Miércoles, IV Semana de Pascua, Año A

¡Yo lo digo, como el Padre me lo dijo!

Lectura: 1ra: Hechos 12:24.13:5; Sal: 67; Ev John 12:44-50

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Este miércoles de la cuarta semana de Pascua, el evangelio según Juan continúa con el diálogo entre Jesús y sus oyentes.

Movido por la pregunta, “¿Quién eres tú, y cuál es tu obra?” Jesús dio un gran testimonio no sólo sobre sí mismo, sino sobre el Padre que lo envió a cumplir su misión.

Por supuesto, nunca hace nada sin el padre. Así que, continúa enfatizando que no se envió a sí mismo. El punto básico aquí es que Cristo es obediente a la voluntad del Padre que lo envió.

Así que, la voluntad del padre, es su voluntad. La palabra del padre es su palabra y, por supuesto, la misión del padre es su misión. Les dijo, “lo que digo, digo como me dijo el Padre.

Por lo tanto, hoy Cristo revelo tres aspectos importantes sobre la naturaleza de su misión. El primero es, el fundamento de su misión. Dios el Padre sí mismo, es el fundador y fundamento de la misión de Cristo.

El segundo aspecto es, el mensaje, y el objetivo de su misión. El mensaje es la buena nueva de la salvación. Es igualmente, Cristo mismo, la luz del mundo, presente entre nosotros.

El último aspecto de su misión es, los beneficiarios de su misión. ¡Por supuesto, los beneficiarios son usted y yo! Sí, Cristo vino para nuestra salvación, y no para su propia salvación.

Siendo uno con Dios, no necesita ser salvado de nada. Así que, somos los beneficiarios que deben escuchar a su mensaje, hacerlo nuestro, y permitir que nos transforme, y prepare para la vida eterna.

Así que, en esta semana de oración para las vocaciones, oremos para que respondamos al mensaje de Cristo, y también colaborar con él en su misión. Alleluia, Alleluia! 

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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