Lunes, XIII Semana de Tiempo Ordinario, Año A

Sans Pedro y Pablo, ruegan por nosotros

Lecturas: 1ra: 2 Reyes 17:5-8.13-15.18; Sal: 60; Ev: Mt 7:1-5

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, lunes de la decimotercera semana del tiempo ordinario, la Iglesia celebra la solemnidad de dos grandes pilares de nuestra fe, los santos Pedro y Pablo. Su impacto en nuestras vidas como cristianos no puede ser sobre enfatizado.

Por lo tanto, lo que celebramos hoy es fidelidad, valor, humildad y celo misionero. Estas son las cualidades que caracterizaron la vida de estas figuras icónicas.

La primera lectura de hoy narra la historia del misterioso rescate de Pedro de la cárcel. Hay algo espectacular sobre este rescate.

Mientras Pedro estaba encarcelado, “la Iglesia oró fervientemente a Dios por él”. Nunca estuvo solo en la batalla. Más bien, toda la iglesia se unió con él en oración. Por supuesto, Dios escuchó su oración y actuó rápidamente.

En la segunda lectura, Pablo anunció con confianza: “He luchado bien en el combate, he perseverado en la fe”. Estas palabras nos recuerdan que su misión no fue fácil. Más bien, era un campo de batalla constante.

La vida de estos dos apóstoles que honramos hoy estaba llena de altibajos. Se caracterizó por pecados personales, negaciones, debilidades, soledad, desesperación y, por supuesto, muchas persecuciones.

¿Cómo tuvieron éxito? En un cierto momento de su vida, se dieron cuenta de que la batalla no era sólo suya, sino la del Señor. Como dijo Pablo: “La gracia de Dios es suficiente para mí” (2 Co 12:9). Así que, además de trabajar muy duro, siempre confiaron en esta gracia hasta el final.

No fueron creados perfectos. A pesar de esto, se marcharon para adelante. En cada punto de su viaje y misión, confiaron en Dios, y el Espíritu Santo para la inspiración y dirección.

Por supuesto, el Señor se quedó a su lado, y les dio poder, de modo que, a través de ellos, el mensaje de salvación fue proclamado hasta los confines de la tierra, entre tanto los judíos y los gentiles.

Así que, al honrar estos dos pilares de nuestra fe hoy, pidamos a Dios que nos mantenga fuertes y fieles como ellos en todo momento, mientras navegamos por las difíciles aguas de su misión para nosotros.

Sans Pedro y Pablo, ruegan por nosotros.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

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