Martes, V Semana de Cuaresma, Año A

¡Yo Soy!

Lecturas: 1ra: Nu 21:4-9; Sal: 101; Ev: Jn 8:21-30

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com

El Evangelio de hoy contiene profundas reflexiones sobre el misterio de Dios que rodea la persona de Cristo. Los fariseos quieren saber quién es Jesús. Entonces, le preguntaron: “¿Quién eres tú?”

Jesús habla de su partida “Me voy; me buscarán y morirán en su pecado”. De hecho, buscarán a Jesús, pero no lo encontrarán, porque lo buscarán con criterios equivocados.

Según Cristo, los fariseos viven en pecado y morirán en pecado. Vivir en pecado es vivir lejos de Dios. Se imaginan a Dios de cierta manera, pero Dios es diferente de lo que imaginan. Por eso no pudieron reconocer la presencia de Dios en Jesús.

Hoy, Jesús parece estar sonando una última advertencia tanto a los fariseos como a nosotros. Es una súplica sincera de un mesías cariñoso que está dispuesto a salvar a su pueblo. Sin embargo, parece que no podían ver Su punto debido a su ignorancia y obstinación. Ni siquiera podían ver que Dios mismo ha bajado para ayudarlos y salvarlos.

Al acercarnos la celebración pascual, Jesús está tratando de decirnos que, de hecho, es uno con el Padre, y fue enviado por el Padre, para compartir las buenas nuevas de su reino. Es cuando vemos a Jesús levantado en la cruz que nos daremos cuenta de quién es realmente, y por qué vino.

En la cruz, veremos el triunfo del amor sobre el mal. También, veremos nuestra mejor ayuda contra la realidad del mal, especialmente, la situación actual de nuestro mundo. Esto nos recordará que nuestra salvación le costó mucho a Cristo, y entonces, nuestro corazón comprenderá el alcance de su amor por nosotros. Entonces, sabremos que realmente, él es: “Yo soy.”

¡La paz sea con ustedes ¡

¡Maranatha!

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