Jueves, III Semana de Pascua, Año A

¡Señor, atráiganos más cerca de ti!

Lectura: 1ra: Hechos 8:26-40; Sal: 66; Ev John 6:44-51

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com. 

Hoy, jueves de la tercera semana de Pascua, continuamos con nuestra reflexión sobre el discurso del pan de vida en el evangelio según Juan.

El discurso está volviendo más intenso. Mientras que la gente parece estar prestando atención a este tema “extraño”, también están ansiosos por comprender lo que Cristo realmente significa por el pan de vida. Su paciencia se está acabando.

Hasta este punto de la discusión, han entendido todo sólo materialmente. Sin embargo, Cristo ha decidido llevar la discusión a otro nivel. Hoy, presenta otro tema importante, pero aterrador.

Pasó de simplemente decirles: “Yo soy el pan de vida”, a declararles que: “¡El pan que te daré, es mi carne!” ¿Esto hizo ningún sentido para ellos? ¿Fue bien recibido? Juan nos dirá más en los próximos días.

Como en cada discurso y diálogo, Cristo esta haciendo todo posible para abrir sus sentidos a la realidad, y atraerlos más cerca de sí mismo. Lamentablemente, debido a la ignorancia, y su obsesión al pasado, no podían entender nada. Por consiguiente, no le podían creer.

Como los judíos de aquellos días, muchos de nosotros pensamos que ya sabemos todo acerca de Dios. Por desgracia, en realidad, no es así. Si somos verdaderamente abiertos, y fieles a Dios, sentaremos dentro de nosotros, el impulso de Dios que siempre nos atrae hacia Jesús.

También, reconoceremos que, Jesús viene de Dios, porque está escrito en los Profetas, “todos serán enseñados por Dios. Todo el que ha escuchado al Padre, y ha aprendido de él, viene a mí”.

Así que, hoy oremos para que el Señor sigue atrayéndonos más cerca de sí mismo durante cada celebración eucarística, y para que, respondamos siempre con fe y gratitud a su invitación diaria. Alleluia, Alleluia! 

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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