Viernes, X Semana de Tiempo Ordinario, Año A

Fidelidad recíproca a Dios y a la humanidad

Lecturas: 1ra: 1Reyes 19:9.11-16; Sal: 27; Ev: Mt 5:27-32

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Está trabajando con el Grupo Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es viernes de la décima semana del tiempo ordinario. El evangelio de hoy es una continuación de la llamada de Jesús a un auténtico estilo de vida cristiana y fidelidad al espíritu de la ley, más que sólo a las letras de la ley.

Ayer, Jesús ofreció una relectura del mandamiento: “No mates.” Hoy, él relee el mandamiento “No cometerás adulterio”.

Jesús relea la ley empezando de la intención que Dios tenía, que fue proclamada siglos antes en el Monte Sinaí.

Jesús busca el espíritu de la ley, y no se limita a la letra. Defiende los grandes valores de la vida humana e insiste en el amor, la fidelidad, la misericordia, la justicia, la verdad y la humanidad.

Por lo tanto, el resultado de la plena observancia de la ley de Dios nos humaniza. En Jesús podemos ver lo que sucede cuando le permitamos a Dios llenar nuestra vida.

El último objetivo es unir tanto los amores como la construcción de la fraternidad en defensa de la vida.

Cuanto mayor sea la fraternidad, mayor será la plenitud de la vida, y mayor será la adoración dada por todas las criaturas a Dios, nuestro Creador y Salvador.

Por lo tanto, el objetivo del mandamiento sobre la fidelidad matrimonial como Jesús lo redefinió es simple. Es una fidelidad recíproca entre el hombre y la mujer que asumen la vida juntos, como maridos.

Esta fidelidad sólo será completa si ambos saben ser fieles el uno al otro en el pensamiento y en el deseo, y tienen una transparencia total entre ellos.

De la misma manera, como cristianos, estamos en una relación con Dios. Podemos elegir ser fieles a esta relación o no. Sin embargo, la mejor opción es la fidelidad completa, porque Dios siempre es fiel a nosotros.

Así que, pidamos a Dios que nos mantenga fieles tanto en nuestra relación con los demás, y en nuestra relación con él.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

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