Martes, X Semana de Tiempo Ordinario, Año A

Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo

Lecturas: 1ra: 1 Reyes 17:7-16; Sal: 4; Ev: Mt 5:13-16

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Está trabajando con el Grupo Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el lunes de la décima semana del tiempo ordinario. En el evangelio de hoy, Jesús usó dos metáforas para recordarnos nuestro propósito y función en este mundo.

Primero, Cristo dice que somos “la sal de la tierra”. En el Antiguo Testamento el pueblo de Dios solía presentar sus ofrendas para el perdón de sus pecados con sal. Esto era un recordatorio de su alianza con Dios.

Además, los acuerdos fueron sellados con un regalo de sal. Esto fue para demostrar la fuerza y permanencia del dicho acuerdo.

Además, la sal era un símbolo de la actividad de Dios en la vida de su pueblo. La sal penetra, conserva y sanando. Esto es como Dios está siempre activo en nuestras vidas.

Además, Jesús dice que somos la luz del mundo. Como cristianos, debemos estar preparados para brillar en tinieblas. La luz no coexiste con la oscuridad.

Por lo tanto, como sal, debemos hacer una diferencia en este mundo en que vivimos. Debemos limpiar la decadencia moral en nuestra sociedad. Como sal de la tierra, debemos preservar la dulzura de nuestro mundo.

Cristo nos está recordando quiénes somos y cuál es nuestra función en nuestro mundo. Todo buen cristiano debe ser la luz y la sal de nuestro mundo.

Así que, pidamos a Cristo que nos ayude a cumplir nuestra función en nuestro mundo. Que, podamos ser verdaderos modelos para nuestro mundo que ha perdido su sabor y dulzura, y la luz para aquellos que viven en la oscuridad.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

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