Jueves – Octava de Pascua, Año A

¡La paz esté con ustedes! ¿Por qué se espantan?

Lectura: 1ra: Hechos 3:11-26; Sal: 8; Lc 24: 35-48

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es la cuarta octava de Pascua. Cristo sigue apareciendo a sus discípulos. La aparición de hoy es especial, y brilla mucha luz sobre la situación real de los discípulos de Cristo después de su muerte y resurrección.

Aparte del temor de los judíos, otro problema que los discípulos de Cristo tenían era su incredulidad en la resurrección de Cristo. Así que, su problema principal era su propia incredulidad en las palabras, el aseguramiento y el poder de Cristo.

Esto demuestra que los cristianos no son personas ingenuas y crédulas que aceptaron todo y cualquier cosa. Por el contrario, ellos mismos tenían muchas dudas acerca de la resurrección de Cristo. Por lo tanto, no hay duda de que estas apariciones de Cristo, fueron esfuerzos para restaurar su fe.

Cristo estaba dispuesto a reasegurar a sus discípulos de que no es un fantasma, sino la misma persona, aunque en un nuevo estado. La prueba más fuerte de esta identidad son sus heridas. Son señales de que el Mesías debe sufrir y levantarse de entre los muertos al tercer día.

También, son señales de que el arrepentimiento y el perdón de pecados deben ser proclamados a todas las naciones en el nombre de Cristo. Así, la aparición de Cristo en el Evangelio de hoy pone juntos dos aspectos diferentes. La primera es, las dudas de sus discípulos. El segundo es la misión que recibieron de Cristo.

Esta misión es anunciar las buenas noticias. Es decir, ser testigos de la resurrección, para que el amor de Dios que nos perdonó, y nos salvó puede salvar a los demás. Además, es una misión de anunciar el perdón de los pecados.

Oremos con el Papa Francisco: “para que el Señor abra nuestras mentes y nos haga comprender que Cristo es una realidad viva, que ha conquistado, que está con nosotros y que nos acompaña en nuestro camino diario.” Además, le pidamos la gracia para aceptar nuestra misión de ser sus testigos.

Alleluia, Alleluia!

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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