Jueves, V Semana de Cuaresma, Año A

El Misterio Divino de la Persona de Cristo

Lecturas: 1ra: Gen 17: 3-9; Sal: 105; Ev: Jn 8:51-59

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com

El Evangelio de hoy nos presenta otro diálogo entre Jesús y los judíos. Sin embargo, no es fácil ver las conexiones en este diálogo. Así que, sólo a través de la ayuda del Espíritu Santo, y de la observación atenta y orante, se puede descubrir las conexiones invisibles, y ser capaces de penetrar en el misterio divino que rodea a la persona de Jesucristo.

Ayer, Jesús habló de su fuerte relación con Abraham. Hoy, continúa el diálogo. Pero en este caso, habla tanto de quién es, como de su relación con el Padre. Hace grandes afirmaciones sobre su identidad.

Primero, Jesús hace una afirmación solemne: “¡El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre!” Este fue un fuerte golpe para la mayoría de sus oyentes. Era difícil de comprender. No tenían ninguna duda de que Jesús estaba reclamando una naturaleza divina.

Una vez más, no pudieron ver que, como hijo de María, nació en Belén en el tiempo. Sin embargo, que, como Dios, él está fuera del tiempo. Él es el mismo ayer, hoy y para siempre (Heb 13:8). De hecho, su declaración que, “desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”, lo confirma y lo explica todo. Sin embargo, era difícil para sus oyentes comprender.

Por tanto, el evangelio de hoy destaca la diferencia entre el camino de Jesús, y el camino de las autoridades. La manera divina de mirar las cosas, es el significado profundo que Jesús trae a la vida. Así que, Jesús está diciendo a todo nosotros hoy: “Si quieres ver a Dios, ¡aquí Estoy!”

Así que, pidamos a Dios, Nuestro Padre que abra los ojos de nuestra mente y corazón, para que comprendamos el misterio de la divinidad que rodea la persona de Cristo. Le pidamos también, que nos ayude a verlo en sus Palabras y en los demás.

¡La paz sea con ustedes ¡

¡Maranatha!

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