Homily For The 4th (Laetare) Sunday Of Lent, Year B

We Are Redeemed By God’s Grace In Christ

Readings: 1st: 2 Chr 36, 14-23; Ps 136, 1-6; 2nd: Ep 2 4-10: Gos: Jn 3, 14-21

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

 

Rejoice, O Jerusalem, and come together all you that love her: rejoice with joy, you that have been in sorrow…” Today is Laetare Sunday. It is unique because, the church exalts us to rejoice in the hope of our salvation.

Our first reading of this Sunday presents to us what seem to be the two sides of a coin. That is, the wrath and the mercy of God. These are revealed in both, the exile and liberation of his people. Three complaints were made against Israel and their leaders. These include: “That they were unfaithful; they defiled the temple; and, they laughed at the prophets.”

This led to their deportation and exile. However, in his mercy, God decided to restore them at his own time. Hence, this reading is essentially a message of hope anchored on the grace of a loving, merciful and sovereign God. This is a demonstration of how God chose to save humanity through his only son Jesus Christ.

Unfortunately, for some obvious reasons, only few of those granted freedom by king Cyrus took advantage of the opportunity to return home. The rest continued living in the land of exile. When God is ready to save us, we must respond positively to his offer of salvation both from physical and spiritual captivity. It is only through this that our joy will be complete.

In the second reading, Paul reminds us of our former state and how God did redeem us: “…When we were dead through sin, He brought us to life with Christ.” This is simply a manifestation of God’s love and mercy. Most importantly, it highlights the grace of God in action. Today, we rejoice because God has shown us mercy through his grace.

However, Paul call our attention to a very important point and question “…Shall we go on sinning so that grace may increase?” (Rom 6, 1). Of course, the answer is, no! The reason is that, we must not take anything for granted. We have a part to play. God’s grace has been poured out to save us. However, we must reach out to fetch it.

God has saved us through grace, but he expects us to nourish the new life by living a good life. So, the purpose of saving us through his grace is clear: “To live good life, as He meant us to live it from the beginning.” Yes, this is what grace did for us. It restored us to the life of innocence. So, we must appreciate what God has done for us through Christ.

The gospel of this Sunday contains a very popular verse: “God so loved the world that he gave his only son, that anyone who believes in him might be saved.” This is the core of today’s good news and should be a source of great joy for all of us. God’s offer was free and communicates the fullness of grace.

The condition of this offer is clear and simple: “…So that everyone who believes in him may not be lost but may be saved.” This reminds us that grace is not opposed to faith. Rather, they work together. Also, it reminds us that God has made grace and salvation available this season. On our part, we must be ready to accept this offer through faith in Christ.

In conclusion, we are called to rejoice today because grace has been made available, and our salvation is close at hand (Jas 5, 8). What we simply need to do is, believe and live the good life which God created us to live from the beginning. Good life means living as faithful children of God. It means living for God day after day, and time after time. This is the only way our joy can be complete.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía Para El Cuarto Domingo (Laetare) De Cuaresma, Año B

Somos Redimidos Por La Gracia De Dios En Cristo

Lecturas: 1ra: 2 Cr 36, 14-23; Sal: 136, 1-6; 2da: Ef 2, 4-10; Ev: Jn 3, 14-21

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

 

“Alégrense a Jerusalén, gozan con ella todos los que la aman: alegran de su alegría los que por ella llevaron luto…” Hoy es el Domingo de alegría (“Laetare”). Es único porque, la iglesia nos exalta a regocijarnos en la esperanza de nuestra salvación.

Nuestra primera lectura de este domingo nos presenta lo que parecen dos lados de una moneda. Es la ira y la misericordia de Dios. Estos se revelan tanto en el exilio como en la liberación de su pueblo. Tres quejas fueron hechas contra Israel y sus líderes. Estos incluyen: “que eran infieles; profanaron el templo; y se rieron de los profetas “.

Esto condujo a su deportación y exilio. Sin embargo, en su misericordia, Dios decidió restaurarlos a su propio tiempo. Por lo tanto, esta lectura es esencialmente un mensaje de esperanza anclado en la gracia de un Dios amoroso, misericordioso y soberano. Esta es una demostración de cómo Dios decidió salvar a la humanidad a través de su Hijo único.

Por desgracia, por algunas razones obvias, sólo pocos de los que el rey Cyrus otorgó la libertad aprovecharon la oportunidad de regresarse a su patria. El resto continuó viviendo en la tierra el exilio. Cuando Dios está listo para salvarnos, debemos responder positivamente a su oferta de salvación, tanto del cautiverio físico como del espiritual. Es sólo a través de esto que nuestra alegría será completa.

En la segunda lectura, Pablo nos recuerda nuestro estado anterior y cómo Dios nos redimió: “… Cuando estábamos muertos por el pecado, él nos hecho vivir con Cristo. Esto es simplemente una manifestación del amor y la misericordia de Dios. Lo más importante, Pablo destaca la gracia de Dios en acción. Hoy nos regocijamos porque Dios nos ha mostrado una gran misericordia por medio de su gracia.

Sin embargo, Pablo llama nuestra atención a un punto y pregunta muy importante “… ¿vamos a seguir pecando para que la gracia puede aumentar? (Rom 6, 1). Por supuesto, la respuesta es, ¡no! La razón es que, no debemos tomar nada por sentado. Tenemos un papel que jugar. La gracia de Dios ha sido derramada para salvarnos. Sin embargo, debemos aceptarla.

Dios nos ha salvado a través de la gracia, pero él espera que alimentemos la nueva vida por vivirla bien. Por lo tanto, el propósito de salvarnos a través de su gracia es claro: “vivir la buena vida, como él quiso que nosotros la viviéramos desde el principio.” Sí, esto es lo que la gracia hizo por nosotros. Nos restauró a la vida de la inocencia. Por lo tanto, debemos apreciar lo que Dios ha hecho por nosotros a través de Cristo.

El Evangelio de este domingo contiene un versículo muy popular: “¡Así amó Dios al mundo! Lo dio a su Hijo único, para que quien creen en el serán salvados.” Este es el núcleo de las buenas noticias de hoy y debe ser una fuente de gran alegría para todos nosotros. La oferta de Dios era libre y comunicó la plenitud de la gracia.

La condición de esta oferta es clara y sencilla: “… para que todos los que creen en él no se pierdan, pero serán salvados.” Esto nos recuerda que la gracia no se opone a la fe. Más bien, trabajan juntos. Además, nos recuerda que Dios ha hecho la gracia y la salvación disponibles en esta temporada. Por nuestra parte, debemos estar dispuestos a aceptar esta oferta a través de la fe en Cristo.

En conclusión, estamos llamados a regocijarnos hoy porque la gracia ha sido esta disponible, y nuestra salvación está cerca (Santiago 5, 8). Lo que simplemente necesitamos hacer es, creer y vivir la buena vida que Dios nos creó a vivir desde el principio. La buena vida significa vivir como hijos fieles de Dios. Significa, vivir para Dios día tras día, y tiempo tras tiempo. Esta es la única manera en que nuestra alegría puede ser completa.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!