Martes de VI Semana de Pascua, Año A

El Espíritu Santo condenará al mundo

Lecturas: 1ra: Hch 16:22-34; Sal: 138; Ev: Jn 15: 5-11

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es martes de la quinta semana de Pascua. La lectura del Evangelio de hoy es muy breve. Sin embargo, es muy revelador y alentador.

Esto es especialmente, para todos los verdaderos, y fieles discípulos de Cristo, que esperan pacientemente el cumplimiento de la promesa de su Señor y Salvador.

En los días pasados, Cristo ha seguido reiterando su promesa de enviarnos el Espíritu Santo. También, nos ha revelado algunas de las funciones, y obras que el Espíritu Santo realizará. Él será el abogado, el consejero y nuestra ayudante.

Hoy, Cristo va más allá, a revelarnos otra función y misión muy importante del Espíritu Santo: “Cuando venga, condenará al mundo en cuanto al pecado, la rectitud y la condenación.”

El Paráclito es el acusador en un proceso que se lleva a cabo ante Dios. El acusado es el mundo, que se ha hecho culpable por condenar a Cristo.

¡Esta es una misión seria! ¿Qué quiere decir Cristo, por el mundo? Se refiere a la gente. El Espíritu Santo acusará, juzgará y condenará a aquellos que, a pesar de escuchar la buena nueva, se negaron a creer en Cristo.

La buena noticia es que, esta acusación, juicio y convicción no es para los verdaderos creyentes. Pablo nos dice: “Ahora, ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, porque por medio de Cristo Jesús, la ley del Espíritu que da vida, los ha liberado de la ley del pecado y de la muerte” (Ro 8:1-2).

Así que, mientras esperamos el cumplimiento de esta promesa, pidamos a Cristo que nos mantenga fieles, hasta que venga el Espíritu Santo.

Alleluia, Alleluia! 

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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