Homilía Para El Segundo Domingo De Cuaresma, Año B

 Escuchen a Jesús, el hijo de Dios

Lectura: 1ra: Ge 22, 1-2. 9-18; Sal: 115, 10. 15-19; 2da: Rom 8, 31-34; Ev: Mc 9, 2-10

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy marca el comienzo de la segunda semana de nuestro viaje con Cristo. Hoy Cristo es revelado a través de su transfiguración como el hijo de Dios. Lo único que Dios nos exige es: “¡Escuchar a Cristo!” Si escuchamos a Cristo, tendremos éxito en nuestro viaje con él esta temporada.

En nuestra primera lectura de Génesis, Abraham fue puesto a prueba y permaneció fiel a Dios. Dios no le requirió hacer nada que él mismo no haría. De hecho, el mandamiento a Abraham de ofrecer a su único hijo prefigura cómo Dios más tarde ofrecería a su propio hijo para nuestra salvación. Dios paró el sacrificio de Isaac porque la fe de Abraham era firme.

¿Qué aprendemos de Abraham hoy? La primera es que él estaba atento a la palabra de Dios y obedeció el mandamiento de Dios. La segunda es su confianza en Dios, y su generosidad hacia Dios. Esta es una temporada para hacer una pausa, y para preguntarle a Dios: “por favor Señor, ¿qué debo hacer para hacerte feliz? La respuesta es simple. Debemos estar listos para escuchar a Dios y, para hacer lo que él nos pide que hagamos como lo hizo Abraham.

Nuestra segunda lectura es muy alentadora porque está llena de esperanza. Esto es especialmente, durante esta temporada de Cuaresma. Pablo nos ofrece tres garantías: “no hay oposición; no hay condenación; y no hay separación “. Esto es porque: “Dios generosamente ofreció su hijo por nosotros.” Así que, como Abraham, Dios no era egoísta. Más bien, voluntariamente, ofreció su hijo por nuestro bien: “Dios amó tanto al mundo que nos dio a su hijo unigénito…” (Jn 3:16).

Esto significa que Dios está listo para hacer algo bueno para salvarnos. Todo lo que necesitamos hacer es seguir escuchando a Cristo atentamente. Dios está listo para asegurarse de que lleguemos a nuestro destino esta temporada, porque Cristo está con nosotros en nuestro viaje.

El Evangelio de hoy de Marcos, presenta la escena de la Transfiguración de Jesús. Él manifiesta su gloria a tres de sus discípulos. La Transfiguración refleja la divinidad de Jesús. La Transfiguración es simplemente una vislumbre de la gloria de Dios. Hoy, Cristo revela su gloria futura. Sin embargo, para alcanzar la plenitud de esta gloria, primero debe sufrir y ser crucificado. Este es un camino que también debemos caminar para participar en esta gloria.

Al igual que la segunda lectura, el Evangelio de hoy es un mensaje de esperanza. Esto es porque Dios nos reveló la gloria que será nuestra a través de Cristo. Dios habló elocuentemente y confirma el señorío de Jesucristo: “este es mi amado…” Sin embargo, él exige sólo una cosa de nosotros: “¡Escúchenlo!”

Escuchar a Cristo significa transformar nuestras vidas y cambiar nuestras actitudes. Significa vivir de acuerdo a la palabra de Dios que oímos todos los días. Escuchar a Jesús significa obedecer su voluntad y prestar atención a lo que la Iglesia nos enseña cada día.

Así que Cristo nos habla a través de los pobres y los marginados; a través de los indefensos, a través de los enfermos; a través de los ancianos abandonados; a través de los ambulantes y niños abandonados en nuestras calles; a través de los millones de bebés abortados en todo el mundo. Cristo nos habla a través de nuestros vecinos solitarios que necesitan ayuda. Cristo nos habla a través de las familias y comunidades en dificultades.

Finalmente, si respondemos a estos rápidamente, en lugar de ser indiferentes, entonces hemos escuchado a Jesucristo, el amado hijo de Dios. Si hacemos esto bien, entonces, “estamos caminando en la presencia del Señor en la tierra de los vivos.”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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