Homilía Para La Solemnidad De María, Madre De Dios (1er De Enero)

Caminemos y Trabajemos Con Dios En Este Año

Lectura: 1er: Num 6, 22-27: Sal: 66, 2-6; 2da: Gal 4, 4-7: Ev: Lc 2, 16-21

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

“María, la Santísima Siempre Virgen Madre de Dios, es la obra maestra de la misión del Hijo y del Espíritu…por primera vez en el plan de salvación…el Padre encontró la morada en la que su hijo y su espíritu puede habitar entre los hombres (CIC 721).

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Hoy es el primer día de un año nuevo. Damos gracias a Dios por la oportunidad de ver este nuevo año y por sus muchos favores. Hoy también celebramos la solemnidad de María, madre de Dios. Ambas celebraciones son fuentes de grandes bendiciones para las que debemos agradecerle a Dios.

En primer lugar, la solemnidad de hoy es una celebración de la maternidad de María. Es importante destacar el papel que María jugó en la historia de nuestra salvación. El título “Madre de Dios” proviene del griego “Theotokos”. Esta solemnidad se trazó al Concilio de Éfeso (431).

En 1931, el Papa Pío XI extendió la fiesta a toda la iglesia. Finalmente, en 1974, el Papa Pablo VI quitó la fiesta de la circuncisión de Cristo del calendario litúrgico, y la sustituyó con la fiesta de la “solemnidad de María, Madre de Dios”.

Por lo tanto, nuestra segunda lectura nos recuerda cómo Dios se hizo hombre en María. También, nos recuerda nuestra filiación adoptiva. A través de la adopción, somos hijos del mismo padre con Cristo. También, a través de la adopción, somos hijos de María con Cristo. Así que, como hijos de la misma madre, nacemos del mismo espíritu.

Evangelio de hoy simplemente, nos recuerda que María jugó su papel materno hacia su hijo Jesucristo bien. Ella fue obediente y cumplió todo lo que le ordenaron. No sólo dio a luz a Cristo, sino también que, María creo a Cristo bien. Por lo tanto, ella es el epítome y modelo para todas las madres.

El año nuevo nos ofrece nuevas oportunidades, ideas, resoluciones, planes y una nueva dirección. Es un signo de regeneración y nueva esperanza. Se le preguntaron a un hombre: “¿Cuál es su plan este año? Simplemente contestó: “Este año, nunca caminaré solo. Mi plan es caminar y trabajar con Dios. Sé que, Él no me dejará fallar.

Muchas veces, hacemos resoluciones de año nuevo. Por desgracia, no las cumplimos. Quizás, no fuimos meticulosos a cumplirlas. Quizás, las circunstancias estaban fuera de nuestro control, y nuestro plan cambió. Quizás, no consultamos a Dios antes de hacer nuestro plan. Sí, muchas veces, hacemos planes y tomamos decisiones sin consultar a Dios.

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Este año, hagamos de Dios parte de nuestro plan: “Comprometan su trabajo al Señor, y él establecerá sus planes” (Pr 16, 3). Debemos desarrollar el espíritu resiliente de Moisés que insistió a Dios: “Si usted no va personalmente con nosotros, no nos haga salir de este lugar… (Ex 33, 15). Como Enoc (Gen 5, 24), debemos aprender a caminar y a trabajar con Dios para lograr nuestros planes. Él está listo para caminar y trabajar con nosotros.

Por lo tanto, nuestra primera lectura de hoy es una bendición muy importante. A través de esta bendición, Dios nos ha equipado para el viaje de este año. A través de ella, Dios ha demostrado su voluntad de proteger y trabajar con nosotros este año. Por lo tanto, todo lo que necesitamos es simplemente decir: ¡Amén!

Así que, como avanzamos en este año, pidamos a la Madre de Dios, que nos ayude a permanecer enfocados: Oh Santa María, Madre de Dios, no desprecias nuestras oraciones en nuestras necesidades, sino librarnos de todo peligro. Oh gloriosa y bendita Virgen. Amén.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For First Sunday Of Christmas (Year, C)

The Holy Family Of Nazareth: The Christian Model

Readings: 1st: Sir 3, 2-6. 12-14; Ps: 127, 1-15; 2nd: Col 3, 12-21; Gos: Lk 2, 42-52

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

On this the first Sunday of Christmas, the Church celebrates the Holy Family of Nazareth of Jesus, Mary and Joseph. We live in a time when the family institution is under a serious threat. The family, the nucleus of the human society appear to be “an endangered specie.”

