Sábado, XVI Semana de Tiempo Ordinario, Año A

Santiago Apóstol, ruega por nosotros

Lecturas: 1ra: 2 Cor 4:7-15; Sal: 125; Ev: Mt 10:24-33

Esta breve reflexión fue escrita por el Padre Canice Chukwuemeka Njoku, C.S.Sp. Es un sacerdote católico y  miembro de la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos). Es un misionero en Puerto Rico, la isla del encanto. Es el Canciller de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Puerto Rico; Párroco de la Parroquia la Resurrección del Señor, Canóvanas, y el Superior Mayor la Congregación del Espíritu Santo (Espirítanos), Circunscripción de Puerto Rico y Republica Dominicana. Para más detalles y comentarios se puede contactarlo alcanice_c_njoku@yahoo.com, cancilleriadfh@gmail.com, canicechukwuemeka@gmail.com.

Hoy, el sábado de la decimosexta semana del tiempo ordinario, la iglesia honra uno de los pilares de nuestra fe, Santiago, Apóstol.

Según el evangelio de hoy, Santiago era hijo de Zebedeo. Junto con su hermano Juan, fue uno de los primeros discípulos de Cristo.

La llamada de James y su hermano John fue espectacular. Es un buen ejemplo de lo que significa la sumisión total a Dios.

Después de llamar a Pedro y a Andrés, “Cristo vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan. Los llamó, y dejaron a su padre Zebedeo y lo siguieron”. (Mc 1:19-20).

Desde este momento, permanecieron fieles a Cristo y se convirtieron en miembros muy importantes de su ministerio. Santiago tuvo el privilegio de ver la transfiguración con su hermano Juan (Lc 9:28–36).

El evangelio de hoy, es un relato de la petición de la madre de Santiago y Juan por sus hijos. Dijo a Cristo: “Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino.”

Esta era una petición muy ambiciosa. Sin embargo, Cristo simplemente respondió, recordándoles la implicación de su petición: “¿Pueden beber el cáliz que voy a beber? Por supuesto, respondieron: “Podemos”.

Santiago trabajó duro para defender la fe que él recibió de Cristo. Presidió el primer concilio de Jerusalén con Pedro (Hechos 15:2–35).

Finalmente, James bebió la copa que prometió beber. Convirtió en el primer Apóstol en sufrir martirio durante la persecución. “El rey Herodes mató a Santiago el hermano de Juan, por la espada” (Hechos 12:1-3).

A través de su martirio, dio un mayor testimonio de Cristo. Tertuliano (160 dC) dijo: “La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia” (Apologeticus, L.13). Este testimonio con su sangre sigue sosteniendo nuestra fe cristiana hasta hoy.

Hoy, al honrar a este gran apóstol, pidamos a Dios que nos mantenga fieles a nuestra vocación, para que podamos soportar hasta el final.

Santiago Apóstol, ruega por nosotros

La paz sea con ustedes

¡Maranatha!

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