Homilía del Décimo Cuatro Domingo del Tiempo Ordinario, Año C

Instrumentos de la Paz de Jeuscristo

Lecturas: 1ra: Is 66, 10-14; Sal: 65; 2da: Ga 6, 14-18; Ev: Lc 10, 1-12

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

“Nada se pierde por la paz…Jesús nos trae paz, y nos deja la paz” (Pío XII). En este décimo cuarto Domingo, la iglesia llama nuestra atención a la necesidad e importancia de paz en nuestro mundo. También, nos recuerda que Cristo es la fuente de nuestra paz.

Uno de los más importantes deseos de la humanidad es, vivir una vida pacífica. Normalmente uno esperaría que, con todos los descubrimientos e invenciones científicas en nuestro mundo, que la humanidad gozara más paz y armonía. Por desgracia, no ha sido así. Esto es porque la paz viene de Dios. Así que, debe ser apreciada, nutrida y conservada.

En la primera lectura de hoy, Dios en su infinita bondad nos ofrece paz: “Ahora, yo haré correr hacia ella la paz como un río.” Si permitamos que esta paz fluya en nuestros corazones y guie nuestras vidas, estaremos satisfechos. Nuestras comunidades y el mundo entero convertirán en un lugar maravilloso. Por lo tanto, estamos llamados a ser mensajeros, agentes e instrumentos de paz. Se debe fluir desde, y a través de nosotros a los demás.

Por desgracia, la mayoría de nosotros hoy en día ha perdido la marca. Esto es, por asumir que la paz viene de cosas materiales o de las riquezas físicas. Es decir, cuántos carros, casas, cuántas ropas, o incluso la cantidad de dinero que uno tiene en su cuenta. Según Jürgen Moltmann: “La paz es la bendita alegría de una vida exitosa. Es la plenitud de la vida en la presencia del Dios vivo. Es la plenitud de la vida en el amor mutuo de los seres humanos. Es la plenitud de la vida en la comunidad de la creación con todas las otras criaturas.” Hermanos, esta paz solo puede fluir de Jesucristo el príncipe de paz.

En la segunda lectura, Pablo ora por la paz y misericordia a todos los que siguen la voluntad de Dios: “Paz y misericordia a todos los que siguen esta regla, que forman el Israel de Dios.” Esto significa que logramos paz en nuestros corazones, hogares, comunidades, sociedades y mundo, sólo cuando caminamos según la voluntad de Dios. Así que, debemos hacer espacio para la paz, para que nuestra alegría sea completa en Jesucristo.

La aclamación del Evangelio de hoy también es una oración de Pablo: “¡Que la paz de Cristo reine en sus corazones!” La ausencia de paz en cualquier corazón, familia, comunidad, sociedad o nación la deja devastada. Paz avanza nuestras comunidades. Cualquier familia y comunidad que acoge y vive en paz, acoge la oportunidad para prosperar tanto espiritualmente y materialmente.

En el Evangelio de hoy Jesús nos equipa con el mensaje que debemos llevar a nuestro mundo:    “Que la paz reine en esta casa.” Es un regalo que debemos ofrecer a nuestro mundo. Jesús sabe muy bien que es la que nuestro mundo necesita más. Por eso, Él está siempre dispuesto a darnos la paz. Con la paz que Cristo nos ofrece, podemos transformar nuestro mundo de la cultura de guerra, del odio y de indiferencia, a una cultura de paz. Él nos invita a ser instrumentos de su paz y armonía. Lo que debemos llevar a nuestro mundo es la buena noticia de paz de nuestro Señor Jesucristo.

Finalmente, paz es preciosa y dorado. Como alegría, paz es contagiosa. Si la tenemos, podemos afectar a los demás positivamente. Por lo tanto, como San Francisco de Asís, oremos al Señor: “Hazme un instrumento de tu paz, donde haya odio, lleve yo tu amor; donde haya injuria, tu perdón; donde haya duda, fe en ti; donde haya desesperación, la esperanza; donde haya tinieblas, la luz; y donde haya tristeza, la alegría.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

2 thoughts on “Homilía del Décimo Cuatro Domingo del Tiempo Ordinario, Año C

    • Good day, Rev. Charles. Thanks for your request. The English version is on line right now and probably with you already. Just check your mail again or go to my blog.

      Peace be with you.

      Fr. Canice, C.S.Sp

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