Homilia De La Solemnidad De Cristo Rey Del Universo, Año A

Deje Que Cristo Rey Del Universo Reina En Su Vida

Lecturas: (1ra: Ez 34, 11-17; Sal 22, 1-6; 2da: I Co 15, 20-28; Ev: Mt 25, 31-46)

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com

El trigésimo cuatro domingo de tiempo ordinario marca el termino de cada ano litúrgico. Mas importante, es la solemnidad de Cristo Rey del Universo. Esta Fiesta fue establecida por el papa Pio XI en 1929 contra una influencia peligrosa de secularismo. La fiesta es por el motivo a proclamar en una manera efectiva la realeza de Cristo sobre toda nación.

En la primera lectura de hoy el señor por el profeta Exequiel nos aseguró de su cuida continua para nosotros: Yo mismo iré a buscar a mis ovejas…Yo mismo apacentare mis ovejas, y las hare reposar…” una cosa bien importante sobre esta lectura es que, por muchas veces, el pronombre personal “Yo” fue empleado. Primero, esto es para convenir el interés personal de Dios para su rebano. En segundo lugar, es para demonstrar su promesa que ya está cumplida en Jesucristo en nuestro tiempo.

También, en esta lectura, Dios presento el “manifiesto” de su reinado que será encabezado por Cristo. El manifiesto de Dios es diferente de políticos de este mundo. Siempre nos prometen: educación, casa, plan médico, transportación, más trabajo, y mucho más gratis. Nunca cumplirán sus promesas antes del término de su tenor en la oficina y se van.

Al contrario, el manifiesto de Dios es absolutamente diferente porque es real y verdadero, No es caridad con un gancho. Esto es porque, Dios es un rey fiel: “Dios no es un hombre para que mienta, ni es un hijo del hombre para que volver atrás (Nu 23, 19). ¡Nunca!

En la segunda lectura, Pablo nos recuerda del reinado de Cristo. Se continuará a mantener su reinado hasta que vence la muerte, nuestro ultimo enemigo. Cristo cumplió una tarea que nadie podría cumplir. Es decir, el venció pecador y satanás por su propia muerte. Fue un cien por ciento derrota.

Lo hizo por: “Anulando el comprobante de nuestra deuda, esos preceptos que nos acusaban; lo clavó en la cruz y lo suprimió” (Col 2, 14). Lo hizo por nosotros y por su reino. Así que, debemos permanecer con aquel que derramó su sangre pro nosotros. Debemos ser parte de su reinado. Lo debemos homenaje todo día de nuestra vida, porque es el Rey de los reyes y Señor de los señores.

El evangelio de hoy también, nos recuerda del reinado de Cristo. Su reinado es de la justicia. Juzgará cada persona según sus obras. No habrá corrupción, fraude, manipulación o injusticia estructural durante su reinado. Al contrario: “Hará arbitro entre la nación y los pueblos dará lecciones. Harán arados de sus espadas y sacarán hoces de sus lanzas. Una nación no levantará la espada contra otra” (Is 2, 4) y su reinado será de paz y justicia.

¿Dónde se supone reinar a Cristo? ¡Por supuesto en nuestros corazones! Así que, es importante notar que nuestra celebración hoy significaría algo bien, solamente si nos permitamos a Cristo a reinar en nuestras vidas. Si él reina en todo corazón, pues se reina en nuestro mundo. Si ya reina allí, goza y celebra. Si no, vamos a pedirle hoy que venga a reinar en nuestros corazones. Cristo nos dice: “Mira que estoy a la puerta y llamo: si uno escucha mi voz y me abre, entrare en su casa y comeré con él y el conmigo” (Ap 3, 20).

En conclusión, como celebramos Cristo Rey del universo hoy, debamos permitir que él estar varadamente en control del reino de nuestros corazones porque siendo un buen pastor, si lo hacemos el rey de nuestras vidas, no faltáramos nada. Su bondad y misericordia nos acompañarán todo lo día de nuestra vida. Y por supuesto, viviremos pacíficamente en su palacio.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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