Sábado, XV Semana de Tiempo Ordinario, Año A

La Prudencia y Sabiduría Misionera

Lecturas: 1ra: MI 2:1-5; Sal: 10; Ev: Mt 12:14-21

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

En el Evangelio de este sábado de la decimoquinta semana del tiempo ordinario, Cristo hizo algo sorprendente y notable.

Es sorprendente porque, uno podría ser obligado a preguntar: Si Cristo es Dios, ¿por qué tenía miedo, o por qué se retiró de sus asesinos?

Según el popular historiador romano, Tácito (55-120 DC.): “El que lucha y huye, puede regresar y luchar otro día, pero el que es asesinado en la batalla, nunca se levantará para luchar de nuevo.”

La retirada es no siempre un acto de la cobardía. A veces, también podría ser un acto de valentía. Las acciones de Cristo durante su ministerio terrenal fueron derivadas de sus dos naturalezas como, Dios verdadero y hombre verdadero.

Primero, Cristo retiró porque, todavía no era hora de que ofreciera el mayor sacrificio por la salvación del mundo. Como Dios, Cristo está en control de su propio tiempo.

Cristo, y no sus enemigos, sabe y decide cuándo cumplir la voluntad de su padre. Por lo tanto, en el momento oportuno, le dijo a Poncio Pilato: “No tendrás poder sobre mí, si no te lo hubieran dado desde arriba” (Jn 19:11).

Segundo, siendo humano, Cristo mostró sus dones de prudencia y sabiduría. Sabía que todavía había mucho que lograr en la tierra. Así que, él no permitiría que nadie lo distraiga de terminar su misión.

El Evangelio de hoy tiene un mensaje muy importante para nosotros. Lo que Cristo mostró fue prudencia y sabiduría “misionera”. Cualquier misionero que carezca de estas, no puede completar o cumplir el plan de Dios en su misión.

Pablo también mostró esta prudencia misionera. Escuchó el Espíritu de Dios (Hechos 16:6). Así que, él sabía cuándo avanzar o retirarse en cada mission.

Lamentablemente, muchos misioneros lanzan prudencia al viento, y permiten que la misión de Dios sea abruptamente terminada. Algunos también, tienen una noción equivocada de lo que implica el martirio.

El martirio viene “libremente”, o como un “regalo” en el tiempo de Dios. Por lo tanto, debido a la ignorancia culpable y la falta de prudencia y sabiduría, en lugar de sufrir martirio, uno puede “sufrir” un suicidio no intencional”.

Así que, pidamos a Cristo que nos enseñe a escuchar al Espíritu Santo en nuestra misión, para poder tomar decisiones prudentes y sabias, y esperar el tiempo de Dios para nosotros.

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

 

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