Homilía Para La Solemnidad De María, Madre De Dios (1er De Enero)

Caminemos y Trabajemos Con Dios En Este Año

Lectura: 1er: Num 6, 22-27: Sal: 66, 2-6; 2da: Gal 4, 4-7: Ev: Lc 2, 16-21

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

“María, la Santísima Siempre Virgen Madre de Dios, es la obra maestra de la misión del Hijo y del Espíritu…por primera vez en el plan de salvación…el Padre encontró la morada en la que su hijo y su espíritu puede habitar entre los hombres (CIC 721).

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Hoy es el primer día de un año nuevo. Damos gracias a Dios por la oportunidad de ver este nuevo año y por sus muchos favores. Hoy también celebramos la solemnidad de María, madre de Dios. Ambas celebraciones son fuentes de grandes bendiciones para las que debemos agradecerle a Dios.

En primer lugar, la solemnidad de hoy es una celebración de la maternidad de María. Es importante destacar el papel que María jugó en la historia de nuestra salvación. El título “Madre de Dios” proviene del griego “Theotokos”. Esta solemnidad se trazó al Concilio de Éfeso (431).

En 1931, el Papa Pío XI extendió la fiesta a toda la iglesia. Finalmente, en 1974, el Papa Pablo VI quitó la fiesta de la circuncisión de Cristo del calendario litúrgico, y la sustituyó con la fiesta de la “solemnidad de María, Madre de Dios”.

Por lo tanto, nuestra segunda lectura nos recuerda cómo Dios se hizo hombre en María. También, nos recuerda nuestra filiación adoptiva. A través de la adopción, somos hijos del mismo padre con Cristo. También, a través de la adopción, somos hijos de María con Cristo. Así que, como hijos de la misma madre, nacemos del mismo espíritu.

Evangelio de hoy simplemente, nos recuerda que María jugó su papel materno hacia su hijo Jesucristo bien. Ella fue obediente y cumplió todo lo que le ordenaron. No sólo dio a luz a Cristo, sino también que, María creo a Cristo bien. Por lo tanto, ella es el epítome y modelo para todas las madres.

El año nuevo nos ofrece nuevas oportunidades, ideas, resoluciones, planes y una nueva dirección. Es un signo de regeneración y nueva esperanza. Se le preguntaron a un hombre: “¿Cuál es su plan este año? Simplemente contestó: “Este año, nunca caminaré solo. Mi plan es caminar y trabajar con Dios. Sé que, Él no me dejará fallar.

Muchas veces, hacemos resoluciones de año nuevo. Por desgracia, no las cumplimos. Quizás, no fuimos meticulosos a cumplirlas. Quizás, las circunstancias estaban fuera de nuestro control, y nuestro plan cambió. Quizás, no consultamos a Dios antes de hacer nuestro plan. Sí, muchas veces, hacemos planes y tomamos decisiones sin consultar a Dios.

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Este año, hagamos de Dios parte de nuestro plan: “Comprometan su trabajo al Señor, y él establecerá sus planes” (Pr 16, 3). Debemos desarrollar el espíritu resiliente de Moisés que insistió a Dios: “Si usted no va personalmente con nosotros, no nos haga salir de este lugar… (Ex 33, 15). Como Enoc (Gen 5, 24), debemos aprender a caminar y a trabajar con Dios para lograr nuestros planes. Él está listo para caminar y trabajar con nosotros.

Por lo tanto, nuestra primera lectura de hoy es una bendición muy importante. A través de esta bendición, Dios nos ha equipado para el viaje de este año. A través de ella, Dios ha demostrado su voluntad de proteger y trabajar con nosotros este año. Por lo tanto, todo lo que necesitamos es simplemente decir: ¡Amén!

Así que, como avanzamos en este año, pidamos a la Madre de Dios, que nos ayude a permanecer enfocados: Oh Santa María, Madre de Dios, no desprecias nuestras oraciones en nuestras necesidades, sino librarnos de todo peligro. Oh gloriosa y bendita Virgen. Amén.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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