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Today, the church invites us to emulate the Holy family as our model. So, all the readings of this Sunday are carefully selected instructions for a Christian family, and the duty of each member of the family. This is in order to maintain the sanctity of the family.

The first reading from Sirac calls children to be obedient to their parents: “He who honors his mother is like someone amassing a fortune. Whoever respects his father will be happy with his own children.” So, in a good Christian family, children respect and obey their parents. When they do, a blessing follows them as Paul tells us in Eph 6, 1-2.

In the second reading, Paul outlined the virtues needed in a Christian family: “You should be clothed in sincere compassion, in kindness and in humility, gentleness and patience. Bear with one another; forgive each other as soon as a quarrel begins.” In a Christian family, each member knows his duty and responsibility.

In today’s gospel, Luke narrates how the parents of Jesus played their role in his upbringing. They accompanied him until he was mature to take care of himself. They provided for his material needs. They also made sure that they brought him up in faith by presenting him to God at the appropriate time.

Today’s gospel also reminds us that problems and obstacles are inevitable in a family. However, if the members remain united and courageous, they will definitely overcome any obstacle and challenge that comes to them. When Jesus’ parents thought he was lost, together, they looked for him, and found him. As parents, they played their role well.

Joseph is a role model for all fathers. He protected and provided for both Mary and Jesus. Mary also played her role very well by providing the maternal love that their son needed as he grew up. On his part, Jesus was not disobedient or problematic. He understood the difficulties that faced his family.

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In a Christian family, if each member plays his role well, the family grows. If the husband loves and respects his wife and children, he wins their favor. If the mother respects the father, and nurtures her children, the family will be a better place. If children obey and respect their parents, they are blessed.

A Christian family is, a family modeled after the Holy Family of Nazareth. It is a family ordained by God. It is made up of the father, the mother, and Children (when it pleases God). It is a family that stays and prays together. It is a family where children are educated and brought up with love, sincerity, dignity and authenticity.

It is a family where each member is valued and respected. It is a family where difficulties are peacefully and prayerfully resolved through dialogue. The model of every good Christian family is the holy family of Nazareth. So, let us pray: Jesus, Mary and Joseph, Pray for us.

Peace be with you!

Maranatha!

Homilía Del Primer Domingo De Navidad, Año C

La Sagrada Familia De Nazaret: El Modelo Cristiano

Lecturas: 1ra: Sir 3, 2-6. 12-14; Sal: 127; 2da: Col 3, 12-21; Ev: Lc 2, 42-52

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este primer domingo de la Navidad, la Iglesia celebra la Sagrada Familia de Nazaret de Jesús, María y José. Vivimos en un tiempo en lo que la institución familiar está bajo una grave amenaza. La familia, el núcleo de la sociedad humana ahora parece “una especie en peligro”.

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Hoy, la Iglesia nos invita a emular la Sagrada Familia como nuestro modelo. Así que, todas las lecturas de este domingo son instrucciones cuidadosamente seleccionadas para familias cristianas, y el deber de cada miembro de la familia. Esto es para mantener la santidad de la familia.

La primera lectura de Sirac llama a los hijos a ser obedientes a sus padres: “El que honra a su padre queda limpio de pecado; y acumula tesoros, el que respeta a su madre. Quien honra a su padre, encontrará alegría en sus hijos y su oración será escuchada”. Así, en una buena familia cristiana, los niños respetan y obedecen a sus padres. Cuando lo hacen, una bendición los sigue como Pablo nos dice en Ef 6, 1-2.

En la segunda lectura, Pablo subraya las virtudes necesarias en una familia cristiana: “Sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión. En una familia cristiana, cada miembro conoce su deber y responsabilidad.

En el evangelio de hoy, Lucas narra cómo los padres de Jesús cumplieron su papel en su crianza. Lo acompañaron hasta que fue maduro para cuidar de sí mismo. Proveían para sus necesidades materiales. También se lo crearon en la fe, presentándole a Dios en el momento oportuno.

El Evangelio de hoy también nos recuerda que los problemas y los obstáculos son inevitables en una familia. Sin embargo, si los miembros permanecen unidos y valientes, definitivamente superarán cualquier obstáculo y desafío que les llegue. Cuando los padres de Jesús pensaron que estaba perdido, juntos lo buscaron y lo encontraron. Jugaron su papel bien.

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José es un modelo a seguir para todos los padres. Él protegía y proveía para María y Jesús. Mary también cumplió su papel muy bien al proveer el amor materno que su hijo necesitaba mientras que crecía. Por su parte, Jesús no fue desobediente, ni problemático. Comprendió las dificultades que enfrentó a su familia.

