Quinto Domingo de Pascua, Año A (Breve)

Somos un pueblo real, y sacerdotal

Lectura: 1ra: Hechos 6:1-7; 2da: 1 Ped 2:4-9; Sal: 32; Ev Jn 14:1-12

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo en: canice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este quinto domingo de Pascua, la Iglesia nos recuerda quiénes somos: “la raza elegida y el sacerdocio real, que reinan con Cristo. Hoy hemos reunido para ofrecer un sacrificio espiritual con Cristo nuestro Señor.

En nuestra segunda lectura, Pedro nos recuerda quiénes somos verdaderamente: “Una estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios, y pueblo de su propiedad, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable Dios”.

Aquí, Pedro destaca nuestra participación en el ministerio de Cristo, a través del “sacerdocio común”. Esto es ciertamente, en virtud de nuestro bautismo. “El bautismo, nos configura para convertirnos en ‘sacerdotes’” (CCC1268).

En esta carta pastoral, Pedro destaca la eficacia de los “Sacramentos de Iniciación Cristiana sobre nosotros como creyentes. A través de esto, se nos recuerda nuestra herencia sacerdotal y real. Igualmente, nos llama a vivirla, de una manera apropiada.

En palabras de orden, si permanecemos cerca a Cristo nuestro sumo sacerdote, cumpliremos nuestras expectativas. Es decir, ofreciendo sacrificios aceptables a Dios. De esta manera, seremos aceptables a Dios, como su casa espiritual.

En el evangelio de hoy, Cristo nos asegura: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones.” A través de nuestro bautismo, somos hijos de Dios. Por lo tanto, somos dignos de estar con Cristo en la casa de su Padre.

Por desgracia, muchos de nosotros creen que, hay un lugar hermoso preparado para nosotros por Cristo. Esta es también, la razón por la cual muchos de nosotros no pueden maximizar su potencial sacerdotal. Como un pueblo sacerdotal y real, debemos afirmarnos positivamente, y esto, necesita fe.

Por lo tanto, pidamos a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ayude a vivir como miembros del sacerdocio real. Así que, en este tiempo glorioso de Pascua, regocijémonos en el Señor”, por lo que, Dios ha hecho por nosotros. Alleluia, Alleluia!

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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