Homilia Para El Vigésimo Tercer Domingo Del Tiempo Ordinario, Ano A

Promoviendo Reconciliación A Través De Diálogo Y Amor Mutuo 

Lecturas: 1ra: Ez 33, 7-9; Sal: 94, 1-2.6-9; 2da: Rom 13, 8-10; Ev: Mt 18, 15-20

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el vigésimo tercer domingo del tiempo ordinario, la Iglesia nos recuerda nuestra responsabilidad hacia a los demás, y a nuestra sociedad. Lo más importante, se nos recuerda que el diálogo y el amor mutuo son el mejor método para promover la reconciliación.

En la primera lectura, Dios nos recuerda a través del profeta Ezequiel, que tenemos una responsabilidad hacia unos con otros. Esto es especialmente, con respecto a aconsejar y advertir a otros de las consecuencias de sus acciones para salvarlas. Se necesita amor para advertir o aconsejar a alguien. Por lo tanto, debamos hacer esto con amor.

Decir que tenemos una responsabilidad hacia a los demás, es también decir que viene con su propia consecuencia para nosotros. Por lo tanto, el Señor dice: “yo te haré responsable, te pediré a ti cuenta de su vida.” Así que, es nuestro deber hablar, aconsejar, e incluso advertir a nuestros hermanos, amigos y parientes cuando están perdiendo su camino. Ser indiferente a la decadencia (moral, cultural y espiritual) en nuestra familia, sociedad o comunidad podría ser en nuestro propio detrimento en el futuro. Entonces, la responsabilidad recae en nosotros para ser el guardián de nuestro hermano. Esto es lo que Dios quiere decir.

Por desgracia, hoy, mientras que las cosas van mal, algunos de nosotros prefieren guardar en silencio, unirse a la mayoría, o pretender que todo está bien. Debemos hacerse oír. Esto es porque, la indiferencia o el silencio que mostramos hoy nos puede atormentar mañana. Sin embargo, debemos ser conscientes de que Dios dice: “No quiero la muerte del malvado… quiero que se abandone su mala conducta y que viva” (Ez 18, 23). Así que, cualquier acción que debemos tomar, debe ser para corregir, y traer de vuelta el malvado.

En la segunda lectura, Pablo golpea el clavo en la cabeza: “Evitan meterse en deuda, excepto la deuda del amor mutuo.” Debemos tomar nota del adjetivo, “mutuo” con lo que Pablo calificó el amor. La calidad de este amor no es sólo un mero sentimiento egoísta o deseo de satisfacerse. Más bien, es lo que piensa y se preocupa por el bien del otro.

Básicamente, puede ser conocido a través de las acciones que nos incita. Esto simplemente significa, que debe ser un amor relacional que se preocupa, el amor que está listo para dar, y el amor que razona. Es amor mutuo porque, toma y comparte la responsabilidad. Aconseja y acepta buenos consejos. Corrige, y acepta correcciones. Es generoso, y ayuda al otro ver claramente. Es amor en su mejor en 1 Co 13. Es simplemente, responsivo y responsable.

En el Evangelio, Jesús nos da los principios de la reconciliación. Esto significa que los conflictos son inevitables, deben venir. Son inevitables en las relaciones, en las familias y en las comunidades. Sin embargo, la pregunta es ¿cómo resolverlas amistosamente? Es importante notar que en el centro del principio de Jesús está el diálogo. La capacidad para aconsejar y hablar sobre temas, para ver las cosas desde la perspectiva de otros o, la capacidad de empatía con los demás.

Por lo tanto, Cristo nos da un principio tridimensional de la reconciliación. Primero, debemos sentarnos y dialogar uno con el otro, y cara a cara. Entonces, busca la mediación de un buen amigo, y finalmente, busca la mediación de nuestra comunidad o familia. Como cristianos, ¿cómo resolvemos nuestros problemas? ¿Tomar una libra de carne del otro, o ir directamente a la corte? Debemos tomar nota de los tres pasos básicos que Cristo nos da hoy.

Por desgracia, descuidamos todos estos pasos básicos y vamos directamente a: “Tratarlo como a un recaudador de impuestos o un pagano.” Antes de esto, (si es necesario), debemos hacer todos los esfuerzos para reconciliarnos con a los demás a través del diálogo. El diálogo promueve el respeto mutuo por el otro, nos ahorra mucha energía y tiempo. Finalmente, promueve el amor mutuo y restablece las relaciones. Cuando dialogamos y estamos de acuerdo, Dios lo sella con un gran Amén.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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