En una familia cristiana, si cada miembro desempeña su papel bien, la familia crece bien. Si el esposo ama y respeta a su esposa e hijos, gana su favor. Si la madre respeta al padre, y nutre a sus hijos, la familia será un lugar mejor. Si los niños obedecen y respetan a sus padres, serán bendecidos.

Una familia cristiana es una familia modelada según la Sagrada Familia de Nazaret. Es una familia ordenada por Dios. Consiste el padre, la madre y los hijos (cuando agrada a Dios). Es una familia que se queda y reza juntos. Es una familia donde los niños son educados y criados con amor, sinceridad, dignidad y autenticidad.

Es una familia donde cada miembro es valorado y respetado. Es una familia en la que las dificultades se resuelven pacíficamente y con espíritu de oración mediante el diálogo. El modelo de toda buena familia cristiana es la Sagrada Familia de Nazaret. Así que, oremos: “Jesús, María y José, rueguen por nosotros.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For Christmas Day, Year C

God Is With Us!

Readings: 1st: Is 52, 7-10; Ps: 97, 1-6; 2nd: Heb 1, 1-6; Gos: John 1, 1-18

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

“Sing a new song to the Lord, for he has worked wonders for us. He has made known his salvation.” Today is Christmas day, the day we have prepared for. Christmas is a milestone in the history of our salvation. So, it is wonderful to know that “God is with us.

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Today, God has proved the depth of his love for us by allowing his own son to be born of a virgin. The Word of God has finally taken flesh. The central message of today’s celebration is the incarnation and revelation of Jesus Christ.

Our first reading from Isaiah finds its accomplishment in the birth, life and ministry of Jesus. Isaiah proclaims: “How beautiful on the mountains are the feet of the one who brings Good News.” Indeed, the good news is that, Christ is with us. It is the Good News of love, peace, charity, hope, and salvation.

The prophet calls us to celebrate Emmanuel, God with us. It is a call to adore and worship the new born king, and the prince of peace. It is a call to be joyful. Most importantly, it is a call a to spread the good news about the birth of the Messiah.

In our second reading, the letter to the Hebrews captures, and presents what God did for us today in a most convincing and spectacular manner. God has fulfilled his promise to us. Today, the hidden mystery of the old covenant has finally been revealed through the birth of Christ. Hence, divine revelation has reached its climax.

The gospel of John gives us a summary of what happened today. That is, the divine incarnation of God: “The Word was made flesh, He lived among us, and we saw His glory.” The Word which was with the Father as Spirit, is now with us as human. Without losing His sacred or spiritual nature, he has condescended to become like us.

He did this by taking flesh in a poor, humble and a willing virgin. It takes love to do this. Therefore, what we celebrate today is love because: “God so loved the world that he sent his only begotten son… (Jn 3, 16).

Today, we celebrate love. So, we must be ready to extend God’s love this season. Therefore, this is a season we must be ready to offer ourselves positively in love to others. As Christ has reached out to us, we too must be ready to reach out to others.

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Today, we celebrate Sacrifice.  So, we must also be ready to sacrifice something for the good of our brothers and sisters as Christ did. Just as He came down from heaven to be with us, and to show us the way, we must leave our comfort zones to reach out to the lowly, suffering and neglected of our society.

Today, we celebrate Humility. So, we must learn to be humble as Christ our mode is. In spite of being the king of the universe, he allowed himself to be born in a manger, without minding the discomforts. Today, we celebrate the reign of peace. Peace not as the world gives, but as God gives it to those who love and believe in him (Jn 14, 21).

Today, we celebrate hope because, Christ’s birth has brought hope to all who sincerely believe in him. This means that there is hope, even in the midst of uncertainties like wars, hunger, oppression, injustice, and even natural disasters.

Today is a day of joy. So, let us sing psalms to the Lord with harp. With the sound of music, let us acclaim Christ our lord and king, who is with us. Merry Christmas!

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía Del Día De Navidad, Año C

¡Dios Está Con Nosotros!

Lecturas: 1ra: Is 52, 7-10; Sal: 97, 1-6; 2da: He 1, 1-6; Ev: Jn 1, 1-18

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

“Canten un cántico nuevo al Señor, porque ha hecho maravillas por nosotros. Él ha dado a conocer su salvación.” Hoy es el día de Navidad, el día por lo cual hemos preparado. La Navidad es un hito en la historia de nuestra salvación. Por lo tanto, es maravilloso saber que “Dios está con nosotros”.

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Hoy, Dios ha demostrado la profundidad de su amor por nosotros al permitir que su propio hijo ser nacido de una virgen. La palabra de Dios finalmente ha hecho carne. El mensaje central de la celebración de hoy es la encarnación y revelación de Jesucristo.

