Lunes de IV Semana de Pascua, Año A

El buen pastor conoce a sus ovejas

Lecturas: 1ra: Hch 11:1-18; Sal: 22; Ev: Jn 10: 11-18

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Ayer, el cuarto domingo de Pascua, la iglesia celebró la fiesta de Cristo, el buen pastor. Hoy, el evangelio según Juan continúa con el mismo tema.

Hoy, hay dos puntos en los que Jesús insiste. El primero es en defensa de la vida de las ovejas. El buen Pastor da su vida por las ovejas. Es decir, hace todo lo posible para proteger a sus ovejas.

El segundo es, sobre el conocimiento mutuo, y la buena relación entre el pastor y las ovejas. Es decir, un buen pastor conoce a sus ovejas, y sus ovejas lo conocen, y reconocen su voz.

Jesús insistió que, la gente tiene una percepción particular, y sabe quién es el buen Pastor. Pero, fariseos no aceptaron esto, porque despreciaron al pueblo, y dijeron que son ignorantes.

También, pensaron que, solos ellos tenían el derecho de discernir las cosas de Dios, pero en realidad, eran ciegos. Así, el discurso sobre el buen Pastor enseña dos reglas para curar este tipo de ceguera.

La primera es prestar atención a la reacción de las ovejas hacia el pastor. El segundo es, estar atentos a la actitud del pastor hacia las ovejas. ¿Es interesado en la vida de las ovejas? ¿Es capaz de dar su vida por las ovejas?

Así que, Jesús se presenta como el buen pastor que conoce a sus ovejas, se preocupa por ellas, y da su vida por ellas. Se contrasta con los fariseos, quienes, en lugar de cuidar a su pueblo, les hizo la vida muy difícil.

Jesús no es un trabajador pagado. Así que, nuestra relación con él no se basa en el comercio o en la elección, sino en la fidelidad y confianza. Por lo tanto, trabaja y hace todo por nuestro propio bien y seguridad.

Así que, pidamos a Dios la humildad para seguir sus instrucciones para nuestro propio bien y seguridad. También, para que podamos confiar y seguirlo en la fe.  Alleluia, Alleluia! 

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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