Viernes, II Semana de Pascua, Año A

Señor, danos un corazón generoso y compasivo

Lectura: 1ra: Hechos 5: 34-42; Sal 27; Ev John 6: 1-15

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com. 

En el evangelio de hoy, Juan presenta uno de los milagros de Jesús. Este milagro fue posible gracias a la combinación de dos virtudes importantes, la compasión y la generosidad.

El Evangelio de hoy presenta la imagen de una crisis inminente. Cristo vio la crisis del hambre, y fue sensible a ella. Así que, movido por la compasión por su rebaño, hizo algo maravilloso. Alimentó a más de cinco mil personas con sólo cinco panes y dos peces.

Hay algunas lecciones que debemos aprender del Evangelio de hoy. La primera es la compasión de Jesús por sus rebaños. La compasión es la base de la empatía y la simpatía. Lo necesitamos para entender lo que significa tener hambre, sed, ser enfermo, sin hogar, y sin trabajo. Lo necesitamos para ser humano y sensible a la necesidad de los demás.

La segunda lección es que, Dios puede transformar algo poco, en algo grande. Por lo tanto, no debemos dudar de Dios como lo hicieron los discípulos, porque, “Con Dios, todo es posibles.” (Mt 19, 26).

La tercera lección es la generosidad del muchacho. Fue un héroe en el milagro de Jesús. Generosamente, ofreció lo que tenía. A través de su generosidad, su comunidad fue bendecida con un milagro. Esto nos enseña que, a veces, Dios trabaja con aun lo poco que tenemos.

Así que, ser compasivo, es ser como Cristo. Ser generoso, es cooperar con Cristo en su ministerio y milagro. Cristo necesitaba la cooperación de sus discípulos y de su comunidad, y cooperaron. Su espíritu fraterno cambió el destino de su comunidad.

¿Cómo respondemos a las necesidades de nuestra comunidad en tiempos de crisis y necesidad? Nuestros talentos, tiempo, tesoro y experiencia son valores y dones que debemos poner al servicio de los demás. Esto es especialmente, en tiempos de crisis y necesidad.

Una actitud generosa y compasiva puede enriquecer la vida de muchos, así como de nuestra propia vida. Cuando la compasión y la generosidad se encuentran, ocurre un gran milagro para una comunidad unida por una sola fe, un solo espíritu y un solo bautismo. Pidamos a Dios, que nos dé un corazón generoso y compasivo. Alleluia, Alleluia! 

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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