Nuestra primera lectura de Isaías encuentra su logro en el nacimiento, la vida y el ministerio de Cristo. Isaías proclama: “¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que anuncia la paz, al mensajero que trae la buena nueva, que pregona la salvación!”. De hecho, la buena noticia es que Cristo está con nosotros. Es la buena nueva del amor, de la paz, de la caridad, de la esperanza y de la salvación.

El profeta nos llama a celebrar a Emmanuel, Dios con nosotros. Es un llamado a adorar al nuevo rey nacido, y al príncipe de la paz. Es una llamada a ser alegre. Lo más importante, es una llamada a difundir la buena noticia sobre el nacimiento del Mesías.

En nuestra segunda lectura, la carta a los hebreos captura, y presenta lo que Dios hizo para nosotros hoy de una manera espectacular. Dios nos ha cumplido su promesa. Hoy, el misterio oculto de la antigua alianza finalmente, ha sido revelado a través del nacimiento de Cristo. Por lo tanto, la revelación divina ha llegado a su clímax.

El Evangelio de Juan nos da un resumen de lo que sucedió hoy. Es decir, la encarnación divina de Dios: “La palabra se hizo hombre, y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria”. La palabra que estaba con el padre como espíritu, está ahora con nosotros como hombre. Sin perder su naturaleza sagrada o espiritual, ha condescendiente para ser como nosotros.

Lo hizo por tomar carne en una pobre, humilde y dispuesta virgen. Se necesita el amor para hacer esto. Por lo tanto, lo que celebramos hoy es el amor porque: “Dios amó tanto al mundo que envió a su hijo único (Jn 3, 16).

Hoy celebramos el amor. Por lo tanto, debemos estar listos para extender el amor de Dios esta temporada. Esta es una temporada en que debemos estar listos para ofrecernos positivamente en el amor a los demás. Como Cristo ha llegado a nosotros, debemos estar listos a llegar a los demás.

Hoy celebramos el sacrificio. Por lo tanto, también debemos estar dispuestos a sacrificar algo por el bien de nuestros hermanos como lo hizo Cristo. Así, como él bajó del cielo para estar con nosotros, y para mostrarnos el camino, debemos abandonar nuestras zonas cómodas para llegar a los humildes y descuidados de nuestra sociedad.

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Hoy celebramos la humildad. Por lo tanto, debemos aprender a ser humildes como Cristo nuestro modelo es. A pesar de ser el rey del universo, se permitió nacer en un pesebre. Hoy celebramos el reinado de la paz. Paz no como el mundo la da, sino como Dios se la da a aquellos que aman y creen en él (Jn 14, 21).

Hoy celebramos la esperanza, porque el nacimiento de Cristo ha traído esperanza a todos los que sinceramente creen en él. Esto significa que hay esperanza, incluso en medio de las incertidumbres como guerras, hambre, opresión, injusticia e incluso desastres naturales.

Hoy es un día de alegría. Así que, cantemos salmos al Señor con arpa. Con el sonido de la música, aclamemos a Cristo, nuestro señor y rey, que está con nosotros. ¡Feliz Navidad!

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

Homily For 4th Sunday Of Advent, Year C

Ready For The Divine Visitation And Encounter

Readings: 1st: Micah 5, 1-4; Ps: 79; 2nd: Heb 10, 5-10; Gos: Lc 1, 39-44

This brief reflection was written by Rev. Fr. Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. He is a Catholic Priest and a Member of the Congregation of the Holy Ghost Fathers and Brothers (Spiritans). He is currently working with the Spiritan International Group of Puerto Rico &  Dominican Republic. He is the Administrator of Parroquia La Resurrección del Senor, Canovanas and the Chancellor of the Dioceses of Fajardo-Humacao, Puerto Rico. For more details and comments contact him on:  canice_c_njoku@yahoo.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Last week we celebrated “Gaudete” Sunday when the church encouraged us to rejoice because our Lord is near. On this fourth and last Sunday of Advent, our first reading and gospel have one thing in common.

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This is the fact that from the the lowly clan of Judah; and from Mary the lowly handmaid, God has prepared a body for Christ, the prince of Peace. According to our second reading from Hebrew, Christ assures his father: “Here I am! I am coming to do your will” He comes soon in order to fill our hearts with his spirit of peace and joy.

As we gradually approach the fulfillment of God’s promise to us, the gospel of this Sunday presents us with the visitation of Mary to her cousin Elizabeth. In spite of her pregnancy, Mary still found time to visit her cousin in order to share her joy.

