Martes, XV Semana de Tiempo Ordinario, Año A

La consecuencia de la incredulidad

Lecturas: 1ra: Is 7:1-9; Sal: 48; Ev: Mt 11:20-24

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, es el martes de la decimoquinta semana del tiempo ordinario. Hoy, Cristo reaccionó a la incredulidad de las ciudades donde trabajó.

Una de las cosas más decepcionantes es que, después de hacer mucho esfuerzo, para informar a alguien de un peligro inminente, sin embargo, se lo ignora. Usualmente, la reacción normal sería dejar la persona a su destino.

Sin embargo, esto no resuelve el problema. Uno que se preocupe mucho seguirá intentando. Así que, el reproche de Cristo a estas ciudades fue un recordatorio continuo de su ruina final, si continúan en su incredulidad.

Hoy Cristo advirtió: “¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza.”

Esta fue una profecía sobre su inminente destrucción. Comparándolos con las ciudades paganas de Tiro y Sidón, muestra que. Cristo hizo mucho trabajo en estas ciudades dentro de los tres años de su vida misionera.

Por lo tanto, en lugar de aceptar la invitación de Cristo para arrepentirse y salvarse a sí mismos, se volvieron más rígidos y continúan en sus viejos caminos.

Lamentablemente, a veces, cuando leemos estos discursos en la misión, y los encuentros de Cristo con la gente, somos tentados a decir: Son “meras historias bíblicas” del pasado. Sí, a cierto nivel son, pero son más que esta.

Por lo tanto, el Evangelio de hoy habla a cada uno de nosotros. Es una advertencia válida para nosotros que hoy, leen y meditan diariamente la palabra de Dios. Esto es porque, el Evangelio fue escrito para todos los tiempos. Es sin edad, y estará vivo para siempre.

Es una llamada a nosotros para evaluarnos. Es igualmente, una advertencia a todos nosotros que, a pesar de toda la palabra hermosa de Dios y mensajes que oímos cada día, permanecemos no arrepentidos y seguimos haciendo lo que estamos haciendo.

Cristo nos está recordando que el tiempo está corriendo rápido. Por lo tanto, debemos aprovechar el poco tiempo que tenemos para salvarnos de la ruina inminente.

Por lo tanto, debemos prestar atención al consejo del salmista: “Hoy, si escuchan su voz, no endurezcan sus corazones como lo hicieron en la rebelión” (Sal 95:6-11; Heb 3: 7-9).

La paz sea con ustedes.

¡Maranatha!     

 

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