Miércoles IV Semana de Cuaresma, Año A Solemnidad de la Anunciación del Señor, 25 de marzo

La Buena Noticia de Nuestra Salvación

Lecturas: 1ra: Is 7:10-14; 8:10. 12; Sal: 40; 2da: Heb 10:4-10; Gos: Lc 1:26-38

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, la Iglesia celebra la solemnidad de la anunciación. Esta solemnidad es el precursor de la Navidad, que se celebra nueve meses después de que el Arcángel Gabriel trajo a María la noticia de que ella será la madre de Jesucristo.

La historia de la Anunciación nos lleva del templo, un lugar santo por excelencia, a la casa, la intimidad de un encuentro personal de Dios con la humanidad. Nos lleva a la parte más profunda de nuestro ser y de nuestra historia, donde sólo Dios puede tocarnos.

Mientras, que el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista abrió el vientre estéril de Isabel, el anuncio del nacimiento de Jesús, llama a la puerta de un fértil vientre de María, el que está “lleno de gracia”. Por lo tanto, hoy basta reflexionar sobre la encarnación de Dios en el seno de la Santísima Virgen María para salvar a la humanidad. Es verdad que Dios podría haberse convertido en hombre de cualquier número de maneras.

Sin embargo, nuestro Señor escogió hacerse humano como nosotros. Por supuesto, es cierto que Dios tomó esta decisión, sin embargo, es muy importante aplaudir la auto donación completa de María a Dios y a la humanidad.

Por supuesto, Dios creó y posee a cada uno de nosotros. Sin embargo, no fuerza su voluntad sobre a nadie. Nos creó seres libres. Por eso el “sí” de María fue muy importante. María aceptó libremente la misión al someter su voluntad a Dios. Así que, al someter su voluntad a Dios, María aceptó convertirse en la nueva arca de la alanza de Dios con la humanidad. Ella cooperó con Dios en su plan para la salvación de la humanidad.

Por lo tanto, la solemnidad de hoy es muy importante en la historia de nuestra salvación. No sólo trajo la buena noticia de que Dios iba a salvar al mundo, sino que, lo iba a hacer de la manera más humilde, siendo como nosotros.

Por último, hoy es uno de los dos únicos días de celebración de la Iglesia cada año, cuando nos arrodillamos ante la recitación del Credo en la Misa. Así, para resaltar la importancia de la encarnación y del acto humilde de Dios, también reciprocamos esta humildad y maravilla, inclinando la cabeza y arrodillando al recitar las palabras: “Por obra del Espiritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre.”

La paz este con ustedes

¡Maranata!

 

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