Lunes – Octava de Pascua, Año A

La alegría de la Resurrección

Lectura: 1ra: Hechos 2:14, 22-33; Sal: 16; Mt: 28:8-15

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

El Evangelio de hoy describe la experiencia de la resurrección que tuvieron unos discípulos de Jesús. A través de esto, Mathew se comunica y aumenta la certeza de nuestra fe. Esto se debe a que, él proclamó que Jesús ha resucitado, y que estará con nosotros siempre, hasta el fin de los tiempos.

La lectura de hoy habla de los sentimientos mixtos de miedo y alegría, y de las diferentes historias que rodean a la tumba vacía. También describe los acontecimientos del encuentro de Cristo resucitado con algunos de sus discípulos.

Una lección importante del evangelio de hoy es que, el enemigo nunca dejará de luchar. Intentaron todo que podrían para cubrir la verdad. Hasta dieron el soborno a los soldados para cambiar la historia. Por supuesto, no tuvieron éxito. Por eso, nos alegramos hoy aquí, porque, finalmente la buena noticia nos alcanzó.

Así que, mientras los guardias trajeron la mala noticia de que, el cuerpo de Jesús fue robado, las mujeres trajeron la buena noticia de su encuentro transformador con Cristo resucitado. Al final, es la única noticia que gana e importa. Y es que, Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos, y nadie pudo cubrir la verdad.

¿Por qué la resurrección no transformó todo inmediatamente? Esto es porque, Dios trabaja silenciosamente y pacientemente con nosotros. Estamos siendo preparados para la vida eterna con Dios, y esa no es la obra de un momento, sino de una vida.

El gozo de la Resurrección nos ayuda a vencer todo temor en nuestra vida. Aumenta nuestra fe, y nos insta a seguir adelante en la vida, más confiados y decididos a superar las pruebas y dificultades de la vida.

Que el Señor resucitado nos llene de confianza y alegría, para que seamos su verdadero testimonio, y agente de esperanza y aliento para todos los que viven en la desesperación y el miedo.

Alleluia, Alleluia!

La paz sea con ustedes ¡Maranatha!

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