Miércoles, 3ra Semana de Cuaresma, Año A

¡Humildemente, observemos el mandamiento de Dios!

Lecturas: 1ra: Dt 4:1. 5-9; Sal: 147:12–20; Ev: Mt 5:17-19

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Buenas tardes hermanos en Cristo,

En la presencia del Santísimo Sacramento del Altar, el lugar de abundantes bendiciones y gracia, continuemos nuestra reflexión cuaresmal.

En el evangelio de hoy (Mt 5:17-19), Cristo nos enseña cómo observar la ley de Dios en su plenitud. Jesús mismo fue acusado de infidelidad a la Ley de Dios. Así que respondió a sus críticos que le dijeron: “Eres infiel a la Ley de Moisés”.

Como en las primeras comunidades cristianas, hoy en día, en algunas de nuestras comunidades cristianas, existen muchas tendencias diferentes. Por desgracia, algunos cristianos piensan que no es necesario observar las leyes del Antiguo Testamento – los Diez Mandamientos, o incluso las enseñanzas de la Iglesia o incluso la ley de nuestro pais.

Algunos de nosotros aun violan conscientemente la ley natural a través de la cual Dios gobierna y sostiene nuestro universo. Para algunos, son arcaicos, anticuados, rígidos y en nuestro lenguaje moderno, “la vieja escuela.” Todas estas tendencias se basan en la creencia de que “somos salvados solo por la fe, sin buenas obras o la ley (Rom 3:21-26).

Queridos hermanos, la verdad es que, cada vez que violamos conscientemente la ley de Dios, las consecuencias siempre son enormes y graves. Cristo sabía la importancia y las funciones de la Ley, así que, en lugar de abolirlas o violarlas, hizo esfuerzos conscientes para cumplirlas. Hoy él quiere que hagamos lo mismo.

Así que, a medida que continuamos nuestro camino este Cuaresma, y especialmente, en este tiempo peligroso, reevaluémonos nuestra actitud hacia los mandamientos de Dios. Le pidamos que nos perdone por muchas veces que hemos desobedecido flagrantemente sus mandamientos.

La paz este con ustedes

¡Maranata!

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