Homilía Del Tercer Domingo De Cuaresma, Año B

Cristo Es La Sabiduría Perfecta Y La Plenitud De La Ley

Lectura: 1ra: Ex 20, 1-17; Sal: 18, 8-11; 2da: 1 Cor 1, 22-25; Ev: Jn 2, 13-25

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Mientras continuamos nuestro viaje esta temporada, en este tercer domingo de Cuaresma, celebramos a Cristo la plenitud de la ley y la sabiduría de Dios. Hoy, la Iglesia nos llama a re-dedicarnos a Cristo. Esto es porque él es el cumplimiento del mandamiento de Dios.

En nuestra primera lectura de éxodo, Dios le dio la ley a Moisés por Israel. La ley fue dada a Israel para ayudarlos a hacerse más sabios. También se les dio para fortalecer su relación con Dios y ayudarles a organizar su vida social y religiosa.

Por lo tanto, los mandamientos de Dios son hechos para formarnos en una comunidad sagrada. Es de sir, una comunidad arraigada en la adoración genuina de Dios. Una comunidad que vive en la justicia y la paz el uno con el otro. Por lo tanto, debemos vivir como vecinos, respetando el uno al otro. El propósito último y remoto de esto, es también conocer, respetar y adorar a Dios nuestro creador.

Mientras que la vieja ley fue dada a través de Moisés, la nueva ley (Alianza) dada por y en Cristo la cumplió. Dios se revela precisamente en su mandamiento. Por lo tanto, como la plenitud de los mandamientos de Dios, Cristo es el canal a través del cual Dios nos recibe.

En nuestra segunda lectura, Pablo nos recuerda que Cristo es: “La plenitud de la sabiduría de Dios.” Los griegos buscaron esta sabiduría. Por desgracia, ellos lo rechazaron ignorantemente. Así que, en lugar de beneficiarse de él, fueron engañados por la sabiduría de este mundo.

Según Pablo, Cristo es la plenitud de la ley y la sabiduría de Dios. Entonces, quien lo encuentre y lo reciba, se llenará de sabiduría, y nunca caminará en la ignorancia. “Quien lo reciba no volverá a caminar en tinieblas” (Jn 8, 12). La oscuridad se opone a la sabiduría. Así que, quien no haya recibido a Cristo la plenitud de sabiduría, aunque camine según la sabiduría de este mundo, vive en la oscuridad.

En el Evangelio de hoy, Juan narra el encuentro de Jesús con aquellos que profanan el Santuario de Dios. Su acción simplemente demuestra que él es realmente la sabiduría de Dios y la plenitud de la ley. Su celo lo distinguió de las autoridades. En lugar de representar el interés de Dios, representaban sus intereses económicos y sociales egoístas. También lo distingue de los peregrinos del templo que simplemente visitaron el templo sin verdadera devoción a Dios.

¿Qué aprendemos del Evangelio de hoy? En primer lugar, no se supone mantener bastante o permanecer indiferente mientras las cosas van mal. Esto es especialmente en la casa de Dios, en nuestros hogares, oficinas o en cualquier lugar. Además, no debemos permitir que nuestro interés personal destruya la santidad y la unidad de nuestra iglesia, familia, estado o país. La iglesia es la casa de Dios y un lugar de adoración. Debemos santificarlo y respetarlo. También, nos recuerda que nuestro cuerpo, y el cuerpo de Cristo es el templo de Dios. Entonces, no debemos profanarlo.

Finalmente, hoy Cristo profetizó sobre de su propia muerte y resurrección: “Destruyan este templo y lo levantaré en tres días.” Esta profecía se cumplirá durante el misterio Pascual. Por lo tanto, el Evangelio de hoy mantiene en perspectiva los acontecimientos de esta temporada. Nos recuerda a dónde nos dirigimos a esta temporada, la muerte y resurrección de Jesucristo.

Así que, a medida que avanzamos esta temporada, sigamos obedeciendo los mandamientos de Dios cumplidos en Jesucristo, la sabiduría perfecta. Aclamemos a Cristo: “¡Señor, Tú tienes el mensaje de la vida eterna!”

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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