Viernes, III Semana de Cuaresma, Año A

El mandamiento más importante para el Reino de Dios – Amor

Lecturas: 1ra: Os 14:2-10; Sal: 80; Ev: Mc 12:28-34

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Al continuar nuestro camino este tiempo cuaresmal, reflexionamos sobre una de las más importantes virtudes cristianas necesaria para nuestro camino hacia el reino de Dios.

En el Evangelio de hoy, Cristo respondió a una pregunta “difícil”: “Maestro, ¿cuál es el más grande de los mandamientos?” A través de su respuesta, Cristo nos presenta dos dimensiones muy importantes del amor, o lo que me gustaría referirme como dimensiones “de forma cruzada” del amor.

La primera es la dimensión vertical: “Amaras al Señor tu Dios con toda tu alma, con todo tu corazón, con toda tu mente y con toda tu fuerza.” Es importante tener en cuenta que, amar a Dios con el cuerpo y el alma requiere mucho sacrificio y humildad. Amar a Dios es el requisito más importante de ser como él.

La segunda dimensión del amor es, la horizontal: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo” Esto es lo más difícil que el primero. Esto se debe a que, lo descuidamos y lo damos por sentado. Es decir, al pensar que podemos amar a Dios solo, sin amar a nuestro prójimo.

Por lo tanto, Cristo nos recuerda que, “si alguien dice, amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso. El que no ama a su hermano, a quien puede ver, no puede amar a Dios a quien no puede ver” (1 Jn 4:20). Por lo tanto, la mejor manera de expresar nuestro amor por Dios es a través de nuestro prójimo. Debemos afectar a nuestro prójimo positivamente para poder amar a Dios bien.

Por lo tanto, a la luz de la situación de nuestro mundo hoy, debemos hacernos esta pregunta tan importante, ¿quién es mi prójimo, y cómo estoy amando y cuidándole? Tanto este tiempo cuaresmal, como este tiempo peligroso de la pandemia de COVID-19, nos presenta la oportunidad práctica de evaluar nuestra relación con Dios y nuestro prójimo. Si somos egoístas, no caritativos y no misericordiosos hacia nuestro prójimo, entonces será difícil convencer a uno de que amemos a Dios.

Este es el tiempo de ser verdaderamente el cuidador de nuestro hermano. Es un tiempo de solidaridad. Es un tiempo de ayudar a nuestro prójimo a levantar y mantenerse firme. Es un tiempo para demostrar que podemos ver, servir y amar a Dios a través de nuestro prójimo. Esta es la clave para entrar en el Reino de Dios. Así que, oremos para que Dios nos mantenga fieles en su amor.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranata!

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