Homilía del Primer Domingo de Adviento, Año B

Adviento: Temporada de una gran Expectación y Gozosa Esperanza

Lecturas: 1raIs 63:16-17. 64:1-8: Ps: 79; 2nd: I Cor 1:3-9; Gos: Mt 13:33-37

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Era el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com o canicechukwuemeka@gmail.com.

https://orcid.org/0000-0002-8452-8392

Hoy es el primer domingo de Adviento y de un nuevo calendario litúrgico, año B. Sorprendentemente, al comenzar un nuevo año litúrgico hoy, nos movimos del evangelio según San Mateo al evangelio según San Marcos, el más corto de los cuatro evangelios canónicos.

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El Adviento es una temporada de esperanza y un período durante el cual, como cristianos, esperamos el cumplimiento de la promesa de Dios por medio de sus profetas. Además de ser una época de esperanza, es igualmente una temporada de paciencia y oración. Durante estas cuatro semanas, ¿qué se espera que hacemos? Se espera que nos preparamos para el nacimiento del Mesías. Es suficiente señalar que, mientras que nos preparamos físicamente, lo más importante debe ser la preparación espiritual.

Nuestra primera lectura de Isaías es a la vez un mensaje profético, así como una oración de esperanza. Isaías comienza, reconociendo la grandeza de Dios: “Oh Señor, tú eres nuestro padre, nuestro redentor es tu antiguo nombre…” Entonces, él hace una petición a Dios: “¿Por qué dejarnos desviarnos de sus caminos… ojalá tú rasgas los cielos abiertos y bajar! “

Es una oración de esperanza. Como Isaías exigió con mucha razón, Dios no guardará silencio hasta que nos salve. Esa salvación es lo que nuestra esperanza en Cristo logrará para nosotros. Por lo tanto, cuando Isaías le pide a Dios que rasga los cielos y baje, él espera que Dios venga rápidamente.

Esta es la oración de nuestro Señor: “Venga a nosotros tu reino.” También, es la petición de Pablo: “¡Maranatha!” Es el grito del espíritu y de la novia: “Ven, Señor Jesús” (CCC 2817). El poder y la salvación de Dios es lo que esperamos ver al final de este tiempo. Es decir, cuando la Palabra de Dios se convierta en carne y nazca de una virgen.

En nuestra segunda lectura, Pablo nos anima a ser fieles mientras que esperamos la venida de Cristo. Pablo se refería a la parusía. Sin embargo, esta lectura es adecuado para esta temporada de Adviento. Pablo nos recuerda que hemos recibido los dones del Espíritu Santo. Son estos dones del Espíritu que nos fortalecerán a medida que esperamos con gozosa esperanza la venida de Cristo.

Nuestra vida es una larga vigilia, esperando que el Señor sea revelado en la plenitud de su gloria. Por lo tanto, esperamos con una gran expectativa y gozosa esperanza, porque su espíritu está con nosotros. Si caminamos con él durante este tiempo, Dios no nos defraudará porque: “Nuestra expectativa no será en vana” (Pr 23:18). Así que, como el Espíritu nos guía, debemos prepararnos con oración mediante la ayuda de los sacramentos. Esto es especialmente, a través del Sacramento de la Reconciliación.

El Evangelio de hoy es un llamado importante para estar despierto y alerto. Sólo el espíritu de Dios puede ayudarnos a hacer esto fielmente. Por lo tanto, en lugar de obedecer el espíritu de este mundo este tiempo, debemos obedecer al Espíritu de Dios, que nos sostiene. Así que, debemos fijar nuestra mente siempre en él.

Basta señalar que, si en este tiempo, iluminamos nuestras casas y calles, sin iluminar nuestras vidas espiritualmente para Cristo; si preparamos todas las cosas y lugares sin preparar un pesebre para el niño Jesús en nuestra vida, nuestra preparación no sería completa.

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Por último, a medida que anticipamos ansiosamente la venida del Señor durante esta temporada, nuestra esperanza y nuestra expectativa deben llevarnos a estar siempre despiertos y vigilantes. Debemos prepararnos adecuadamente para poder aprovechar la misericordia de Jesús. Por lo tanto, nuestra oración constante durante esta temporada como Pablo oró constantemente debe ser:

¡Maranata!¡Ven Señor Jesús!

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