Jn 15:9-17

This brief reflection was written by Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a member of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans). He is a missionary in Puerto Rico. He is the Parish Priest of Parroquia la Resurrección del Senor, Canóvanas, and the Major Superior of the Congregation of the Holy Spirit (Spiritans), Circumscription of Puerto Rico and the Dominican Republic. Fr. Canice is a member of the Academy of Homiletics. For more details and comments contact him at canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

On this sixth Sunday of Easter, we celebrate our Lord, whose love is universal. He has no favorite. Instead, he freely communicates his love and spirit to all who accept him. The fullness of this love is expressed in Jesus Christ and through the Holy Spirit.

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Our first reading is an account of Cornelius and his family’s conversion and how they received the Holy Spirit. As Peter described it, this shows that “God does not have any favorites.” In order words, God’s salvation and love are universal. He wants everyone who sincerely believes in him to be saved and participate in him through the Holy Spirit.

While reflecting on the readings of this Sunday, I recalled the song which says: “Jesus’ love is so wonderful, so wide you cannot get out of it, so high you cannot get over it, so deep you cannot get under it…” Simply put, God’s love does not discriminate.

Both the second reading and today’s gospel from John remind us how much Christ himself loved us. They exalt us to remain in this love, and of course, to love one another as Christ loved us. Being created in the image of God, we must exhibit this love. When we love, we are genuinely being and acting like God. When we love sincerely, we testify that the spirit of God dwells in us.

Today’s gospel is a command to love: “What I command you is to love one another.” As a command, it means that we do not have any option than to love one another. The reason is simple. We are products of love. This love flows from God to Christ and from Christ to us.

It also flows from God to our parents and from our parents to us. This is why Christ tells us today: “As the Father has loved me, so have I loved you.” So, we have no reason not to extend it to others. We are to continue the chain.

The love we are talking about here goes beyond mere emotion or sentiments. It is a “sacrificial love.” Intense emotion and feelings may accompany it, but they are not in themselves love. They are simply modes of expressing love.

It is the commitment of the will that keeps sacrificial love steadfast and unchanging. That is, the will to endure or persevere. This is the mark of a good and faithful Christian love. Hence, sacrificial love must be patient. It shows forbearance even under provocation. It is steadfast despite opposition and difficulties.

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Sacrificial love is sympathetic, considerate, gentle, and kind. This love is not jealous. It works for the good of the other. This love is not arrogant, even when we think we are right and others are wrong. Sacrificial love is not selfish. Instead, it is an act of the will that seeks to serve and not be served.

Sacrificial love is a strong commitment to help and appreciate others unconditionally. It is always ready to give rather than to receive. Sacrificial love rejoices with the truth and never fails. It is that love that fears no accusation. As we celebrate and obey this excellent command to love, let us give thanks to God, who “has shown his salvation to the nations.” Alleluia.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía del Sexto Domingo de Pascua, Año B

El amor y la salvación universal de Dios para todos

Lecturas: 1ra: Hecho10, 25-26. 34-48; Sal 97, 1-4; 2da1Jn 4, 7-10; Ev: Jn 15, 9-17

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo al canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

En este sexto domingo de Pascua celebramos a nuestro Señor cuyo amor es universal. Él no tiene favorito. Más bien, él libremente comunica su amor y espíritu a todos los que lo aceptan. La plenitud de este amor se expresa en Jesucristo, y a través del Espíritu Santo.

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Nuestra primera lectura es un relato de la conversión de Cornelio y su familia, y cómo recibieron el Espíritu Santo. Como lo describió a Pedro, esto demuestra que, “Dios no tiene ningún favorito”. En otras palabras, la salvación y el amor de Dios es universal. Él quiere que todos que sinceramente creen en él, sean salvados y participen en él, a través del Espíritu Santo.

Mientras reflexionaba sobre las lecturas de este domingo recordé el cantico que dice, “el amor de Jesús es tan maravilloso, tan alto que no puedo estar más alto de ello, tan bajo que no puedo estar abajo de ello, tan ancho que no puedo estar afuera de ello.” En pocas palabras, el amor de Dios no discrimina y no tiene comparación.

Tanto la segunda lectura, como el Evangelio de hoy según Juan nos recuerdan tanto amo que Cristo nos tiene. Nos exaltan a permanecer en este amor, y por supuesto amarnos unos a otros como Cristo nos amó. Siendo creados a la imagen de Dios, debemos disfrutar este amor. Cuando amamos, estamos verdaderamente siendo y actuando como Dios. Cuando amamos sinceramente, testificamos que el espíritu de Dios vive en nosotros.

El Evangelio de hoy es un mandato a amar: “les ordeno, aman unos a otros”. Como es un mandato, significa que no tenemos ninguna opción que amarnos unos a otros. La razón es sencilla. Nosotros mismos, somos productos de amor. Este amor fluye de Dios a Cristo, y de Cristo a nosotros.

También, fluye de Dios a nuestros padres y, de nuestros padres a nosotros. Es por eso, que Cristo nos dice hoy, “como el Padre me ha amado, yo también los he amado”. Por lo tanto, no tenemos ninguna razón de no extenderlo, a los demás. Debemos continuar la cadena.

El amor que estamos hablando aquí va más allá de la mera emoción o sentimientos. Es un “amor sacrificial”. La emoción y los fuertes sentimientos pueden acompañarlo, pero no son en sí mismos amor. Son simplemente modos de expresar amor.

Es el compromiso de la voluntad que mantiene el amor sacrificial firme e inmutable. Es la voluntad de soportar o perseverar. Esta es la marca de un buen, y verdadero amor cristiano. Por lo tanto, el amor sacrificial debe ser paciente. Se demuestra tolerancia, incluso bajo provocación. Es firme a pesar de la oposición y dificultades.

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El amor sacrificial es simpático, considerado, gentil y bondadoso. Este amor no es celoso. Se funciona por el bien del otro. Este amor no es arrogante, incluso cuando pensamos que tenemos razón y otros están equivocados. El amor sacrificial no es egoísta. Más bien, es un acto de la voluntad que busca como servir, y no ser servido.

El amor sacrificial es un fuerte compromiso para ayudar y apreciar a los demás incondicionalmente. Siempre está dispuesta a dar más que a recibir. El amor sacrificial se regocija con la verdad y nunca falla. Ese amor no teme ninguna acusación. Mientras celebramos, y obedecemos este gran mandato a amar, demos gracias a Dios, quien “ha mostrado su salvación a todas las naciones.” ¡Aleluya!

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!