Homilía Del Segundo Domingo De Pascua, Año B

Unidos Por Cristo Resucitado

Lecturas: 1ra: Hecho 4, 32-35; Sal 2-7.15-24; 2da:1Jn 5 1-6; Ev: Jn 20: 19-31

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este segundo domingo de Pascua, unidos como una comunidad de creyentes, continuamos expresando nuestra alegría y fe en el Cristo resucitado. Mientras celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte, hay una cosa importante que debemos recordar. Esto es, debemos permanecer unidos para dar un testimonio efectivo del Cristo resucitado como lo hizo la comunidad cristiana temprana.

La primera lectura de este domingo de los hechos de los Apóstoles comienza con el lema de mi congregación – Los Espirítanos: “Cor unum et anima una” (un solo corazón y una sola alma). Esto resume la manera en que la comunidad cristiana temprana vivió y testificó al Señor resucitado: “Los Apóstoles siguen dando testimonio a la resurrección del Señor Jesús con gran poder, y se les dieron un gran respeto.”

Una de las mejores maneras de dar testimonio al Cristo resucitado es a través de la unidad. Cristo mismo oró por ello: “Padre, que todos sean uno; como tú y yo somos uno” (Juan 17:21). Por supuesto, sabía que habría muchos desafíos para esto. Él sabía que esta unidad no robaría a nadie de su personalidad individual. Sobre todo, sabía que esta unidad es necesaria para nuestro éxito. Es la unidad en la diversidad para el progreso de su misión.

Cristo estaba seguro de que vivir en unidad es el mejor testimonio que podemos dar como sus discípulos. Por lo tanto, sus discípulos prestaron atención a esta instrucción al permanecer unidos en su misión. Lo demostraron a través de sus predicaciones y estilos de vida.

La segunda lectura nos equipa con el mensaje que debemos difundir sobre el Cristo resucitado. Este simple mensaje es que: “Cristo fue crucificado, muerto, fue enterrado… que resucitó a través del poder del Espíritu Santo en el tercer día”. Por lo tanto, nuestra segunda lectura nos pone una tarea como una comunidad de fe. Esta tarea es ayudar a los demás a conocer y creer que Cristo ha resucitado verdaderamente. Este testimonio debe ser también un testimonio sobre nosotros. Es decir, debe reflejarse en nuestras propias vidas.

Después de la muerte de Jesús, sus discípulos quedaron dispersos debido al miedo de los judíos. Ellos tenían tanto miedo que su paz fue completamente perturbado. Jesús sabía esto. Esta fue la razón por la que su primera misión hacia ellos era restaurar la paz. Por tanto, en dos ocasiones, les dijo: “¡Paz esté con ustedes, no tengan miedo!”

Entonces, si la muerte de Cristo nos dispersó, como lo dispersó a sus discípulos, su resurrección debe unirnos. Si su sufrimiento y su muerte charlaron nuestra paz y nos trajeron caos, su resurrección ha restaurado nuestra paz. Esto es porque la resurrección de Cristo fue un cambio de juego. Así que, Cristo nos dice también: “¡La paz esté con ustedes, no tengan miedo”, porque realmente he resucitado!

Por lo tanto, este es un mensaje muy importante que debemos traer a nuestro mundo que carece de paz. Es muy importante para nuestro mundo, donde todo lo que oímos cada día es la guerra, el odio, el accidente, el tiroteo, la masacre, el asesinato, el secuestro, la matanza, las relaciones rotas, abusos y toda clase de violencia. Es un mensaje para cada individuo que vive en el miedo de las incertidumbres de la vida.

Finalmente, todavía hay tantos Tomás que no han creído en Cristo y el poder de su resurrección. Pablo nos recuerda: “… ¿Cómo pueden creer en aquel de quien no han oído? Y cómo pueden oír sin que alguien les predica… Así que, la fe viene de oír, es decir oir la buena nueva de Cristo (Ro 10, 14-17).

Por lo tanto, es nuestro deber, traerlos a Cristo a través de nuestro testimonio. Debemos hacer esto dando: “gracias al Señor porque es bueno, porque su amor no tiene fin”. ¡Aleluya!

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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