Homily For 2nd Sunday Of Advent, Year C

Joyfully, Let Us Prepare For The Day Of The Lord

Readings: 1st: Br 5, 1-9; Ps 125; 2nd: Phil 1,3-6.8-11; Gos Lc 3, 1-6

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this second week of Advent, the church invites us to celebrate the marvels that God is about to work for us in a couple of weeks from now. This season, we wait in joyful hope for the “Day of the Lord” when this marvel will be complete for, and in us.

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All the readings of this Sunday are wake up calls for us to prepare to receive the Lord who is coming soon. While our first reading announces that God is ready to display the splendor of the Messiah to all nations, the second reading reminds us of “The Lord’s Day.”

Obviously, this is the fulfillment of God’s promise for our salvation. This wake-up call is summed up in today’s gospel where Luke the evangelist reminds us of what we must actually do through the voice of prophet Isaiah.

Christ is coming in his glory and splendor. However, His coming will be of no use to us unless we receive him, and share in the joy that he will bring. Hence, the first reading of today exalts us: “…take off your dress of sorrow and distress, and put on the beauty of the glory of God forever….” This is truly so because, God is about to do great things for us. Very soon, we shall joyfully welcome the Lord.

In the second reading, Paul acknowledged the fact that his audience have started well. However, they are still far from the end of their destination. So, he encourages us to remain steadfast in good works, and to continue to improve in it until “the Day of the Lord.”  This Advent, “the Day of the Lord” is our destination. It is, the fulfillment of our desire to receive Christ, and to share in the joy that He brings to our world.

So, for us to welcome Christ, and share in the joy that he brings, we must be ready to make some sacrifices. This, demands preparing and purifying ourselves through prayer, charity and reconciliation. Hence, as Paul puts it, this will help us to become “pure and blameless for the day of Christ” (Phil 1:8).

In today’s gospel, Luke captured and recalled the world’s political and historical situation at the birth of the Messiah. Indeed, it was a time of excessive political and religious instability. The kings and rulers of the Roman empire were completely and recklessly in charge of the world.

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However, it was time for change. The King of king is on His way. Thus, it was in this context that Luke echoes the prophesy of Isaiah: “Prepare a way for the Lord [the true and just King], make his path straight. Let every valley be filled, and every mountain and hill be leveled…” (Is 40:4). The message is quite simple and clear.

So, we have to remove whatever will constitute an obstacle to receiving Christ at the end of this season. In other words, something must be sacrificed this season for Christ to have his place in us. For us to experience the joy, glory and splendor of His coming, we have to be prepared to receive him.

Finally, as Paul prayed for us in the second reading: May our love increase ever more and more in knowledge, and every kind of perception, so that we may be able to discern what is of value this season. So that, filled with the fruit of righteousness, we may be pure and blameless for the day of Christ. With the psalmist, proclaim: “The Lord has done great things for us, indeed we are glad” (Ps. 125, 3).

Peace be with you.

Maranatha!

Homilía Para El Segundo Domingo De Adviento, Año C

Gozosamente, Preparémonos Para El Día Del Señor

Lectura: 1ra: Ba 5, 1-9; Sal: 125; 2da: Flp 1, 4-11; Ev: Lc 3, 1-6

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En esta segunda semana de Adviento, la Iglesia nos invita a celebrar las maravillas que Dios está a punto de obrar para nosotros en un par de semanas a partir de ahora. Esta temporada, esperamos en gozosa esperanza para el “Día del Señor” cuando esta maravilla será completa para, y en nosotros.

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Todas las lecturas de este domingo son llamadas para despertarnos a prepararnos para recibir al Señor que viene pronto. Mientras que nuestra primera lectura anuncia que Dios está listo para mostrar el esplendor del Mesías a todas las naciones, la segunda lectura nos recuerda del “día del Señor”. Obviamente, este es el cumplimiento de la promesa de Dios para nuestra salvación. Esta llamada se resume en el Evangelio de hoy, donde Lucas el evangelista nos recuerda lo que realmente debemos hacer a través de la voz del profeta Isaías.

Cristo viene en su gloria y esplendor. Sin embargo, su venida significará nada para nosotros a si no lo recibimos, y compartimos en la alegría que él traerá. Por lo tanto, la primera lectura de hoy nos exalta: “Despójate de tus vestidos de luto y aflicción, y vístete para siempre con el esplendor de la gloria que Dios te da.” Esto es realmente así porque, Dios está a punto de hacer grandes cosas para nosotros. Muy pronto, gozosamente, recibiremos al Señor.

En la segunda lectura, Pablo reconoció el hecho de que su audiencia ha empezado bien. Sin embargo, todavía no ha alcanzado su destino. Así que, nos alienta a permanecer firmes en las buenas obras, y a continuar mejorando en ella hasta el “día del Señor”. Este Adviento, “el día del Señor” es nuestro destino. Es, el cumplimiento de nuestro deseo de recibir a Cristo, y de compartir la alegría que él traerá a nuestro mundo.

Así que, para acoger a Cristo, y compartir en la alegría que él traerá, debemos estar listos para hacer algunos sacrificios. Esto exige preparar y purificarnos a través de la oración, la caridad y la reconciliación. Por lo tanto, Pablo lo dice, esto nos ayudará a ser “limpios e irreprochables para el día de Cristo… ” (Phil 1:8).

En el Evangelio de hoy, Luca capturó y recordó la situación política e histórica del mundo antes del nacimiento del Mesías. De hecho, fue un tiempo de inestabilidad política y religiosa excesiva. Los Reyes y gobernantes del imperio romano estaban completamente e imprudentemente a cargo del mundo.

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Sin embargo, llegó la hora de verdadero cambio. El Rey de los reyes ya estaba en camino. Así que, fue en este contexto que Lucas se hace eco de la profecía de Isaías: “Preparen el camino del Señor [el verdadero y justo rey], hagan restos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada… “ (Is 40:4). El mensaje es bastante simple.

Por lo tanto, hay que eliminar todo lo que constituya obstáculo para recibir a Cristo al final de esta temporada. En otras palabras, algo debe ser sacrificado esta temporada para que Cristo tenga su lugar en nosotros. Para experimentar la alegría, la gloria y el esplendor de su venida, debemos estar plenamente preparados para recibirlo.

Finalmente, como Pablo oró por nosotros en la segunda lectura: Que nuestro amor siga creciendo más y más, y se traduzca en un mayor conocimiento y sensibilidad espiritual, para que podamos escoger lo mejor en este tiempo de Adviento. Para que, llenos de los frutos de la justicia, podamos llegar limpios e irreprochables al día del Señor. Con el salmista, proclamamos: ” Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor” (Sal. 125, 3).

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!