Sábado, XI Semana de Tiempo Ordinario, Año A

Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros

Lecturas: 1ra: 2 Cron 24:17-25; Sal: 88; Ev: Lc 2:41-51

Esta breve reflexión fue escrita por el Reverendo Padre Njoku Canice Chukwuemeka, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y un miembro de la Congregación de los Padres y Hermanos del Espíritu Santo (Espirítanos). Está trabajando con el Grupo Espirítano de Puerto Rico y República Dominicana. Es el administrador de la Parroquia La Resurrección del Señor, Canóvanas y el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo encanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy es el sábado de la undécima semana del tiempo ordinario. Ayer, la Iglesia celebró la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Hoy celebra el memorial del Inmaculado Corazón de María.

La veneración del Inmaculado Corazón de María generalmente coincide con la adoración del Sagrado Corazón de Jesús

Juntos, estos dos corazones son conocidos como los “dos corazones de amor”. Es decir, son las fuentes del amor.

Esta devoción honra la perfecta pureza del corazón de María en virtud de su Inmaculada Concepción. Dos elementos son esenciales para esta devoción, la vida interior de María, y el cuerpo virginal de María.

El objetivo de la devoción es unirnos a Dios a través del corazón de amor de María, y este proceso implica las ideas de consagración y reparación.

Una persona está consagrada al Corazón Inmaculado de María como una forma de estar completamente devota y unida a Cristo su Hijo.

Esto implica, una donación total de uno mismo, algo que sólo en última instancia es posible con Dios.

Como cualquier otra madre, María era la persona que tenía la mayor influencia en el corazón de su hijo. Le enseñó a amar, compartir, orar y a ser compasivo.

El Evangelio de hoy nos dice que María y José no entendieron la respuesta de su hijo. Sin embargo, lo llevaron a casa y siguieron cuidándolo.

Oremos para que, por la intercesión de María, los padres sigan entendiendo y cuidando a sus hijos, y los ayudan en su lucha diaria.

Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

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