Miércoles, XII Semana de Tiempo Ordinario, Año B

Solemnidad del nacimiento de Juan Bautista, El Profeta de los profetas

Lecturas: 1ra: Is: 49:1-6; Sal: 138; 2da: Hechos 13: 22-26; Ev: Lc 1: 57-66.80

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, la Santa Madre Iglesia celebra la natividad de un gran profeta, Juan el Bautista. Es conocido popularmente como el precursor de Cristo. Su nacimiento marcó el final de un antiguo era profética, así como el comienzo de uno nuevo. Era el vínculo entre el Antiguo, y el Nuevo Testamento. Por lo tanto, se le conoce como “el puente”.

En la primera lectura, el profeta Isaías relata su llamado al ministerio profético. Él anunció: “El Señor me llamó antes de que yo naciera.” Él libremente y obedientemente respondió a esta llamada. Lo llevó a cabo a pesar de todas las probabilidades en su contra.

Un punto notable que Isaías resaltó en el relato de su llamado y misión es que Dios equipa y protege a los que llamó hasta que han cumplido su misión. Este es el relato de Isaías: “El hizo de mi boca una espada afilada, y me ocultó a la sombre de su mano; hizo de mi una flecha punzante, me escondió en su aljaba.”

Vemos esto en las vidas de todos los verdaderos profetas. Nada podría detenerlo hasta que hayan cumplido la voluntad de Dios. Como un gran profeta, él fijó el paso para sus sucesores incluyendo Juan el Bautista cuyo cumpleaños celebramos hoy.

La segunda lectura nos recuerda el importante papel que Juan jugó en la historia de nuestra salvación. Él no era el Mesías, pero él fue el elegido especialmente por Dios para ser el heraldo del Mesías. Preparó el camino para su venida.

Lucas destacó una virtud muy importante mostrada por Juan Bautista al comienzo de su ministerio. Esta fue su humildad. Él anunció antes de la mano: “Yo no soy el que usted imagina que yo sea. Uno viene detrás de mí y yo no soy apto para desatar su sandalia.” Él sabía lo que fue llamado a hacer y simplemente lo hizo. Era verdadero a su misión.

Aunque, tenía una estima muy alta entre sus discípulos, se humilló como un siervo. Conocía su lugar y su misión desde el vientre de su madre. Durante su encuentro divino con Cristo en el vientre de María, humildemente lo adoraba y saltó de alegría (Lc 1:41).

Juan sabía que él era sólo un siervo y un mensajero enviado para preparar el camino. Su mensaje era sencillo pero poderoso. Cuando finalmente Cristo vino, humildemente le presentó a sus discípulos y al mundo: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:19). Ha completado su misión. Por lo tanto, no se molestó cuando sus discípulos lo abandonaron para seguir al Mesías. Vivió lo que predicó y murió por ello.

El Evangelio de hoy relata el misterio del nombramiento de este gran profeta. Dios y sus padres estuvieron de acuerdo en que su nombre es Juan. Según sus parientes este nombre estaba fuera de la tradición: “Nadie en su familia lleva ese nombre.” Este es el principio y la verdadera señal de que algo diferente estaba a punto de suceder. También la curación instantánea de la mudez de su padre lo demostró.

Juan el Bautista, un profeta como ningún otro con un nombre raro, y una misión especial ha nacido. Fue una figura valiente que anunció la buena nueva de arrepentimiento y salvación al mundo sin temor a ser castigado. Es el modelo de todos nosotros que hemos sido llamados a defender, y predicar la verdad sin prejuicio o temor de perder sus propias vidas. Nadie podría detenerlo, y nadie puede detenernos, si confiamos en Dios como él lo hizo.

Juan significa “Yahvé es misericordioso.” Por supuesto, era un don no sólo a sus padres considerados estéril por mucho tiempo, pero a todo el mundo que él vino a anunciar la inminente llegada del Mesías. Al igual que su predecesor Isaías, la mano del Señor estaba con él, y su misión fue un éxito.

Así que hoy pidamos a Dios que nos conceda la humildad, el valor y la resiliencia de este gran profeta de los profetas, especialmente, en este momento que nuestro mundo necesita que seamos más proféticos y auténticos. También, pidamos a Dios que nos ayude, para que nuestro propio nacimiento sea una bendición para nuestro mundo.

¡La paz sea con ustedes!

¡Maranatha!

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