Viernes, IX Semana de Tiempo Ordinario, Año A

¡San Bonifacio, ruega por nosotros!

Lecturas: 1ra: Heb 10:12-23; Sal: 39; Ev: Lk 22:14-20

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Está trabajando con el Grupo Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, la iglesia celebra el memorial de san Bonifacio, obispo y mártir. Nació en Inglaterra. San Bonifacio perteneció a la Orden Benedictina. Era del apostolado monástico en la Edad Media.

Trabajó en Alemania, donde realizó una tremenda obra de evangelización entre los indígenas. Gracias a su gran obra y testimonio, se ganó el título: “Apóstol de Alemania”. Hasta hoy, es honrado como el padre de la fe católica alemana.

En medio de muchas dificultades y pruebas, Bonifacio siguió siendo un hombre de profunda oración, y exhibió una profunda vida espiritual que lo sostuvo durante momentos de pruebas y de tantas dificultades en su misión.

En 754, a la edad de 74 años, Bonifacio fue atacado y asesinado por una banda de paganos cuando estaba a punto de administrar la confirmación a un grupo de neófitos.

Al honrar este gran santo y pillar de la iglesia hoy, en nuestra primera lectura, de su segunda carta a Timoteo, Pablo nos recuerda un hecho muy importante de nuestra vida cristiana y de nuestro camino: “De hecho, todos los que quieran vivir religiosamente en Cristo Jesús serán perseguidos.”

Este fue el mismo camino que Bonifacio anduvo hasta que encontró su muerte. No fue un viaje fácil. Sin embargo, permaneció fiel a Cristo y a su misión. Como fiel siervo, predicó la buena nueva con palabra y acción.

En nuestro tiempo, nosotros también enfrentamos muchas dificultades mientras tratamos de vivir religiosamente en Cristo. No es una tarea fácil, pero Cristo siempre nos consuela a través del poder de su espíritu.

Así que, pidamos a Dios que nos ayude a permanecer fieles a él como lo hizo San Bonifacio, incluso en medio de mucho sufrimiento que experimentamos hoy mientras tratamos de dar testimonio a Jesucristo y su buena nueva.

¡San Bonifacio, ruega por nosotros!

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

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