Through this, she displayed her hospitality, generosity, humility, and her love. This is why she is blessed. It was not only Mary that visited Elizabeth but also, the Divine Child and Prince of peace did. Hence, this visit was divine.

Also, it is important to note that what happened between the child in Mary’s womb and the child in Elizabeth’s womb was a divine encounter. This is exactly what the psalmist described as: “When love and faithfulness meet, when justice and truth meet; righteousness and peace embrace each other” (Ps 85, 10). Elizabeth and Mary experienced this.

The visit of Mary to Elizabeth was not a mere coincidence. It was a well thought plan of God, which was executed at the appropriate time. This season, God has planned to honor each of us personally with a divine visit.

He knows the way to where we live. He knows the number of our house, and he knows exactly the number of our room. He comes quickly to visit us personally in order to bring transform and make our life better.

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This season, what we are about to have is a divine encounter with the child Jesus. This encounter will fill us with the Holy Spirit. He will empower us as he empowered Elizabeth. This divine encounter with Christ will bring us transformation. It will provoke peace and a greater joy in our hearts as it did for Elizabeth and the child in her womb.

Soon and very soon, we shall hear a knock at our door. We shall hear the voice of Mary, the new arc of the covenant with the divine child. They are close to us. So, we must be ready to receive them, so that our joy may be complete this season.

Finally, as we wait for our divine visitation and encounter this season, let us implore the Lord: “God of hosts, bring us back. Let your face shine on us, and we shall be saved.”

Peace be with you all!

Maranatha!

Homilía Para El Cuarto Domingo De Adviento, Año

Listos Para La Visitación Y Encuentro Divino

Lectura: 1ra: Mi 5, 1-4; Sal: 79; 2da: He 10, 5-10; Ev: Lc 1 39-45

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

La semana pasada celebramos el domingo “Gaudete” cuando la Iglesia nos animó a regocijarnos porque nuestro Señor está cerca. En este cuarto y último domingo de Adviento, nuestra primera lectura y el Evangelio tienen una cosa en común.

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Este es el hecho de que desde el humilde clan de Judá; y de María, la humilde esclava, Dios ha preparado un cuerpo para Cristo, el príncipe de la paz. Según nuestra segunda lectura del hebreo, Cristo asegura a su padre: “Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad”. El viene pronto para llenar nuestros corazones con su espíritu de paz y gozo.

Al acércanos gradualmente al cumplimiento de la promesa de Dios para nosotros, el Evangelio de este domingo nos presenta la visita de María a su prima Isabel. A pesar de su embarazo o situación, María todavía tuvo tiempo para visitar a su primo con el fin de compartir su alegría.

A través de esto, María le mostró a Isabel su hospitalidad, generosidad, humildad y su amor. Es por que esta bendecida. No fue sólo María la que visitó a Isabel, sino también, el Divino Niño y el príncipe de la paz. Por lo tanto, esta visita fue divina.

Además, es importante notar que lo que sucedió entre el niño en el vientre de María y el niño en el vientre de Isabel fue un encuentro divino. Esto es exactamente lo que el salmista describió como: “Cuando el amor y la fidelidad se reúnen, cuando la justicia y la verdad se reúnen; la rectitud y la paz se abrazan mutuamente” (Sal 85:10). Isabel y María experimentaron esto.

La visita de María a Isabel no fue una mera coincidencia. Era un plan bien pensado de Dios, que fue ejecutado en el momento oportuno. Esta temporada, Dios ha planeado honrar a cada uno de nosotros personalmente con una visita divina.

Conoce el camino hacia donde vivimos. Conoce el número de nuestra casa, y sabe exactamente el número de nuestra habitación. Él viene rápidamente a visitarnos personalmente con el fin de transformar y hacer nuestra vida mejor.

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Esta temporada, lo que estamos a punto de tener es un encuentro divino con el niño Jesús. Este encuentro nos llenará del Espíritu Santo. Él nos empoderará como él empoderó a Elizabeth. Este encuentro divino con Cristo nos traerá la transformación. Provocará la paz y una mayor alegría en nuestros corazones como lo hizo para Elizabeth y el niño en su vientre.

Pronto y muy pronto, escucharemos una llamada a nuestra puerta. Escucharemos la voz de María, el nuevo arco de la alianza con el niño divino. Están cerca de nosotros. Por lo tanto, debemos estar listos para recibirlos, para que nuestra alegría sea completa esta temporada.

Finalmente, mientras que esperamos nuestra divina visita y encuentro esta temporada, oremos con el salmista: “Señor, muéstranos tu misericordia y sálvanos”.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!