Homilía del Trigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

Sea Fiel al Mensaje de la Vida Eterna

Lecturas: 1ra: Mal 1, 14-2, 2-10; Sal: 130; 2da: 1Tes 2, 7-13, 5-11; Ev: Mt 23, 1-12

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico. Es el Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo Humacao, Puerto Rico. El Padre Canice es miembro de la academia de homilética (The Academy of Homiletics). Para más detalles y comentarios se puede contactarlo all: 

canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

(https://orcid.org/0000-0002-8452-8392)

Hoy, la Iglesia nos llama a mantener firmes a la buena nueva. Esto es lo que salvaguarda nuestra fe, especialmente, en estos tiempos peligrosos, y Dios continuará de fortalecernos.

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En la primera lectura, del profeta Malaquías, Dios nos advierte, sobre el peligro de desviarnos de del bien camino y el peligro de engañar u oprimir los demás en su nombre: “Ahora sacerdotes, esto es una advertencia para ustedes. Se han desviado del camino, y han causado que muchos tropiezan. Con su enseñanza, han destruido la alianza de Levi. “

Aunque fue dirigido a los “sacerdotes” y “pastores de las almas”, Dios está igualmente hablando a todos nosotros. La razón es sencilla. Todos, estamos llamados a vivir una buena vida para la gloria de Dios. Por lo tanto, es una llamada a vivir justamente y glorificar a Dios a través de nuestra manera de vivir.

En la segunda lectura, a diferencia de los sacerdotes que Dios advirtió a través del profeta Malaquías en nuestra primera lectura, Pablo y sus compañeros eran pastores fieles. Son modelos para todos nosotros pastores de las almas. En lugar de engañar o explotar a la gente, se dedicaron toda su vida predicando el mensaje de la vida eterna tanto en palabras como en acciones.

Sus esfuerzos no fueron en vano. Dios lo confirmó en la vida de los Tesalonicenses. Predicaron y vivieron el mensaje de la vida eterna. Lo trajeron con fe, sinceridad, honestidad y dedicación. Por lo tanto, los Tesalonicenses no dieron el mensaje por sentado.

Más bien, lo aceptaron con un corazón abierto. Esto es lo que sucede cuando nos cumplimos fielmente nuestros deberes como pastores de las almas. Vemos al pueblo de Dios florecer como el árbol plantado al lado del río. Dios nos bendice y nos hace felices, a través de esto.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos advierte de la hipocresía de los fariseos. Representan a todos los malos pastores de las almas que engañan la gente. Es decir, todos los “hombres y mujeres de Dios” de nuestro tiempo, que ocupan posiciones exaltadas, pero muestran malos ejemplos. Son muy elocuentes y altos en su predicación, pero son enanos en sus acciones. Aprovechan la buena nueva para su propio beneficio. Por lo tanto, conducen a muchos extraviado. Cuando vivimos de esta manera, actuamos como los fariseos.

Hoy, Jesús denuncia el espectáculo religioso y la intolerancia, que se oponen al mensaje de la vida eterna. Sin embargo, su mensaje sobre de llamar a cualquiera “rabino” o “padre” no debe ser mal comprendido. Uno debe ser fiel a su vocación y deber, y no ocupar una posición solamente por el orgullo de ser llamado padre, monja, hermana, pastor, evangelista, o ministro.

Por lo tanto, lo que Jesús está denunciando aquí es el orgullo humano. Él quiere que seamos fieles a nuestro llamamiento cristiano. No debemos ser arrogantes. También, él quiere que seamos fieles a la buena nueva.

¡La paz sea con ustedes! 

¡Maranatha!

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