Domingo de la Resurrección, Año A

¡Este día fue hecho por el Señor, Alleluia, Alleluia!

Lectura: 1ra: Hechos 10: 34-43; Sal: 117; 2da: Co 3:1-4; Ev: Jn 20: 1-9

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

¡Cristo nuestro Señor ha resucitado, Alleluia! Este es el día que el Señor ha hecho, regocijémonos y seamos contentos. Jesús ha resucitado, para no volver a morir. Después de la angustia de los últimos días, es tiempo de regocijarse.

Con su resurrección, Jesús hace una declaración muy importante. Que, él es a la vez el Señor de los muertos, y de los vivos. Morimos con él a través de nuestras celebraciones cuaresmales. Así que, resucitemos con él a través del mismo poder que lo resucitó (Ro 8:11).

Hoy, estamos llamados a unirnos a Pablo para dar gracias a Dios: “Quien en su gran misericordia nos ha dado un nuevo nacimiento, por resucitar a Cristo de entre los muertos” (Hecho 2:42-43). La muerte de Cristo fue nuestra. Así que, su resurrección, gloria y triunfo son igualmente nuestros.

Cristo no nos puso a la vergüenza. Más bien, ahora tenemos una esperanza segura en una herencia que nunca puede ser destruida. Así que, habiendo sido levantados con Cristo, debemos actuar como los vivos, y no como los muertos. Esto es porque, ahora compartimos la nueva vida de Cristo.

Por tanto, como Pablo nos instruyó en la segunda lectura, debemos buscar las cosas de la luz, cosas nobles, verdaderas, justas y que glorifican a Dios. Debemos buscar cosas celestiales, y vivir como personas liberadas, y ciudadanos del cielo.

A través de esto, Pablo nos llama a ser conscientes de nuestra nueva, y exaltada posición en Cristo. Seamos felices, y nos regocijemos por lo que Dios ha hecho por nosotros hoy en Cristo. Cantemos con el salmista: “Este día fue hecho por el Señor, estamos feliz.

Finalmente, pidamos la gracia para entrar en la alegría de Jesús mismo, la semilla que cayó a la tierra y murió, y ahora, está dando frutos abundantes, llena de vida nueva. Alleluia, Alleluia.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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