Séptimo Domingo de Pascua, Año A

Ascensión del Señor: Cristo sube en gloria

Lecturas: 1ra: Hch 1:1-11; Sal: 46; 2da: Ef 1:17-23; Ev: Mt 28: 16-18

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Él es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Él está trabajando con el Grupo Internacional Espirítano De Puerto Rico y República Dominicana. Él es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En este séptimo domingo de Pascua celebramos la solemnidad de la Ascensión. Es una solemnidad importante que marca el regreso de Jesús al Padre.

Junto con la Resurrección, la ascensión es una manifestación de la victoria de Cristo. La ascensión es una solemnidad que sostiene la esperanza de los cristianos que algún día estaremos donde está Cristo.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que: “Cristo la cabeza de la Iglesia nos precede en el glorioso reino de su Padre, para que nosotros, los miembros de su cuerpo vivamos con la esperanza de estar con él para siempre.” (665-667).

Nuestra primera lectura es un relato de los acontecimientos del último encuentro de Cristo con sus apóstoles antes de su ascensión al cielo. Cristo dio a sus discípulos una instrucción muy importante: “No salgan de Jerusalén, esperan la promesa del Padre.”

Esta instrucción es igualmente para nosotros. Nos recuerda que, antes de empezar cualquier proyecto, debemos buscar la dirección, y el consejo del Espíritu Santo.

En el evangelio de hoy, Cristo dio una misión muy importante a sus discípulos. Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Esta misión es solo posible con la ayuda del Espíritu Santo. Debemos buscar este poder si debemos tener algún impacto positivo en nuestro mundo.

Por lo tanto, la oración de Pablo en la segunda lectura es importante: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo les dé el Espíritu de sabiduría y entendimiento.”

Necesitamos este Espíritu, y sus dones. Por lo tanto, debemos invitar al Espíritu Santo a tomar el control de toda nuestra misión. Debemos invitarlo a inspirarnos, sanarnos y renovarnos.

Al celebrar hoy la solemnidad de la Ascensión, Jesús nos recuerda que necesitamos una ayuda divina para tener éxito en su misión. Esta ayuda divina vendrá del Espíritu Santo. Así que, oremos: “Señor envió tu espíritu y renueva la faz de la tierra”. Alleluia, Alleluia!

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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