Jueves, IV Semana de Pascua, Año A

Cristo, nuestro modelo de humildad y de servicio

Lectura: 1ra: Hechos 13:13-5; Sal: 88; Ev John 13:16-20

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, jueves de la cuarta semana de Pascua, el Evangelio se toma de una larga conversación de Jesús con los discípulos durante la última Cena.

El Evangelio de hoy saca dos conclusiones del lavado de los pies. Habla de servicio como la característica principal de los seguidores de Jesús. Segundo, habla de la identidad de Jesús como la revelación del Padre.

El valor simbólico del gesto de Cristo de lavado de los pies consiste en aceptarlo como el Mesías siervo que se entrega por los demás. Este es, el don de sí mismo. Entender esto es la raíz de la felicidad.

Lo que vemos en todo esto es, una gran muestra de humildad. Aunque muchos de sus discípulos no lo entendieron inmediatamente, más tarde muchos de ellos lo comprendieron y aceptaron. No querían aceptar el Mesías siervo, o al mesías que sufre, sino al mesías glorioso.

Sin embargo, a través de su acción, Cristo nos demostró que, antes de asumir el estado glorioso, uno debe humillarse a sí mismo y servir a los demás. Cristo les mostro que él es el modelo de humildad y servicio.

Así que, él nos enseña que, sus seguidores están llamados a servir. Sobre este tema, San Ignacio de Antioquía nos recuerda que, el amor se muestra más en hechos, u obras que, en palabras.

Por lo tanto, pidamos a Dios que nos ayude, para que su palabra en nuestro corazón y mente se haga evidente en nuestras acciones. También, para que podamos reconocer dónde él quiere que estemos, y lo que quiere que hagamos por él.

Alleluia, Alleluia! 

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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