Jueves Santo, Año A

Celebrando a Cristo en la Santa Eucaristía

Lectura:1ra: Ex 12:1-8; Sal 115; 2da:1Cor 11:23-26; Ev: Jn 13:1-15

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

El Jueves Santo es tanto el día de la institución de la Santa Eucaristía y nuestro cumpleaños como tanto sacerdotes sacramentales y ministeriales.

Hoy la Iglesia celebra el maravilloso don de Dios a la humanidad, la Santa Eucaristía. Es el alimento espiritual que nos nutre en nuestro camino. Según el Papa Francisco, “La Eucaristía no es sólo una forma semanal de celebrar nuestra fe, sino que afecta radicalmente nuestra relación con los demás”.

La Eucaristía nos da la gracia de sentirnos perdonados y estar dispuestos a perdonar a los demás. La Eucaristía afecta a la vida de nuestras comunidades cristianas. Así, la iglesia recibe su misión e identidad de la Eucaristía.

La institución de la Santa Eucaristía del Jueves Santo marca igualmente la institución del sacerdocio ministerial. Por lo tanto, el sacerdocio es también el don de Dios a la iglesia. Esto significa que, es Dios quien libremente elige a quién servirle en este oficio. La naturaleza mística del sacerdocio deriva de la vida de Cristo nuestro sumo sacerdote.

Esta naturaleza mística del sacerdocio alcanza su plenitud en la Cena del Señor y en cada Misa. Es decir, la consagración del pan y del vino, que se transforma en el cuerpo real y la sangre de Cristo. Por lo tanto, el sacerdote participa en el sacerdocio de Cristo.

Hoy debemos emular la Humildad de Jesús. En el Evangelio de hoy, eligió lavar los pies de sus discípulos. También los alimenta, no sólo con comida física, sino con alimentos espirituales. Este humilde gesto nos enseña cómo servir a los demás.

La alegría de trabajar en la viña del Señor proviene principalmente de servir a los demás, en lugar de ser servidos. Sin embargo, esto sólo es posible a través de un corazón humilde preparado para el servicio.

Jesús es el Señor, no en la dominación, sino a través del amor y la humildad que nos comunica, lo que nos hace hijos de Dios y calificados para imitarlo.

¡La paz sea con ustedes ¡

¡Maranatha!

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